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Una pequeña minoría en Israel vive la guerra con sentimientos encontrados

Una pequeña minoría en Israel vive la guerra con sentimientos encontrados
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La comunidad de judíos iraníes observa el conflicto entre apoyo a la ofensiva contra el régimen y la preocupación por familiares y raíces en su país de origen

TEL AVIV.– La mayoría de las tiendas de Allenby Street están con las persianas bajas. En el sexto día de la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos contra Irán sigue vigente el estado de emergencia y, aunque menos intensos que en la Guerra de los 12 días de junio pasado, los ataques con misiles que obligan a bajar a los refugios, son recurrentes.

Josep, sin embargo, por segundo día consecutivo decidió abrir –aunque sea por momentos– su tienda de ropa. “Me cuesta quedarme encerrado en casa y, pese a las restricciones, vengo al local”, explica a LA NACION.

Josep es uno de los varios comerciantes persas de Allenby Street y uno de los cerca de 250.000 judíos iraníes que viven en Israel. Se trata de una comunidad desparramada un poco en todo el país, que representa el 2% de la población y que vive esta nueva guerra con sentimientos encontrados, opiniones divididas, el “corazón roto”.

La mayoría de los judíos persas (o iraníes) huyó de Irán tras la instauración de la República Islámica en 1979. Mientras caen andanadas de misiles de este lado, pero sobre todo, sobre la tierra que los vio nacer o en la que tienen sus raíces, son pocos los que tienen ganas de hablar.

Josep, que nació en Teherán en 1954, es una de las excepciones. Cuenta que llegó a Israel junto a su familia justo antes de la Revolución de 1979. De 71 años, pelo canoso, anteojos y bigote, vestido con un pantalón y un buzo con capucha negro, no quiere fotos: la hermana de su mujer, que es también una judía iraní, sigue viviendo en Teherán. Y teme que ella pueda tener problemas. “Claro que estamos preocupados… No tenemos contacto con ella y su familia desde el sábado pasado… Internet no funciona, no pudimos contactarnos ni por Whatsapp ni por línea telefónica, es imposible”, cuenta este comerciante, quebrándose. “No tenemos ninguna noticia”, añade, pidiendo disculpas por haberse emocionado y secándose los ojos con un pañuelito de papel.

¿Qué piensa de la Operación “León Rugiente” lanzada por el primer ministro Benjamin Netanyahu de la mano de Donald Trump? “Estoy de acuerdo al 100%, al 1000%”, asegura, volviendo a soltar lágrimas. “Todos saben que este régimen no es buena gente , que está lleno de odio”, explica.

Antes de 1979, se estima que había unos 100.000 judíos en Irán. Hoy, expertos como Lior Sternfeld, profesor asociado de Historia y Estudios Judíos en la Universidad Estatal de Pensilvania, creen que la cifra total comprende unos 15.000, principalmente repartidos entre las ciudades de Teherán, Isfahán y Shiraz.

Como muchos de los judíos iraníes, Josep celebró la noticia de la muerte del líder supremo de la República Islámica, el ayatollah Ali Khamenei, durante los feroces bombardeos del primer día de la operación también llamada “Furia Épica”. “Fue un hombre muy malo, que le hizo mal a todo el mundo árabe”, dice. ¿Qué piensa de su hijo, Mojtaba, que podría sucederlo? “Es peor que el padre”, contesta.

Como todos los judíos iraníes, Josep, de 71 años, dos hijos y al frente de la tienda de ropa desde hace 37 años, nunca pudo volver a Irán: ningún judío puede pisar el país. Y le brillan los ojos cuando admite que le encantaría volver, “pero no para vivir”, sino “para ver el lugar donde nací, mi casa, mi barrio”.

¿Cree que esta guerra significará el fin del régimen? “Sólo los iraníes, que son buena gente, que tienen un buen corazón, podrán derrocarlo, no las bombas de Israel y Estados Unidos”, afirma, al no ocultar que tiene dudas sobre la figura del príncipe heredero Reza Pahlavi, hijo del derrocado shah de Irán Mohammad Reza Pahlavi, apoyado por Israel y exiliado en Estados Unidos. “No sé si él sería fuerte”, comenta, al afirmar que le gustaría a una candidata como la escritora disidente y activista iraní, Masij Alinejad.

