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Ahora que sobran las preguntas, llegó el momento de que Scaloni escriba las respuestas

Ahora que sobran las preguntas, llegó el momento de que Scaloni escriba las respuestas
Dufume
deportes

El momento de Argentina exige una intervención directa y eficaz de su entrenador

Es la hora de Scaloni. El equipo parece prematuramente gastado. Ya sea por la merma física de temporada larga y temprano trajín mundialista como por características de jugadores más lentos en un contexto de velocistas, falta una marcha. La estrategia de trámites pausados, en los que sucediera poco, no resultó contra la admirable Cabo Verde. El partido le resultó muy largo al campeón del mundo. Si desde afuera empujaron cuarenta y cinco millones, adentro pujaron once. Nada era suficiente: ni haber convertido tres goles ni las decisiones desde el banco. Así como el partido se hizo largo, el Mundial se hace corto. No se puede dudar. El laboratorio tiene que imponer posibles soluciones.

Si hasta hace un mes la edad de Messi generaba incertidumbre, de momento es uno de los pocos sobre los cuales no hay que preocuparse. Quedó claro que sintió el partido largo y está claro que sentirá, si se repitiera, uno parecido. Pero tiene tanto dominio conceptual del juego que siempre sabe qué hacer. El viernes, primero entendió que la clave radicaba en el espacio que quedaba detrás de los defensores: convirtió su séptimo gol en cuatro partidos. En el segundo tiempo, con una marca encima, se fue a la derecha, como cuando era pibe. Sólo allí podía jugar mano a mano, desde allí generó algunas aproximaciones. El problema de la selección, obviamente, pasa por otro lado.

Casi no se vieron jugadas bien armadas o finalizadas por otro jugador que no fuera Messi. Sólo aparecen en el recuento aquellas que tienen al 10 como socio: la lectura de Nico González en el segundo a Argelia, el pase invisible de Almada en el gol a Jordania, la asistencia de Lisandro Martínez, el pivoteo de Lautaro para el derechazo de Leo a la posición de Vozinha. En los resúmenes de partidos no suele haber registros de Enzo Fernández ni de De Paul, menos de Alexis Mc Allister, que juega retrasado. Tampoco hay finalizaciones de Lautaro ni de Julián, cuyos esfuerzos para quitar la pelota además son en vano porque Argentina no recupera en la presión.

El comienzo del segundo tiempo mostraba a Argentina extrañamente vulnerable. No era suficiente el resultado parcial. Se requería algún cambio que explotara los espacios que habían empezado a quedar. Pero Nicolás González entró después del empate parcial. También se veía venir el ingreso de Julián Alvarez, pero Lautaro Martínez salió justo después de su mejor acción en el partido. Lo mismo que sucedió con Rodrigo de Paul. En los once minutos que duró el 2-1, el lugar que explotaba Cabo Verde era la zona de Nahuel Molina. El cuerpo técnico debió haberlo visto porque preparó especialmente a Gonzalo Montiel. Sin embargo, ingresó luego del 2-2. Nuevamente en ventaja, el equipo que mejor cuida la pelota en el mundo la perdía enseguida. Como si fuese un colmo. Faltaba energía. También faltaba la posibilidad de un cambio más.

No fue fácil, vale acotar, la gestión de un equipo que sufrió la cantidad de minutos jugados, la temperatura y la humedad. Hubo jugadas que finalizaron con dos y hasta tres futbolistas argentinos desparramados. En el final, no parecían tener fuerzas ni para saltar en el festejo. Además, un partido con semejantes alteraciones del ánimo condiciona hasta a un técnico generalmente enfocado y bien asesorado. El fútbol, además, se escapa del control de cualquiera.

Si de entrada se le cuestionaba su falta de trayectoria como entrenador, hoy Lionel Scaloni es el único que tiene experiencia en mundiales con respecto a los otros candidatos de hace ocho años. Nadie tiene que decirle, menos un columnista, que la tendencia debe cortarse antes de que sea tarde. Su equipo manejaba los tiempos para que no lo contraatacaran. Se hacía corto, jugaba lento, se agrupaba desde el pase. Pero se excedió. Y no tener intensidad, tanto para atacar como para marcar, puede ser letal. Frente a Cabo Verde hubo varios rendimientos bajos entre los titulares: Molina, De Paul, Mc Allister, Enzo Fernández, Almada, Lautaro Martínez. Estará en el entrenador advertir cuál de esas producciones se debió a un momento o un estado. El cambio puede ser de nombres como también de fórmula con los que vienen jugando. La necesidad, juegue quien juegue, es refrescar.

Tal vez la complicación más importante, así como la más difícil, sea la elección del centrodelantero. Los dos se sacrifican, atoran a uno y luego a otro y a uno más; terminan corriendo en círculos. Un cachetazo más del fútbol: no sólo las subestimaciones chocan contra la realidad, también las ilusiones más argumentadas. Suena temerario decirlo, pero no habría que descartar que en algún momento Messi quede de 9. Sería un desperdicio tener a los dos en el banco. Pero nunca hay que descartar a nadie.

El Mundial arrancó con buenas decisiones de Scaloni: la convocatoria de Facundo Medina, su titularidad, la confianza en Lisandro Martínez (el mejor jugador argentino del torneo después de Messi). Para ser campeón, y hasta incluso simplemente para seguir adelante, Argentina tendrá que mejorar. La ilusión está en manos de quien tantas veces sorprendió. De que meta mano a tiempo.

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