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El mundo ya superó su momento Trump

El mundo ya superó su momento Trump
Dufume

El presidente norteamericano enfrenta crecientes límites a su poder, tanto dentro como fuera de Estados Unidos

AI
  • 🗣️ Trump pronunció un discurso de victoria en la ONU, presentando un recuento de logros.
  • 🎯 Entre esos logros: haber “resuelto” ocho guerras, acciones contra Irán, un acuerdo con Dinamarca sobre Groenlandia y la detención de Nicolás Maduro.
  • 🕊️ Hay reconocimientos de avances significativos, como una paz frágil en Gaza y Venezuela acercándose a elecciones por primera vez en más de diez años.
  • ⚖️ Pero el discurso también revela límites claros de su poder, al acercarse el fin de su mandato y con índices de aprobación bajos frente a rivales con mandatos más largos.
  • 🚧 Sus tres grandes frentes —aranceles, la guerra con Irán y la política migratoria— muestran límites cada vez más evidentes.
  • 💹 En aranceles, la Corte Suprema anuló el uso de poderes de emergencia para imponerlos; la guerra comercial con China se moderó tras fuertes respuestas de Pekín y contraataques comerciales.
  • 🤝 Durante la relación con China, llegó a recibir a Xi Jinping en Washington y, en otro paso controvertido, propuso vender armas a China, lo cual violaría la legislación estadounidense.
  • 🇨🇦 En Canadá, la presión arancelaria provocó represalias y una estrategia para potencias intermedias; Canadá busca estrechar lazos con la Unión Europea y países como Australia y el Reino Unido.
  • 🇮🇷 En Irán, tras intentar un cambio de régimen sin tropas terrestres, Irán tomó el estrecho de Ormuz y no se logró un acuerdo duradero; Irán desconfía de Estados Unidos y busca resistir hasta que termine el mandato de Trump.
  • 🗺️ En migración, la Operación Metro Surge en Minnesota generó disturbios y violencia; Tom Homan terminó la operación; varios republicanos empiezan a distanciarse.
  • 🗳️ Incluso aliados de Trump, como el senador Jim Justice, dicen que las políticas migratorias están “haciendo algo mal” y algunos buscan su propia reelección.
  • 🌐 En el plano internacional, Trump sigue teniendo peso, pero la brecha entre sus ambiciones y capacidades crece; el único frente con mayor impacto es la inteligencia artificial.
  • 🤖 En IA, la decisión de descartar regulaciones para competir con China podría generar incidentes de seguridad y crisis tecnológicas que expongan los límites de su poder.
  • ⚠️ En resumen, podría estallar una crisis de IA u otro desenlace similar que revele los límites de su poder en los últimos años de su presidencia.

NUEVA YORK.– En la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Donald Trump pronunció un discurso de victoria.

Una década después de haberles prometido a sus seguidores durante la campaña electoral que acumularía tantos triunfos que “hasta podrían cansarse de ganar”, enumeró una serie de éxitos, entre ellos la resolución de ocho guerras, las acciones contra Irán, al que describió como “el matón de Medio Oriente”, un acuerdo con Dinamarca sobre Groenlandia y la detención del “dictador fuera de la ley” Nicolás Maduro.

Hay que reconocerle a Trump que algunas de estas victorias son significativas: una paz frágil pero importante en Gaza y una Venezuela que avanza lentamente hacia la celebración de elecciones por primera vez en más de diez años.

Pero su discurso triunfal también dejó al descubierto otra realidad: los límites cada vez más evidentes de su poder, a medida que ingresa en la etapa final de su presidencia, enfrenta un desplome de sus índices de aprobación y se relaciona con líderes cuyos mandatos se extenderán mucho más allá del suyo. Trump, que hasta hace poco era la fuerza más poderosa e impredecible del escenario internacional, ya dejó atrás el punto máximo de su capacidad para alterar el orden mundial.

Las pruebas de esa pérdida de influencia pueden encontrarse en tres de sus principales prioridades: los aranceles, la guerra con Irán y la política migratoria.

A principios de este año, la Corte Suprema anuló, por seis votos contra tres, el uso de poderes de emergencia por parte de Trump para imponer aranceles. Incluso antes de esa decisión, el presidente ya se había topado con los límites de su poder durante su breve guerra comercial con China.

Intentó forzar concesiones de Pekín mediante aranceles del 145%, pero terminó retrocediendo para evitar graves daños a la economía estadounidense, después de que China respondiera con gravámenes del 125% y suspendiera las exportaciones de minerales críticos.