Piensa distinto Nati Toobian, experto en temas iraníes, que nació hace 51 años en Isfahán y que vive en Israel desde los 14 años, tras hacer la “alijá” (la inmigración judía) junto a su familia. Al margen de apoyar sin medias tintas esta guerra y asegurar que “se pueden contar con los dedos de las dos mano los judíos iraníes que no la respaldan”, cree que el príncipe heredero es el mejor candidato para la transición que deberá darse en Irán.

“Personalmente estoy del lado del príncipe heredero Reza Pahlavi. Creo que tiene el poder de unir al pueblo, al menos durante el período de transición en el que el pueblo celebrará un referéndum para determinar qué tipo de gobierno quiere. ¿Quieren monarquía? ¿Quieren democracia parlamentaria? ¿Quieren república? Lo que la gente elija, eso es lo que eventualmente sucederá”, dice a LA NACION.

“Él es el único que tiene un plan real, un plan escrito listo para ser implementado. Los primeros 100 días, los primeros 6 meses, el primer año, los primeros 3 años, los primeros 5 años e incluso los primeros 10 años después de que este régimen desaparezca”, subraya. ”Ojalá y realmente espero que cumpla su promesa de que el primer día que este malvado régimen desaparezca. Creo que lo primero que hará será reconocer nuevamente al Estado de Israel, como lo fue en el período de su padre”, suma.

Cuando observamos que Donald Trump no parece estar muy de acuerdo con esa opción, Nati argumenta que piensa que, en verdad, “hará lo mismo que hizo con Corina Machado” en Venezuela, es decir, que dejará que, en el largo plazo, la gente decida.

Nati, que vive en Tel Aviv y fue consultor de la famosa serie “Teherán” –incluso tuvo la oportunidad de actuar en dos episodios de la primera temporada, revela–, ya no tiene familia en Irán. Judío secular, es padre de dos chicos de 13 y 10 años –con quien intenta jugar al Monopoly y a las cartas cuando deben encerrarse en el refugio–, que manda a una escuela religiosa para que se abreven en su biblioteca y para que decidan ellos qué hacer en el futuro. Pero a él también le encantaría volver a Irán para “viajar por el país tres meses y ver los lugares de mi infancia”.

Ruth Eliasi Shuster, que nació en Abadan, en el suroeste de Irán, muy cerca de la frontera con Irak, hace 68 años y que poco antes de la revolución islámica emigró a Israel, donde se educó, refleja otra visión. “Mi corazón esta roto”, dice a LA NACION.

Pacifista y activista de izquierda, trabaja para la coexistencia democrática entre israelíes y palestinos y vive desde hace 30 años en Neve Shalom –comunidad cercana a Jerusalén donde cohabitan familias judías, árabes y cristianas–, condena la guerra actual sin medias tintas. “Es cierto que este régimen es muy fanático, muy islámico, y controla a la gente. No les da libertad. Pero la gente de Irán es diferente, no es como el régimen. Y se me parte el corazón porque veo que tantas personas inocentes en Irán están siendo asesinadas”, comenta. “Es terrible para mí que sufran por sus propios líderes, y ahora sufren por Israel y Estados Unidos”, añade.

Ruth no celebró cuando supo que habían matado al líder supremo. “No puedo estar feliz cuando matan a alguien. No creo que matar a Khamenei resuelva el problema, y ​​no creo que logren cambiar el sistema político en Irán. No cambiará. No ayudará. No sé qué traerá al mundo. No sé. Quizás sea peor incluso para nosotros y para ellos, para los iraníes”, aventura. “Creo que Irán merece otro liderazgo, pero ¿quiénes son ellos, Netanyahu y Trump? No creo que sean mejores que él. No creo que ahora estén haciendo mejores cosas para su gente. A Netanyahu lo considero responsable de lo que ocurrió el 7 de octubre, del genocidio en Gaza y es responsable de lo que está sucediendo en este país, donde los extremistas están conquistando y controlando todos los lugares y matando a palestinos inocentes en Cisjordania, por ejemplo”, explica.

¿Cuál es su sueño? “Mi sueño es que Irán sea libre, su gente es maravillosa, ama la vida, la poesía, la música, el arte… Espero que un día puedan ser libres y que sientan que puedan moverse, vivir, sin el control de los extremistas, especialmente las mujeres”, contesta Ruth.

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