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En la guerra de Irán habrá dos ganadores, y ninguno de ellos será EE.UU.

En la guerra de Irán habrá dos ganadores, y ninguno de ellos será EE.UU.
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La interrupción del suministro de petróleo beneficia a Rusia, al igual que la menor ayuda estadounidense a Ucrania; a su vez, la guerra en Medio Oriente distrae la atención sobre China

WASHINGTON.– La primera vez que Medio Oriente fue preponderante para la política de defensa de Estados Unidos fue en la década de 1970, la época del embargo del petróleo árabe, la crisis de los rehenes en Irán y la invasión soviética a Afganistán. Por entonces, Estados Unidos dependía del crudo de Medio Oriente, lo que llevó al presidente Jimmy Carter a anunciar, en 1980, una nueva doctrina: “Cualquier intento de una fuerza exterior de tomar el control de la región del Golo Pérsico será considerado un ataque a los intereses vitales de Estados Unidos de América, y dicho ataque será repelido por los medios que sean necesarios, incluida la fuerza militar”.

Y para reforzar sus palabras, Carter creó la Fuerza de Tareas Conjunta de Despliegue Rápido (RDJTF), por sus siglas en inglés), y en 1983 esa unidad fue reconvertida y pasó a llamarse Comando Central de Estados Unidos (Centcom), el neurálgico centro militar que hoy dirige la Operación Furia Épica contra Irán.

Hoy Estados Unidos es energéticamente autosuficiente, así que cualquiera pensaría que el Golfo Pérsico ya no debería importarle demasiado al gobierno norteamericano. Sin embargo, los funcionarios de Trump citan la independencia de Estados Unidos del petróleo importado como una de las razones por las que ahora es más fácil atacar a Irán.

El secretario del Interior norteamericano, Doug Burgum, dijo en octubre que “como ya no recibimos petróleo que pase por el estrecho de Ormuz”, Estados Unidos ahora tenía “la libertad” de utilizar la fuerza militar sin preocuparse por las consecuencias que pueda tener en la extracción de crudo. (Es una teoría que hoy están siendo puesta a prueba: la semana pasada, el precio de la nafta en los surtidores de Estados Unidos aumento un 14%).

Aunque las razones cambien y a pesar de décadas de esfuerzos por desvincularse de Medio Oriente, Estados Unidos sigue enterrado en las arenas movedizas de la región. En 2011, el entonces presidente Barack Obama anunció un giro “hacia el vasto potencial de la región Asia-Pacífico”, tras “una década en la que libramos dos guerras que nos costaron caro, tanto en sangre como en dinero”. En 2016, Donald Trump argumentó que “nuestra actual estrategia de cambio de régimen y construcción nacional es un fracaso absoluto y comprobado” y prometió centrarse en el frente interno. Y en los últimos tiempos, se ha obsesionado con el hemisferio Occidental.

De nada sirvió: otra vez estamos gastando sangre y dinero en otra guerra que busca un cambio de régimen en Medio Oriente.

Como dice Trump, es cierto que Irán tiene un régimen perverso y un historial de 47 años de hostilidad hacia Estados Unidos. Pero incluso antes del actual bombardeo era difícil sostener que la república islámica constituía una gran amenaza para Estados Unidos (a diferencia de la amenaza que representa para Israel). Tal vez los ataques aéreos norteamericanos de junio pasado no hayan “obliterado totalmente” el programa nuclear iraní, como en su momento afirmó Trump, pero sin duda el programa sufrió un revés. Así que no existía una amenaza “inminente” por parte de Irán que justificara la guerra que Trump lanzó inesperadamente el 28 de febrero, y el costo de esa guerra –financiada con déficit en momentos en que la deuda nacional de Estados Unidos se acerca a los 39 billones de dólares– probablemente complicará los esfuerzos de Estados Unidos por competir con adversarios mucho más fuertes, en particular Rusia y China, dos aliados de Irán.

De hecho, Rusia ya se está beneficiando con la guerra. El aumento de los precios del petróleo y la decisión de Trump de flexibilizar las sanciones a la India por comprar petróleo ruso contribuirán a financiar la maquinaria bélica del Kremlin. Estados Unidos también está agotando rápidamente sus limitadas reservas de misiles, especialmente los interceptores de defensa aérea, tan necesarios en Ucrania. El presidente Volodimir Zelensky declaró que en tan solo tres días de combates con Irán se gastaron más misiles Patriot que los que Ucrania utilizó desde 2022. Imaginen cuánta infraestructura energética ucraniana y cuántos civiles ucranianos podrían haber sobrevivido al invierno si Trump hubiera enviado más misiles Patriot a Ucrania en vez de una “guerra caprichosa” con Irán, como la definió un periodista.

Por ser una demostración de poderío militar, el éxito inicial de la campaña de bombardeos de Estados Unidos puede tener cierto efecto disuasorio en China, pero los misiles guiados que se están gastando a toda velocidad en Irán también son necesarios para defender la isla de Taiwán, y reponerlos llevará mucho tiempo.

En términos más generales, toda la energía y la atención que Estados Unidos le está dedicando a Medio Oriente lo distraen aún más del creciente desafío económico y militar de China. A principios de la década de 2000, cuando estaba enfocado en guerra contra el terrorismo, Estados Unidos se vio afectado por el “shock chino”: un aumento repentino de las importaciones chinas baratas que contribuyó a la pérdida de unos 2 millones de puestos de trabajo en la industria manufacturera. Los economistas David Autor y Gordon Hanson advierten que hoy estamos a punto de experimentar un segundo shock chino que podría ser incluso más disruptivo que el primero.

Mientras Trump bombardeaba varios países, imponía aranceles, desalentaba a los estudiantes extranjeros a ir a Estados Unidos y recortaba el financiamiento a la investigación, China realizaba descomunales inversiones pensadas para dominar las industrias del futuro. El Instituto Australiano de Política Estratégica informa que actualmente China supera a Estados Unidos en investigación en 66 de 74 tecnologías de vanguardia, incluyendo inteligencia artificial, superconductores, computación cuántica y comunicaciones ópticas. China ya fabrica aproximadamente el 70% de los vehículos eléctricos del mundo, el 80% de los celulares, el 80% de las baterías de iones de litio y el 90% de los drones. Aproximadamente la mitad de todos los vehículos que se vendieron en China el año pasado eran eléctricos o híbridos: en Estados Unidos, la cifra fue del 22%, y es probable que disminuya tras la derogación que hizo el Congreso de los beneficios fiscales para vehículos eléctricos.

Y el poderío militar de China también avanza a pasos agigantados. El Pentágono informa que Pekín “sigue avanzando sostenidamente” hacia el objetivo de Xi Jinping de “poder librar y ganar una guerra contra Taiwán para finales de 2027”. China cuenta con la armada más grande del mundo, está expandiendo rápidamente sus fuerzas nucleares y de misiles balísticos, y hasta desafía el predominio de Estados Unidos bajo las aguas, con la construcción de submarinos capaces de lanzar ataques nucleares desde las inmediaciones de Estados Unidos continental.

Mientras tanto, el gobierno de Trump gasta decenas de miles de millones de dólares en bombardear al régimen iraní hasta demolerlo hasta los cimientos.

Es demasiado pronto para saber quién va a ganar la guerra entre Estados Unidos e Irán, pero hoy por hoy yo apostaría por Rusia y China.

Traducción de Jaime Arrambide

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