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Anne Carson, la inquietante Premio Nobel que trajo el legado del mundo clásico a la actualidad

Anne Carson, la inquietante Premio Nobel que trajo el legado del mundo clásico a la actualidad
Dufume

La escritora canadiense ganó hoy el premio mayor que se otorga a las letras en el mundo; clásica y vanguardista a la vez, su poética crea nuevas formas para la literatura

AI
  • 🏆 Premio Nobel de Literatura 2026 para Anne Carson, con la entrega de la medalla de oro, diploma y 1,2 millones de dólares en la ceremonia del 10 de diciembre en Estocolmo.
  • 📚 Es una ensayista original y erudita, poeta anticonvencional y remixadora de géneros; su obra es descrita como audaz e ingeniosa y con un diálogo lúdico con la tradición clásica.
  • 🇨🇦 Es la segunda escritora canadiense en ganar el Nobel y la tercera persona nacida en Canadá en recibirlo, contando a Saul Bellow; es la decimonovena mujer ganadora desde 1901.
  • 🎓 Es profesora de literatura clásica en Princeton y Michigan, traductora y poeta; su obra mezcla diarios, epitafios, sátiras, ensayos, autobiografía y teatro (p. ej., Hombres en sus horas libres, Autobiografía en Rojo y Nox).
  • 🗝️ La Academia destacó que su producción gira en torno a la intersección entre la obsesión por las palabras del filólogo y el deseo del poeta por un nuevo significado, y que la etimología es el punto de partida de su obra.
  • 🧭 Entre sus obras notables se cuentan La belleza del marido (2001), ganadora del premio T. S. Eliot de Poesía (primera mujer en obtenerlo); Red Doc>; Nox; Cristal y Autobiografía en Rojo (la “novela en verso”).
  • 🌍 Su trabajo dialoga con la tradición grecolatina y la vida contemporánea, destacando su papel como “escritora-caminante” y su libro Tipos de agua, que aborda el Camino de Santiago.
  • 🎬 Ha traspasado fronteras a la escena y la pantalla: Antigonick, su versión de Antígona, fue interpretada por Juliette Binoche; ha participado en documentales y en The Nobel Legacy de PBS.
  • 🩺 En su vida personal: reside en Toronto, enseña griego y está casada con el artista Robert Currie; no tiene hijos y lidia con el Parkinson, que ha afectado su caligrafía, además de incorporar el boxeo a su rutina.

Más que una ensayista original y erudita, poeta anticonvencional, remixadora de géneros y tradiciones literarias, la escritora Anne Carson (Toronto, 1950) ganó el Premio Nobel de Literatura 2026, convirtiéndose así en la decimonovena mujer en recibirlo desde 1901. Hay consenso en que su obra, como señaló la Academia Sueca, es “audaz e ingeniosa” y mantiene “un diálogo lúdico con la tradición clásica”, creando nuevas formas para la literatura. En consonancia con su espíritu lúdico (que también sabe ser lóbrego), los apostadores tampoco erraron: la ubicaban en el top-five de los favoritos. Es la segunda escritora canadiense merecedora del Nobel, después de la narradora Alice Munro, y la tercera galardonada de ese país contando a Saul Bellow. Recibirá la medalla de oro, el diploma y 1,2 millones de dólares en la tradicional ceremonia de cada 10 de diciembre en Estocolmo.

A principios del siglo XXI, el crítico estadounidense Harold Bloom había definido a Carson como “una genial escritora de la sabiduría” y “una rara maestra del lenguaje”. “Leería cualquier cosa que Carson escribiera –señaló Susan Sontag–. Es una escritora inquie­tante, culta y atrevida. Su poesía ofrece intensidades hipnóticas”.

Destacó la Academia en su fallo que “casi toda su producción literaria ha girado en torno a la intersección entre la obsesión del filólogo por las palabras y el deseo del poeta por un nuevo significado. Ella misma ha identificado la etimología de las palabras como el punto de partida de toda su obra”.

El Nobel a Carson también puede interpretarse como una defensa de las humanidades y el estudio de la tradición y las lenguas clásicas en una época de recortes presupuestarios, indiferencia cultural y auge de las disciplinas científico-técnicas. En la información biográfica de sus libros, solo se destaca que vive en Toronto y que “se gana la vida enseñando griego”.

“Me gusta enseñar, pero no sé si es mi vocación –dijo a LA NACION en 2018–. La academia es muy estructurada. Cuando enseño, intento salir de esa estructura. Si doy clases o charlas de lectura, intento correrme también de la convención. Cualquier forma de hablar es como en la enseñanza, pero hay que ir en las dos direcciones, tomar uno de otro, para que las dos personas aprendan. Se trata de construirlo”. En su literatura, el punto de vista múltiple se impone sobre la perspectiva única.

