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El sello Coudet: la fórmula que busca cambiar la energía de River

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"Un control y largá, eh. ¡Que no se levante!”. Eduardo Coudet se está reacostumbrando al huso horario argentino pero aun afectado por los resabios del jet-lag al Chacho no se le escapan detalles. Está en línea. La adrenalina que lo “empuja” -según lo admitió en su presentación- se percibió en su método.

En ese sello energético que le desea imprimir a ese River al que comenzó a modelar en la intimidad del Camp. Allí donde habrá continuidad de trabajos en pleno fin de semana de paro: se trabajaría incluso el domingo, sin descanso, para llegar a tope al estreno del jueves.

“¡El control, el control!”.

La voz de Coudet se oye en el centro de entrenamientos. La orden es clara: la pelota debe ir al ras. Acariciar la hierba. “Dale velocidad, ¡dale velocidad!”, pide los profes Guido Cretari y Octavio Manera, alternadamente, para intensificar el ritmo de los trabajos que en el inicio de esta era vienen siendo altísimos: si la premisa de Marcelo Gallardo era que se entrebana como se jugaba, replicando en la semana la tensión requerida en los partidos, con el Chacho esa lógica no ha cambiado. Ni lo hará durante un fin de semana en el que se trabajaría completo.

De hecho, quienes pudieron atestiguar las sesiones han insistido en que se trata de movimientos exigentes, intensos. Este viernes, por caso, quedó en claro en los distintos segmentos de fútbol reducido que el deté diagramó.

Algo que es copyright de su método: lo hacía en sus inicios en Central para que se sistematicen pases, para que la pelota vuele y no ruede, para que los movimientos sean claros y firmes, para llegar sin demasiada vuelta al arco rival. Por eso está prohibido el pelotazo. Por eso pasar por pasar no es parte del libreto.

La pelota ha sido protagonista desde el primer trabajo vespertino del River de Coudet. Esa práctica que el Chacho encaró todavía sin haber podido dormir tras el larguísimo viaje, el que inició el martes a la mañana desde Vitoria-Gasteiz y que terminó de madrugada en el hall de llegadas del Ministro Pistarini de Ezeiza. Cansado pero a la vez enfocado. Así lo sintieron, al menos, en los primeros días en un predio en el que también se dan exigentes rutinas para modelar un “equipo físico”, como EC trazó como objetivo. Algo que logró especialmente en Central y Racing, dos de sus modelos insignia. Para alcanzar ese ideal hará falta tiempo.

“¡No pares! ¡No pares! Ahí, dale. ¡Bueeeena!”.

La voz de Chacho se oye claro. Es una consigna que se atomiza como el rocío de los regadores del Camp. Y llega, según observan quienes transitan el día a día en Ezeiza. La energía cambió: después de esos días post pretemporada de verano todavía con Gallardo, anímicamente también se había producido un pozo emocional del que había que salir. Coudet quizás fue el primero en entenderlo. Por eso cuidó su primer mensaje al frente del grupo, tomado por la cámara oficial: “Estoy convencido de todos ustedes. Por eso estoy acá”.

Aquello quedó registrado en el clip que se posteó a través de las redes sociales de River. Lo que el DT dialogó en el medio del campo con el plantel quedó en reserva. Como así también lo que fue dialogando con distintos integrantes del plantel, cara a cara, uno por uno como adelantó en su primer día.

Desde su anuncio de presentación, sin embargo, el deté ya había dado señales directas al corazón de un grupo tocado por la salida del técnico más ganador de la historia, observado por los hinchas casi mayoritariamente (los silbidos ante Banfield fueron elocuentes y direccionados), necesitado de un respaldo.

No es casual que a su modo, con su estilo, Coudet haya expresado que a varios de los profesionales a los que dirige desde el miércoles le hubiera gustado tenerlos, pero “nunca tuve plata”. Chanza para descontracturar. Ahí, el eje de su plan emocional: ponerle un freno al círculo vicioso y nocivo, invitando a los hinchas a un plan de “unión” para que por efecto derrame, el apoyo se transforme en combustible del grupo.

El desafío es complejo. Tanto que resultaría aventurado decir que el impacto de Coudet ya cambió completamente la atmósfera: una caída en el debut ante Huracán dejaría al Chacho preso -aunque sin responsabilidades atribuibles- de ese Juego de la Oca que River viene protagonizando hace tiempo. Uno en el que cada derrota es equivalente a retroceder casilleros.

Eso se debe terminar rápido para que el efecto del cambio se sienta adentro de la cancha. En el Palacio Ducó o donde toque visitar a Huracán -existen chances de mudar el partido producto del derrumbe en el complejo lindero a la cancha- se deberán empezar a ver los resultados preliminares y breves de un método que genera ilusión. Que ya se hace sentir.

El sello Coudet.

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