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River derrotó a Carabobo sobre la hora y quedó a un paso de la clasificación en la Copa Sudamericana

River derrotó a Carabobo sobre la hora y quedó a un paso de la clasificación en la Copa Sudamericana
Dufume
deportes

El Millonario falló un penal y sufrió la expulsión del arquero Beltrán; con el triunfo lidera el Grupo H

Una noche de múltiples escenarios desanduvo River en Venezuela. Tenía todo para ganar, estuvo a tiro de perderlo y cuando el empate parecía que era el resultado con el que debía contentarse, Maximiliano Salas, uno de los más resistidos, desató el nudo. En la última jugada del partido, con una definición simple y efectiva estampó el 2-1, la victoria que devolvió la calma después de observar cómo se le escapaba un triunfo por desatenciones y equivocaciones que no se pueden repetir si desea sentirse candidato. El éxito sobre Carabobo, por la 4a fecha del Grupo H, de la Copa Sudamericana, no solo lo sostuvo en la cima, le aliviana el camino para la clasificación.

Hay viajes que son un principio, una apertura, o una nueva desilusión. Para la aventura en Valencia, River tuvo que analizar la agenda, el calendario, y optar qué compromiso necesitaba máxima vigilancia. Síntomas de las rarezas y la histeria del fútbol. En situación normal, ser puntero del grupo en un certamen internacional y clasificarse para los octavos de final del torneo Apertura es cumplir con la meta. No es el caso en Núñez, donde todo asoma agitado, enrevesado. La irregularidad empuja a la frustración y el desencanto y los momentos de satisfacción y de sensación positiva es efímera. Lo sufre el técnico Coudet, lo padecen los futbolistas y lo experimenta el simpatizante. La estadística parcial no alcanza, porque el derrumbe puede estar a la vuelta de la esquina.

Ser puntero y visitar al escolta, que persigue a una unidad, necesita atención. Pero con otros dos partidos para cerrar la etapa de grupos, River reservó jugadores para el clásico con San Lorenzo, el domingo, en el Monumental, por los playoffs del torneo argentino. Un partido donde no hay mañana y este plantel no puede darse margen para los tropiezos, porque viene a los tumbos. En particular en casa, donde perder el superclásico y el último fin de semana ante Atlético Tucumán -22 juegos sin ganar fuera del Jardín de la República- desató una silbatina en la despedida del equipo. No había cómo disimular y el entrenador no le quitó el cuerpo a la crítica. Conocedor de la idiosincrasia riverplatense, Chacho no incluyó en la lista de viajeros a Gonzalo Montiel, Lautaro Rivero, Aníbal Moreno, Marcelo Acuña, Tomás Galván, Fausto Vera, Sebastián Driussi, Paulo Díaz y Tobías Ramírez, aunque los cuatro últimos se recuperan de lesiones.

A River se le nota que anda justo de recursos, aunque en los mercados de pases desembolsó por millones de dólares para reforzarse. Le cuesta la doble competencia, porque las lesiones recortan la elección y el bajo nivel de algunos jugadores impide seleccionarlos. La mixtura es la apuesta de Coudet: Maximiliano Meza que retorno con Atlético Tucumán, después de casi seis meses por una avulsión del tendón rotuliano izquierdo, tuvo continuidad; Santiago Lencina, que no jugaba desde febrero, con Banfield, fue titular; los juveniles Facundo González y Lucas Silva descubrieron rodaje... En ese escenario, Juanfer Quintero fue la guía. La pelota siempre pasó por los pies del colombiano, que estuvo muy participativo buscando generar sociedades con Meza, que inició por la derecha y se volcó a la izquierda, y con Lencina.

“Buen momento para pararnos, para decir acá estamos”, señaló Quintero antes del partido. Y cumplió, en el inicio fue el eje de los ataques: para conducir, pero también para finalizar la jugada, porque remató de zurda y de derecha, pero atrapó el arquero Bruera, que lentamente se convirtió en figura: el argentino le detuvo un penal a Quintero –falta de Ezequiel Neira sobre el uruguayo Viña que el árbitro Derlis López sancionó tras el llamado del VAR; sobre el final del primer tiempo nuevamente fue convocado para expulsar a Castillo, por juego brusco sobre Freitas- y más tarde un remate a Lencina y otro a Fabricio Bustos, que en el segundo tiempo atacó el espacio que se abrió con la superioridad numérica.

Desde el lateral, Coudet –siempre de pie- era una voz que se escuchó de modo constante: dando indicaciones, pidiendo movimientos, arengando a sus jugadores... “Vamos que el penal ya pasó”, apuntaló al grupo, en la pausa de rehidratación. Una transición, una jugada vertical, era la única vía para lastimar de Carabobo. No logró conectar el rival venezolano y por esa razón Beltrán tuvo como única preocupación un tiro libre de Tortolero. Igualmente fue un llamado de atención -el zaguero González se ganó la tarjeta amarilla- que no corrigió, porque una pérdida de Lencina terminó en foul y amonestación de Germán Pezzella.

El resumen del triunfo de River en Venezuela

De modo innecesario, River jugó acelerado con la ventaja. El apuro por resolver empujaba a desesperarse, saltar pases, intentar pasar la pelota por el ojo de una aguja... “Juan tranquilo, vamos a jugar”, escupió el DT, ante un pelotazo de Quintero, desde su campo, sin destino. Los detalles ganan partidos y ahí River hizo un pleno: córner que ejecutó Quintero y Meza, de cabeza, martilló aún con la marca de Jean Fuentes. Fue la última participación del goleador, que fue reemplazado por Facundo Colidio.

River tenía todo para ganar y disfrutar, Berrío modificó esa sensación y sumó preocupación a un equipo que se enreda y no da el salto. Se complicó más de la cuenta con la discutible expulsión del arquero Beltrán, que salió lejísimos y bajó a Berrío sobre un costado; el árbitro Derlis López primero lo amonestó, pero lo echó tras la llamada del VAR para revisar la acción. Hasta que, en la última bola de la noche, tras un pelotazo desde la defensa, Salas recuperó el poder de fuego y desató el nudo, cuando el escenario más apretaba a los millonarios.

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