Ensayista, traductora y profesora de literatura clásica en universidades como Princeton y Michigan, además de poeta, la Nobel enrarece el legado del mundo clásico por contacto con la actualidad. Su obra conjuga diferentes géneros: diarios y anotaciones, epitafios, sátiras y ensayos, autobiografía, guion y teatro, como ocurre en Hombres en sus horas libres, que presenta biografías poetizadas de su amada Safo, Antonin Artaud o Anna Ajmatova y donde Virginia Woolf y Tucídides discuten sobre la guerra del Peloponeso. Escribió sobre John Keats, Franz Kafka y Marcel Proust.

En 2020, cuando se le otorgó el Premio Princesa de Asturias de las Letras, se dieron casi las mismas razones: “Desde el estudio del mundo grecolatino ha construido una poética innovadora donde la vitalidad del gran pensamiento clásico funciona a la manera de un mapa que invita a dilucidar las complejidades del momento actual. Su obra mantiene un compromiso con la emoción y el pensamiento, con el estudio de la tradición y la presencia renovada de las Humanidades como una manera de alcanzar mejor conciencia de nuestro tiempo”.

Su primer ensayo, basado en su tesis de doctorado, Eros. El dulce-amargo, de 1986 (que en la Argentina publicó el sello Fiordo con traducción de las poetas Mirta Rosenberg y Silvina López Medin), profundiza en la naturaleza del deseo, despliega la definición que Safo de Lesbos hizo del concepto griego de eros (“dulce y amargo”), rastrea su huella en diálogos platónicos y en la obra de autores contemporáneos, como Barthes y Kundera, y postula que el conocimiento es una actividad erótica.

“Cuando la llamaron para darle la noticia, Carson solo dijo: ‘Estoy en Islandia escuchando el viento’ –remarca López Medin desde Nueva York–. Una respuesta inesperada que me hace pensar en una frase de John Cage que ella nos hacía repetir en sus clases: ‘No tengo nada que decir y lo estoy diciendo y eso es poesía’. La escritura de Carson nos marcó e inspiró a muchos en eso: nos abre espacios inesperados, donde todo se cruza y se quiebra: lo lírico, lo académico, el texto, las imágenes, el espacio de la página o la escena. En una visita que hizo al taller de poesía que doy en la Maestría de Escritura Creativa de NYU, le pregunté sobre el proceso creativo de Nox, uno de sus libros más bellos, y habló de que se imponía ‘un método inestable’, es decir, formas de desestabilizar su propio trabajo, de modo de generar huecos, aire, para que el texto respirara”.

“Eros. El dulce-amargo es un texto que sigo visitando en clases, charlas y talleres –dice a LA NACION la escritora Silvina Giaganti, que entrevistó a Carson en el Malba, durante su segunda visita a Buenos Aires, para el Filba Internacional de 2018–. Lo que más me impactó fue el concepto de dulce-amargo y sus análisis, en especial del fragmento 31 de Safo, para mostrar la triangularidad del deseo. Después me agencié varias lecturas como Autobiografía en Rojo y Nox, un libro objeto dedicado al hermano, que muere en tierra extranjera y ello lo vincula con un poema del poeta romano Catulo. En su estudio de la poesía arcaica, Carson hace un trabajo descomunal, brillante, que abrió camino a otras poetas y pensadoras. Su escritura es fragmentaria, con apelaciones a la narrativa, el ensayo, la traducción y la filosofía”.

Publicó el primer poemario, Charlas breves, cuando tenía 42 años (lo tradujo Ezequiel Zaidenwerg para Zindo&Gafuri). “Me fui de viaje a un lugar en ruinas. Había tres portones entreabiertos y un alambrado roto. No eran las ruinas de nada en particular. Allí llegó un lugar y se estrelló. Quedaron, luego de eso, las ruinas de un lugar. Y la luz se posaba sobre ellas”, se lee en una de ellas.

Para Zaidenwerg, Carson es una “ganadora justísimo”. “Admiro su rareza, entre la poesía, el ensayo y la filología clásica; entre el tono seco que en inglés se llama deadpan y el melodramatismo controlado, así como la libertad con que lleva décadas escribiendo libros para los que, por fortuna, todavía no encontramos categorías -sintetiza-. La traducción me parece fundamental para entender esa libertad: es un proceso creativo que atraviesa toda su obra, donde lenguas y tradiciones que suelen considerarse muertas, como el griego antiguo y el latín, se usan para vivificar y reinventar las propias. Carson parece dislocada del presente porque bucea en el pasado, pero ese movimiento la impulsa hacia el futuro y la vuelve profundamente contemporánea”.

