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La Argentina de Milei: sin estabilización y con desequilibrios que se profundizan

La Argentina de Milei: sin estabilización y con desequilibrios que se profundizan
panorama

Un año antes de que Milei tenga que recurrir a Trump, un economista lo anticipó con precisión. Ahora explica qué viene después y por qué el escenario que se abre es todavía más desafiante.

AI
  • 🔎 Enfoque de tres equilibrios: fiscal, real y externo como base de estabilidad; Milei avanzó con su plan, pero el margen de maniobra real es limitado.
  • 💰 Equilibrio fiscal: el gobierno reportó un superávit primario de 1,4% y financiero de 0,2% del PIB (con un PIB de ~US$600.000 millones serían US$8.4 mil millones y US$1.2 mil millones).
  • 💥 Pero si se contabilizan intereses en pesos capitalizados (Lecaps, Duales, Bocaps, CER), el superávit financiero podría convertirse en un déficit de ~4% del PIB (~US$24 mil millones); la inflación podría reducirlo a ~1,2% del PIB (~US$7.5 mil millones).
  • 🏗️ El ajuste se basa en recortes en educación, salud e infraestructura, lo que cuestiona su sostenibilidad social y económica.
  • 📉 Economía real: caída del poder adquisitivo salarial (~19%); 36 de 55 sectores en caída; 28 empresas cierran por día; miles de empleos perdidos.
  • 🧰 Empleo y crecimiento: pocos sectores crecen (financieros, altamente concentrados y de capital), el crecimiento no genera empleo suficiente y el plan es social y regionalmente excluyente.
  • ⚖️ Equilibrio externo: 2026 podría haber superávit comercial de US$10–12 mil millones por agro+energía/minería, pero déficit de servicios reales (~US$10 mil millones) y pagos de intereses (~US$10 mil millones) dejan el saldo neto cercano a cero.
  • 💳 Deuda y demanda de dólares: la cuenta de dólares requiere ~US$25 mil millones en 2026 para pagar intereses y sostener ahorro, pero hay dudas de que privados y provincias aporten esa financiación.
  • 🌐 Reservas y estabilidad cambiaria: reservas netas siguen en negativo (~US$2 mil millones); sin acumulación de reservas no hay reducción del riesgo país ni credibilidad del régimen cambiario.
  • 🌀 Contexto político-económico: el esquema de estabilización podría replicar recetas del pasado (dólar bajo, apertura, salarios reprimidos) y su efecto podría ser transitorio y frágil.
  • 🧭 Conclusión y camino: para avanzar, hace falta un enfoque integral que fortalezca los tres equilibrios, con un Estado más eficiente, crecimiento real inclusivo y mayor credibilidad externa, evitando estabilizaciones dolorosas y temporales.

A mitad de 2024, cuando Javier Milei llevaba seis meses de gobierno y los pilares de su plan estaban claros, escribimos lo que está debajo y pocos se animaban a decir: que el gobierno ya no tenía margen de maniobra y su única salida era esperar una victoria de Donald Trump y un rescate de US$ 20.000 millones. Casi un año después, eso fue exactamente lo que ocurrió. Tampoco alcanzó, y luego llegaron US$ 2.500 millones más, justo a tiempo para atravesar las elecciones legislativas.

Para escapar a relatos excitados, hay una forma prudente y rigurosa de analizar la macroeconomía argentina. Consiste en observar de manera simultánea tres equilibrios fundamentales, sin los cuales no existe estabilidad posible, porque la macro descansa sobre estos tres pilares:

Cuando falta alguno de estos pilares, la realidad "prepara su venganza". El punto es que, mirada bajo este enfoque, la Argentina enfrenta un problema integral:  un desequilibrio  simultaneo y de magnitud en los tres frentes. Y esto  es así aun tomando, como lo hacemos a continuación, los números e hipótesis más favorables para el gobierno. 

El gobierno difundió haber alcanzado un superávit primario de 1,4% y financiero de 0,2% del PBI. Tomando un PBI de U$D 600.000 millones, esto quiere decir US$ 8.400 millones y US$ 1.200 millones, respectivamente. 

