Hay menos pesos en la calle que hace un año y se achica la posibilidad de una reactivación

El plan de remonetización de la economía, que anunciara el Banco Central a fin del año pasado, no arrancó. Para muchos economistas es lo que hizo perder dinamismo a la actividad y la llevó a rozar la recesión.
- 🗓️ El plan de remonetización prometido por el BCRA para fines de 2025 aún no arranca, como contracara de su giro hacia acumular reservas.
- 💹 La Base Monetaria (BM) se achicó ese mes en 0,5 billones de pesos, a pesar de la compra de reservas por US$474 millones; las operaciones de esterilización (repos) y el financiamiento del Tesoro absorbieron más pesos.
- 🪙 En la práctica, los medios de pago crecen: M2 privado transaccional +0,5% mensual; M2 total +1,6% respecto de agosto; M3 privado +0,7% en términos reales.
- 📉 En el año, la oferta monetaria acumula caídas reales entre 2,2% y 5,5%; interanual (septiembre 2025) suben entre 6,9% y 15,2%.
- 💵 Hay menos pesos en la calle que hace un año.
- 🔎 Medidas de cantidad de pesos disponibles en relación con la economía muestran BM/PBI y M2 Total con caídas de 4,3% (aprox.) a 4% y 8,6% a 8,1% respectivamente; el M3 Total se mantiene estable (~16,4% a 16,5%) por depósitos a plazo fijo.
- 💬 En el Gabinete, Alberto Ades presentó críticas a la política monetaria y cambiaria y planteó la posibilidad de una recalibración sin perder la desinflación; habló de un tipo de cambio real más alto.
- 🧑💼 Caputo y Milei debaten: Caputo afirma que la cantidad de pesos es limitada; Milei, desde Nueva York, advirtió sobre apostar contra el peso en 2027.
- 🔒 El Gobierno mantiene un control férreo de la oferta monetaria para sostener la desinflación y limitar la demanda de dólares, con ideas de un BCRA más independiente.
- 💡 Economistas señalan que el corset de la oferta de pesos explica parte de la menor actividad y ven indicios de una dolarización endógena.
El prometido plan de remonetización de la economía que lanzara el Banco Central (BCRA) a fines de 2025, como contracara de su decisión de pasar a acumular reservas, aún no arranca cuando ya el año en curso entra en su etapa final.
El último Informe Monetario mensual de esa entidad dejó a la vista que sigue el apretón monetario y que mantiene la oferta de pesos en niveles históricamente muy bajos, al detallar que —comparando los saldos a fin de mes— la Base Monetaria (BM) se achicó ese mes en otros $0,5 billones, al ser más que compensada la moderada inyección de liquidez que el BCRA hizo por la compra de reservas (adquirió US$474 millones en el mes), por operaciones de esterilización (vía repos) para retirarlos y por las operaciones de financiamiento del Tesoro, que absorbieron otra tanda de pesos.
En el mismo lapso, en cambio, los medios de pago tradicionales, medidos a través del M2 privado transaccional, “presentaron un crecimiento mensual de 0,5% a precios constantes y sin estacionalidad, por la expansión del circulante en poder del público, que aumentó 1,6% a precios constantes respecto de agosto”. Lo mismo ocurrió con el M3 privado (el agregado monetario más amplio), que registró una suba de 0,7% en términos reales y sin estacionalidad.
El punto es que todos estos indicadores de la oferta monetaria acumulan en el año retrocesos reales que van del 2,2% al 5,5%, según el caso, y se elevan a entre 6,9% y 15,2% en la medición contra septiembre de 2025 (interanual).
Es decir, hay menos pesos en la calle que los que había el año pasado.
Las mediciones que miden la cantidad de pesos disponibles en relación con el tamaño de la economía también dejan en claro la estrechez: de fin de año —supuesto punto de partida del plan remonetizador— al fin del mes pasado, hay caídas del 4,3% al 4% en el caso de la BM/PBI y del 8,6% al 8,1% en el caso del M2 Total. Solo se mantiene estable el M3 Total (estaba en 16,4% y ahora llega al 16,5%), por el crecimiento del 4,3% que en ese lapso mostraron los depósitos en pesos a plazo fijo.
El debate sobre los efectos de semejante nivel de ajuste monetario llegó de manera inesperada al Gabinete al invitar el último lunes el presidente Javier Milei al economista Alberto Ades (de paso por el país para presentar su libro Lo que se desvanece) a participar de esa reunión. El convite fue para que realice una presentación crítica hacia la política cambiaria y monetaria que había armado para presentar en una exposición privada y sobre la que había hablado con el mandatario el día anterior en la Residencia de Olivos.
Allí Ades expuso planteos que luego hizo públicos. Se preguntó si la política monetaria vigente no es “demasiado restrictiva”, o se puede recalibrar sin abandonar los objetivos desinflacionarios, y si no ayudaría “un tipo de cambio real más alto”, tras hacer notar algunos efectos de la apreciación del peso.
Ambos planteos van de la mano. Pero son críticos hacia ejecuciones que coinciden con lo que planteó siempre hasta aquí Milei en público, o por las que desacreditó sin cuidar siquiera epítetos a otros economistas por redes.
