Andre Agassi, en el Río Open: por qué se amigó con el tenis, el “negocio actual” y el día que le detuvo un saque con la mano a Jaite

El Kid de Las Vegas llegó al ATP carioca para entregarle el premio al campeón: se refirió a la gira sudamericana, a las presiones que vive Fonseca y al “peligro” de las redes sociales
RÍO DE JANEIRO.- No hace falta apurar el paso para saber quién es el calvo que, a la distancia, bajo un cielo amenazante, camina rápido por los pasillos del Jockey Club Brasileiro, acompañado por un puñado de efectivos de seguridad privada, entre el público que asiste al Río Open. El andar casi chaplinesco de toda la vida, generado -en parte- por el desplazamiento de una vértebra en la zona lumbar baja, moldeó sus movimientos rítmicos, en una carrera cinematográfica en el mundo del tenis, que hoy también lo acompañan fuera de los courts.
Andre Agassi, el hombre que se encumbró como un Dios del deporte empuñado una raqueta y jugó oficialmente por última vez en 2006 (llegó a la tercera ronda del US Open), cumplirá 56 años en abril. Fue en septiembre de 1987, hace 38 temporadas, cuando Brasil le dejó un recuerdo indeleble en su memoria. En Itaparica, un torneo que se jugó durante siete años en el Club Med de la isla de Bahía, el estadounidense ganó el primero de los 60 títulos de su carrera. Tenía 17 años y en la final del certamen (en el que también jugó un treintañero Guillermo Vilas) derrotó al local Luiz Mattar. Era una versión de Agassi con pelo largo y una efervescencia que hacía presagiar una pequeña parte de lo que construiría.
Claro que aquella no fue la última vez que el Kid de Las Vegas, esposo de Steffi Graf desde 2001, pisó Brasil. Ya retirado regresó a esta porción de Sudamérica para distintos eventos corporativos y exhibiciones, algunas con Guga Kuerten. Ahora lo hizo invitado por el ATP carioca, único de jerarquía 500 en la región, para entregarle el domingo el premio al campeón de singles. Este viernes, no bien entró en el club, acompañado por el extenista Justin Gimelstob -que hoy maneja su agenda de negocios-, Agassi preguntó por João Fonseca y, al escuchar que el prodigio brasileño, a quien conoció y capitaneó en el equipo del Resto del Mundo en la Laver Cup del año pasado en San Francisco, se estaba entrenando en la Quadra 7, quiso dirigirse primero hacia allí, antes que cualquier compromiso.
De remera gris, pantalón crudo y zapatillas de la marca que siempre lo patrocinó y con la que hizo tendencia (shorts de jean, remeras fluorescentes), sin reloj y con un collar de piezas de madera y cuerda negra que le preparó su hijo Jaden y no se quita desde hace años, charló animadamente con Fonseca, que la noche anterior había recibido un mazazo emocional, al ser eliminado en los octavos de final del torneo. También compartió algunas palabras con Marcelo Melo y Guilherme Teixeira, el compañero de dobles y el coach de João, respectivamente. Tras algunos minutos de conversación, los saludó con afecto, le firmó autógrafos a un grupo de chicos que lo esperaban fuera del court y siguió su trayecto, rumbo al auditorio del club, donde lo esperaban unos cuarenta periodistas.
Entró en escena, saludó con una sonrisa, se sentó en una silla de mimbre y escuchó una pregunta introductoria de Diana Gabanyi, la jefa de prensa del Río Open. Antes de responder, algo acalorado, abrió una botella de agua mineral y bebió varios sorbos. “Tengo tantos recuerdos de aquí, de Brasil. Recién me metí en la cancha de práctica de João, con quien pasé una semana en la Laver Cup, fue muy bueno verlo de nuevo. Es un jugador sensacional, pero incluso es un mejor ser humano. Emocionalmente está muy cuidado, es muy consciente de su medioambiente, es muy inteligente, procesa muy bien lo que le pasa”, expresó Agassi en el inicio de una rueda de prensa que duró veinte minutos y en la cual fue saltando de un tema a otro, con agilidad y perspicacia, como cuando jugaba.
Hasta los Juegos Olímpicos de París 2024, cuando Novak Djokovic ganó el oro olímpico individual y cerró el círculo, Agassi fue el primer y único tenista en obtener todos los trofeos grandes, es decir los cuatro Grand Slams (obtuvo ocho), el torneo de Maestros (en 1990), la Copa Davis (en tres oportunidades) y la medalla dorada olímpica en singles (en Atlanta 1996).
“Hay una gran diferencia entre el tenis de antes y el de hoy, claro. El juego siempre está mejorando, siempre está cambiando. El primer cambio que realmente parecía modificar la estrategia y la geometría del tenis fue con el encordado de Luxilon (de poliéster), cuando Guga (Kuerten) lo utilizó para golpear con topspin (“efecto liftado”). Eso empezó a cambiar las trayectorias de las pelotas. Entonces, el niño que creció viendo eso, comenzó a superar más y más. Yo fui afortunado al jugar de una manera que me permitió tomar mi tiempo, yendo hacia adelante y hacienda que mis rivales jugaran mucho más atrás. Hoy en día los atletas son mucho más grandes, más rápidos y hay más transición en el juego: desde cualquier parte de la cancha hoy pueden dañarte. Así que, sí, ha cambiado el tenis. Todavía hay mucha estrategia involucrada, pero los intercambios son diferentes”, dijo, pedagógico, haciendo una radiografía.
