Milei vs. el kirchnerismo: la puja por Vaca Muerta y las delicias de la inflación

El proceso electoral hacia 2027 plantea una escenario inédito, con un sistema de tres incentivos para el peronismo que complica más al Gobierno
- 🚩 El proyecto de Milei enfrenta una oposición kirchnerista dura para 2027, que llega con motivaciones recargadas para recuperar el poder.
- 🛢️ Vaca Muerta se presenta como una fuente multimillonaria que podría cambiar la economía y la política de Argentina.
- 📉 Una macroeconomía relativamente ordenada, con un ajuste ya realizado y una inflación a la baja, ofrece beneficios que antes no se vieron en campañas anteriores.
- 🧭 Una disciplina electoral bien entrenada del kirchnerismo podría suspender internas y alinearse detrás del poder para intentar recuperar la Presidencia, aunque no garantice gobernabilidad.
- 🗳️ 2027 se percibe como un escenario aún más complejo: el kirchnerismo podría buscar una PASO que consolide unidad y un balotaje que gane al voto disconforme con Milei.
- 💥 La oposición lanzó los “morosos” como primer arma política; ahora el kirchnerismo quiere capitalizar a “los sectores perdedores” para ampliar su narrativa.
- 💬 El giro en la narrativa sobre morosos llevó al Gobierno a ampliar la responsabilidad más allá de individuos, incluyendo al sector financiero para evitar el “moral hazard”.
- 📊 Un informe de Matías Fernández sobre la mora ofreció datos para contrarrestar la narrativa opositora y el Gobierno encontró indicios para contener el daño, aunque la estrategia de fondo siguió sin claridad.
- 🔄 El debate económico pasa de la idea de heterogeneidad a una dicotomía cada vez más marcada entre sectores ganadores y perdedores, con un derrame inverso que perjudica a la industria, la construcción y el consumo, mientras minería y oil & gas crecen en beneficios relativos.
- 💼 El empleo en oil & gas muestra una caída: de 94.600 trabajadores en 2023 a 87.500 en 2025, debido a tecnologías, racionalización de costos y menor producción en cuencas maduras.
- 🗒️ Patricia Bullrich propone bajar impuestos para todos para lograr una competencia más equitativa ante costos altos, criticando la distribución fiscal que favorece a ciertos sectores y perjudica a otros.
- 🏛️ En la Ley de Presupuesto se reiterarán tensiones: financiar universidades ya comprometidas versus mantener gasto en Defensa y en la SIDE; la pregunta central será si hay dinero suficiente para todos o solo para algunos.
El proyecto mileísta corre con una desventaja competitiva: una oposición dura kirchnerista que llegará a 2027 con motivaciones recargadas para recuperar el poder. Un sistema de tres incentivos que hacen del próximo proceso electoral un escenario político novedoso, y por eso más impredecible. Primero, Vaca Muerta como una caja multimillonaria disponible como la política nunca tuvo. Segundo, una macroeconomía relativamente ordenada, con el ajuste electoralmente costoso ya realizado y los beneficios en marcha de una inflación a la baja: un contexto que le ha sido negado a los candidatos presidenciales de las últimas cinco elecciones, por lo menos. Tercero, un caballito de batalla kirchnerista: una disciplina electoral bien entrenada, capaz de suspender las internas feroces y alinearse detrás del poder en pos de recuperar la Presidencia, aunque no se sostenga a la hora de gobernar.
“Lo van a querer golpear con de todo”, es la visión de un empresario que votó a Milei en el balotaje, aunque no es mileísta. Para Milei y los libertarios, 2025 estuvo signada por “el golpismo” kirchnerista. En esa visión, el Congreso fue el ámbito de una lucha descarnada: el oficialismo insiste con interpretar las batallas legislativas por las emergencias en el Garrahan, la discapacidad y el financiamiento universitario como intentonas en contra del equilibrio fiscal, es decir, en contra del corazón del modelo mileísta. Esa conexión entre reordenamiento macroeconómico de la gestión Milei y gobernabilidad es la base para la interpretación oficialista de la avanzada parlamentaria opositora del año pasado. La Ley de presupuesto que se debatirá en breve va a caer en la misma lógica política.