En 2001 dio a conocer uno de sus libros más célebres, La belleza del marido, subtitulado Un ensayo ficticio en 29 tangos, donde articula narración y poesía; la obra mereció el Premio T. S. Eliot de Poesía, concedido por primera vez a una mujer. En Cristal, ironía y Dios, de 2002, la autora recorre el mundo imaginario de Glass Town, universo creado por las hermanas Brontë y su hermano Branwell. A su vez, explora en ensayos cuestiones filosóficas, históricas y literarias.

El sello español Pre-Textos tiene en su catálogo dos de las obras más importantes de Carson: la “novela en verso” Autobiografía de Rojo, donde adopta el punto de vista del marginado Gerión y dedica versos a Buenos Aires, y Hombres en sus horas libres, con poemas y prosas repletos de referencias a escritores, filósofos y personajes históricos y mitológicos, como Antígona, Aristóteles, Samuel Beckett, Catherine Deneuve, Jacques Derrida, Sigmund Freud, Giotto, Jean-Luc Godard y Homero. “Carson no es solo una de las mejores poetas en lengua inglesa, sino también una de las pocas que ha sabido hibridar mejor la tradición de la cultura clásica con la dinámica de la mejor poesía contemporánea, sin caprichos y con absoluta autenticidad. De ahí que ya hace años la considerásemos una clásica”, dice a LA NACION el editor Manuel Borrás.

En el título de Red Doc>, el símbolo “>” apareció en el texto cuando pulsó una tecla por error, reveló la autora, le gustó y decidió dejarlo. El libro, que ganó en 2014 el Premio Griffin, fue publicado en la Argentina por Bajo la Luna, con traducción de la escritora chilena Verónica Zondek.

“Es maravilloso que Carson haya recibido el Premio Nobel –dice Zondek a este diario, desde Valdivia–. Su pasión y conocimiento del mundo griego y su literatura, su gran capacidad de leer y comentar lo contemporáneo, de mixturar lo íntimo con lo público, fue lo que me apasionó desde un comienzo. Así como su extraordinario manejo de las distintas hebras y cosidos expresivos del lenguaje y el modo en que cruza fronteras textuales con naturalidad y nunca se notan los zurcidos. Sin olvidar sus finas pinceladas humorísticas que, creo, logran hacer queribles los más atroces desaciertos humanos. Red Doc> es la continuación de una saga que se inicia en Autobiografía en Rojo y pienso que, para entender la complejidad de este libro, es bueno leer el anterior. Porque en Red Doc> habita la derrota de un grupo de amigos ya no tan jóvenes, que por cierto lo eran en el libro anterior además de atrevidos, soñadores, desafiantes y dueños del mundo tal como lo fuimos nosotros en la segunda mitad del siglo XX. Creo que la película de esa derrota que escribe Carson la construye con una infinita ternura y empatía a pesar de la brutal ferocidad con que el espejo devuelve la imagen de ellos, nuestra generación. Es por eso por lo que creo que la lectura de esos dos libros hace bien y aunque sea fina y descarnada a la vez, es sanadora”.

Integra también la tradición de “escritores-caminantes”, al igual que Stevenson y Rimbaud, como se puede comprobar en el ensayo Tipos de agua. El Camino de Santiago, diario poético de una peregrina publicado en español en 2018, si bien formaba parte de los ensayos de Plainwater, de 1995.

Antes de graduarse como profesora y de doctorarse en la Universidad de Toronto, Carson se dedicó a las artes gráficas (en este sentido, concibe algunos de sus libros como “esculturas”) y fue comentarista de la televisión pública PBS en una serie sobre el Nobel, The Nobel Legacy. También aparece en una película de Tacita Dean sobre Antígona y, como narradora en off del documental de Vivian Ostrovsky sobre la vida de la poeta Elizabeth Bishop en Brasil. En 2015, su versión de Antígona (Antigonick), de Sófocles, fue interpretada en teatro por Juliette Binoche en el West End de Londres; luego se representó en Amberes, Ámsterdam, Nueva York y Edimburgo.

Tras recibir el diagnóstico de Párkinson, comenzó a entrenar boxeo. “Cuando me diagnosticaron la enfermedad de Parkinson, un síntoma que me resultaba especialmente humillante era el deterioro de mi letra –confesó en un ensayo sobre ese deporte, la caligrafía, el paso del tiempo y el estilo tardío–. Solía ​​disfrutar escribiendo en cuadernos, montones de ellos, día tras día, año tras año. Ahora los trazos verticales se doblan, se rompen o se desvían en todas direcciones; las vocales se reducen a manchas, la inclinación pierde su elegante ángulo; todo resulta vergonzoso. Borro párrafos enteros avergonzada”. Está casada con el artista Robert Currie, con quien colabora, y no tiene hijos.

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