Incendios, disturbios y jóvenes mutilados en una violenta jornada de protestas estudiantiles que sacude al país
Entre 256.000 y 450.000 personas salieron a las calles, mientras crece la polémica por el accionar policial tras graves heridas a menores y miles de detenciones
- 🗳️ Manifestaciones masivas: entre 256.000 y 450.000 manifestantes en Francia; 56.000 en París; 86.000 en concentraciones regionales.
- 📚 Impacto en la educación: suspensión de clases en 891 de 3.700 institutos; alto absentismo docente; sedes universitarias afectadas.
- 🚶♂️ Ruta de la protesta en París: marcha desde la Plaza de la República hacia la Place de la Nación alrededor de las 14:30; participaron estudiantes, universitarios, padres, profesores y sindicatos.
- 💥 Tensiones y violencia: lanzamiento de gas lacrimógeno; unos 300 individuos “hostiles” detectados; enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
- 👤 Grupos encapuchados: directores hablan de grupos organizados; a veces no son alumnos; debate sobre la identidad de los agresores.
- 🧒 Casos de lesiones emblemáticos: Lens (15 años) perdió la mano por una granada; Tours (16 años) perdió la visión; Argenteuil (16 años) podría perder un ojo; Saint-Ouen-l’Aumône (14 años) fractura de mandíbula.
- 👮♀️ Balance de seguridad y detenciones: 715 policías y gendarmes heridos desde el 28 de septiembre; 6059 detenidos; 984 el lunes; 5060 en custodia; 1802 cargos.
- 🧭 Reivindicaciones de los estudiantes: diez demandas, incluido plan de emergencia para renovar institutos, contrataciones masivas y fin de Parcoursup; respaldo de los sindicatos docentes.
- 🔎 Investigaciones y responsabilidades: IGPN abrió diez investigaciones; un policía acusado formalmente por la granada de Lens; gobierno defiende las intervenciones como proporcionadas.
- 💬 Medidas y respuestas del gobierno: primer ministro Lecornu propone cinco prioridades y 1200 millones de euros extra para educación en 2027; Macron se reunirá con ministros para definir acciones; se defiende la labor policial.
- 🇺🇸 Reacciones internacionales: Donald Trump comenta en Truth Social vinculando las protestas con la inmigración y el Islam.
PARÍS.– Blandiendo miles de pancartas y cargando mochilas al hombro, apoyada por profesores y padres, y acompañada por numerosos infiltrados y sólidos cordones policiales, la juventud francesa volvió a salir a las calles este martes para el “Tercer Acto” de su protesta escolar. Entre 256.000 y 450.000 manifestantes marcharon en todo el país, tras algunas tragedias ocurrida en las últimas horas, que ha puesto a la policía en el banquillo de los acusados.
La jornada de este martes estaba destinada a ser una demostración de fuerza. Y lo fue. Según el Ministerio del Interior, 256.000 personas manifestaron en toda Francia, de las cuales 56.000 lo hicieron en París. Por su parte, la coalición sindical juvenil, liderada por la Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria, cifró la asistencia en 450.000.
Desde primera hora de la mañana, las concentraciones regionales ya habían reunido a 86.000 personas en unas 30 ciudades. En los colegios y liceos, el panorama era el de un país paralizado: las clases se suspendieron, total o parcialmente, en 891 de los 3700 institutos, según el Ministerio de Educación. Muchas instituciones también se vieron afectadas por el absentismo de los docentes en huelga. Y las universidades tampoco escaparon a la ola de protesta: las sedes de París 8 en Saint-Denis y París Nanterre ya habían sufrido bloqueos y cierres.
En París, la marcha partió hacia la Plaza de la Nación desde la Plaza de la República alrededor de las 14.30. Estudiantes de secundaria, universitarios, padres, profesores y sindicalistas marcharon juntos para exigir más recursos para la educación. Por la noche, después de la desmovilización, numerosos grupos de manifestantes desafiando las fuerzas de policía, gritaban al unísono un nombre: “Jean-Luc Melenchon”, líder de La Francia Insumisa (LFI) de extrema izquierda, acusado por el gobierno de atizar —y aprovechar— la violencia de los estudiantes.
En consecuencia, la fiesta se tiñó pronto de gas lacrimógeno. Durante la marcha en París, estallaron tensiones entre los manifestantes y las fuerzas del orden. La prefectura de policía afirmó haber detectado a unos 300 individuos “hostiles” entre la multitud.
Mientras tanto, en las afueras de Toulouse, el director de un centro educativo fue alcanzado por proyectiles.