En ese marco mental, 2027 será todavía peor porque lo que está en juego es mucho más grande para cualquier fuerza política con aspiraciones de poder y chances de conquistarlo o reconquistarlo. No son muchas: el kirchnerismo quizás sea la única con alguna ventana de oportunidad. El perokirchnerismo cifra su esperanza en una PASO que logre consolidar la unidad que, por el momento, le es esquiva a la negociación política entre los principales referentes opositores, y en un balotaje que triunfe quedándose con el voto disconforme con Milei. El olor a Vaca Muerta por las mañanas alienta la ambición del regreso, y la voluntad de encontrarle la salida al laberinto perokirchnerista.
En el nuevo camino electoral, la oposición dura ya lanzó al ruedo su primera munición: los morosos como sujeto político. Le dio gran rédito para condicionar la agenda del Gobierno durante semanas. Ahora, el kirchnerismo está en ciernes de aprovechar otra munición para copar la cancha de la conversación pública: “los sectores perdedores”.
Con los morosos, el oficialismo tardó en reaccionar y finalmente, se vio obligado a corregir su narrativa, sostenida sobre todo por Milei y Luis Caputo. El posicionamiento del Gobierno arrancó con dos planteos: por el lado de Milei, una mirada libertaria ortodoxa, responsabilizando a los individuos por su endeudamiento con la idea de “un acuerdo entre privados”, y por el lado de Caputo, el ministro aportó el matiz de los morosos como especuladores modelo 2025: “No sé si vos tomaste mal el crédito porque no llegabas a fin de mes o porque alguien te había contado que Milei se iba y el dólar se iba a ir a 3000...”. Después de semanas intensas de debate, el oficialismo finalmente dejó de lado la carta de la especulación y amplió la noción de “acuerdo entre privados”: extendió la responsabilidad al sector financiero, a quien juró no ayudar para evitar el “moral hazard”.
Con ese giro, hizo dos cosas: aflojó su frialdad con los morosos, que le estaba costando en las encuestas, y reforzó la identidad libertaria de un Estado que no sale al rescate de sectores en problemas.
Pero la realidad es que el Gobierno sintió salir de la encerrona de la oposición y su señalamiento de la “crueldad mileísta” recién cuando un particular, el sociólogo Matías Fernández, vinculado profesionalmente a Mercado Libre, posteó en X un informe sobre la estructura y el peso realista de la mora, titulado “Todo lo que querías saber de la mora (pero tenías miedo de preguntar)”: esos datos buscaron relativizar el peso extra large que la oposición pretendió instalar. No desapareció el problema de los morosos, pero el Gobierno encontró indicadores para hacer control de daños.
Fue el primer salvavidas eficaz que encontró el Gobierno, pero dejó en claro su falta de estrategia para la argumentación informada sobre el plan económico: ese informe, con datos oficiales de la Central de Deudores del Banco Central, pudo haber sido tarea de la Oficina de Respuesta Oficial si no estuviera distraída por las intervenciones públicas de bajos estándares profesionales, pagada con sueldos del Estado. La oposición dominó la cancha del tema morosos por lo menos durante mes y medio hasta que el 24 de agosto llegó el tuit salvador.
