El Gobierno vacía un evento empresario y la oposición aprovecha para “vender” su discurso

Las principales cartas del Ejecutivo no estarán en el Día de la Industria, que se celebra mañana; Kicillof y su equipo comenzaron a acercarse a esas cámaras empresarias
- 📈 Inicio de la campaña: el Día de la Industria aporta tres insumos para subir el voltaje político y busca reclamar el valor de la actividad ante una crisis, con un Gobierno menos presente y contactos con la oposición más dura.
- 🏭 Discurso de Martín Rappallini en ELEA: a las 10:30; Mario Lugones presente; Isaías Drajer da la bienvenida y habrá un brunch tras la intervención.
- 👥 Participantes confirmados: se suman Pablo Lavigne y Daniela Ramos; no estarán Milei, Caputo ni Santilli (Caputo por agenda del G-20; Lavigne depende de Caputo).
- 🗣️ Mensaje central: el discurso buscará poner en valor la importancia del rubro industrial para la economía.
- ⚖️ Tensiones Gobierno-UIA: la relación se tensionó tras críticas de Caputo y episodios anteriores sobre el tono hacia empresarios.
- 🎯 Oposición intentando capitalizar: Axel Kicillof y su equipo buscan proyectar un discurso favorable a los industriales ante el vacío del oficialismo.
- 💼 ARBA y UIA: reunión para simplificación tributaria; se plantean reducir regímenes, saldos a favor y revisar Ingresos Brutos, SIRCREB y SIRTAC; se habla de facilitar el uso de saldos.
- 🌍 Perspectivas fiscales y competitividad: se sostiene que hace falta una reforma tributaria, pero primero debe crecer la economía; se mencionan efectos de China y el dumping.
- 🧭 Rumbo político: tras encuentros con empresarios, Kicillof apunta a desafíos macro y desindustrialización; la definición de candidaturas para 2027 aún resulta incierta.
Ya en el inicio de la campaña electoral, el Día de la Industria tendrá, por lo menos, tres insumos que prometen elevar el voltaje político. Los empresarios de ese sector volverán a reivindicar el valor de su actividad en un contexto que consideran de crisis; lo harán frente al vacío que les propondrá el Gobierno nacional, cuyas principales figuras estarán ausentes, y, a la vez, mientras crecen los contactos con parte de la oposición más dura.
El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, dará su discurso en esa celebración cerca de las 10.30 en la planta que tiene el laboratorio ELEA, la empresa de Hugo Sigman, en Los Polvorines. No por nada, uno de los únicos funcionarios que estará presente es el ministro de Salud, Mario Lugones. La cálida bienvenida a ese funcionario estará a cargo del vicepresidente sectorial de UIA y uno de los anfitriones, Isaías Drajer.
Según contaron los organizadores, a ellos se sumarán el secretario de Coordinación Productiva, Pablo Lavigne, y la subsecretaria de Política Industrial, Daniela Ramos. No estarían ni el presidente Javier Milei, ni el ministro de Economía, Luis Caputo (en el G-20 en Estados Unidos, pese a que llega al país el mismo miércoles a la mañana), ni tampoco, como se preveía la semana pasada en la entidad fabril, el jefe de Gabinete, Diego Santilli.
LA NACION consultó en Casa Rosada y en Jefatura de Gabinete sobre las ausencias, pero no hubo respuesta oficial. En el Palacio de Hacienda dijeron que Caputo tenía la agenda del G-20 y, obviamente, se privilegió ese encuentro. Lavigne depende de Caputo en el organigrama oficial.
“El discurso volverá a poner en valor la importancia de ese rubro de la economía”, contaron en la entidad fabril sobre lo que dirá Rappallini en el evento. Antes, Drajer dará la bienvenida y luego del discurso habrá un brunch.
“¿El Gobierno los vació?”, preguntó este medio. “Qué decirte”, fue la respuesta en la UIA, que había entrado en tensión con el Gobierno tras el cortocircuito que generó una crítica de Caputo a “los tarados” que cuestionan el modelo libertario aludiendo a la situación industrial. Clarín contó días atrás que Rappallini se levantó de su asiento cuando Milei habló en el Consejo de las Américas en el Hotel Alvear y se fue al bar. El Presidente criticó allí otra vez elípticamente a Paolo Rocca (Techint) y Javier Madanes Quintanilla (Aluar).
