La oncóloga que diseñó un stent para frenar el cáncer: “¿Y si pudiéramos detener la enfermedad en la primera célula?”

La doctora Azra Raza, especialista de la Universidad de Columbia, investiga la aplicación de un implante para detectar y eliminar células tumorales mediante impulsos eléctricos. En qué consiste la técnica aún no probada en humanos
- 🧬 Idea central: interceptar el cáncer en etapas muy tempranas mediante un stent con sensores (stentinel) que vigilaría señales en la sangre y podría activar una descarga para destruir células anómalas.
- 🏥 Enfoque actual de la medicina: se ha dedicado gran parte de los recursos a tratar tumores ya visibles, con cirugía, radioterapia, quimioterapia, terapias dirigidas e inmunoterapia.
- ⏳ Propósito: diagnosticar e intervenir en una fase anterior, cuando la enfermedad quizá aún no ha causado daños ni síntomas.
- 🧪 El proyecto está en fase preclínica: pruebas en laboratorio y en animales; aún no se están realizando ensayos en humanos.
- 🗽 La investigación se desarrolla en la Universidad de Columbia (New York) y el Centro de Síndromes Mielodisplásicos (SMD).
- 🩸 El dispositivo buscaría señales anómalas observando el flujo sanguíneo en una vena del brazo y podría detectar células tumorales o biomarcadores.
- 🔎 La selección se basaría en el tamaño de las células, pero el tamaño por sí solo no confirma cáncer; se requieren pruebas para diferenciar entre células malignas y otras grandes.
- 💧 Forma parte del campo de biopsias líquidas, analizando señales como ADN tumoral y proteínas, aunque las señales tempranas pueden ser difíciles de distinguir.
- ⚠️ Seguridad y eficacia son críticas: el stent sería un implante vascular y su descarga eléctrica, alcance y efectos sobre tejidos deben evaluarse cuidadosamente.
- 🚫 No es una cura ni un tratamiento disponible; aún se deben demostrar beneficios, evitar sobrediagnóstico y falsos positivos, y definir criterios clínicos.
- 📅 El equipo estima entre 6 meses y 1 año para la fase preclínica; podría avanzar hacia ensayos en humanos; las primeras 50 personas podrían recibir el implante en 2029, sujeto a regulaciones.
- 🧠 Si funciona, podría emplearse también para vigilar otras enfermedades como trastornos neurodegenerativos, diabetes y Alzheimer.
¿Y si, en lugar de perseguir el cáncer hasta su última célula, pudiéramos detenerlo en la primera? Azra Raza, reconocida oncóloga e investigadora de la Universidad de Columbia en Nueva York, ha perseguido desde hace cuatro décadas una idea innovadora: la posibilidad de detectar una alteración celular antes de que se convierta en un tumor.
En los últimos años, la medicina concentró gran parte de sus recursos en combatir tumores ya visibles, con cirugías, radioterapia, quimioterapia, terapias dirigidas e inmunoterapia.
La idea de Raza, que constituye el núcleo de su aclamado libro The First Cell (La primera célula), consiste en vigilar señales mínimas en la sangre plantea intervenir en una etapa anterior, cuando la enfermedad quizá todavía no produjo daños ni síntomas.
Esto representa un cambio de enfoque frente al cáncer, una enfermedad que provoca millones de muertes cada año en el mundo.
El proyecto, denominado “stentinel”, combina la estructura de un stent —un pequeño tubo que suele utilizarse para mantener abierto un vaso sanguíneo— con sensores electrónicos. La especialista propone que identifice señales anómalas en la sangre y, si los estudios futuros demuestran su seguridad y eficacia, actuar sobre ellas mediante impulsos eléctricos. La tecnología aún está en desarrollo.
La especialista explicó su idea durante el programa No Time But Now, un podcast de video semanal presentado por el actor estadounidense William Shatner, célebre por su papel de Capitán James T. Kirk en la serie de TV y películas Star Trek, junto a su hija Melanie Shatner Gretsch, ambos sobrevivientes del cáncer en estadio 4.
Esa perspectiva no reemplaza los tratamientos actuales ni las estrategias de prevención, pero expresa una meta de la investigación oncológica: que un diagnóstico deje de llegar tarde.
Tecnologías capaces de identificar biomarcadores, seguir cambios celulares y orientar controles personalizados podrían ofrecer a médicos y pacientes más tiempo para tomar decisiones. El desafío exige pruebas rigurosas y años de desarrollo, aunque también abre la expectativa de una medicina que no espere al avance del cáncer para actuar.