Agassi es capitán en la Laver Cup, el torneo de exhibición que organiza la compañía de Roger Federer, y en 2018-2019 colaboró en el equipo del búlgaro Grigor Dimitrov. ¿Existe la chance de que vuelva a trabajar con un jugador en forma full time? “Bueno, no creo que vaya a hacerlo en tiempo completo ahora. Esto requiere mucho… muchos viajes, mucho tiempo”, sentenció. Aunque añadió: “Conozco a Grigor desde que era joven. Venía a Las Vegas para verme. Es una persona hermosa y siempre quiso sacar lo mejor de él. Pude trabajar con él durante un año y medio o algo así. Tendría que tener un conjunto de circunstancias para que yo, logística y prácticamente, con las cosas que tengo como prioridades ahora, pueda trabajar con un jugador. Y creo que, a veces, cuando estás con alguien todo el tiempo, puede no ser tan bueno. Pero, desde una distancia, puedes decir: ‘Ey, esto es lo que estoy notando, ¿cómo te sientes? Esto es lo que estoy viendo, me gusta esto’. Esto ayuda a los jugadores. Así que, yo diría que a veces puedo ser más efectivo desde una distancia”.
Fue en la Laver Cup del año pasado, precisamente, donde conoció al argentino Francisco Cerúndolo. Así lo describió: “Oh, el ‘Cisco kid’. Así lo llamo yo. Es asombroso. Ha sido un pilar para el equipo del Resto del Mundo. Es uno de los jugadores más difíciles de vencer en el tenis. Siempre está presente, con ética de trabajo, con grandes movimientos. Tiene una derecha potente, es un gran competidor. Nunca descarto a nadie para que logre lo que es capaz o, incluso más, porque mucho de eso ocurre en la mente más que en las habilidades. Él tiene las habilidades para hacer esto y creo que tiene una ética de trabajo para hacerlo. Me encanta estar con él, me encanta verlo jugar y creo que está mejorando. Siempre prefiero el trabajo duro a un talento increíble. He visto talentos increíbles desperdiciados”.
A propósito de las presiones que recibe Fonseca, Agassi dijo que, si “la gente piensa que debería ganar todos los partidos”, lo tome como un “gran cumplido”. Pero que también lo animaría a darse cuenta de que “no es su responsabilidad cumplir con las expectativas de los demás. Espero que se sienta cómodo separando las expectativas de los demás de lo que él decide hacer y en lo que se centra. Y a veces se vuelve difícil, porque uno se adelanta o empieza a darle demasiada importancia a ganar o perder, y se olvida de lo que hay que hacer para mejorar, porque ganar es consecuencia de hacer mil cosas. Sabe que tiene el lujo de ser joven, pero también la carga de ser objeto de tantas expectativas. Lo conozco lo suficiente como para entender su sensibilidad; es emocionalmente superior a su edad, inteligente intelectualmente y emocionalmente estable”.
Agassi ganó 46 títulos sobre superficie dura, siete en polvo de ladrillo, uno en césped (Wimbledon 1992) y seis en moqueta. No esquivó el debate que se abrió en estos días sobre la posibilidad de cambiar la gira sudamericana a canchas duras para tratar de equiparar la pulseada con los torneos de Medio Oriente. “No tengo un lugar privilegiado tras bambalinas para todas las razones de las decisiones”, se atajó. Pero arremetió: “Lo que sí veo es que el deporte se convirtió en un gran negocio. No ha hecho más que crecer. Algunos jugadores ahora son tratados como corporaciones. Así de grande es el negocio que hay. Si querés saber hacia dónde se dirige algo, siempre sigue el dinero. Dicho esto, tengo un lugar especial en mi corazón por el tenis en Sudamérica, y me gusta ver que se comparta la equidad. Creo que cambiar de superficie podría influir en la decisión de algunos jugadores de venir aquí, porque es una transición difícil pasar de este entorno a las canchas duras de Estados Unidos y les pasa factura. Lo vimos el año pasado con (Alexander) Zverev, que vino aquí y luego le costó encontrar su equilibrio (…) No me resultaría fácil pasar de la cancha dura (de Australia) a este entorno. Se nota en el aire, la humedad, la densidad del polvo de ladrillo y la lentitud para luego volver a las canchas duras. No es fácil para el cuerpo, ni para la mente, ni para los viajes”. Pero hizo un asterisco. “Me gusta ver crecer el tenis. Me gusta ver expansiones, que las instalaciones mejoren, ver que nuevos países se involucren. Me gusta ver que el deporte se beneficia de todo eso, pero no estoy al tanto de todo, así que me sería difícil hablar de los pros y los contras”.