Pero, ¿quiénes se esconden detrás de esos pasamontañas y capuchas, todos vestidos de negro? Esa es la pregunta que atormenta a los directores de colegios y liceos desde el inicio del movimiento. En Bastia, Anne Malka, directora del instituto Giocante de Casabianca, relató que unos “jóvenes encapuchados ajenos a su centro” se presentaron para provocar incendios ante las puertas del colegio. Fueron sus propios alumnos, que se manifestaban pacíficamente, quienes impidieron que lo lograran.
“Hay grupos extremadamente organizados”, afirma Carole Zerbib, directora de un instituto que fue incendiado durante las movilizaciones.
En otros lugares, varios docentes han comunicado al ministro de Educación que las personas que tenían enfrente “no eran sus alumnos”. El responsable de la cartera, Édouard Geffray, habla de un movimiento “tomado como rehén por grupúsculos ultra violentos”, mientras que el ministro del Interior, Gérald Darmanin, duda que esta “minoría activa y violenta” esté compuesta por estudiantes de secundaria.
El palacio del Elíseo ha ido más allá, acusando al partido de extrema izquierda, La Francia Insumisa (LFI) y a la ultraizquierda en general de orquestar los disturbios. LFI denuncia una “teoría conspirativa”, y hasta la fecha ninguna investigación ha determinado la identidad de estos vándalos enmascarados.
Sin embargo, el temor que se cernía sobre todas las manifestaciones llegó del Pas-de-Calais, en el norte del país. El lunes por la mañana, alrededor de las 10.30, frente al instituto profesional Auguste-Béhal de Lens, un alumno de 15 años perdió la mano debido a la explosión de una granada lanzada por las fuerzas del orden.
Según el prefecto, entre 200 y 250 estudiantes estaban lanzando piedras, fuegos artificiales y morteros a la policía en ese momento. La fiscalía aún ignora si el adolescente recogió el artefacto o si le impactó directamente en la mano. Un testigo es tajante: “No la recogió, le cayó en la mano”.
Trasladado al hospital de Lille, el joven no corre peligro de muerte.
El prefecto del Pas-de-Calais, François-Xavier Lauch, reconoció la gravedad del incidente: “Nuestro objetivo en el mantenimiento del orden no es llegar a este tipo de hechos. Hago un llamamiento a la calma”.
Las clases en el instituto Béhal se trasladaron a la modalidad “a distancia” y se habilitó un servicio de apoyo psicológico para los alumnos conmocionados.
Pero el caso de Lens no es un hecho aislado. En Tours, Maël, de 16 años, perdió la visión del ojo derecho debido a lesiones “compatibles” con un disparo de LBD (dispositivo de defensa lanzador de proyectiles), según la fiscalía. La inspección de policía (IGPN) fue notificada el mismo día.
En Argenteuil, otro estudiante de 16 años podría perder un ojo, y su familia ha presentado una denuncia contra autores desconocidos. En Saint-Ouen-l’Aumône, al norte de París, un alumno de 14 años sufrió una fractura doble de mandíbula tras recibir un disparo de un lanzador Cougar a quemarropa.
El Defensor del Pueblo se hizo cargo del caso. Pero todas esas heridas, conmueven a la población y han reavivado un recuerdo doloroso: durante la crisis de los chalecos amarillos, en 2018 y 2019, unos 30 manifestantes perdieron la vista de un ojo tras disparos con LBD.
Estas tres semanas después de los primeros bloqueos, el 17 de septiembre, las cifras oficiales dibujan una crisis de una magnitud inusual. Desde el inicio del movimiento, 215 alumnos resultaron heridos, según el ministro de Educación Nacional, Édouard Geffray. Por parte de los educadores, 85 fueron heridos, entre ellos 34 directores y subdirectores de centros.
“Nuestra prioridad absoluta es proteger a nuestros alumnos”, reiteró el ministro el martes, al tiempo que denunciaba “una violencia extrema” dentro del movimiento.
Las fuerzas del orden también están pagando un alto precio: 715 policías y gendarmes han resultado heridos desde el 28 de septiembre, de los cuales 65 corresponden únicamente al lunes. En el mismo periodo, 6059 personas fueron detenidas, incluyendo 984 el lunes.
La maquinaria judicial trabaja a pleno. Según el Ministerio de Justicia, 5060 personas quedaron bajo custodia policial (el 87% son menores) y 1802 enfrentan cargos judiciales.