Ahora, Trump no solo moderó sus políticas hacia China, sino que prácticamente invirtió por completo su posición. Así quedó demostrado durante la reciente visita del presidente Xi Jinping a Washington, cuando Trump lo recibió personalmente en el aeropuerto —la primera vez desde 1962 que un mandatario estadounidense ofrece semejante recepción a un jefe de Estado en visita oficial— y le propuso vender armas a China, en violación de la legislación estadounidense.

Cuando Trump intentó intensificar la presión comercial sobre Canadá, el primer ministro Mark Carney respondió con aranceles de represalia y una nueva estrategia para las potencias intermedias. Trump interpretó correctamente que Estados Unidos tenía una importante ventaja económica sobre Canadá, dado que más del 70% de las exportaciones canadienses tienen como destino el mercado estadounidense. Sin embargo, subestimó el desequilibrio político entre ambos líderes: por un lado, él mismo, un presidente impopular al que solo le quedan dos años de mandato; por el otro, Carney, que cuenta con el respaldo de más del 60% de los canadienses, una ola de apoyo que probablemente le permita mantenerse en el poder durante varios años.

Ahora, Canadá apunta todavía más alto: busca estrechar sus vínculos con la Unión Europea e incorporar a otros países, como Australia y el Reino Unido, a esa estrategia.

Trump encontró límites similares en la guerra con Irán. Después de intentar provocar un rápido cambio de régimen sin desplegar las tropas terrestres necesarias para conseguirlo, la administración estadounidense se vio sorprendida por la toma del estrecho de Ormuz por parte de Irán y no logró alcanzar un acuerdo duradero para reabrir esa vía marítima.

La tarea de Trump para resolver el conflicto se vuelve todavía más difícil porque los iraníes ya no confían en los acuerdos con Estados Unidos.

Primero, por su decisión de abandonar el acuerdo nuclear original negociado por Barack Obama durante su primer mandato y, después, por haber atacado a Irán mientras ambas partes negociaban activamente un nuevo entendimiento durante su segundo gobierno.

Como resultado, la estrategia de Irán consiste en resistir hasta que termine el mandato de Trump, con la esperanza de que la presión económica provocada por el cierre del estrecho y el debilitamiento de su capital político terminen obligándolo a ofrecer mayores concesiones.

Aunque Trump intentó transmitir que no dará marcha atrás —amenazó con “aniquilar” al país, insistió en que una derrota en las elecciones de medio término no modificará su estrategia y envió nuevas fuerzas a Medio Oriente—, Irán no parece convencido.

En el frente interno, las principales políticas de control migratorio de Trump también enfrentan una creciente resistencia. A principios de este año, la Operación Metro Surge, desplegada en Minnesota, provocó una ola de violencia y disturbios de tal magnitud que Tom Homan, el responsable de la política fronteriza de la Casa Blanca, tuvo que ponerle fin.

Ahora, los republicanos de la Cámara de Representantes y del Senado, muchos de los cuales buscarán la reelección en noviembre y enfrentan un panorama complicado por la caída de la popularidad presidencial, comienzan a distanciarse de Trump.

Incluso el senador Jim Justice, un histórico aliado del presidente que evalúa postularse como gobernador de Virginia Occidental, sostiene ahora que las políticas migratorias de la administración están “haciendo algo mal”.

Por supuesto, Trump sigue siendo una figura de enorme peso en el escenario internacional. Está al frente de las Fuerzas Armadas más poderosas del mundo y de una de las economías más dinámicas, en un contexto internacional en el que existen pocos mecanismos capaces de contener los conflictos.

Sin embargo, la distancia entre sus ambiciones y sus capacidades es cada vez mayor. Como consecuencia, el nivel de riesgo global asociado con Trump está disminuyendo en prácticamente todos los ámbitos, salvo en uno: la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial constituye la única excepción en la que la capacidad de Trump para alterar el orden mundial está creciendo.

Su decisión de descartar regulaciones sobre la IA para “ganar” la carrera tecnológica contra China, pese a los incidentes de seguridad cada vez más frecuentes documentados por empresas como OpenAI y Anthropic —desde intentos de desarrollar armas biológicas mediante inteligencia artificial hasta campañas de ciberataques llevadas adelante por gobiernos fuera de control—, hace prácticamente inevitable que en algún momento estalle una crisis impulsada por esta tecnología.

Una crisis de esa naturaleza, al igual que ocurrió con las decisiones de Trump en materia comercial, la guerra con Irán y el control migratorio, podría desencadenar una espiral de consecuencias hoy imposibles de prever y volver a poner en evidencia los límites de su poder durante los últimos años de su presidencia.

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