Mariano Martínez en “Lo de Pampita”: “Quiero cuidar mi relación de lo mediático”
Actor y galán en múltiples tiras televisivas, aquí habla de su infancia, los problemas con la dislexia, su nuevo noviazgo, y su aprendizaje como padre. Además, del regreso al teatro con su “socio” de “Son amores”, Nicolás Cabré, en la exitosa comedia “Ni media palabra”
- 🎬 Mariano Martínez es una figura reconocida de la TV argentina con más de 20 años de trayectoria en telenovelas, teatro y cine, y premios que destacan su llegada a públicos jóvenes.
- 🏆 Entre sus logros destaca el Nickelodeon Kids’ Choice Awards Argentina al Actor Favorito en 2015, tras el éxito de Esperanza mía, donde interpretó al sacerdote Tomás Ortiz.
- 🌟 Consolidó su popularidad desde joven: debutó a los 16 años en Por siempre mujercitas y luego brilló en Son amores (2002-2003) como Martín Marquesi, un cantante y futbolista.
- 🎶 Su faceta musical incluye grabar el CD Martín 'Rey Sol' Marquesi y hacer una reversión de canciones con el cantante uruguayo El Reja.
- 🎭 En los últimos años diversificó su carrera hacia la escena teatral y la producción de TV; hoy lidera Ni media palabra junto a Nicolás Cabré y Bicho Gómez en la sala Picasso del Paseo La Plaza, tras un gran suceso en Carlos Paz (ganó Mejor Comedia y Mejor Actor para Cabré).
- 🌆 Nacido en La Boca y criado en Villa Soldati y Avellaneda, su vida transcurre principalmente en el Gran Buenos Aires.
- 💑 En lo personal, estuvo casado con Juliana Giambroni (2012-2015) y tiene dos hijos, Olivia y Milo; luego mantuvo una relación con Camila Cavallo y nació Alma en 2017.
- 🧠 Habla abiertamente de la dislexia que lo marcó desde joven y de la importancia de que el sistema educativo se adapte; admite haber pasado por momentos difíciles durante la fama de joven.
- 💬 En la entrevista, subraya su deseo de cuidar la vida privada y mantener buena relación con sus ex y sus hijos, sin explayarse en lo mediático.
- 💃 En redes, sus videos de 2020 se volvieron virales y muestra una actitud positiva, defendiendo a otros frente a ataques y expresando su gusto por bailar y la música.
- 🏁 Reconoce los golpes de la vida y la importancia de la perseverancia; menciona haber encontrado apoyo en su entorno y en su familia para evolucionar y, en especial, perdonar a sus padres para ser mejor padre.
- 👨👦 Además, recuerda el papel clave de su representante Marcelo Rey, quien lo acompañó y lo educó cuando era joven, antes de que la fama se volviera una carga personal.
Mariano Martínez —5 de diciembre de 1978, Buenos Aires— se consolidó como una de las figuras más reconocibles de la televisión argentina gracias a una trayectoria que abarca más de dos décadas en distintos formatos, desde telenovelas hasta teatro y cine, y por la obtención de galardones que evidencian su llegada al público más joven. Entre sus logros destaca el Premio Nickelodeon Kids’ Choice Awards Argentina al Actor Favorito en 2015, obtenido tras el éxito de Esperanza mía. Su rol protagónico en esa tira, interpretando al sacerdote Tomás Ortiz, marcó un momento central en su carrera.
Sin embargo, la fama llegó años anteriores. Luego de su irrupción juvenil a los dieciséis años en Por siempre mujercitas, Martínez consolidó su perfil en el género de las telenovelas al participar en ciclos emblemáticos como Son amores, transmitida en 2002 y 2003 por Canal 13.
En este proyecto, interpretó a Martín Marquesi, un personaje que combinaba la faceta de cantante y futbolista, que lo catapultó a la popularidad. Un dato relevante de su versatilidad artística es su experiencia en la música, ya que grabó un CD bajo el título Martín ‘Rey Sol’ Marquesi en el que recreó las canciones de dicho personaje. Además de la reversión que hizo el año pasado con el cantante uruguayo El Reja.
