NASA y ESA: Descubren el nacimiento de nuevos soles en la constelación de Tauro

El Telescopio Webb iluminó la “guardería cósmica” del sistema de estrellas FS Tau y descubrió protoestrellas de 1 a 3 millones de años.
- 🎆 En el marco del 9 de julio argentino, el Telescopio Espacial James Webb entrega una imagen sin precedentes de la región FS Tau en Tauro, que ilustra el nacimiento de estrellas mediante acreción.
- 🔭 La imagen destaca una “función de fuegos artificiales” cósmica al revelar estructuras asociadas al proceso de acreción, todavía no del todo comprendido.
- 🌌 FS Tau se encuentra a unos 450 años luz y alberga protoestrellas extremadamente jóvenes (entre 1 y 3 millones de años).
- 🛰️ La observación aprovecha la tecnología infrarroja del Webb, capaz de atravesar el espeso polvo que oscurecía la región para ver lo que antes no se podía ver.
- 🪐 El Webb opera desde el punto Lagrange Tierra-Sol L2, a unos 1.5 millones de kilómetros de la Tierra (mucho más allá de la órbita de Hubble).
- 🧭 El espejo primario del Webb tiene 18 segmentos hexagonales que suman 6.5 metros de diámetro y está recubierto de oro.
- 🧬 FS Tau A es una pareja de protoestrellas con aproximadamente la mitad de la masa del Sol.
- 💫 FS Tau B es otra protoestrella que presenta chorros de gas de color naranja y rojo, con brechas que sugieren acreción en episodios.
- 🌬️ La observación ofrece evidencia de que la acumulación de materia ocurre en “rebotes” o episodios, no de forma continua, y eso afecta el entorno circundante.
- 🌀 Se identifica un disco de acreción inclinado a unos 30 grados que alimenta a la estrella en crecimiento.
- 🔎 Aunque son estrellas de baja masa, ejercen una influencia notable en su entorno y ayudan a entender cómo se formó el Sol y posibles sistemas planetarios.
- ✨ La capacidad del Webb para distinguir texturas y colores aporta información vital sobre la evolución de las protoestrellas y su entorno, con menos interferencia ambiental.
- 📈 En resumen, el hallazgo ofrece una nueva visión de la formación estelar y subraya la importancia de la acreción episódica en el desarrollo de las protoestrellas.
En el marco de la celebración del 9 de julio argentino, el Telescopio Espacial James Webb ha entregado una "función de fuegos artificiales" cósmica sin precedentes. La agencia norteamericana NASA y la europea ESA, que operan hace cuatro años el telescopio espacial, dieron a conocer una imagen nunca vista antes de una zona de la constelación Tauro donde nacen estrellas mediante un proceso de acreción todavía no del todo comprendido.
La nueva imagen del sistema estelar FS Tau no sólo deslumbra por su belleza, sino que también marca un hito en la capacidad humana para observar el nacimiento de nuevos soles a través de las densas cortinas de polvo galáctico.
La zona donde refulge el sistema estelar FS Tau, a unos 450 años luz, había sido débilmente captada por otros telescopios espaciales antes como una nebulosa opaca. La principal diferencia que se destaca en la nueva observación radica en la tecnología infrarroja del Webb. Mientras que instrumentos anteriores, como el telescopio Hubble, encontraban limitaciones ante el "espeso polvo" que oscurecía la región, el Webb ha logrado capturar longitudes de onda infrarrojas que atraviesan estas barreras.
Esta sensibilidad permite revelar estructuras que anteriormente eran imposibles de ver. Por ejemplo, mientras que el polvo absorbe y dispersa la luz azul, la luz de longitud de onda más roja logra filtrarse, permitiendo que galaxias distantes en el fondo aparezcan con una claridad asombrosa, brillando como chispas en una celebración.
Entre las principales características técnicas del telescopio Webb hay que destacar el espejo primario, compuesto por 18 segmentos hexagonales que, combinados, crean un espejo con un diámetro de 6,5 metros, un gran aumento con diferencia sobre el espejo utilizado por el Hubble, de 2,4 metros. Su superficie, además, está cubierta por una lámina de oro.
El telescopio Webb opera cerca del punto de Lagrange Tierra-Sol L2, aproximadamente a 1.500.000 km más allá de la órbita de la Tierra. A modo de comparación, el Hubble orbita a 550 km sobre la superficie de la Tierra, y la Luna está aproximadamente a 400.000 km de la Tierra.
El sistema FS Tau descubierto por los astrónomos de 14 países que operan el Webb alberga una serie de protoestrellas, o estrellas "bebé", formadas a partir de densos focos de gas y polvo.. Estos objetos son extremadamente jóvenes en escalas cósmicas, con una edad de entre 1 y 3 millones de años; una cifra minúscula comparada con los 4.600 millones de años de nuestro Sol.
Entre los hallazgos más destacados del telescopio Webb se encuentran:
-FS Tau A: Una pareja de protoestrellas que genera un gran patrón de difracción y posee aproximadamente la mitad de la masa de nuestro Sol.
-FS Tau B: Una protoestrella que muestra flujos de gas de color naranja y rojo.
Webb ha revelado que estos flujos presentan "brechas", lo que sugiere que las estrellas acumulan materia en episodios discretos y no de forma continua.
Observar protoestrellas de baja masa como las de FS Tau no es un capricho técnico. Estrellas como el Sol —y por tanto sistemas planetarios como el nuestro— se formaron exactamente en condiciones así.
Entender el proceso episódico de acreción (el aumento gradual en el tamaño de un objeto por la acumulación de materia debido a la gravedad) y cómo los flujos de materia esculpen el entorno ayuda a completar el relato de nuestros propios orígenes.
Los astrofísicos aseguran que el concepto de acreción episódica como el que experimentan las Tau A y B es crucial para comprender el crecimiento y desarrollo de las protoestrellas. Durante los períodos de mayor acreción, una protoestrella puede ganar masa rápidamente, lo que afecta su luminosidad y temperatura. Estas explosiones también pueden influir en el entorno circundante, ya que el aumento de la producción de energía puede generar chorros y corrientes de aire más fuertes.
A pesar de ser estrellas de baja masa, su influencia en el entorno es notable. El Webb ha captado crestas de color azul claro cerca de FS Tau B, formadas cuando la materia expulsada por la estrella choca y comprime el gas circundante, reflejando la luz estelar.
Además, se puede observar un disco de acreción —una banda oscura que atraviesa el sistema en un ángulo de 30 grados— donde la estrella se alimenta de gas y polvo para seguir creciendo.
Esta capacidad del Webb para distinguir texturas y colores proporciona a los astrónomos información vital sobre la evolución de las estrellas de baja masa, permitiendo estudiar su desarrollo con una interferencia ambiental mínima.
Aunque por ahora son sólo cúmulos de gas en desarrollo, el destino de las protoestrellas de FS Tau es alcanzar la madurez estelar y brillar de manera estable durante miles de millones de años. Como nuestro Sol.
AF

