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Sismo en Mar del Plata: qué significa este movimiento tectónico y qué efectos podría tener

Sismo en Mar del Plata: qué significa este movimiento tectónico y qué efectos podría tener
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El temblor de magnitud 4,9 reavivó temores en la costa bonaerense, pero expertos del Conicet aseguran que no implica riesgo ni escenario catastrófico

AI
  • 🌊 No habrá tsunamis en Mar del Plata ni Miramar tras el sismo de 4,9; no hay alerta de olas peligrosas.
  • 🕰️ El temblor se registró a 9 km mar adentro, se sintió a lo largo de la costa y duró solo unos segundos sin daños ni víctimas.
  • 💡 En el Atlántico, los sismos son poco habituales y de baja intensidad; la recurrencia estimada puede ser de unos 200 años, por lo que no es normal en una generación.
  • 🗺️ No se trata de una zona de subducción activa, sino de un margen pasivo entre las placas africana y sudamericana.
  • 🧭 La placa sudamericana avanza unos 3 cm/año hacia el oeste; las tensiones se acumulan y se liberan de forma esporádica en estos márgenes.
  • ⚡ Estos sismos de margen pasivo suelen ser superficiales y menos intensos que los de los Andes, liberando menos del 5% de la energía total del movimiento.
  • 🔁 El fenómeno podría ser una fractura entre placas que reacomoda fallas antiguas; no es una anomalía absoluta, sino parte de un proceso geológico de larga duración.
  • 🔬 Aún no se determinan causas exactas, ya que, al ser submarino, se usan registros indirectos y se requiere monitoreo constante.
  • 🏛️ Casos históricos cercanos en la región: 1880 y 1985; y el sismo asociado al G20 de 2018 en Buenos Aires (Ezeiza, 3,8°).
  • 🛰️ Aunque útil para la vigilancia, este sismo no cambia el mapa de riesgos ni predice futuros desastres.
  • 🌍 En resumen, la Tierra sigue moviéndose bajo nuestros pies, incluso en zonas consideradas estables.

No habrá tsunamis en Mar del Plata o Miramar, al menos hoy. Lo que el sismo de 4,9 en la escala de Richter revela es un problema de memoria. En realidad, es un tema de escalas. Es cierto que estos sismos son inusuales si los pensamos a lo largo de una vida humana, que rara vez supera los 100 años. Pero los movimientos tectónicos —como coincidieron varios geólogos consultados— suceden desde hace millones de años, y los intervalos entre un evento y otro pueden ser de siglos. Lo excepcional para una generación no necesariamente lo es para la historia geológica.

El temblor se registró a nueve kilómetros mar adentro y fue percibido en distintos puntos de la costa bonaerense. No dejó daños materiales ni víctimas. En una ciudad poco habituada a los movimientos sísmicos, bastaron unos segundos de vibración para activar alarmas, consultas y especulaciones.

“Los terremotos son muy poco frecuentes en el Atlántico, no son de gran intensidad y su recurrencia puede ser de 200 años. Buenos Aires ya tuvo casos como en 1880, 1985 y 1500. Yo diría que este caso es anómalo porque fue más intenso que lo habitual, aunque no significa que haya sido riesgoso. No producirá tsunamis”, planteó Víctor Ramos, investigador superior del Conicet y una eminencia en el campo de la geología. La clave, insistió, está en comprender el contexto tectónico: no se trata de una zona de subducción activa como la cordillera de los Andes, sino de un margen pasivo.

En primer lugar, es importante aclarar que todavía no se han determinado los detalles precisos de las causas de este sismo. Al haber sido submarino, los métodos directos de análisis no funcionan de la misma manera que en tierra firme y el procesamiento de datos lleva más tiempo. Se requieren registros instrumentales “indirectos”, como los catalogaron los expertos. A pesar de ello, todos los geólogos consultados coincidieron en que, si bien este fenómeno no es convencional en la región, tampoco hay motivos para generar alarma, aunque eso no impidió que circularan hipótesis en redes sociales.

