Boca volvió al trabajo bajo su nueva costumbre post derrota
El golpe fue duro y se sintió. En una ráfaga de días, Boca pasó de ser el equipo del momento a depender de no trastabillar otra vez para -además de haber perdido la chance de terminar el semestre campeón- no quedarse también sin el sueño de la Copa Libertadores. Y en esa grieta entre la ilusión y la realidad, el silencio se apoderó del plantel.
Una nueva costumbre que se inició el sábado por la noche y que se mantuvo firme hasta el regreso al trabajo que se dio este lunes por la tarde en Ezeiza. En una práctica donde lo más saliente pasó por la confirmación de la lesión de Adam Bareiro. Y en la que la cabeza de todos intentó cambiar el chip para meterse en el partido contra Cruzeiro del martes 19.
En cuanto a la falta de expresiones y más allá de lo que pasó en la Bombonera (donde es habitual que no haya instancia de atención a la prensa en zona mixta en ocasión de una derrota difícil de digerir), tampoco en las redes sociales de los futbolistas xeneizes hubieron manifestaciones a partir del mal resultado.
Sí, ni siquiera el habitual mensaje optimista surgió de los jugadores de Boca, luego de una noche de las más duras de los últimos tiempos, en la cual -seguramente por la ilusión que había despertado el andar del equipo un par de semanas atrás- tampoco se oyeron reproches masivos ni insultos que pudieran despertar un sentimiento de rebeldía o de pedido de disculpas hacia la gente.
Como si fuera un pacto general, ninguno de los integrantes del plantel hizo referencia a la caída ante Huracán, tampoco al momento de Boca ni al futuro inmediato, con los dos partidos finales de la zona de Copa Libertadores, que el equipo debe ganar (o combinar resultados sin perder) para no depender de otros resultados en pos de meterse en octavos.
El contraste con la última gran alegría es elocuente: tras ganar el superclásico, la rueda de prensa en el Monumental tuvo multiplicidad de voces, mientras que las 24 horas posteriores (antes de la práctica que tuvo lugar ese lunes por la tarde), mostraron a diferentes jugadores en vivo en programas de streaming.
Y hasta Claudio Ubeda, por primera vez desde que se convirtió en el entrenador principal, salió a dar notas en la noche de aquel día en el que todo pintaba para final feliz: el equipo llevaba 13 partidos sin conocer la derrota (sumaría uno más ese jueves goleando a Defensa a domicilio por 4-0), en la Copa tenía puntaje ideal y venía recuperando lesionados para la recta decisiva del semestre.
Justamente la del DT fue la única voz que se escuchó luego de la eliminación del sábado, en una conferencia de prensa lo suficientemente extensa para que deje en claro -en sus palabras- que la bronca dominaba la escena del vestuario, al margen de que el foco ya estaba puesto en lo que viene. Aunque por esas horas -y por estas también- eso quede bastante lejos.

