Le pateaba tiros a Beltrán en el barrio y cuenta su metamorfosis: "Se transformó en Neuer de un día para el otro"
- 🏷️ Contexto: En julio de 2020 Argentina enfrentaba la Covid-19; distanciamiento, caras tapadas y noticias sobre vacunas.
- 👦 Protagonistas y escenario: Gastón Fratesi (22), Pedro Jauregui (22) y Santiago Beltrán (15) se juntaban a patear en la cancha del barrio Pueyrredón durante la cuarentena.
- ⚽ Inicio de roles: Santiago, al principio delantero, empieza a atajar y su interés por el arco se vuelve protagonista.
- 🧭 Entrenamiento con apoyo: Gastón y Pedro, con la ayuda de Joaquín Ketlun, diseñan ejercicios para mejorar descolgar centros, mano a mano y salidas.
- 💪 Dedicación y coaching: los tres entrenan con seriedad; Santi quiere aprender y manda mensajes para ir a practicar cada día.
- 🔥 El click de su desarrollo: de un día para otro, Santiago pasa de recibir goles a parecer imposible de batir, como si fuera Neuer.
- 📏 Crecimiento físico y técnico: a los 15 años mide 1,70 m y luego llega a 1,90 m, sumando cualidades de arquero.
- 🏟️ Salto al club y reconocimiento: tras la cuarentena, Santi juega en el club Pueyrredón y, en 2022, recibe la noticia de haber quedado en River sin haber pasado por inferiores.
- 🤝 Orgullo de los mentores: Gastón y Pedro sienten satisfacción por haber ayudado; reconocen que fue mérito de Santi, pero ellos aportaron su experiencia.
- 📝 Recuerdos y conexión: siguen en contacto con Santi y se lamenta no tener videos de los primeros goles para demostrar sus comienzos.
Julio del 2020. Era la Argentina de las caras tapadas, del distanciamiento social, de la Sputnik y la Pfizer. Así atravesaba sus 22 años Gastón Fratesi, un pibe cualquiera del conurbano al que, como a todos, le tocó ser contemporáneo de la triste pandemia de Covid-19.
Gastón estudiaba a distancia, miraba TikTok, leía, hacía fiaca, comía, veía viejos partidos de fútbol, jugaba a la Play, al Among Us y se la pasaba el día entero esperando un mensaje. El mayor momento de felicidad del día pandémico de Gastón era cuando, en medio de esa rutina monótona, ‘clink’, sonaba el teléfono y en la pantalla de notificaciones aparecía el mensaje de Santiago Beltrán con un simple: “Hola, amigo. ¿Vamos a patear?”.
Y ahí se juntaban entre amigos en la cancha del barrio Pueyrredón, a patear, divertirse y entrenar. Eran tres: Gastón Fratesi y Pedro Jauregui, ambos de 22, le pateaban a Santi Beltrán, de apenas 15, quien atravesaba un momento bisagra en su vida: dejar de ser un nueve de área para empezar a atajar.
Seis años antes de esas nueve vallas invictas -si se cuentan los 45' que jugó ante Vélez- en sus primeros 14 partidos en Primera, ni Gastón ni Pedro imaginaban que, en medio de su ocio pandémico, estaban empezando a moldear al futuro arquero de la Primera de River. Tampoco que, seis años después, Gastón le estarían contando a Olé aquellas tardes de “ir a patear” como la crónica del origen de una nueva bestia.
“El primer día que fumos, volvimos a casa con mi amigo, nos miramos y dijimos: ‘Che, lo cagamos a goles, no le pateemos tan fuerte que le vamos a reventar las manos’. Claro, nosotros al ser más grandes teníamos más fuerza. Pero al otro día nos mandó un mensaje pidiéndonos ir a patear. Y al día siguiente, otro. Y así sucesivamente. Él nos mandaba mensajes para ir a patear, quería practicar su forma de atajar”.
-Al principio le costaba a Santi…
-Le metíamos muchos goles, ja. Es más, pensamos en no patear de tan cerca para no lastimarle las manos… No era malo, pero estaba arrancando. Había días en los que se volvía con toda la muñeca doblada por la fuerza en la que le pateábamos. Pensábamos que los padres iban a decirnos: "Che, paren un poco". Pero todos los días él era el que nos mandaba mensaje para ir a patear, quería practicar.