El fenómeno se sintió con mayor intensidad en edificios altos, donde los vecinos advirtieron vibraciones en ventanas y el balanceo de objetos suspendidos, especialmente luminarias. Algunos relataron crujidos leves en estructuras y la sensación de un vaivén breve pero perceptible. Así lo contaron residentes sorprendidos por una situación poco habitual en la ciudad. En redes sociales comenzaron a multiplicarse los mensajes de personas que percibieron el movimiento, que duró apenas unos segundos y no volvió a repetirse. Videos caseros, capturas de aplicaciones sísmicas y comentarios cruzados marcaron el pulso digital de la jornada.

La explicación general es que pudo haberse formado una fractura entre dos placas tectónicas: la africana y la sudamericana —sobre esta última se asienta la Argentina—. Se trataría de una fractura pequeña y convencional dentro de la dinámica de un margen pasivo. Estas dos placas se separan desde el período Mesozoico, hace aproximadamente 130 millones de años, cuando comenzó la apertura del océano Atlántico y la división de Pangea. Ramos explicó que la placa sudamericana avanza unos tres centímetros por año hacia el oeste, en dirección al Pacífico. Ese desplazamiento, constante pero imperceptible a escala humana, acumula tensiones que ocasionalmente se liberan.

Este empuje de la corteza que Ramos describió reactiva viejas fracturas y produce estos pequeños sismos de margen pasivo —menos intensos, más superficiales y poco frecuentes que los andinos—. Su período de recurrencia suele ser de centenares de años, por lo que resulta lógico que sorprendan cuando ocurren, pero son relativamente suaves. “Estos sismos liberan menos del 5% de la energía que descarga la placa sudamericana en su desplazamiento hacia el Pacífico. Del otro lado se concentra más del 95% de la energía liberada”, detalló Ramos, al comparar la dinámica atlántica con la intensa actividad sísmica del oeste argentino y de Chile.

“Para que esa separación genere una ruptura mayor, un ascenso significativo de magma y fracturas de gran magnitud, tiene que pasar muchísimo tiempo”, agregó. “Los terremotos en esta región son muy poco frecuentes y de baja intensidad relativa. Buenos Aires ya tuvo casos como en 1880 y 1985, y no implicaron escenarios catastróficos”.

El geólogo Donaldo Bran, del Igeba (UBA-Conicet), recordó otro antecedente reciente: el sismo que coincidió con la reunión del G20 en Buenos Aires, en 2018. Su epicentro fue en Ezeiza y generó inquietud en plena cumbre internacional. En aquel momento alcanzó los 3,8 grados en la escala de Richter, casi un punto menos que el registrado ahora por el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres).

Como este ha habido varios a lo largo de la historia, muchos de magnitud tan baja que pasan inadvertidos para la mayoría de la población. Para Bran, el episodio reciente puede interpretarse como un reacomodamiento de fallas antiguas que permanecían inactivas. La placa se mueve, libera tensiones acumuladas y el sistema se ajusta. No es una anomalía absoluta, sino parte de un proceso geológico de larguísima duración.

Eso no significa, advierten, que deba desestimarse su estudio. Por el contrario, estos fenómenos —precisamente por su baja frecuencia e irregularidad— requieren monitoreo constante y análisis detallado. Comprender cómo y por qué se activan estas fracturas en un margen pasivo aporta información clave sobre la dinámica interna del planeta y permite mejorar los sistemas de registro y prevención.

El temblor, en definitiva, no anticipa catástrofes ni altera el mapa de riesgos del país. Sí recuerda, en cambio, que incluso en regiones consideradas estables la Tierra está en permanente movimiento. A veces lo olvidamos porque nuestra escala temporal es demasiado breve. Pero bajo el asfalto, bajo la arena y bajo el mar, las placas continúan su desplazamiento.

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