Trabajo, inteligencia artificial y justicia social, según la mirada de León XIV
Cuestiones sociales y tecnológicas aparecen de forma recurrente en escritos y discursos del Papa; sus principales postulados y su llamado a empresas, organizaciones y gobiernos a ser proactivos
- 💼 El corazón de la economía es el trabajo: promoverlo para sacar a las personas pobres de la precariedad y fomentar empleos dignos.
- ⚖️ La justicia social no es un tema separado de la producción de riqueza; afecta todas las fases de la actividad económica y tiene consecuencias morales.
- 👥 Justicia social: un orden social, económico y político que permita a todos, especialmente a los más frágiles, vivir de manera realmente humana.
- 🤖 Las tecnologías digitales y la IA pueden generar nuevas desigualdades si no se gestionan; se requieren estructuras que eviten la exclusión.
- 🧭 Llamado a la acción: personas, organizaciones, empresas y Estados deben actuar de forma proactiva para evitar la exclusión.
- 🧑💼 El trabajo es más que ingresos: es un bien fundamental que expresa libertad, creatividad y cooperación, y eleva la cultura y la moral.
- 💰 El salario justo es una prueba concreta de la equidad del sistema y muestra si al trabajador se le trata como persona o como costo de producción.
- 🧠 Magnifica Humanitas subraya que el trabajo es una dimensión del ser humano que va más allá de la economía.
- 🌐 La novedad de Magnifica Humanitas: la IA exige una creatividad política a favor del empleo, con foco en la familia y las nuevas generaciones para evitar inseguridad.
- 🏛️ El Estado debe gestionar la transformación tecnológica de manera proactiva y apoyar la actividad de las empresas creando condiciones para el empleo.
- 🔧 La innovación debe incorporar criterios sociales: toda automatización/IA debe ir acompañada de protección del empleo, recualificación y participación de los trabajadores.
- 📚 Formación continua y la dignidad del trabajo deben ser indicadores de éxito; sin ello, la tecnología acelera la injusticia.
- 🔎 Las decisiones basadas en datos y algoritmos deben ser comprensibles, cuestionables y sometidas a control humano, especialmente en crédito, empleo y servicios.
- 🌍 Debemos orientar la economía a la dignidad y revisar qué criterios se usan para medir el progreso, más allá del PIB, para reflejar bienestar, desigualdades y medio ambiente.
- 💬 La limosna sigue siendo un encuentro necesario para dar a alguien la posibilidad de trabajar con dignidad y no dejar a nadie a la suerte.
- ⚖️ La tecnología no es neutral: puede curar o dividir; depende de quién la diseña, financia, regula y usa, y debe permanecer bajo control humano.
“La ayuda más importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo”. Con esa frase, incluida en su Exhortación Apostólica sobre el amor hacia los pobres, el papa León XIV “confirma” -según el verbo por él utilizado- un postulado que viene de la Doctrina Social de la Iglesia, a la cual define en su encíclica Magnifica Humanitas como “una realidad viva” que dialoga con la historia, la cultura y las ciencias.
La citada afirmación sobre la promoción del trabajo se vincula con la forma de concebir dos grandes cuestiones que se entrelazan: la economía y la justicia social.
Sobre la primera cuestión, a pocos días de su viaje a Uruguay, la Argentina y Perú, el Papa definió: “El corazón de la economía es el trabajo”. Sobre el segundo tema, expresa en su encíclica: “No hay que considerar la búsqueda de la justicia social como un tema separado y posterior a la producción de riqueza, como si la economía debiera limitarse a crear valor y la política interviniera solo después para distribuirlo. Por el contrario, la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica, desde la obtención de recursos hasta la financiación, desde la producción hasta el consumo, y cada elección tiene consecuencias morales”.
¿Y cómo se reconoce la justicia social? Según León XIV, “por la capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos -y en particular a los más frágiles- vivir de manera realmente humana, sin que ninguno se quede atrás”.
El Papa pone foco en que el objetivo de justicia está hoy especialmente desafiado por las tecnologías digitales. Porque hay injusticias que “no nacen solo de decisiones equivocadas de los individuos, sino también de estructuras, mecanismos, sistemas económicos y culturales que producen desigualdad casi automáticamente”.
De allí, su llamado a que personas, organizaciones, empresas y Estados tengan una actitud proactiva que tienda a evitar la exclusión.
