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Messi en la Fórmula 1 de Miami: por qué fue, la visita que casi se cae y los estrictos protocolos que rompieron por él

Dufume
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La presencia de Lionel Messi en el Gran Premio de Miami tuvo más de especial que de casual. Detrás hubo marcas, contactos, protocolos quebrados y hasta un guiño argentino que alimentó la previa: días antes, Franco Colapinto lo había visitado en el entrenamiento del Inter junto a Rodrigo De Paul, en un encuentro donde también apareció otra conexión privada en común.

Pero el verdadero motivo de su presencia en la Fórmula 1 estuvo en el vínculo de Adidas -marca que lo viste y él representa- y Mercedes (y también Audi). Esa relación lo llevó directo al box de la escudería alemana, aunque no sin sobresaltos.

La visita estuvo a punto de caerse. El cambio de horario de la carrera, adelantada de las 16 a las 13, comprimió toda la previa; sobre todo porque Messi había jugado la noche anterior un partido de la MLS. En ese tramo del domingo, una hora antes de la carrera, los pilotos cumplen protocolos estrictos, con tiempos milimétricos y sin margen para interrupciones. La lógica indicaba que no iba a haber lugar para una aparición así.

Apenas llegó al circuito, la Fórmula 1 rompió sus propios patrones: en lugar de que el invitado se adapte, el sistema se adaptó a él. Mercedes no solo lo recibió: lo puso en el centro de la escena. Por decisión del equipo, Messi fue invitado a sentarse en el auto de Kimi Antonelli, un privilegio que no tienen ni mecánicos ni invitados VIP. En condiciones normales, esa butaca es territorio exclusivo de los pilotos; a lo sumo, del jefe de mecánicos.

Además, ingresó al box en plena previa, algo prácticamente prohibido. Y no solo eso: los propios pilotos rompieron su rutina. George Russell y Antonelli se acercaron a saludarlo. El inglés, incluso, avisó lo que todos querían ver: “La cabra (GOAT) está en camino”. Después, fue él mismo quien le explicó a Messi y a sus hijos los secretos del volante, para qué sirven los botones.

El efecto Messi no terminó ahí. A menos de una hora de la largada, Franco Colapinto cruzó el pitlane para ir a saludarlo y sacarse una foto, en una zona exclusiva entre Mercedes y Red Bull, lejos de la estructura del equipo francés.

Tras la carrera, la historia siguió sumando escenas fuera de libreto. Messi y su familia disfrutaron el GP desde un sector exclusivo del hospitality de Mercedes. Hasta allí subió Antonelli, todavía con el desgaste encima: “Perdón que estoy transpirado”, le dijo a Antonella Roccuzzo, después de resumir la exigencia: “Muy duro, caluroso, húmedo… en las últimas 20 vueltas solo quería que terminara”.

El italiano no ocultó su emoción: “ Fue increíble conocer a Messi. Lo sigo desde que era chico, desde su época en Barcelona”. Y el cruce también dejó huella del otro lado. Colapinto lo resumió con admiración: “Muy feliz de haberlo visto otra vez y que me haya venido a apoyar con la familia. Agradecido a él por venir. Volver a ver a mi ídolo, al héroe de todos los argentinos, es una felicidad. Fue un sueño haberlo conocido”.

El saludo incluyó a todos. Otro protocolo que se desactivó: Colapinto y todo su entorno, luego de la carrera, subieron a ese sector de Mercedes para volver a ver a Messi. Estaban la novia de Franco, sus dos managers y hasta Bizarrap. En la escena, más acorde a una entrega de premios para argentinos que a la F1, se mezcló el dueño del circo, pero que parecía visitante: Stefano Domenicali, el presidente de la categoría.

Y hubo un detalle más, propio de esta era: Messi, seguido por 512 millones de personas en Instagram, devolvió las caricias sumando dos nuevos nombres a su lista. Empezó a seguir a Colapinto y a Antonelli entre los exclusivos 362 seguidos, un guiño que también vale oro en el mundo digital.

Messi felicitó a Antonelli. Antonelli le agradeció. Y el paddock, ese universo de reglas rígidas, quedó patas para arriba por unas horas.

Por qué no es que a Messi le abrieron una puerta.

Le abrieron todas.

Y en Mercedes ya lo tienen claro: cuando quiera volver, lo esperan con los brazos abiertos. No solo por lo que genera, sino por un detalle imposible de ignorar: el auto en el que se sentó, el de Antonelli… terminó ganando.

La Pulga fue junto a su esposa y sus hijos a felicitar al italiano en su búnker. Fuente: Mercedes.

DAZN

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