Agotado el tiempo de la conferencia de prensa, Agassi siguió recorriendo el club. Subió al primer piso, pasó por la sala donde los jugadores tienen distintos juegos para pasar el tiempo libre (videojuegos, tenis de mesa, cartas), se secó el sudor de la cabeza con una toalla blanca con el logo del Río Open y se sentó en una mesa reducida de periodistas, con LA NACION como único medio argentino.
Fue en 2009 cuando Agassi publicó ‘Open’, su exquisita biografía escrita por el Pulitzer John Joseph Moehringer. Entre otras confesiones, admitió haber consumido durante su carrera la droga metanfetamina, también conocida como Chrystal Meth. Además, en las primeras páginas sentenció: “Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio al tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado”. Hoy, Agassi necesitó que aquella pieza de colección tuviera una nueva versión: próximamente habrá un documental sobre su vida.
“Me di cuenta, empezando por mis propios hijos, de que esta nueva generación no lee tanto como antes. Y comprendí que mis experiencias son relevantes para diferentes realidades, para la salud mental y para el desarrollo infantil”, dijo Agassi. Ya tiene más de sesenta horas filmadas y anhela que el material final sea “auténtico, transparente”.
Acaso, ¿sigue odiando el tenis como sentenció en su libro? “Creo que con más edad te vas… Si no vivís con gratitud es porque estás haciendo algo mal. Así que mi apreciación por el tenis estaba en su punto más bajo en 1997. Y luego cambió y no ha parado de crecer desde entonces. Eso no significa que siempre tuve la capacidad o el poder en mi vida de mantenerme conectado con el juego en todas las maneras que hubiera querido”, describió.
La salud mental y cómo los deportistas están expuestos a las críticas virtuales son temas que lo inquietan. “Yo tuve una vida pública, pero sólo tuve que lidiar con los diarios y los medios tradicionales, no con todas las redes sociales. Así que creo que, en cierto modo, es muy difícil no encontrar tu identidad ligada a la inevitable ola de opiniones y diría que las redes sociales son un arma de doble filo. Pueden ser una herramienta poderosa para el bien, pero también pueden ser muy peligrosas si sos irresponsable con ellas o si le das demasiada importancia a todas opiniones. Yo sólo tenía que leer el artículo y podía protegerme. En estos días, estoy seguro, es más difícil. Creo que hay que mostrar disciplina diaria para mantenerte protegido y no vivir con las expectativas de los demás”.
“Hablar de tus propias dificultades mentales ya no es tabú”, aportó Agassi. “Ahí las redes sociales pueden ser un amigo. Tenés una plataforma para identificar y conectar con la gente que entiende estas cosas. Puede ser una herramienta. Es una cosa saludable que la gente sea más libre para hablar de esto. Porque lo que no se expone es lo que no se cura. Estuve revisando artículos y archivos de mi adolescencia y fue cruel. Vi muchas imágenes antiguas mías donde un periodista me preguntaba en televisión: ‘¿Te sentís un perdedor? ¿Un fracasado? ¿Una figura subestimada en tu carrera?’. Fue muy duro. Y yo era tan joven... Y hay tantos jóvenes hoy en día también… Hoy la gente comprende un poco más su responsabilidad”, celebró Agassi, que llegó al número 1 del ranking en abril de 1995 y, en distintos períodos, se mantuvo 101 semanas en la cima.
Agassi tuvo vínculo con el tenis argentino en distintas etapas y circunstancias. En Open, por ejemplo, se refirió a Roland Garros 1988, cuando llegó a las semifinales, diciendo que en los cuartos de final batió “al gran maestro de polvo de ladrillo Guillermo Pérez Roldán”. También tuvo recordados duelos con Luli Mancini, Guillermo Coria, Gastón Gaudio y David Nalbandian, entre otros.
Claro que el hecho más célebre, probablemente, haya sido el partido de Copa Davis 1988 ante Martín Jaite, en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Iba dos sets arriba (6-2 y 6-2) y 4-0 en el tercero, cuando, algo aburrido, en vez de devolver un saque del argentino tomó la pelota con la mano, en una actitud soberbia que fue tomada de mal modo por los espectadores y hasta por el capitán de su propio equipo, Tom Gorman (“Después del partido sí tuvimos una discusión completa sobre el incidente”, le dijo a LA NACION en 2020).
Casi 38 años después de esa serie, en julio, ganada por EE.UU. por 4-1, Agassi sonrió ante el recuerdo de LA NACION. Era número 5 del mundo y, Jaite, 22. “¡Lo recuerdo mucho! Sí, recuerdo que iba como 6-2, 6-1, 4-0 y Jaite sacó y yo tomé la pelota (hace el gesto con la mano). Fue tan frío aquel día, me acuerdo que era un clima tan frío. La única cosa buena de jugar ese día fue que lo hice contra fans apasionados. Hacía tanto frío que todos tenían guantes, así que no era tan fuerte el estallido cuando aplaudían. Pero sí me hicieron sentir un poco de miedo (después de esa acción). Pero jugué tan bien. Me acuerdo de estar orgulloso de la forma en la que jugué. Obviamente también recuerdo que le gané Pérez Roldán, que estaba en el equipo. El tenis me ha regalado momentos increíbles”.