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Con Máximo al frente, el kirchnerismo ya se mueve para pelear en 2027 en un escenario de ruptura con Axel Kicillof

Con Máximo al frente, el kirchnerismo ya se mueve para pelear en 2027 en un escenario de ruptura con Axel Kicillof
Dufume
politica

El hijo de Cristina Kirchner empezó a salir al interior del país con la mira puesta en el año próximo; proyecta un acto por mes hasta diciembre; este sábado será el principal orador en un encuentro en el Parque Lezama

El kirchnerismo está embarcado en la campaña “Cristina libre”, que volverá a tomar cuerpo este sábado en el Parque Lezama porteño, donde Máximo Kirchner será el principal orador. Pero en forma paralela, el hijo de la expresidenta encara un proyecto clave para el espacio, que supone plantar un candidato alternativo al gobernador Axel Kicillof de cara al recambio presidencial de 2027.

Según pudo saber LA NACION de fuentes partidarias, ante la falta de diálogo con Kicillof, el kirchnerismo entiende que el año próximo se abrirá un escenario de confrontación interna en la búsqueda de la candidatura principal del PJ. Y que ese proceso puede darse de dos maneras: una PASO “ordenada”, que no fagocite al peronismo; o una ruptura que los lleve a competir por dos listas distintas.

En los dos casos se plantean grandes riesgos para la principal fuerza de oposición al presidente Javier Milei. La competencia en una PASO podría derivar en un fracaso como el de Juntos por el Cambio en 2023 -con la recordada pelea entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta-, mientras que las listas separadas podrían sepultar sus chances de llegar a un balotaje en 2027.

Sin embargo, en las filas de Cristina Kirchner no descartan la posibilidad de que se regenere el año próximo un escenario fragmentado como el de 2003, cuando el peronismo llevó tres candidatos separados (Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá), aunque consiguió finalmente poner a Kirchner en la Casa Rosada. Igualmente, todo queda sujeto a lo que pueda definir Cristina.

“Por ahí está esperando para hacer un movimiento como el del 19″, deslizan fuentes de su entorno inmediato, en referencia a la sorpresiva designación de Alberto Fernández como candidato presidencial del peronismo en 2019, prácticamente sobre la hora de aquel proceso electoral. Pero mientras tanto, el encargado de mantener la llama viva es Máximo, ante la ausencia forzada de Cristina.

El jefe de La Cámpora ya hizo dos salidas al interior del país desde que Kicillof lo desbancó de la jefatura del PJ bonaerense: tuvo una primera visita a Santa Fe, en la zona núcleo agropecuaria; y luego días pasados estuvo en Paraná, Entre Ríos, acompañado por la diputada Blanca Osuna. Desde allí, insinuó un giro discursivo: “Es necesario construir justicia fiscal para que haya equilibrio social”, dijo.

El plan de viajes de Máximo Kirchner continuará durante el resto del año: visitará otras seis provincias, a razón de una por mes, anticiparon fuentes de su confianza a este diario. “La idea es proponer internamente algo para el año que viene. Y ver cómo reacciona la gente a los estímulos”, sostienen en el mismo sentido. La búsqueda pasa por auscultar el sentimiento de la militancia.

En el kirchnerismo saben que muchos simpatizantes del peronismo no entienden las razones del distanciamiento de Cristina y Máximo Kirchner con Kicillof, siendo que históricamente estuvieron identificados con las mismas ideas políticas y económicas. También juegan con el hecho de que el gobernador no puede romper con el kirchnerismo sin perder una porción de apoyo que tiene en las encuestas.

Pero como ya no tienen a Cristina Kirchner como una carta de amenaza -dada su imposibilidad de ser candidata por la condena en la causa Vialidad-, necesitan que el gobernador se avenga a dialogar con la expresidenta para definir los términos de un acuerdo. La primera condición que le ponen es que adhiera a la campaña “Cristina libre”, algo que Kicillof parece dispuesto a hacer.

De hecho, el PJ bonaerense que ahora comanda Kicillof anunció que marchará al Parque Lezama porteño para participar del acto convocado por el kirchnerismo para reclamar la liberación de su conductora política. También habrá una columna del axelista Movimiento Derecho al Futuro (MdF) en el paseo de San Telmo, pero difícilmente se lo pueda ver allí al propio mandatario.

Fuera de su situación judicial, en los quinchos del peronismo circula una lista de condiciones que podría poner Cristina para apoyar la candidatura presidencial de Kicillof. El primer punto es la deuda externa: la expresidenta y Máximo no quieren que un eventual próximo gobierno del PJ se mueva como lo hicieron Alberto Fernández y Martín Guzmán con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El segundo punto de la lista roja del kirchnerismo es el impulso de una “reforma institucional” que incluya el juicio político a los tres integrantes de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, quienes confirmaron la condena de Cristina en el caso Vialidad. Y el tercer punto es la derogación lisa y llana del Régimen de Grandes Inversiones (RIGI) mileísta.

Mientras tanto, lejos de los grandes acuerdos, las rencillas se filtran a diario y dominan la interna peronista. La última de ellas estuvo protagonizada por una legisladora porteña que milita en el MdF axelista, Berenice Iañez, quien pidió directamente que Cristina Kirchner deje de “hinchar las bolas” con sus reparos a Kicillof y tomó distancia del “balcón shakesperiano” de San José 1111.

Las expresiones dolieron especialmente en el kirchnerismo porque la legisladora tiene vínculos con Madres de Plaza de Mayo, una agrupación con la que mantiene una afinidad histórica, pero que paulatinamente adoptó posiciones más cercanas al proyecto de Kicillof. En medio de esa puja intestina, Cristina cumplió esta semana un año en prisión domiciliaria. Y el dilema de la sucesión sigue abierto.

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