La batalla se da ahora en torno a los “sectores perdedores”. Los primeros registros de los efectos dispares del plan económico del Gobierno se sintetizaron en la noción de “heterogeneidad”: en marzo, esa palabra se instaló en el escenario político para conceptualizar la lógica macroeconómica mileísta y sus efectos diversos en la matriz productiva. Una manera de dejar constancia de los logros alcanzados por la macro libertaria y al mismo tiempo resumir los cuestionamientos micro, que todavía se percibían como desafíos quizás corregibles. Ahora, hay un salto de escala: lo que era heterogeneidad empieza a ordenarse en un opuesto conceptual que resulta cada vez más gravoso para la visión económica del Gobierno: “sectores perdedores versus sectores ganadores” y una estancamiento en esa dicotomía, lo que habla de los límites que encuentra el plan al menos en el corto-mediano plazo.
Un intérprete eficaz de la visión de la oposición dura lo dice de otra manera: “derrame inverso”. Ya no el “derrame” clásico, que supone que la ortodoxia económica, con equilibrio fiscal y baja de impuestos para empresas e inversores, termina generando consecuencias positivas para toda la economía. En el caso mileísta, según la conceptualización que está reforzando el kirchnerismo, un ordenamiento macroeconómico que genera un derrame de efectos colaterales negativos en la industria, la construcción y el consumo masivo y beneficia al sector de minería y oil & gas.
En ese punto, el Gobierno lo tiene más complicado que con los morosos como dardo político. El impacto en el empleo está en el centro del problema por dos lados, uno más serio que el otro. Esos sectores pujantes no sólo son los que menos empleo generan comparado con los perdedores sino que, además, los ganadores también están perdiendo empleo formal privado. En noviembre de 2023, el sector de oil & gas registraba 94.600 personas asalariadas; en septiembre de 2025, los asalariados se habían reducido a 87.500: una pérdida de 7000 empleos formales.
Las razones tiene que ver con características estructurales de ese sector, donde la tecnologización reemplaza a la mano de obra y hay una racionalización de costos. También hay factores coyunturales: la reducción de la producción en las cuencas maduras afecta directamente al empleo del sector.
Es decir, son sectores ganadores si se tiene en cuenta su capacidad de exportar cada vez más y generar divisas, aumentar su rentabilidad y aportar al crecimiento del PBI, pero también son perdedores en relación al empleo formal.
Por otro lado, ese conflicto entre dos Argentinas, una que crece en algún aspecto y la otra que cae, empieza a tener sus representantes explícitos dentro del Gobierno: ya no sólo es una bandera temática de la oposición. El viernes, Patricia Bullrich dio un nuevo salto mortal: retomó un argumento de la UIA, que plantea una igualdad de beneficios respecto de los sectores ganadores de minería, oil & gas, y barajó la razonabilidad de una baja de impuestos para todos los sectores. “Me gustaría más que podamos bajar impuestos para todos. Porque, si no, el que accede al RIGI o Súper RIGI tiene una baja de impuestos, pero hay un montón de empresas, industrias, comercios, servicios tecnológicos, que les cuesta competir porque la Argentina sigue siendo un país con un costo alto”, dijo en la Universidad de San Andrés.
Bullrich fue una de las primeras voces del oficialismo que puso en palabras la responsabilidad del sistema financiero en el tema morosos: “Cuando uno mira la letra chica, se da cuenta del robo que se está haciendo”, dijo a fines de agosto. La estrategia de diferenciación la había ejercido también con el caso Adorni. Y ahora se sube a la línea de la oposición. No está claro si por su condición de maratonista del poder, que busca su supervivencia política más allá de las lealtades coyunturales, o porque esa diferenciación le suma al gobierno mileísta para ampliar su base de apoyo ciudadano: Bullrich le habla a los que Milei deja afuera.
El tema de perdedores y ganadores promete recalentarse. El debate por la Ley de Presupuesto reproducirá la lógica de los debates legislativos del año pasado en torno al equilibrio fiscal. El Gobierno deberá dar respuesta a contradicciones en ese frente: reacio para cumplir con el financiamiento universitario, por ejemplo, pero generoso en la política de Defensa y de la SIDE. ¿Hay o no hay plata? ¿Para quién hay y para quién no? Esa será la cuestión que se viene.