En los últimos años, Martínez diversificó sus proyectos abordando propuestas teatrales y sumando experiencias en la producción televisiva. De hecho, por estos días, triunfa con Ni media palabra, la obra que encabeza junto a Nicolás Cabré (otra vez la dupla de ¡Son amores!) y Bicho Gómez, en la sala Picasso del Paseo La Plaza. Tres hombres. Un juego. Una visita tan inesperada como incómoda. Lo que parecía una noche cualquiera se convierte en una sucesión de situaciones imprevisibles, donde nada termina como estaba pensado... Por ahí pasa la historia de esta comedia familiar que viene de un gran suceso veraniego en Carlos Paz (ganó como Mejor Comedia y Mejor Actor, Nico Cabré).
A su trayectoria actoral se suma una faceta personal marcada por la formación y la vida familiar en la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires. Nacido en el barrio de La Boca, Martínez creció en Villa Soldati y más tarde en Avellaneda. Entre 2012 y 2015, estuvo casado con la modelo Juliana Giambroni, con quien tuvo dos hijos, Olivia y Milo. A continuación, entre 2016 y 2020, mantuvo una relación con Camila Cavallo, madre de su hija menor, Alma, nacida en 2017.
Acá, los momentos más destacados de la entrevista:
—¡Recibimos a Mariano Martínez, que además está haciendo teatro, Ni media palabra, un éxito total! Contame un poco la experiencia del contacto con la gente, porque damos por sentado que uno se acostumbró después de tantos años, pero sigue generando esas mariposas en la panza, ¿o no?...
—Sí, claro, genera. A mí me encanta el cariño de la gente, revalidar eso. Con Nico nos sorprendimos grátamente de ver cómo a la gente le gusta vernos juntos otra vez; los dos juntos pasamos a ser como Carozo y Narizota...
-Es que hay todo una generación que fue marcada por esa dupla...
—Total, y esa gente que nos veía cuando eran jóvenes como nosotros traen a sus hijos y les muestran de qué se reían. Y la obra trata de eso, de pasar un buen rato, de que sea una fiesta. Es una fiesta. Está planteada así y así la recibe la gente. Está buenísima.
—¿Y estás con el corazón ocupado?
—Estoy en paz, estoy muy contento.
—¿Te cuesta contar? ¿Querés cuidar un poco esta relación de lo mediático?
—Sí, la quiero cuidar mucho de lo mediático, totalmente. Pero todo, eh, y la mayoría de mi vida personal y privada.
—¿Pero a eventos sí podés ir acompañado?
—Ya fui acompañado. Obviamente me puede acompañar porque es parte de la vida. Pero estar explayándome en mi intimidad, no...
—Claro, no hacer un reality desde casa...
—Ni siquiera explayándome en un textual, ¿eh?
—Ah, ¿tanto así?
—Sí, sí, así.
—¿Y por qué cerrar así la puerta?
—Porque me parece supersano.
—Ah, ¿sí?
—Así se cuida mucho más, porque la verdad que no me hace bien, no me funcionó jamás en la vida. Es una decisión que tomé.
—¿Vos sos de amor a primera vista?
—No, no precisamente.
—Ah, no siempre.
—No.
—Con las ex, ¿cómo te llevás?
—Bien, como te digo, me gusta siempre buscarle el lado bueno a las cosas.
—Viste que hay comunicación prácticamente todos los días.
—Y sí. Lo importante son los chicos, siempre.
—¿Algo que hacés ahora que no te imaginaste que ibas a hacer? Yo paso Navidades y Años Nuevos con todos: ex, familiares, todos.
—Obviamente, buena onda. Yo tengo la mejor onda con Mati, que es el padrastro de mis hijos, y es un tipazo. He ido a comer con él. Después, sí, obviamente cada uno tiene su vida y cada uno tiene su círculo.
—Y sí, si los chicos tienen fiebre, capaz que el remedio se lo da él, ¿viste? O va a buscarlo al colegio...
—Obvio, de hecho, hoy mis hijos más grandes viven con él. Me parece súper importante tener buena onda y buena relación.
—Y sí, porque es nuestro tesoro más grande.
—Sí, es nuestro tesoro más grande.