-¿Estaba en la transición del delantero al arquero?
-Claro, justo en ese momento.
-¿Cómo delantero era bueno?
-No lo vi jugar mucho. Pero él era delantero y al principio se notaba porque estaba muy bien de piernas: hacíamos cambios de frente y pateaba, y era un espectáculo. Tenía una zurda de calidad en aquel entonces. Pero le gustaba el arco y quería aprender.
-¿Y cuándo empezó a mejorar?
-Mirá, para ayudarlo le hacíamos ejercicios de arquero. Me contacté con Joaquín Ketlun, un amigo que es analista de arqueros, y me pasó ejercicios para que Santi pueda mejorar y que él se divirtiera.
-¿Qué practicaban?
-Cómo descolgar centros, practicaba mano a mano y cómo achicar. También practicamos salidas de abajo, saques de volea…
-Hacían coaching.
-Le decíamos: ‘Achicá un poco, en este tipo de jugadas salí así, para descolgarla saltá de esta manera…’. Nosotros queríamos entrenar y divertirnos, pero él quería aprender. Tenía muchísimas ganas de aprender.
-¿Cuándo hizo el click?
-De un día para el otro se convirtió en Neuer. Vos imaginate: de hacerle golazos a no poder hacerle ni un gol en una hora. Nosotros teníamos 22 y el pibito 15. Pateábamos con todas nuestras fuerzas, tirábamos a matar y no podíamos hacerle ni un gol.
-Fue de repente…
-Claro. Y eso que tenía 15 y medía 1,70. No lo que mide ahora. Lo que volaba…
-¿Te impresionó?
-Totalmente. En ese momento me impresionó mucho cómo volaba y descolgaba centros, pensá que estamos hablando de un pibito que jugaba fútbol amateur y no había hecho inferiores, ¿entendés? Era una bestia.
-¿Con Pedro fueron los primeros profes de Beltrán?
-Fuimos con mi amigo, ja. Él siempre nos agradece por todo lo que aprendió con nosotros.
-¿Cuándo dio el salto al club?
-Cuando pasaron dos o tres meses desde que empezamos a ir a patear, al padre de Santi le digo: ‘Este pibe está para jugar en un club’. Y me respondió: ‘No, quiero que estudie, quizás no es el mejor momento…’, y demás…
-¿Y cómo siguió?
-En fin: pasó la pandemia, él empezó a jugar el intercountry en el club Pueyrredón, yo me vine al exterior y en 2022 Santi me manda un mensaje diciéndome: ‘Gasti, quería agradecerte porque quedé en River’. Imaginate que un año antes yo le estaba pateando para que él practicara… Tremendo. Sabía que tenía nivel, pero no un nivel de River sin haber hecho Inferiores.
-¿El crecimiento también lo ayudó?
-Claro, cuando pegó el estirón llegó a 1,90 y todo lo bueno que tenía de arquero se le sumó a esas cualidades.
-Me imagino lo que deben sentir con tu amigo…
-Cuando me enteré, le mandé un mensaje a Pedro. Me llena de felicidad haberlo ayudado, pero fue todo mérito del esfuerzo de él. Santi nos hizo muy felices.
-¿Por qué te hizo feliz?
-Porque éramos dos pibes de 23 que en cuarentena todos los días íbamos a patear con él que, con 15 años, todos los días nos mandaba mensajes para ir. Fueron tres meses en los que lo único que nos daba un poco de felicidad era ir a patear con Santi.
-¿Lo sentís como un logro propio?
-Siento mucha satisfacción. Fui de los primeros que vio ese potencial y siento que ayudé con mi pegada, el conocimiento y ayudándolo con algunos ejercicios. Después fue 100% mérito de él. Le metió, fue al club y fue pasando categorías y empezó a crecer y estuvo a la altura en las oportunidades.
-¿Seguís hablando con Santi?
-Sí, cada tanto le mando un mensajito. Hace un tiempo quería ir a verlo a River y conseguimos estar para verlo.
-Siempre se va a acordar de sus comienzos…
-Seguro. Lo único es que con Pedro nos da un poco de bronca de no tener los videos de cuando le clavábamos lindos goles. Siendo dos burros, ahora quién nos va a creer, ¿no?