A 50 años del asesinato de “Ringo” Bonavena: un mafioso celoso, un casamiento ficticio y un funeral que desafió a la dictadura
El boxeador se había instalado en Estados Unidos en busca de una revancha ante Muhammad Alí. Su acercamiento a Sally Conforte, la esposa de su representante, selló su destino de tragedia
- 🥊 En diciembre de 1970, Oscar “Ringo” Bonavena peleó contra Muhammad Ali en el Madison Square Garden; Ali ganó por knockout en el 15º asalto, y Bonavena deslumbró al mundo (el evento tuvo un rating de 79.1 puntos).
- ✨ A partir de esa noche, Bonavena quiso una revancha con Ali.
- 💼 Buscó la pelea y firmó un contrato de 20.000 dólares con Joe Montano, quien transfirió el dinero a Joe Conforte.
- 🏜️ Conforte era dueño del Mustang Ranch en Nevada y tenía lazos con la mafia; Bonavena llegó a Reno en febrero de 1976.
- 🥊 Bajo ese convenio, Billy Joiner fue el único rival previsto; Bonavena le ganó sin dificultad.
- 💬 Tras esa pelea, Bonavena dijo que el boxeo se había convertido en un “circo” y que no quería pelear más.
- 💘 Sally Conforte, la esposa de Joe, lo protegió y promovió un matrimonio arreglado con Cheryl Anne Rebideaux, conocida como Daisy, para facilitar su estancia.
- 🕵️♂️ Willard Brymer, guardaespaldas de Conforte y ex boxeador, era quien protegía a Sally y tenía historia de enfrentamientos con Bonavena.
- 🔥 En mayo de 1976 Conforte prohibió a Bonavena acercarse al Mustang Ranch y ocurrió un incendio que destruyó sus pertenencias.
- 🔫 El 21–22 de mayo de 1976, Brymer disparó desde lo alto del Mustang Ranch y Bonavena murió en el acto; existen distintas versiones sobre el contexto y el arma.
- ⚖️ En el juicio, Brymer fue condenado por homicidio no premeditado a dos años de prisión; salió en libertad condicional a los 14 meses; Conforte nunca fue investigado.
- 🇦🇷 En Argentina el funeral de Bonavena en Luna Park movilizó a unas 150.000 personas y lo convirtió en un mito nacional, especialmente durante los primeros meses de la dictadura.
Había tantos miles de personas frente a los televisores argentinos, que las mediciones de rating arrojaron 79.1 puntos. La pelea que enfrentó a Oscar “Ringo” Bonavena con Muhammad Alí en el mítico Madison Square Garden de Nueva York, en diciembre de 1970, duró 15 rounds, y aunque Alí venció por knock out en el último, Ringo deslumbró al mundo entero.
Desde esa noche épica que no alcanzó para obtener la victoria, Bonavena, ese hombre forjado en Parque Patricios que se había convertido en protagonista indiscutido de uno de los deportes más populares de la Argentina, quería una sola cosa: revancha.
Hacia 1975, su carrera deportiva, que apenas unos años antes había estado en lo más alto, estaba en franco declive. Pero la sed de un nuevo encuentro con Alí estaba intacta.
Para intentar conseguir ese nuevo enfrentamiento, Bonavena firmó un contrato con Joe Montano, un representante nacido en Puerto Rico que le prometió que la pelea sería un hecho. Fue un contrato de 20.000 dólares que Montano transfirió casi inmediatamente a Joe Conforte.
Conforte tenía 57 años, raíces sicilianas, y vínculos directos con la mafia de Nuevo Jersey. Era dueño, en ese entonces del Mustang Ranch, el prostíbulo más famoso -y reputado- de todo Nevada. Ringo tenía 33 años cuando llegó a Reno, Nevada, el 1º de febrero de 1976. No encontró, exactamente, la “Meca del Boxeo”, sino un escenario más bien degradante.
Billy Joiner fue el único contrincante de Ringo bajo el contrato que había firmado con Montano y que había recaído en Conforte. Bonavena le ganó sin dificultades y sin ganas.
Después de esa pelea le dijo al periodista Cherquis Bialo: “Esto es un circo, viejo… te tiran comida al ring si algo no les gusta. Pan y circo. Yo aquí no peleo más”. Pero aunque no quería pelear más, tampoco quería ni sabía cómo desprenderse de esa vida que había armado en Nevada.
Esa vida incluía un vínculo cada vez más cercano con Sally Conforte, la esposa de Joe. Al siciliano, claro, no le gustaba ese acercamiento entre el boxeador argentino y Sally, doce años mayor que Ringo. Corrían los meses y ese acercamiento hizo que ella se convirtiera en una especie de protectora para el pugilista, incluso ante su propio marido.