Los estudiantes, por su parte, trasladan el debate al aula. Denuncian clases de entre 30 y 35 alumnos, profesores ausentes que nunca son sustituidos, jornadas de 8 a 18 horas y edificios inadecuados para las olas de calor. Su plataforma común incluye diez reivindicaciones, entre ellas un plan de emergencia para la renovación de los institutos educativos, contrataciones masivas y el fin de la selección mediante el sistema Parcoursup, la plataforma utilizada por el ministerio para asignar las plazas en las universidades a los alumnos que acaban de terminar la secundaria. Los sindicatos de docentes los apoyan: “Sus reivindicaciones son legítimas, cuentan con nuestro respaldo”, afirman.
Ante las imágenes de jóvenes mutilados, el gobierno respondió principalmente mediante investigaciones. Se han encomendado diez investigaciones a la Inspección General de la Policía Nacional (IGPN) desde el inicio del movimiento. Para el caso de Lens, la IGPN se presentó en el lugar el lunes alrededor de las 13. Sus expertos deben determinar el tipo de granada, descrita inicialmente como una granada de dispersión y posteriormente como una granada utilizada. Lo hacen examinando las cámaras de, las imágenes de las cámaras corporales de los policías y los vídeos difundidos en redes sociales.
Y las investigaciones van rápido. El policía sospechado de haber disparado la granada que hirió en la cara al adolescente de 14 años en Saint-Ouen-l’Aumône fue acusado formalmente y colocado bajo control judicial, según anunció la justicia.
“Una violencia ilegal es una violencia que debe ser sancionada”, declaró Geffray, quien lamentó este martes “una tragedia” en Lens. Si los policías se salen del marco legal, “habrá investigación y habrá sanción”, prometió.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, también admitió que “no se debe perder una mano en una manifestación”. Se mostró dispuesto a explicar ante el Parlamento las órdenes impartidas, la doctrina de mantenimiento del orden y las condiciones de las intervenciones policiales. No obstante, subrayó que una unidad de intervención fue “atacada de manera extremadamente violenta” en Lens.
A pesar de ello, el gobierno defiende a sus fuerzas. Nuñez calificó de “graves y sin fundamento” las acusaciones de intervenciones “brutales y desproporcionadas” presentadas por el Sindicato de la Magistratura.
“Las fuerzas del orden no reprimen a la juventud”, insistió, sino que la “protegen”. La vocera del gobierno, Maud Bregeon, considera que las intervenciones son “proporcionadas a los actos” observados sobre el terreno. Por su parte, la organización SOS Racisme exige la prohibición de los LBD y la suspensión inmediata de las granadas de dispersión.
En un intento por apagar el fuego, el primer ministro Sébastien Lecornu escribió el sábado a los estudiantes. El primer ministro fijó cinco prioridades: garantizar la continuidad de las clases, renovar los edificios en coordinación con las regiones, organizar mejor las jornadas de clases, hacer que Parcoursup sea más transparente y escuchar a los alumnos. Además prometió 1200 millones de euros adicionales para la educación en el presupuesto de 2027.
Sin embargo, la mano tendida no basta para calmar la calle.
El ministro de Educación “dice que ha escuchado, pero ahora tiene que pasar a la acción”, afirma la organización Les Lycéens, mientras la vocera del gobierno, Maud Bregeon, defendió Parcoursup, que es precisamente el núcleo de la indignación.
En la oposición, la líder de los ecologistas, Marine Tondelier, pidió a sus simpatizantes que vistan de blanco en las manifestaciones para denunciar los métodos de mantenimiento del orden.
Al caer la noche de este “acto III”, todos parecían mantenerse firmes en sus posiciones. Los estudiantes demostraron que saben llenar las calles, mucho más allá de unos pocos bloqueos. El gobierno, por su parte, debe ahora responder a una doble exigencia: hacer que la escuela sea habitable y demostrar que los jóvenes mutilados de Lens, Tours o Argenteuil obtendrán justicia.
Ese será sin duda el tema principal de la reunión que mantendrá este martes por la noche el presidente Emmanuel Macron en el Elíseo, donde recibirá a su primer ministro, al ministro del Interior y a su homólogo de la cartera de Educación.
Por su parte, Donald Trump también intervino en la polémica a través de su red Truth Social, donde vinculó las protestas en Francia con la inmigración y el islam. “Lo que está ocurriendo en Francia no es otra cosa que una migración masiva fuera de control. Esto no tiene que ver con las escuelas, sino con el islam queriendo apoderarse de un país que alguna vez fue grande”, escribió el presidente estadounidense.
Agencias AFP, AP y Reuters

