Golpe de Sifón: el pleno que pegó Ubeda para su resurrección y por qué hoy parece otro DT
- 🔥 Boca terminó febrero con un panorama complicado: derrotas fuera de casa y empates en casa, y se reabre la idea del “partido a partido”.
- ✨ En el 0-0 frente a Gimnasia de Mendoza apareció una chispa, gracias al ingreso de Tomás Aranda.
- 🧭 A partir del partido siguiente vs Lanús, Aranda se ganó la titularidad y no salió más.
- ⚙️ Cambio táctico: triple cinco, Paredes con un socio, Leo más suelto y Delgado como equilibrista; roles más claros.
- ⚡ El equipo dejó de cerrarse y empezó a proponerse: resultados llegan, con tres victorias seguidas y 10 partidos sin perder.
- 🏆 Es mérito del entrenador: la racha positiva se sostiene por un Boca que juega mejor y se arriesga más, no solo por suerte.
- 🏟️ En la Copa y la Liga, ganó con claridad a Instituto y superó a Talleres en su estadio, demostrando juego sostenido y manejo de los partidos.
- 🌎 Debut en la Libertadores en Chile con dificultades propias del torneo, pero con un “manual de la Copa” que parece haber aprendido.
- ⏳ Ubeda gana tiempo y mantiene la confianza, administrando los humores del grupo y aportando herramientas acordes a Boca.
- 🎤 En conferencias, se muestra más suelto y seguro; ya no parece solo un ayudante de campo, sino un entrenador que se hace oír.
El último día de febrero pareció consumir las últimas llamas, tenues, del paso de Claudio Ubeda por Boca. Ese día, luego del lúgubre empate en la Bombonera frente a Gimnasia de Mendoza, se reinauguraba el famoso “partido a partido” que condenó los ciclos de varios antecesores del Sifón, como Miguel Russo (segunda etapa), Sebastián Battaglia, Hugo Ibarra, Diego Martínez y Fernando Gago. Una metodología que esta dirigencia llevó al paroxismo.
El Boca de Ubeda, en efecto, se venía desangrando. Dos derrotas duras como visitante (Estudiantes y Vélez) y varios empates decepcionantes en casa (Platense, Racing y el citado ante el Lobo mendocino) como reflejo de un equipo inexpresivo, sin fuego, reiterado en sus formas opacas y pobres, con un entrenador que no tenía reacción desde el banco para cambiar el destino del partido de ocasión.
Sin embargo, en ese 0-0 ante Gimnasia, hubo una chispa, que pasó bajo el radar porque la misma desazón por el resultado tapó la reacción de Boca en el segundo tiempo, que entre otras cosas vino de la mano del ingreso de Tomás Aranda.
Algo de eso vio el Sifón, que al partido siguiente (Lanús) le dio al pibe la titularidad y no lo sacó más. Sobre todo porque, a partir de ahí, el equipo entró en evolución total. El triple cinco, cuestionado desde el mismo funcionamiento del equipo, empezó a vibrar en otra frecuencia. Paredes encontró un socio y los roles quedaron más claros, con Leo más suelto y Delgado de equilibrista.
Video: ESPN
Así, los delanteros no quedaron a merced del aislamiento y los resultados comenzaron a fluir: Boca lleva tres triunfos consecutivos y hace 10 partidos que no sabe lo que es perder.
Y en este sentido, no parece haber en esto un golpe de suerte, como muchas veces sucede en el fútbol. Hay méritos del entrenador, porque la racha positiva se refleja en los resultados pero se asienta en un equipo que juega mejor, que de a poco fue saliendo del cómodo papel de cerrarse atrás y esperar a que la jerarquía individual haga lo suyo, y que partido a partido se lo ve proponer otras cosas: plantarse en campo rival, ser más agresivo, animarse a arriesgar.
A Instituto le ganó con claridad, pero era más fácil marcar diferencias en casa y ante un rival al que no le sobra mucho. Con Talleres, en cambio, se impuso ante un equipo con jugadores de jerarquía y en su propio estadio. Y lo hizo no sin dificultades: Boca supo sufrir, se mantuvo firme atrás, fue mejorando su juego hasta marcar la diferencia desde la lógica de la superioridad y después supo bancar la reacción del rival. Nada de pasar por encima a nadie, pero sí ganar con margen, con argumentos. Sin estridencias pero con nitidez.
Lo mismo le cabe al debut de la Libertadores, en Chile, con las dificultades que eso significa. Y, otra vez, con el manual de la Copa que parece tener bien aprendido de cara al futuro.
Todo esto le permitió a Ubeda comprar tiempo, que no es poco. Mostró, también, una buena administración de los humores del grupo y un conjunto de herramientas más afines a lo que debería tener un entrenador en un club como Boca. Pero se sabe: los humores en Ezeiza cambian con la dirección de los vientos, por lo que el Sifón deberá seguir siendo factor en la evolución del equipo, que todavía tiene por delante los desafíos más duros, más difíciles, más desafiantes.
Video: Olé.
Por lo pronto, metió un par de plenos y él lo sabe. A sí, se muestra más suelto en las conferencias de prensa, con más confianza, más afirmado en un terreno que, dos meses atrás, temblaba bajo sus pies, muy poco que ver con el entrenador al que le costaba tomar decisiones durante los partidos, que parecía continuar en modo ayudante de campo, y que sin embargo desde el silencio se está haciendo oír. Y fuerte.