—Yo creo que parte de mi timidez pasaba porque no encajaba, y en esa época no se sabía de la dislexia. Y era el típico: “Uh, sos un vago”. “Uh, no te da”. “Uh, no sé qué...”. Y a la vez, jamás contaba que a mí me gustaba actuar porque en mi familia no consideraban que yo pudiese tener las condiciones para hacerlo, ¿viste? Porque era recontra introvertido, tímido a un nivel doloroso. Leo —me encanta leer— y a veces tengo dudas de ortografía que digo: “No, mmm, bueno, y ya está”.
—¿Hasta el día de hoy?
—Hasta el día de hoy. Y de hecho, las tablas, por más de que me las estudie de memoria, a los tres minutos se me olvidan, digamos, porque es parte de la dislexia.
—Yo tengo muchos furcios. Me confundo...
—Yo también.
—...los nombres de los invitados.
—(Ríe) Es lo mismo.
—Me confundo los nombres de los hijos de los invitados y me pongo toda colorada y tengo casi cincuenta años. Ahora le agarré cariño a mis errores, dije...
—Claro, tal cual.
—...son parte de mí, ya me río, lo digo en cámara.
—Yo, cuando tenga que hacer un PNT, y tenga que leerlo, pasámelo antes, ¡te lo pido por favor! En el tema dislexia hay que seguir trabajando para que el sistema se adapte al cien por cien. Sé que de a poco los colegios se van aggiornando, van haciendo lo que tienen que hacer, porque si no frustrás a los chicos. Y eso después deriva en un montón de cosas que no están buenas, y que pueden ser muy graves.
—Claro, está el abandono del colegio de muchos chicos por falta de autoestima...
—Claro, o buscar validación en cosas que no están buenas, que habría que decirlas, ¿no? En la droga, en el vandalismo.
—Lamentablemente hay muchos que se dan por perdidos y se rinden en el camino.
—Claro, y la pasan muy mal y son juzgados por sus pares, por su grupo de pertenencia y a veces buscan la aprobación desde la rebeldía extrema, ¿viste?
—Cuando fuiste papá, ¿pudiste ver a tus papás de una manera distinta? Porque en tu caso fueron padres muy jóvenes. ¿Qué tenían, dieciséis, diecisiete años, no?
—Mis padres, sí, dieciséis. Muy niños.
—Recién cuando uno es papá hace el clic, ¿no?
—Sí, obvio, los entendí en muchos aspectos... Los perdoné en lo que hicieron mal también... porque me parecía absolutamente necesario para poder evolucionar, ¿viste? Y poder transmitirle cosas buenas a mis hijos. Si no perdonaba a mis papás, jamás iba a poder hacerlo.
—¿Cómo fueron como papás siendo tan chiquitos los dos?
—Mi mamá siempre fue muy amorosa, y mi viejo, a su manera, también, siempre queriendo dar lo mejor. Obviamente, esto de ser chicos... ellos también traían cosas de sus padres: si bien mi viejo tuvo a sus padres representes, también tuvo sus cosas, pero mi mamá tuvo una vida bastante difícil de chiquita; la madre se fue cuando ella era muy chica: volvía, se volvía a ir, ¿viste? Como que hubo...
—Mucho abandono.
—Sí, fue muy doloroso para ella. Por ser tan chiquita, siempre me decía: “Vos sos como un hermano para mí” (risas).
—Claro, porque fueron creciendo juntos...
—Claro, fuimos creciendo juntos, pero en un punto yo no era el hermano, ¿viste? Pero siempre estuvo muy presente, al pie del cañón, y siempre me cuidó mucho... Con las herramientas que tenía y eso yo lo valoro valoro muchísimo. Es una gran persona mi mamá y mi papá también, claramente. Pero de un tiempo no tan lejano a esta parte yo ya me siento liberado de todo eso. Siento que puedo ser un padre cien por cien y no traer cosas del pasado, ¿viste? Me parece muy importante trabajar eso. Obviamente no es fácil, pero yo te digo que se puede hacer. Y para eso, para cortar ciertas cadenas, es reimportante ser perseverante.
—¿Qué te ayudó para entender? ¿Terapia, fe, evolucionar, tus propios porrazos?
—Muchos golpes
—Desde el 2020 hiciste videos bailando, que fueron muy virales. Tengo acá algún comentarios que te han puesto en las redes. “¡Alguien que le saque el TikTok a Mariano Martínez, por favor!”.
