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Olé, donde empieza la Fórmula 1: la mujer que apaga las luces del semáforo y escucha el silencio

Dufume
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  • 🚦 Rebecca Lee es la jefa de Operaciones de Monoplazas de la FIA y supervisa las salidas de Fórmula 1 (también de F2, F3 y F1 Academy).
  • 📍 Trabaja desde un puesto elevado junto a la recta principal de Interlagos para controlar el semáforo y la salida.
  • 🎧 Coordina con Dirección de Carrera, autos de seguridad, auto médico, equipo técnico y cronometraje.
  • 👥 Nunca está sola: la acompaña un segundo operador para ampliar la visión.
  • 🧪 Durante la semana prueban equipos, software y comunicaciones; los jueves simulan salidas con safety car y médico para anticipar problemas.
  • 🔎 Buscan “hacer fallar” el sistema para detectar fallos y resolverlos a tiempo.
  • ⏰ Una hora antes de la carrera sube al puesto; a 40 minutos se abre la salida de boxes para reconocimiento; a 15 segundos de la vuelta de formación se cierran puertas y se retiran mecánicos.
  • 🔍 Verifica que la parrilla esté libre, la calle de boxes despejada y los portones cerrados.
  • 🧘‍♀️ En la previa hay mucho ruido; cuando quedan todos en la parrilla, se escucha solo la respiración y la atmósfera se vuelve más tranquila.
  • 🔴 Durante la demostración, se encienden cinco luces rojas y, cuando es seguro, se apagan para dar inicio.
  • 🟢 Después, habilita la salida de boxes y permanece en el puesto durante las primeras vueltas; puede activar bandera roja si hace falta y luego pasa el control a Dirección de Carrera.
  • 🧰 Existen equipos de repuesto y banderas, con planes de contingencia para cualquier eventualidad.
  • 👩‍💼 En 2023 se convirtió en la primera mujer en ocupar de forma permanente ese cargo tras reemplazar a Christian Bryll.

No había autos en la parrilla. No había mecánicos retirando herramientas a las apuradas ni pilotos buscando con la mirada esas cinco luces rojas que, por unos segundos, concentran toda su atención. Sin embargo, mientras Rebecca Lee hablaba y señalaba los botones, costaba no imaginarlo. Los cajones ocupados, los motores encendidos, la tensión antes de acelerar. Desde ese lugar, hasta una demostración sin coches podía parecer una largada.

La FIA le abrióla puerta a Olé de uno de los lugares más preciados de un circuito: el puesto elevado junto a la recta principal desde donde se maneja el semáfoto y se da la salida. En Interlagos, esa pequeña torre ofrece una vista privilegiada de la parrilla. Pero Rebecca no sube para disfrutar del espectáculo: sube para comprobar que todo esté listo y, cuando corresponde, apagar las luces.

Su cargo es responsable de Operaciones de Monoplazas de la FIA y encargada permanente de las largadas de Fórmula 1. Asumió esta última función en el Gran Premio de Singapur de septiembre de 2023, cuando se convirtió en la primera mujer en ocupar ese puesto de manera permanente tras suceder a Christian Bryll. También supervisa las salidas en las categorías de Fórmula 2, Fórmula 3 y F1 Academy.

Delante suyo hay una consola con botones de distintos colores y, por encima, un panel de comunicaciones. Desde ahí escucha a Dirección de Carrera, a los pilotos del auto de seguridad y del auto médico, al departamento técnico y a cronometraje. También mantiene contacto con el personal que trabaja junto a los comisarios de pista. Muchas voces para preparar un instante que todos esperan.

-¿Sos consciente de que sos una de las personas más importantes de la carrera? -le pregunta Olé.

Rebecca no se acomoda en ese protagonismo.

“Sinceramente no lo siento así. Lo siento como una parte de mi trabajo. Cuando estoy en esa posición, lo único en lo que pienso es en la seguridad de los pilotos, de los comisarios, de los fanáticos y de las personas que están en esa zona”, explica.

Su largada empieza bastante antes de que los autos lleguen a sus posiciones. Durante la semana se prueban los equipos, el software y las comunicaciones. Los jueves, con el safety car y el auto médico haciendo de coches de carrera, ensayan diferentes situaciones: salidas detenidas, lanzadas, procedimientos abortados y banderas rojas.

“Básicamente, intentamos hacerlo fallar”, cuenta sobre las pruebas. La idea es encontrar cualquier problema cuando todavía hay tiempo para resolverlo.