Indiferentes a la calidad del ajuste, muchos economistas y políticos lo festejaron. 

Sin dudas, el equilibrio fiscal de un Estado que se vuelve más austero y eficiente debe festejarse; el que se basa en la asfixia de la educación, de la salud y el abandono de la infraestructura, obviamente no. Lo que no tiene calidad no dura, no es sostenible. El Excel cierra. La sociedad aumenta su fractura. 

El segundo problema es que ese "equilibrio" tampoco es tal, porque el gobierno no está pagando los intereses devengados de la deuda en Pesos (bonos Lecaps, Duales, Bocaps, y los ajustables por CER). Cuando los intereses vencen, se capitalizan y se transforman en más deuda. 

Si estos intereses se contabilizaran como corresponde, el superávit financiero de US$ 1.200 millones se transforma en un déficit equivalente a 4% del PBI o US$ 24.000 millones (Empiria, Perfil, 06/02/2026). Es cierto qe la deuda en pesos se licuan parcialmente con la inflación, por lo que este rojo puede reducirse a algo más de 1,2 % del PBI, lo que implica que el resultado fiscal real del Estado argentino en 2025 fue negativo en unos US$ 7.500 millones. 

El segundo gran equilibrio macroeconómico es el de la economia real: la actividad económica, el poder adquisitivo y el empleo. 

En este plano el diagnóstico es tan contundente como la realidad que millones de argentinos viven cada día con mayor crudeza. Desde que asumió Javier Milei casi 27.000 empresas y empleadores desaparecieron. 28 empresas se cierran por día en la Argentina (El País, Madrid, 25/12/2025). 

En su último informe, la consultora Equilibra informa que el poder adquisitivo de los salarios cayo en promedio un 19%. A su vez, señala que  36 de los 55 sectores económicos relevados se encuentran en caída, particularmente aquellos con mayor capacidad de generar empleo: la construcción, la industria y el comercio. No son números aislados ni sesgados. Insospechada de oposición, La Nación (5/02/26) titula: "Se perdieron 180.000 empleos privados formales desde la asunción de Milei", tomando datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). 

Los pocos sectores que muestran crecimiento son el financiero, los altamente concentrados y los intensivos en capital. Como consecuencia, el crecimiento no tracciona, el empleo no se expande y el plan económico es social y regionalmente excluyente. 

¿Hay posibilidades de cambio? No sin recuperación del salario real, que está cayendo. No sin expansión del crédito, limitado por niveles récords de morosidad. 

El tercer (des) equilibrio, y el más determinante para la historia económica argentina, es el equilibrio externo, la llamada cuenta de dólares. 

Las proyecciones para 2026 muestran que la balanza comercial seguirá siendo superavitaria. Exportaciones de la siempre presente cadena agroindustrial, más el nuevo aporte de energía y minería permitirían un saldo positivo que ronda los US$ 10.000 a US$ 12.000 millones según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central. Esto bajo supuestos optimistas: exportaciones que llegan a US$ 92.000 millones, e importaciones aumentado solo 15% (cerca de la mitad de lo que crecieron en 2025) situándose en torno a los US$ 80.000 millones. 

Sin embargo, este superávit se neutraliza casi por completo cuando se incorpora el déficit de servicios reales. Turismo argentino en el exterior, transporte, fletes y otros servicios arrojan un rojo previsto en unos US$ 10.000 millones. El resultado neto del intercambio real será prácticamente nulo.

Pero la cuenta de dólares no termina allí. A esto se suman los pagos de intereses de la deuda externa, que en 2026 ascienden a unos US$ 10.000 millones (correspondientes principalmente a bonos soberanos Globales y Bonares, intereses al FMI y compromisos con otros organismos internacionales). Esas divisas hoy no tienen fuente de financiamiento a la vista. 

Y finalmente lo más complicado: la cuenta de dólares debe incorporar la dolarización estructural de los portafolios privados, la contracara de la demanda de pesos, historicamente muy inestable. Incluso en contextos de relativa calma, los argentinos demandan dólares para ahorrar. Con el respaldo del crédito del FMI el gobierno levantó el cepo a las personas en 2025. Con las elecciones a la vista, la demanda de dólares se disparó y obligó al rescate de Trump.  