Reiteradamente y en varios casos citando a sus predecesores, el Papa se refiere al trabajo como una dimensión del ser humano que va mucho más allá de una actividad para conseguir ingresos. Pero no por eso deja de alzar la voz respecto de la necesidad del “salario justo”, que “es una prueba concreta de la equidad de todo el sistema socioeconómico, ya que muestra si al trabajador se le trata como persona o como un simple costo de producción”, según cita la encíclica de León XIV referenciándose en Laborem excercens, escrita por San Juan Pablo II en 1981.
Siguiendo al Papa polaco que visitó dos veces la Argentina y que fue canonizado en 2014, en Magnifica Humanitas León XIV define: “El trabajo no es considerado solo un problema que hay que gestionar o un medio para obtener ingresos, sino un bien fundamental para la persona, principio de la actividad económica y clave de toda la cuestión social. En él, el ser humano pone en juego su libertad, su creatividad y su capacidad de cooperar, contribuyendo a la elevación cultural y moral de la sociedad”.
Acorde con los tiempos, la gran novedad de Magnifica Humanitas respecto de encíclicas anteriores está en la atención puesta en la inteligencia artificial. “Especialmente en una época de profundos cambios tecnológicos, se necesita una creatividad política ‘a favor del empleo’ que sitúe en el centro a la familia y a las nuevas generaciones, si no queremos que los avances económicos se traduzcan en nuevas formas de inseguridad y exclusión”, advierte el documento.
El sumo pontífice llama a “gestionar la transformación de manera proactiva”, sin esperar a reaccionar una vez que se hayan eliminado puestos de trabajo. Y señala que el Estado “tiene el deber de apoyar la actividad de las empresas creando condiciones favorables para el empleo”.
Sobre ese gestionar, describe: “Una forma viable consiste, en primer lugar, en establecer criterios sociales para la innovación: toda introducción de automatización y de IA debería ir acompañada de medidas verificables de protección del empleo, de recualificación y de participación de los trabajadores, para que la tecnología se oriente a liberar tiempo y capacidades humanas, no a generar exclusión”.
También destaca la necesidad de la formación continua y de que las empresas incluyan “la calidad y la dignidad del trabajo entre los indicadores de éxito”.
Si esas condiciones no se dan, alerta la encíclica, la transformación que generan las tecnologías tiende a convertirse en “una aceleración de la injusticia”.
Al postular que se debe “orientar la economía a la dignidad”, advierte: “Cuando los datos y los algoritmos influyen en la concesión de créditos, la selección de personal o el acceso a servicios u oportunidades, es necesario que las decisiones sean comprensibles, cuestionables y sometidas a control”. Algoritmos, en definitiva, que no escapen del control humano.
Los criterios sobre la proactividad para que las tecnologías no excluyan traducen a la práctica aquel concepto de la “justicia social” presente en todas las fases de la actividad económica, en oposición a la idea de que algunos grupos, en particular los pobres, deben esperar los beneficios “de un crecimiento que ‘al final’ les llegará”.
En su Exhortación Apostólica sobre el amor hacia los pobres, León XIV dedica varios párrafos a una cuestión que “no goza de buena fama”. Y define: “La limosna sigue siendo un momento necesario de contacto, de encuentro y de identificación con la situación de los demás”, porque es la acción que hace falta “si aún no existe” para alguien la posibilidad concreta del trabajo con dignidad. “No podemos correr el riesgo de dejar a una persona abandonada a su suerte”, alerta.
Sacerdote de la Orden de San Agustín (OSA), Robert Prevost suelen recurrir al pensamiento del santo. En la Jornada Mundial de los Pobres 2025 recordó que en el siglo V el obispo de Hipona afirmó: “Das pan al hambriento, pero sería mejor que nadie sintiese hambre y que no tuvieses a nadie a quien dar”.
León XIV va más allá del pedido a las empresas de cambiar la forma de evaluar el éxito. También insta a superar los parámetros con los que se mide el grado de desarrollo; parámetros “anclados desde hace más de 80 años en el concepto de Producto Interno Bruto”, que pasan por alto aspectos del bienestar de las personas, de las desigualdades sociales y del medioambiente.
El objetivo de desarrollar nuevas reglas de medición, postula, debe ser que puedan observarse mejor los efectos de las decisiones tomadas y que las nuevas se tomen con los mejores criterios posibles. Porque, en definitiva, en tiempos de inteligencia artificial, lo humano debe seguir mandando.
Afirma León XIV: “La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”.