Una hora antes de la carrera, Rebecca sube a su puesto, prepara el sistema y carga la categoría y el horario. A 40 minutos de la largada se abre la salida de boxes para las vueltas de reconocimiento. Los pilotos comprueban las condiciones de la pista y el funcionamiento de sus autos; ella observa que no haya personas en lugares indebidos.

“También actúo como los ojos sobre el terreno”, describe. Su mirada complementa las de Dirección de Carrera y el centro de operaciones remotas.

Después llega el cierre de la salida de boxes, la ceremonia y el momento de despejar la parrilla. Según explica, a 15 segundos de la vuelta de formación, los mecánicos ya no pueden seguir trabajando sobre los coches. Los comisarios están preparados con banderas amarillas para advertir cualquier problema y luego se retiran.

Cuando los pilotos salen a completar esa vuelta, Rebecca revisa que la parrilla quede libre, que la calle de boxes esté despejada y que los portones de acceso a la pista estén cerrados y asegurados. No es un detalle menor: por esos lugares acaba de salir gente que debe quedar protegida si se produce un accidente.

Nada de eso lo hace sola. A su lado siempre hay un compañero, Chris o Lee. “Es importante tener un segundo par de ojos ahí arriba, especialmente cuando la calle de boxes es muy larga y la visibilidad no siempre es la mejor”, señala.

Los coches regresan y se acomodan. Al costado del muro de boxes, unos paneles luminosos permiten que los comisarios confirmen sus posiciones o adviertan con una señal amarilla si alguno tiene un inconveniente. Al fondo de la parrilla aparece la bandera verde.

Para quien mira por televisión, la carrera está por empezar. Para Rebecca, es el momento en que cambia el sonido de su trabajo.

“En los preparativos y durante la vuelta de formación hay muchísimo ruido. Me llega información de todos”, relata. Pero entonces los autos se detienen y las voces dejan de superponerse.

“Cuando todos quedan acomodados en la parrilla, se hace silencio. Y lo único que puedo escuchar, porque el canal de Dirección de Carrera está abierto, es la respiración de quienes están ahí”.

Lo cuenta desde su puesto, con la pista sin los Fórmula 1 delante. Aun así, la escena aparece. Basta seguir su mirada hacia los cajones e imaginar ese instante suspendido, cuando todavía nadie ganó una posición ni perdió una oportunidad.

“No sé por qué, pero me encanta ese momento. Estoy parada acá, no escucho nada más y siento que estamos solamente los autos y yo. Como si no existiera nada más”.

-¿Todavía lo sentís o ya se volvió habitual?

-Se siente normal, pero es una sensación linda. En ese momento estoy completamente relajada.

La calma puede sorprender desde afuera. Ella recuerda que en su primera largada, en Singapur, estuvo algo nerviosa. Pero había una tarea que ocupaba todo.

“No pienso en la televisión ni en la gente que está mirando. En ese momento no pienso en nada más”, asegura.

Con la parrilla en condiciones, Rebecca comunica que pueden avanzar. Antes de la secuencia principal, los paneles de parrilla y el de información -cambio para este año- parpadean en azul durante cinco segundos. Según explica, ese aviso les permite a los pilotos preparar el motor y hacer girar el turbo con las unidades de potencia actuales.

Cumplido ese tiempo, inicia la secuencia desde un botón verde de su consola. Delante de los pilotos, las luces que se encienden son rojas.

En la demostración, acompaña el procedimiento con la cuenta. ¡Y se encienden las luces del semáforo!

“Uno, dos, tres, cuatro, cinco”, relata…

Ya están todas encendidas, rojas. Falta lo que espera el circuito entero.

“Una vez que están todas encendidas, cuando considero que es seguro y corresponde hacerlo, las apago”.

Lo hace. No hay autos que salgan disparados hacia la S de Senna, pero por un instante casi se los puede ver. La explicación, los gestos y esa cuenta alcanzan para trasladarse al domingo.

Su trabajo continúa: tiene que habilitar la salida de boxes cuando corresponde y permanece en el puesto durante las primeras vueltas. Si hay un incidente y se dispone una bandera roja, puede activarla desde allí. Más tarde transfiere el control a Dirección de Carrera, que tiene una consola idéntica. Si hace falta otra largada, vuelve.

También hay equipos de repuesto y banderas manuales para una eventualidad. “Estamos preparados. Tenemos planes de contingencia”, afirma.

Pero el recuerdo que queda de la visita no es un botón ni una pantalla. Es esa descripción de Rebecca: muchas voces que, de pronto, se callan; una respiración que llega por los auriculares; los autos esperando abajo. Y ella, ahí arriba, antes de dejarlos ir.

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