La “scalonetización” de Boca, con Paredes como bandera y el sentido de pertenencia como pegamento

El Xeneize cierra el 2026 peleando en todos los frentes, ya se clasificó a la Libertadores del año que viene como campeón de Liga y reconstruyó su relación con el hincha.
- 🙌 Merentiel agradece a Leandro Paredes por estar con el grupo y lo reconoce como un pilar fundamental y guía diaria.
- 👑 Paredes es el capitán y líder absoluto de Boca, clave para buscar más títulos en la recta final del semestre.
- 🌍 Regresa al fútbol argentino con 31 años, tras pasar por Roma, Zenit, PSG y Juventus; una figura de élite que llega al club campeón.
- 🧭 Su historia comenzó en Brandsen 805 y ahora apadrina a jóvenes como Tomás Aranda y Leonel Flores, ilusionándolos con su ejemplo.
- 🧑🏫 Es un referente para la nueva camada del club y su liderazgo se nota en jugadores como Lautaro Di Lollo, Flores, Aranda y Milton Delgado.
- 🥅 Su rol va más allá del juego: inspira a sus compañeros y es reconocible en gestos y acciones dentro y fuera del campo.
- 💪 En momentos decisivos, como las semifinales de la Copa Sudamericana frente a Vasco da Gama, su liderazgo se hizo sentir pese a una lesión reciente.
- 🏟️ Boca ha recuperado protagonismo y regularidad, peleando en todos los frentes con un capitán que ordena el juego y la actitud del equipo.
- 🎯 El entrenador Rodolfo Arruabarrena ha consolidado un grupo estable y calmado, que acompaña la ambición del club hacia grandes logros.
- 🎶 La unión entre capitán, jugadores y la hinchada se refleja en los cánticos y celebraciones tras cada triunfo, fortaleciendo la identidad de Boca.
“Le agradecemos porque vino a estar con nosotros. Sabemos que hace mucho tiempo no venimos consiguiendo cosas, y que él haya venido para nosotros es un plus todos los días. Nos guía a mí, a los chicos, a los más grandes también. Siempre tiene una palabra más para nosotros. Quería agradecérselo ya que estamos acá y se dio la oportunidad. Agradecerte porque sos un pilar fundamental para nosotros y sabés que te quiero más allá de lo futbolístico”.
Quien habla es Miguel Ángel Merentiel, máximo goleador de Boca en los últimos cuatro años con 65 gritos en casi 200 presentaciones con la azul y amarilla. Un personaje que rara vez pasa desapercibido y que, a pesar de algunos altibajos, logró convertirse en referente y uno de los más queridos dentro de este equipo que cortó una sequía de más de tres años sin títulos.
Quien recibe los halagos, con los ojos brillosos y una sonrisa de esas que pone uno cuando se sonroja, es Leandro Daniel Paredes, cuyo currículum es demasiado extenso y destacado como para detallarlo en esta nota. Hoy, como ítem más importante, podemos decir que es el capitán y líder absoluto de este Boca que busca seguir sumando coronaciones en la recta final del semestre.
En esta época de las transferencias cada vez más tempranas de los jóvenes talentos hacia el exterior y en la que cualquier mercado con una billetera abultada es capaz de arrebatarle la figura a un equipo campeón, Paredes aparece como una brillante excepción. Un talento que llegó de importación desde la élite del fútbol mundial, pero cuyo pasaporte marca como lugar de origen el mismo estadio que hoy corea su nombre cada vez que lo ve aparecer.
Leandro dejó Brandsen 805 en enero de 2014, cuando apenas tenía 19 años. La misma edad con la que hoy, Tomás Aranda y Leonel Flores deslumbran a los xeneizes con su juego desfachatado. Dos pibes que no tenían ni siete años cuando el capitán emigró a Europa, pero que crecieron viéndolo lucirse en Roma, Zenit, Paris Saint Germain, Juventus y la Selección Argentina. Dos chicos que hoy, bajo su ala y su apadrinamiento, ilusionan y se ilusionan.