Curiosamente, el vacío que deja el oficialismo en ese sector busca ser aprovechado por el principal contrincante de Milei en el primigenio menú electoral camino a los comicios del año que viene. Hay un esfuerzo cada vez más latente de Axel Kicillof —y su equipo chico— por dejar trascender un discurso que podría ser un canto de sirena para muchos industriales.
El jueves pasado, el titular de la Agencia de Recaudación de la provincia de Buenos Aires (ARBA), Cristian Girard, pasó por la UIA. Se reunió allí con el presidente del Departamento de Política Tributaria de la UIA —y hombre de Techint—, Carlos Abeledo. Estuvieron además el subdirector de Recaudación y Catastro, Federico Gosman, y el de Acciones Territoriales y Servicios, Gaspar Spiritoso. ARBA habló de simplificación tributaria, reducción del peso de los regímenes generales y la disminución de los saldos a favor acumulados.
Según la minuta empresaria, sobre Ingresos Brutos —el gravamen más cuestionado por las empresas—, Girard dijo que ARBA está “revisando” los diferentes regímenes y que buscan reducir el peso de las retenciones bancarias del SIRCREB y que trabajan para “adecuar” el SIRTAC. Como se dijo, los expertos tributarios de la entidad escucharon también sobre la posibilidad de “facilitar” el uso de saldos acumulados por las compañías. Girard les dijo que es necesaria una reforma tributaria, pero que primero la economía debe crecer. Miel para los oídos de algunos industriales en el actual contexto.
Girard fue más allá y citó la palabra prohibida en la UIA: China. Dijo que hay una industria en “reconversión” hace años por una capacidad productiva expandida en el sudeste asiático y una demanda mundial que “languidece”. Agregó que el problema de competitividad no es comercial ni de “mala gestión” de las empresas y que “la cancha no debe estar inclinada” (el discurso de la UIA). Habló de dumping industrial y dijo que EE.UU. está discutiendo la industria, algo que aclaró, va a contramano del mileismo.
El propio Kicillof había dicho algo similar unos días atrás en un encuentro organizado en el Alvear por Susan Seagal tras el Consejo de las Américas con una veintena de empresas multinacionales. El gobernador llegó con su jefe de Gabinete, Carlos Bianco, y su ministro de Producción, Augusto Costa.
Allí comenzó diciendo que la actual macroeconomía estaba matando la microeconomía, y que el país se desindustrializaba para exportar materias primas sin valor agregado. Lo escuchaban varias empresas de energía y mineras, y algunos bancos de inversión. “Hizo un diagnóstico catastrófico”, contó un empresario, que disiente con la mirada del gobernador y que aceptó los costos de transformación que tiene el rumbo elegido por Milei. “El camino es pedregoso”, reconoció el CEO de la compañía que escuchó a Kicillof.
Como contraste al escenario descripto por el gobernador, los empresarios le preguntaron a Kicillof qué opinaba de la baja de la pobreza lograda por el Gobierno. Kicillof dijo que estaba mal medida y que había aumentado. Como Girard, el gobernador puso a Donald Trump como ejemplo de que, en el actual contexto, la apertura comercial de Milei no era el mejor camino a tomar.
La reunión duró una hora. “¿Qué les pareció el discurso de hoy?”, quiso saber Bianco de los empresarios sobre las palabras de Milei. Seagal, que bastoneaba, no dejó que respondieran. El Presidente había negado una crisis y criticado a empresarios. “¿Queremos ser grandes? Hay que ponerse los pantalones largos y los hijos de puta prebendarios tienen que quebrar”, había advertido. “Los salvó la campana”, bromeó el jefe de Gabinete de Kicillof. Los empresarios se iban a ver a Martín Menem y Kicillof viajaba a Uruguay.
Cuando se iba, varios le preguntaron a Kicillof si iba a ser o no candidato en 2027. “Es muy temprano”, repitió y admitió que la interna peronista ardía. No había, sin embargo, empresario que creyera el gobernador que fuera a jugar.

