Una estabilidad insuficiente

En el Gobierno empieza a cundir el temor de que las cosas no les vayan demasiado bien.
- 🛬 El Papa llega a la Argentina en noviembre, generando un clima de inquietud en el Gobierno.
- 🌍 El contexto internacional (elecciones en EEUU y Brasil) podría marcar un antes y después para la gestión argentina.
- 🤞 El mejor escenario para Milei: Bolsonaro gana en Brasil y Trump mantiene el control del Congreso en EEUU.
- ⚠️ El peor escenario para Milei: Lula gana en Brasil y los republicanos pierden el Senado, con movilización de fieles ante la postura del Papa sobre pobreza y justicia social.
- 💹 Un escenario adverso no cambia la realidad de inmediato, pero refuerza la demanda de cambiar el modelo económico.
- 🪙 La economía muestra dos caras: estabilidad macroeconómica por un lado y demandas de empleo y salarios dignos por otro; la macro no está “resuelta” y afecta lo micro.
- 📉 Tasas reales altas, consumo estancado y tipo de cambio que no acompaña los costos reflejan un programa que prioriza la inflación sobre otras variables.
- 🗳️ El deseo de cambiar el modelo no es solo de votantes de Massa; hay desilusionados que exigen empleo y salarios y duda sobre la derrota de la inflación.
- 🎭 Milei podría usar las banderas del “enemigo” para neutralizarlas, culpando a los pañuelos verdes y resaltando la “justicia social” para justificar el crédito hipotecario.
- 🤝 El Papa conoce a Milei y sus vínculos con Trump; la visita no lo “salvará” políticamente y podría dejar claro el límite de sus gestos.
- 🏠 El crédito UVA no salva a Milei: se estima que beneficiaría a menos de 20.000 familias y no cambia la realidad social.
- 📊 Un 24% de los desilusionados con Milei exigen más empleo y salarios y dudan de que la inflación se derrote con el plan actual.
- 🔚 En resumen, la visita papal y los resultados electorales pueden influir en el clima político, pero persiste la demanda de un cambio de modelo.
El Papa llega a la Argentina en noviembre, y en el Gobierno empieza a cundir el temor de que las cosas no les vayan demasiado bien. No es un temor aislado: la visita llega después de las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos y de la elección presidencial en Brasil. Esos dos comicios, sumados a la llegada del Papa, conforman tres hitos que pueden marcar un antes y un después para el Gobierno.
Lo mejor que le podría pasar a Milei es que Bolsonaro se imponga en Brasil y que el oficialismo de Trump retenga el control del Congreso en noviembre. Eso le permitiría rodearse de un aura de vencedor y de reafirmación de sus ideas, y retomar la iniciativa política –siempre que el Papa, en su visita, no sea demasiado duro con él. Lo peor sería lo inverso: que gane Lula en Brasil y que los republicanos pierdan no solo la Cámara de Diputados –algo que las encuestas ya anticipan como probable–, sino que también se les complique la batalla por el Senado, sumado a grandes movilizaciones de fieles escuchando al Papa hablar de los pobres, de la justicia social y de la necesidad de controlar la inteligencia artificial. Nada de eso parece cómodo para alguien que defiende la autonomía de la IA frente a cualquier regulación, y que suele demonizar a la justicia social tildándola de robo.
Un escenario adverso no cambiaría la realidad argentina de un día para el otro, pero sí reforzaría un clima que ya viene instalado: la demanda de cambio de modelo económico. El Gobierno es como una moneda de dos caras: la que brilla es la estabilidad económica; la opaca es la demanda de trabajo y salarios dignos. Esa moneda, sin embargo, es una sola: no es cierto que la macro ya esté resuelta y que lo que reste corregir sea la micro. Lo que en realidad está ocurriendo es lo inverso: la micro está mal porque la macro la está ahogando. Tasas reales altísimas, un consumo que no repunta y un tipo de cambio que corre por detrás de los costos no son fallas aisladas de tal o cual sector: son la consecuencia directa de un programa macroeconómico que privilegia la baja de la inflación por sobre cualquier otra variable, y que traslada ese costo a la actividad cotidiana de la gente.
Quienes hoy piden un cambio de modelo no son solo los votantes de Massa en 2023.
¿Será por esa realidad que Milei teme a la visita del Papa y está usando la estrategia de tomar para sí las banderas del enemigo para neutralizarlas? De ahí que haya culpado a los pañuelos verdes del envejecimiento demográfico argentino, y que el ministro de Economía usara la palabra “justicia social” para valorizar su política de crédito hipotecario. Lo sabremos con más claridad según insista o no el Gobierno con esas dos apropiaciones discursivas en las próximas semanas.
De todos modos, no parece una estrategia que pueda engañar al Papa. León XIV sabe perfectamente qué piensa Milei, y conoce de cerca sus vínculos con Trump, a quien ya enfrentó en más de una oportunidad. El Gobierno podrá, con estos gestos, intentar confundir a un sector de la opinión pública, pero difícilmente logre más que eso: los créditos UVA no salvaron a Macri, y tampoco van a salvar a Milei. Los cálculos del mercado hablan de que serían menos de 20.000 las familias que podrían beneficiarse con el crédito hipotecario. Con un 50% de la población que debió cambiar hábitos de consumo, y más de un 40% endeudado, la realidad social no va a modificarse con ese anuncio.
Quienes hoy piden un cambio de modelo no son solo los votantes de Massa en 2023. También, según nuestro último estudio, un 24% de desilusionados de Milei que rescatan la estabilidad lograda pero exigen que se complemente con una política de expansión del empleo y de los salarios. Son los mismos que creen que con el actual plan económico la inflación no será derrotada. El crédito hipotecario que propone Caputo parece demasiado poco para generar esperanzas de cambio.
*Consultor y analista político.


