Autos: la semana que vivimos en peligro

La industria automotriz fue tema de la política en los últimos días con un debate que va desde la eliminación de impuestos, el modelo exportador y la apertura a las marcas chinas. Declaraciones pirotécnicas y la necesidad de un plan serio.
¿Es casual que el Ministro de Economía de la Nación, el Ministro de Desregulación y Transformación, el cuasi vocero de Presidencia, y la senadora oficialista más cercana al Presidente salgan públicamente en una misma semana a declarar acerca del presente de la industria automotriz dejando más dudas que certezas?
Nada es casual, incluso algunas declaraciones son por efecto dominó, buscando -como es usual en redes sociales- causar revuelo, reposteos, likes y viralización.
La primera piedra la arrojó Miguel Ángel Pichetto, diputado opositor quien -en una suerte de alerta- puso en duda lo beneficioso de importar un buque lleno de autos chinos como el que atracó el lunes al mediodía en la Terminal de Zárate.
"En los próximos días ingresarán 7.000 autos chinos de la marca BYD. Mientras tanto, diputados libertarios viajan a China. Es una pérdida de dólares para financiar importaciones que destruyen el trabajo argentino; nadie puede competir contra una industria subvencionada por el Banco Central chino", dijo el titular de Encuentro Republicano Federal.
El barco de BYD no había llegado a puerto y ya era tema, lo que provocó que los canales de noticias decidieran seguir su travesía con drones, como si se tratara del alunizaje de una nave espacial.
El Ministro Luis Caputo salió a responderle a Pichetto y justificó la apertura comercial que permitió la llegada de nuevas marcas y modelos electrificados sin pagar arancel, como si esto trajera -además de nuevas tecnologías- una competencia con una fuerte baja de precios que no se está viendo. Es "una medida que ha beneficiado a todos los argentinos, y a la propia industria", lanzó.
Lamentablemente, el mismo funcionario usó para argumentar una afirmación fallida: "Sólo 2 modelos de autos se producen en nuestro país (Peugeot 2008 y Fiat Cronos). Argentina produce esencialmente camionetas, y el 70 por ciento de esa producción, se exporta".
Toto -que dicho sea mantiene muy buen diálogo con las terminales agrupadas en ADEFA - omitió otros tres modelos de producción local, así como tres utilitarios. Su declaración sonó despectivo con la industria.
Pero fue más fuerte fue la declaración de su par Federico Sturzenegger, que en estos dos años en el Gobierno se caracterizó por posteos en X en los que describe un presente burocrático que él en persona está cambiando en post de un futuro libre de impedimentos pero que muchas veces no le cambian la vida al hombre de a pie (nunca mejor usado el término).
"Si pudiéramos ir a China veríamos que los autos en China son todos eléctricos y con dispositivos de seguridad que hacen a los nuestros lucir como los de Pedro Picapiedras. Si nos interesa la seguridad vial, si nos interesa la vida de los miles de argentinos que mueren en las rutas todos los años, deberíamos celebrar la llegada de estos autos. De hecho, pedir más", dijo Sturzenegger. Fuerte, casi despectivo contra la industria nacional.
"Muy pronto el parque automotor cubano que nos dejó el kirchnerismo será parte de un triste y oscuro pasado. La Argentina volvió al mundo...", comentó el vocero Javier Lanari en X, ante una nota que mostraba el arribo del buque de BYD al país.
Un día después, el colega fue por más y comentó un tweet de Sturzenegger sobre la importación de autos 0 KM por particulares: "Dejamos de ser una aldea soviética repleta de prohibiciones y regulaciones para ser un país normal. Con un objetivo claro: ser el país más libre del mundo..."
Si uno hiciera una lectura rápida parecería que el Gobierno quiere que no haya industria nacional (a la que considera escasa y de baja calidad) y que se abra la importación (porque la ve como el progreso y presume que a precios más bajos).
Sin embargo, el mensaje que la senadora Patricia Bullrich aportó una cuota de confusión: "En una semana en la que el tema de los autos estuvo en boca de todos, queda claro cuál es el camino: seguir bajando impuestos y devolverle la libertad de elegir a la gente. La modernización laboral es más trabajo formal y más productividad".
¿Habrá querido llevar un mensaje de tranquilidad a la industria automotriz argentina? Parecería, pero queda la duda. De lo que no hay dudas es de lo otro (bajar impuestos).
Dejando de lado lo que pasa en redes sociales, vale ver lo que está pasando en la relación Gobierno-automotrices. Los máximos responsables de las terminales destacan de manera unánime que en estos dos años de gestión se logró recomponer un sector que venía golpeado y atado de pies y manos.
La recomposición de la macroeconomía, la eliminación de la primera escala de Impuestos Internos, la baja de la inflación y de las tasas de interés (aún con altibajos), con la reaparición del crédito permitieron un importante crecimiento en las ventas.
Sin embargo, habiendo recuperado un piso más razonable y después de un 2025 convulsionado por lo electoral, esperan el paso que falta para que la industria pueda despegar definitivamente.
En fila aguardan una serie de medidas acordadas de palabra: eliminación del llamado Impuesto al cheque, eliminación de la segunda escala de Impuestos Internos, baja y/o eliminación de impuestos a las exportaciones (para poder competir de igual a igual con otros países productores), y modificación del RIGI para poder concretar inversiones que permitan la producción localmente de modelos electrificados.
El reclamo llega a los gobiernos provinciales y municipales, que en la mayoría de los casos recaudan millones en conceptos de tasas, y le suma un punto crítico: la necesidad de mejoras en la infraestructura; no sólo no se hacen rutas sino que ni siquiera se arreglan las existentes.
Los 6.841 autos que BYD descargó esta semana serán cargados en camiones que al salir del puerto de Zárate deberán transitar por la misma ruta detonada de pozos que las miles de pick-ups Toyota, Fiat o Ford que llegan hasta ahí en camiones para ser enviadas a distintos puertos del mundo. Y a nadie parece preocuparle, no hay tweets ni drones que muestre su estado calamitoso.
Hay algunas contradicciones en el discurso por no aseverar que hace falta un plan concreto, una línea de trabajo que indique que la industria automotriz local interesa de verdad.
Ya hemos mencionado que el sector vive un momento de inflexión a nivel global que obliga a tomar decisiones rápidas e inteligentes para no perder el tren.
Todos miran a China con el fruto de lo que consiguió, y con cierto deslumbramiento. Es cierto que será imposible impedir su llegada, su penetración y que redundará en mayor competencia (aunque hoy no en una baja de precios).
Por un lado habrá que estar atento al dumping, y por el otro a planificar una necesaria -e imprescindible- complementación que tenga una correcta articulación pública-privada para potenciar una industria local de larga y afamada trayectoria que busca desesperadamente sustentabilidad.