Sin embargo, luego del triunfo de Milei, la dolarización de los ahorros no se detuvo: solo aminoró su ritmo. En 2025 los argentinos compraron dólares para ahorro por unos USD 25.000 millones. En diciembre fueron US$ 2.000 millones. Tomando un escenario favorable al gobierno es difícil suponer que la demanda caiga por debajo de los años "normales", en lo que, sin corridas, estuvo en el orden de los US$ 15.000 millones anuales.

La cuenta es simple. Si turismo y servicios absorben el superávit comercial, para pagar los intereses de la deuda y abastecer la demanda de dólares para ahorro de los argentinos, en 2026 el gobierno necesitará ingreso de capitales por aproximadamente US$ 25.000 millones. ¿los privados y las provincias se endeudarán por ese monto? ¿alguien espera una "lluvia de inversiones"? Aún en los cálculos más optimistas que se puedan hacer, no parece sencillo que esos dólares vayan a aparecer. 

Obviamente, la cuenta de dólares solo incluye los flujos, los intereses de la deuda. Además de esto, el país necesita pagar (o refinanciar) capital de la deuda aún por US$ 15.000 millones en 2026 y unos US$ 22.000 millones en 2027. 

Conviene detenerse en un punto decisivo. Aun si por algún motivo afortunado la Argentina lograra captar el flujo extraordinario de US$ 25.000 millones que hoy le faltan para cerrar la cuenta de dólares, no quedaría un solo dólar disponible para aumentar las reservas internacionales.  

Esto es relevante porque, según el propio Banco Central, las reservas netas continúan siendo negativas, en un nivel cercano a los US$ 2.000 millones. Es decir: incluso en el escenario más favorable, el plan no acumulará reservas en 2026.

Sin reservas, por supuesto, no hay estabilidad consolidada. Hace pocos días el ministro Luis Caputo dijo "el tema cambiario está cerrado". La realidad es exactamente la contraria. Sin acumulación de reservas no hay reducción sostenible del riesgo país, no hay acceso al financiamiento voluntario, no hay credibilidad en el régimen cambiario, no hay condiciones para eliminar el cepo a las empresas, y en consecuencia, no hay motivos para esperar inversiones reales de magnitud.

Visto en su conjunto, el problema excede lo estrictamente macroeconómico: es político y estructural. Lo que se configura hacia 2026 es un esquema largamente conocido en la historia argentina: un programa que busca estabilizar atrasando el tipo de cambio, abriendo unilateralmente las importaciones para contener precios y disciplinar la producción local, y pisando las paritarias para que los salarios corran sistemáticamente por debajo de la inflación y reduzcan los costos empresarios.

Dólar bajo, apertura comercial y salarios reprimidos. Este trípode tiene historia en la Argentina. Fue intentado demasiadas veces, y siempre terminó del mismo modo. En este contexto, la caída de los salarios y de la producción no es un efecto colateral del programa: es la condición regresiva que permite sostener una estabilidad transitoria.

Por supuesto, la solución de los problemas económicos de la Argentina no es sencilla. Pero cualquier intento serio debe comenzar por una mirada integral de los tres equilibrios que analizamos aquí. Un equilibrio fiscal nacido de un Estado más eficiente y austero, que sume a la productividad agregada, y que no se base en la represión del gasto y la licuación de los salarios públicos. Un equilibrio real que incluya en el crecimiento a los sectores con mayor capacidad de generar empleos. Y un equilibrio de la cuenta de dólares que avance con prudencia en la apertura, creando previamente las condiciones cambiarias, impositivas, logísticas y crediticias para multiplicar las exportaciones y sustituir importaciones.

Esta "estabilización" es aparente, transitoria y frágil. Lejos de derrotar a la inflación y al estancamiento, el gobierno está reeditando un esquema que ya fracasó demasiadas veces en la Argentina. Como en experiencias previas, será difícil evitar que el exaltado relato termine chocando contra las realidad económica y sus dolorosas consecuencias sociales. 

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