La libertad de Paredes, los duelos y la falta de fútbol de River: las claves del Súper
- 🎯 Pase de tres dedos de Leandro Paredes a Merentiel en el minuto 46 que derivó en el penal y la ventaja para Boca.
- 🧭 Plan de River: 4-1-3-2 para presionar alto y salir jugando, pero dejó a Paredes libre para distribuir, lo que terminó favoreciendo a Boca.
- ⏱️ Primeros 15 minutos: River dominó con ~70% de posesión y más duelos ganados, pero no consiguió una ocasión clara de gol.
- ➡️ Con el paso del tiempo, Boca comenzó a salir con pelotas largas para Merentiel-Bareiro, ganando duelos y posicionándose más arriba.
- 📈 Al cierre del primer tiempo, la lucha por los duelos se invirtió: Boca 52% - River 48%, con varias disputas ganadas en campo rival.
- 💡 Boca expuso una realidad que los resultados ocultaban: River tiene menos volumen de juego; Salas luchó, Colidio no destacó y Freitas intentó aportar en la segunda mitad, mientras Aranda cumplió su rol en banda izquierda.
- 🏁 Conclusión: Boca fue más peligroso y parece estar un escalón por encima de River en este ciclo; el resultado fue justo.
River hizo 467 pases en todo el partido. Ninguno tan punzante y decisivo como el de tres dedos de Leandro Paredes para Miguel Merentiel en el minuto 46 del primer tiempo. Ese que derivó en el penal con el que Boca se puso en ventaja y terminaría ganando el superclásico. El plan inicial de Eduardo Coudet de presionar con intensidad fue efectivo en el comienzo para no dejar jugar al adversario y generar ataques a partir de recuperaciones en campo contrario. El detalle, para nada menor, es que increíblemente dejó varias veces libre al jugador rival que más podía complicarlo con el pase.
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Ahí, en la libertad de Paredes para distribuir, estuvo una de las claves del triunfo de Boca en el Monumental. Coudet apostó por el dibujo táctico que más le gusta, el 4-1-3-2, con Moreno de único volante central, tres por delante (el livianito Kendry Páez por derecha, un inexpresivo Meza por adentro y un improductivo Galván por la izquierda) y dos de punta (Colidio y Driussi). Con ese dispositivo intentó presionar alto, achicar con todas sus líneas hacia adelante y que Boca no tuviera facilidades para salir jugando. En especial, Paredes.
Esa idea funcionó durante los 15 minutos iniciales. En ese lapso, casi que atropelló a Boca con un 70% de posesión, duplicándolo en pases y ganándole los duelos individuales (63% vs. 37% en esa faceta), aunque eso no se tradujo en ninguna situación clara de gol. Esa superioridad a la hora de imponer las condiciones del partido le duró ese cuarto de hora nomás.
Con el correr de los minutos, Boca empezó a salir con pases largos para la dupla Merentiel-Bareiro, quienes empezaron a ganar las divididas y así lograron que el equipo pudiera posicionarse unos metros más adelante. De a poco, los dirigidos por Claudio Ubeda emparejaron el trámite porque Paredes y Cía. entendieron que la clave era jugar rápido para los de arriba. Jugar rápido sobre todo. Porque cuando el equipo tocaba de primera para salir lograba evitar el fuerte pressing de River.
Al final del primer tiempo ya se había dado vuelta la estadística en el rubro "duelos": Boca 52% a 48% arriba (con ese porcentaje terminó el partido). Varias de esas divididas ganadas fueron en campo rival, lo más valioso. Esta vez no hubo mucha circulación de pelota o secuencias de pases. La idea era pelota larga a los de arriba para desarmar al rival. Hasta Aranda, el distinto de los cuatro del medio en el claro 4-4-2 xeneize, mostró una versión más sacrificada, contenido sobre la banda izquierda más atento a las subidas de Montiel que a ganarle la espalda o a meter diagonales para poner en apuros a Moreno. Cumplió la orden técnica pero cuando se rebeló con algunos desmarques no tuvo la misma influencia de los últimos partidos.
Boca expuso una realidad que los resultados habían escondido en lo que va del ciclo Coudet: los triunfos taparon la falta de volumen de juego que tiene River. Salas, que ingresó por el lesionado Driussi, apostó su habitual dosis de sacrificio, pero en sus pies sigue sin haber claridad. Colidio, sobre todo en el segundo tiempo con el ingreso de Freitas, que pasó a jugar como extremo izquierdo al igual que en gran parte del ciclo Gallardo, volvió a parecerse al delantero apagado y poco influyente de la era del Muñeco. Y Galoppo fue más de lo mismo. Salvo las buenas intenciones de Freitas, a River no se le cayó una idea.
Esa fue la tercera clave: la falta de generación de juego de River. Sin Juanfer Quintero lesionado, quien tampoco es titular dentro de la idea futbolística de Coudet, la intensidad y la vocación ofensiva que pregona el Chacho no alcanzó esta vez ante un rival que se paró bien atrás, que no concede espacios y que siempre amaga con salir rápido de contra para lastimar como siempre insinúa este Boca de Ubeda. La sensación final es que el Xeneize fue más peligroso que el Millonario y que a nivel funcionamiento está, más allá de este superclásico, unos escalones arriba. Resultado justo que no le escapó, esta vez, a la lógica de cómo ambos venían jugando en la previa.