Todos sabíamos acerca de la clase de jugador que estaba regresando con 31 años al fútbol argentino. Lo que faltaba averiguar era cómo iba a sentirse el “5” de la Selección, tantas veces escudero de un tal Lionel Messi con la albiceleste, como guitarra principal y líder espiritual de un equipo lo tendría a él como faro. Un puesto que él nunca había ocupado anteriormente y que a otros les había quedado grande.
Uno desde afuera no cree estar en la posición de dar un veredicto sobre el tema. Podríamos, si, preguntarle a Marco Pellegrino, quien recibió la felicitación de Paredes tras arriesgar con un pase vertical en lugar de asegurar con el “5” e iniciar así la jugada del gol con el que un Boca mulato le ganaría a Talleres en el Mario Alberto Kempes. Se podría consultar sino con Leandro Brey, quien venía con poco rodaje y vio cómo el capitán lo zamarreaba agarrándolo de la camiseta tras una buena atajada contra la Católica de Chile en Santiago, gritando más esa jugada que su propio gol. También está Álvaro Montero, incorporación de hace unos meses, con quien se fundió en un fuerte abrazo tras su agónica atajada frente a Independiente, para después declarar: “Nos salvó otra vez, algunos arqueros están hechos para los momentos importantes”.
Ni hablar de los reconocimientos constantes hacia los pibes del club: a Lautaro Di Lollo, cuando lo eligió como la figura del Superclásico de principio de año en el Monumental -ganado por 1 a 0 con gol del capitán-; a los propios Flores y Aranda, a quienes reconocía incluso desde antes de que se asentaran en Primera; a Milton Delgado, a quien valoró como “su rueda de auxilio” y una pieza fundamental del equipo. Un comportamiento que tranquilamente puede haber aprendido del ex capitán del seleccionado, quien dio la cara por la aparición de aquella nueva camada surgida en la Copa América 2019.
Y como amor con amor se paga, el grupo humano detrás del equipo de fútbol le responde con noches como la del Maracaná, en el partido de vuelta de las semifinales de la Copa Sudamericana frente a Vasco da Gama. Un 2-0 con el emblema mirándolo desde el banco de suplentes, a apenas 11 días de haber sufrido un desgarro, pero a minutos de ingresar y hacer historia en Río de Janeiro. Tal como él y compañía lo hicieron el 14 de julio de 2024 en Miami, cuando el “10” no pudo completar la final ante Colombia por una lesión en el tobillo que lo dejó llorando de impotencia como un nene. Frente a Defensa y Justicia, otra vez con un campeonato en juego, volvieron a aparecer los mal llamados “actores de reparto”.
Y hablando de Vascos: párrafo aparte para Rodolfo Martín Arruabarrena y su equipo. Un entrenador que llegó después de una década en el exterior para devolverle a Boca algo de la paz que le faltaba -a costa de perder mucho de la suya-. Conformó un grupo y luego un equipo, en ese orden. Tomó las decisiones difíciles, las bancó con la espalda que se ganó gracias a sus éxitos vestido de azul y oro, y pregonó siempre la calma y la precaución ante cada partido que lo dejaba un paso más cerca del éxito.
El tiempo dirá si este nuevo Boca está para soñar en grande de cara a lo que viene. La realidad hoy marca que logró un protagonismo y regularidad que hace tiempo no conseguía, peleando en todos los frentes, yendo a ganar en cualquier cancha y alzándose como el mejor del año en Argentina. Con un capitán que ordena desde el juego y la actitud, con un grupo de jugadores que dejan todo por él y cantan con la hinchada después de cada victoria, y con un entrenador que conoce cada pasillo de La Bombonera y se aprendió de memoria los secretos del famoso “Mundo Boca”. Un modus operandi que, a los argentinos, ya nos suena de algún lado.