Sally le daba dinero cuando Ringo ya no tenía, y hasta impulsó un casamiento arreglado con Cheryl Anne Rebideaux, que trabajaba en el Mustang Ranch, donde la conocían como Daisy. Era la manera de facilitar la documentación que le permitía una estadía más tranquila al boxeador que había conmovido a los argentinos y el corazón de Sally, su protectora.
Había dos problemas: en la Argentina, Ringo estaba legalmente casado con Dora Raffa. Pero además, y sobre todo, “Daisy” era novia de Willard Ross Brymer, guardaespaldas personal de Joe Conforte. Al disgusto del siciliano se sumaba el del hombre que protegía su integridad física.
Brymer había sido boxeador y tenía antecedentes por robo y consumo de drogas. Su desprecio por Ringo había empezado antes de que Sally arreglara el casamiento entre el boxeador y su novia: Bonavena lo había noqueado duramente durante un entrenamiento.
Todo eso fue el caldo de cultivo para que Joe Conforte sintiera que la omnipresencia de Ringo había cruzado todos los límites. En mayo de 1976, en medio de un ataque de ira, el siciliano le prohibió a Bonavena que se acercara a su esposa y al Mustang Ranch.
Los métodos para advertirle sobre su malestar fueron evidentes: mandó a incendiar el tráiler en el que vivía Ringo, que perdió todas sus pertenencias y la documentación que había logrado tramitar. Bonavena previó volver a Buenos Aires hacia el 23 de mayo, para estar en el cumpleaños de su verdadera esposa. Había sido duramente amenazado, y esa amenaza lo había dejado sin pasaporte.
Ringo fue una última vez al Casino Harrah’s. Ya había pasado la medianoche del 21 de mayo y el teléfono del lugar sonó: querían comunicarse con Bonavena. La llamada fue una provocación, una incitación a la pelea, y, sobre todo, el tendido de una trampa. Porque al final de esa noche de apuestas Ringo se subió a su Chevrolet Montecarlo y manejó hasta la entrada del Mustang Ranch.
Lo habían hecho enfurecer durante la llamada telefónica, así que en la reja del prostíbulo al que le habían prohibido acercarse gritaba “voy a entrar como sea”. Uno de los guardaespaldas del lugar, John Coletti, lo vio por la mirilla y le gritó que se fuera. Pero Ringo no se movió.
Willard Ross Brymer, el máximo protector de Joe Conforte, el novio de “Daisy” y el ex boxeador al que Ringo había noqueado apenas entrenando, disparó su fusil Remington 30–06 desde lo alto del Mustang Ranch. Una de las balas perforó el corazón de Ringo y lo mató en el acto.
La familia de Ringo aseguró que al boxeador lo habían ejecutado mientras dormía y que habían trasladado su cuerpo hasta la puerta del Mustang Ranch para simular un presunto enfrentamiento. Además, sostuvieron que le habían plantado un arma en su bota derecha, algo con poco sentido, dado que Bonavena era zurdo.
En medio de las distintas versiones, se inició un proceso judicial por demás polémico. Brymer declaró que se había sentido intimidado y que, en medio de ese miedo, disparó accidentalmente. Además, su abogado presentó pruebas de que el ejecutor de Ringo tenía una “disminución visual en el ojo derecho” para argumentar que no había decidido con precisión apuntar al corazón.
Stanley Gregory, el juez de la causa, decidió que se había tratado de un homicidio no premeditado y condenó al guardaespaldas de Conforte a sólo dos años de prisión. A los 14 meses, Brymer salió bajo un régimen de libertad condicional. El siciliano, por su parte, nunca fue investigado por el crimen. Huiría a Brasil pero por otros problemas: lo acusaban de evadir impuestos.
En Argentina, el impacto del asesinato de Bonavena fue enorme. El cadáver de ese boxeador que se había convertido en un ícono popular llegó una semana después del homicidio. Lo velaron en el Luna Park, el epicentro del boxeo argentino. Lo despidieron unas 150.000 personas y hubo hasta treinta cuadras de fila para visitar el féretro. Ninguna otra figura del deporte, las artes o el espectáculo había tenido un adiós tan multitudinario. Ni siquiera Gardel.
Esa despedida, que implicó que miles y miles de personas se reunieran en la calle durante los primeros meses de una dictadura férrea que acababa de instalarse en el poder, terminó de convertir a Bonavena en uno de los grandes mitos argentinos, para siempre.