—(Ríe) Eso lo puede haber dicho Rulo (Schijman), mi amigo, que me critica.
—¡Ay, esta me da ternura! “¿Por qué mi marido no se ve así? Me faltó más fe, padre Tomás”.
—(Ríe)...
—Otra: “Cincuenta y seis añitos tiene esa criatura y bastante...”
—¡Cincuenta y seis, me mató! (Ríe). Tengo cuarenta y siete. A mí me causa mucha gracia los comentarios que quieren hacer como para herir... A veces miro, aunque generalmente no. Siento que habla más de ellos que de mí cien por cien. Y después también los halagos los recibo con mucho amor, pero tampoco me los creo. Es como que siento que uno tiene que estar con los pies sobre la tierra. Siento que traspasé como una barrera de todo lo que me puedan llegar a decir...
—Ya no hay prejuicio de nada...
—No, no. Sinceramente, me resbala.
—Te digo algunos más: “¿Sos Wi-Fi? Porque siento una conexión tremenda”..
—(Ríe) ¡Qué bien esa, me la voy a escribir!
—¿Te han encarado las mujeres así en redes?
—Pasa, sí, pasa, pasa.
—¿Y te ponías a charlar?
—A veces sí, obvio.
—¿Por qué no?
—Claro.
—Somos humanos.
—Sí, total.
—Quiero vivir hasta los ciento once años (ríe)...
—¿Te cuidás mucho? ¿Con remedios, con cosas...?
—No, como sano, tomo mucha agua. Para que tome algo de alcohol, un vinito o algo, tiene que ser muy especial la ocasión.
—¿En una cita romántica?
—Pero ¿sabés qué? No me hace falta. Yo con el agua te conquisto (ríe). Bailo, me encanta bailar. O sea, parece por ahí que estoy tomado, pero no. Me gusta mucho bailar y lo puedo hacer con agua, tanto que me dicen: “No, ¿cómo hace?“ No sé. Y yo noto cómo mis amigos se empiezan a deteriorar, ¿viste?
—Y vos seguís ahí arriba.
—Yo sigo arriba, pero con agüita.
—Con el agua te echás cuatro bailes, la rompés. ¿Qué ritmo de baile te gusta?
—Me gusta Luis Miguel. Justin Bieber me encanta y compartimos con mi hija ese gusto; lo conocí cuando él estuvo acá en Argentina.
—¿Cómo es la anécdota con él?
—Pasó que cuando vino a Argentina, la hija de un conocido de Avellaneda tenía leucemia...
—Oh.
—Y este amigo me llama para decirme que el sueño de ella era conocer a Justin Bieber, si podía hacer algo. Y estábamos ahí esperando para hacer el meet and greet, pero Justin no estaba bien, ¿viste? Nosotros pensamos que no iba a salir, la verdad. Y nada... vamos a un lugar resguardado para poder ver y él empieza el show y lo vimos como: “¡Guau!”, el pibe bailaba y cantaba de una manera increíble estando como lo vimos, pobre. Después el recital se suspende y pasó todo lo que pasó... Y como la chica con leucemia no había podido cumplir su sueño... que lo querían demonizar.
—Como si dejara de ser humano, ¿no?
—Claro, y yo lo defendía, porque es un ser humano, no es lindo para nadie meterse en esas cosas.
—¿La industria fue buena con vos?
—Fue, en otro nivel, obviamente cero de compararme. Yo tenía dieciocho años, en ese momento estaba como fanatizado... el dinero y mucha fama y todas las puertas abiertas, y con lo que a mí me había pasado de chico, fue bastante difícil. Tuve que trabajar mucho en eso. No me crucé con la gente correcta. Más allá de la fama y todo lo bueno de poder lograr lo que logré con una novela, en lo personal no eran buenos momentos.
—¿Y cómo te rescataste?
—Tuve suerte. Tuve a Marcelo Rey, que era mi representante, que ya falleció hace mucho tiempo. Fue como un padre para mí, me educaba mucho, me contenía mucho pero así y todo era complicado. Pobre, lo hice renegar un montón.
Mirá la entrevista completa en el video.
Fotos: Candela Teicheira