“Preparate, Santiago, porque te van a salir los dólares por las orejas. Que no se vaya a la inflación, por favor. O sea, cuidado cómo los comprás. Ya saben que si fuera por mí....” le había llegado a advertir al titular del BCRA, Santiago Bausili, en público en la apertura del Argentina Week en Nueva York, en marzo pasado.
De la presentación de Ades se ausentó con excusas vagas el ministro de Economía, Luis Caputo, que por la noche -en cambio- sí participó del envío “La misa”, que conduce el llamado “Gordo Dan” y al que suelen concurrir funcionarios de Economía, en el streaming oficialista Carajo. Allí hizo gala de un discurso muy optimista, obviamente no cuestionado por su parteneres, lo que no hizo más que alimentar las suspicacias en el mercado.
¿Está germinando una readecuación de la política cambiaria y monetaria?, fue la pregunta más extendida.
Hasta aquí con un muy férreo control de la oferta monetaria, el Gobierno apunta a sostener el proceso de desinflación que la economía reinició meses atrás y mantener limitada la demanda de dólares. “La cantidad de pesos que hay prácticamente no creció el último año. Y a los que creen que van a salir pesos de algún lado para comprar dólares, les decimos No. Sepan que la cantidad de pesos es limitada”, lanzó días atrás el ministro Caputo.
“Los que apuesten contra el peso en 2027 van a terminar quebrados. Es una simple cuestión de números”, había dicho semanas antes el presidente Javier Milei, al exponer frente a inversores en Nueva York, en alusión a una existencia de pesos que sigue acotada frente a una posición del BCRA que se fue fortaleciendo y contará con munición extra —por refuerzos vía repos y swaps— para el año electoral.
Ambas definiciones no dejan de ser curiosas: tanto el ministro como el jefe del Ejecutivo, mientras proclaman la necesidad de contar con un BCRA independiente y hasta lo plasmaron en un proyecto de ley para modificar su Carta Orgánica, le “marcan” el terreno, condicionando a la entidad y dejando a la vista que ni siquiera cuenta con espacio para definir su política monetaria.
Y dejan así a la vista que la muy acotada oferta de pesos no solo es parte esencial del modelo económico, sino que ayuda a entender su marcha, con sectores ligados al mercado externo —con acceso a liquidez a partir de la liquidación de divisas— creciendo sostenidamente, y los vinculados a la plaza local y expuestos al peso aún complicados.
Es lo que marcan muchos economistas: el corset impuesto a la oferta de pesos, lógico cuando se ha heredado un desborde monetario, se ha vuelto un lastre para la actividad y -para muchos economistas- explica en parte el dinamismo que ha perdido.
Más aún cuando además la creación secundaria de dinero por la vía del crédito —que había sumado un gran aporte desde mediados de 2024 hasta igual lapso de 2025— quedó congelada desde hace más de un año, explica buena parte de la crisis que enfrentan muchos sectores productivos y de servicios.
“Mantener una oferta monetaria restrictiva tiene como objetivo evitar cualquier desequilibrio entre oferta y demanda de pesos que se traduzca en más inflación o mayores presiones sobre el tipo de cambio, porque la demanda no lo convalida. ¿Por qué no lo hace? Es difícil establecerlo”, explica el economista Fernando Baer, director de la consultora Quantum.
Una de las interpretaciones posibles para una demanda de pesos que no reacciona es la posible desconfianza en su supuesta fortaleza o, visto del otro lado, en un precio del dólar apoyado básicamente en las restricciones a la demanda de empresas que mantiene el Gobierno y sus maniobras de intervención en los mercados financieros para mantenerlo a raya.
“Los números son muy claros: de los casi $21 billones que lleva emitidos el BCRA para comprar los US$14.800 millones, se puede decir que no quedó ni $1 suelto en calle, todo lo contrario a lo que se había prometido al anunciar la recompra de reservas. De ese modo, la oferta monetaria sigue muy restringida porque se priorizó que la emisión por compra de divisas no vaya a circulante para que no se le desancle la inflación ni el tipo de cambio. Pero todo a costa de una posible reactivación”, describe por su parte el economista Amílcar Collante, de Consultora Profit, poniendo el foco en la opción que tomó el Gobierno y sus impactos sobre las tasas de actividad.
“Hasta septiembre el BCRA retiró 81 de cada 100 pesos emitidos por la compra de reservas. Acumularlas (algo impulsado por la contracción del crédito en pesos), bajar la inflación y reactivar la economía entró en conflicto. La débil demanda de pesos tiene su contracara en la compra de dólares: las compras netas del sector privado están altas y eso responde fundamentalmente a una reconfiguración de portafolios que anticipa la incertidumbre electoral”, explicó en un informe la Fundación Mediterránea.
Para Baer, todo parece ser parte de una apuesta por llegar finalmente, por la vía larga, a lo que Milei había planteado como una opción inmediata: la dolarización de la economía. “Hay un aumento importante de los préstamos y depósitos en dólares en el sistema, y hay regulación que permite a los bancos prestar algo más de esos saldos a sectores no generadores de divisas (15% del total de ellos). Es decir, de a poco, la economía se está dolarizando endógenamente”, señala.

