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Las 7 islas más peligrosas del planeta: mitos, radiación, gases tóxicos y zonas prohibidas

Las 7 islas más peligrosas del planeta: mitos, radiación, gases tóxicos y zonas prohibidas
Dufume
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En distintos rincones del mundo existen territorios donde la entrada está restringida por motivos que van desde la ciencia hasta la supervivencia

No todas las islas invitan al descanso ni a la aventura. Existen lugares en el mundo donde el simple hecho de acercarse puede significar una amenaza, ya sea por la presencia de tribus aisladas, animales letales, residuos radiactivos, gases tóxicos o leyendas que se han vuelto advertencias para generaciones enteras. Hay islas que representan los límites de la supervivencia humana y la necesidad de respeto hacia ecosistemas y culturas que no admiten intrusos.

La ciencia, la ley y la memoria histórica han impuesto fronteras estrictas en estos enclaves, donde el peligro es real y la prohibición de acceso responde a causas que trascienden el misterio.

A continuación, un recorrido por las islas más peligrosas del mundo, que revela historias en las que la distancia es la principal garantía para la vida.

En los canales de Xochimilco (México), la Isla de las Muñecas es conocida por su ambiente inquietante y su historia inusual. El lugar fue creado por Julián Santana Barrera en la década de 1950, quien comenzó a colgar muñecas viejas en los árboles y estructuras de la isla para protegerse, según él, del espíritu de una niña que había encontrado ahogada en el canal.

Con el tiempo, la isla se llenó de cientos de muñecas en mal estado, lo que atrajo la atención de turistas interesados en historias de miedo y misterio. La zona forma parte del Patrimonio de la Humanidad reconocido por la UNESCO y recibe visitas de personas que buscan experimentar de cerca el ambiente único de la isla.

Años después, Santana Barrera fue hallado muerto en el mismo canal donde aseguraba haber encontrado a la niña. Este hecho reforzó la leyenda local y consolidó la fama de la isla como un lugar donde el miedo y las historias de fantasmas afectan a los visitantes tanto como el propio entorno físico.

A 35 kilómetros de la costa de São Paulo (Brasil) se encuentra la Ilha da Queimada Grande, conocida por su sobrenombre: Isla de las Serpientes. En este pequeño islote vive la Bothrops insularis, una víbora endémica cuyo veneno causa necrosis y fallo orgánico en horas. Se estima una densidad de hasta cinco serpientes por metro cuadrado.

El veneno evolucionó para cazar aves al instante, ya que una presa que huye no puede ser recuperada. El faro de la isla opera de forma automática y solo científicos con protección especial acceden a investigaciones puntuales. La entrada sin autorización equivale a exponerse a uno de los ecosistemas más letales del mundo.

En el centro del Pacífico, el Atolón Bikini soporta el legado de 23 detonaciones nucleares realizadas por Estados Unidos entre 1946 y 1958. La bomba Castle Bravo, la más potente, triplicó la potencia prevista y contaminó el entorno con residuos radiactivos. La exposición a cesio-137 y plutonio sigue presente en el suelo y la fauna local.

La cúpula de Runit, construida para sellar residuos, muestra grietas y amenaza con liberar material tóxico si sube el nivel del mar. Bikini permanece prácticamente deshabitado. Cocos y cangrejos absorben isótopos cancerígenos, haciendo imposible la vida cotidiana sin riesgo extremo.

Entre los canales de Venecia (Italia), la isla de Poveglia es sinónimo de tragedia sanitaria. Desde el siglo XIV, funcionó como lazareto y fosa común para las víctimas de la peste. Análisis recientes confirman un suelo rico en cenizas humanas, resultado de las incineraciones masivas.

Más tarde, la isla albergó un hospital psiquiátrico que cerró en 1968. Las leyendas sobre experimentos y sufrimiento agravan la reputación del lugar. El gobierno italiano prohíbe el acceso y sanciona a quienes infringen la norma. Poveglia representa el peligro biológico e histórico de la memoria europea.

Al sur de Islandia, la isla de Surtsey surgió en 1963 tras una erupción volcánica. La comunidad científica, con apoyo de UNESCO, decretó una prohibición absoluta para preservar el desarrollo natural del ecosistema. Solo un científico a la vez puede ingresar, bajo estrictas normas de descontaminación.

Un incidente con una planta de tomate introducida accidentalmente reforzó los protocolos. Surtsey es uno de los laboratorios naturales más protegidos del mundo, donde el menor descuido podría alterar siglos de evolución biológica.

En el archipiélago de Izu (Japón), la isla de Miyake-jima sigue habitada pese al riesgo constante por las emisiones de dióxido de azufre del volcán Oyama. Tras la erupción del año 2000 y la evacuación total, los habitantes retornaron con reglas estrictas: portar mascarillas antigás y atender las alarmas que advierten sobre concentraciones peligrosas.

La exposición crónica a este gas provoca enfermedades pulmonares y obliga a chequeos de salud regulares. En Miyake-jima, la adaptación y la tecnología permiten una vida cotidiana bajo condiciones extremas.

En el archipiélago de Andamán (India), la isla Sentinel del Norte permanece aislada por decisión y por instinto. Allí habita uno de los pueblos más antiguos y desconocidos del planeta: los sentineleses. El gobierno de India impone una zona de exclusión de 9,2 kilómetros, prohibiendo toda aproximación para evitar tragedias sanitarias y conflictos fatales.

El contacto exterior ha resultado mortal para esta comunidad, que carece de inmunidad frente a enfermedades comunes. En 2018, el estadounidense John Allen Chau fue asesinado tras intentar ingresar para predicar. Décadas antes, una expedición británica dejó víctimas por infecciones. La hostilidad sentinelese es su mejor defensa ante amenazas invisibles.

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