La profesora de Medicina y directora del Centro de Síndromes Mielodisplásicos (SMD) de la Universidad de Columbia en Nueva York describió su idea que implica la colocación de un stent con componentes electrónicos que busque identificar células anómalas en la sangre y que aplique una descarga eléctrica.
El proyecto aún requiere pruebas en animales y ensayos clínicos en personas, pero la idea de vigilar señales mínimas en la sangre plantea intervenir en una etapa anterior, cuando la enfermedad quizá todavía no produjo daños ni síntomas.
“Un pequeño implante vascular podría abrir una vía para detectar y destruir células cancerosas antes de que formen un tumor visible. Se trataría de un stent con componentes electrónicos que se colocaría en una vena del brazo, registraría alteraciones en el paso de la sangre y actuaría sobre las células que identifique como anormales”, graficó Raza.
“Lo que tengo en la mano es la cura para el cáncer”, dijo Raza mientras mostraba una jeringa durante el programa. Sin embargo, aclaró de inmediato que el elemento decisivo no se encontraba en el líquido de la jeringa, sino en la aguja. Su idea apunta a un sistema implantable, no a una inyección que cure el cáncer en pacientes.
La médica describió una tecnología que, según su planteo, podría detectar células de mayor tamaño que las células sanguíneas habituales. El implante generaría un campo eléctrico y mediría la impedancia que provoca cada elemento al atravesarlo. Si el dispositivo reconociera una célula compatible con una célula tumoral, aplicaría una descarga eléctrica para destruirla.
La premisa parte de una pregunta que ocupa desde hace décadas a investigadores, médicos y pacientes: si el cáncer surge a partir de alteraciones celulares, ¿es posible interceptar esas células antes de que crezcan, se multipliquen y se vuelvan visibles en un estudio por imágenes? La respuesta todavía no llegó a la práctica clínica, pero forma parte de uno de los campos más activos de la investigación oncológica: la detección precoz a través de señales presentes en la sangre.
La trayectoria de la doctora Raza combina la atención clínica, la investigación de laboratorio y el estudio de enfermedades de la médula ósea y de la sangre.
El Centro de Síndromes Mielodisplásicos (SMD) de la Universidad de Columbia, donde trabaja, ya reunió más de 50.000 muestras de pacientes con síndromes mielodisplásicos y leucemia aguda, una colección que la especialista usa como base para estudiar diferencias entre tumores y respuestas a tratamientos.
El dispositivo recibe el nombre de “stentinel”, una combinación de las palabras inglesas stent y sentinel, que significa centinela. Un stent tradicional consiste en una malla tubular que mantiene abierto un vaso sanguíneo. Se utiliza, por ejemplo, en arterias coronarias. La propuesta de Raza traslada esa estructura a una vena del brazo e incorpora sensores electrónicos en su superficie.
Según la explicación de la oncóloga, el aparato no buscaría un tumor ya establecido en un órgano específico. Su función sería vigilar de forma continua el flujo sanguíneo. La sangre circula por todos los tejidos y puede transportar células desprendidas de un tumor, fragmentos de ADN, proteínas y otros biomarcadores. Ese rasgo convierte a la sangre en una fuente atractiva para la investigación del cáncer, aunque también impone obstáculos científicos importantes.
Las células tumorales circulantes existen. Son células que se desprenden de un tumor y pasan al sistema circulatorio o linfático. Su hallazgo puede aportar información sobre la enfermedad, su posible diseminación y la respuesta a un tratamiento. Sin embargo, encontrarlas resulta difícil, sobre todo en las fases tempranas. En muchos casos, aparecen en cantidades muy bajas o no aparecen en la muestra de sangre analizada.
La tecnología que plantea Raza pretende superar una limitación de los análisis periódicos de sangre. Un análisis convencional ofrece una fotografía de un momento puntual. El implante, en cambio, buscaría observar de modo permanente lo que pasa por una vena. La diferencia resulta central en la lógica del proyecto: una célula tumoral podría circular entre una extracción y otra sin que un examen de rutina la registre.
La doctora explicó que el sistema usaría el tamaño de las células como una primera señal. Las células cancerosas suelen presentar dimensiones, formas y propiedades físicas distintas de las células sanguíneas normales. Pero el tamaño por sí solo no confirma que una célula sea maligna. El diseño necesita demostrar que diferencia con precisión una célula tumoral de otras células grandes, células inflamatorias, grupos celulares o alteraciones sin relación con un cáncer.
Ese desafío forma parte de la investigación internacional sobre biopsias líquidas. El concepto reúne estudios que analizan en la sangre señales vinculadas con un tumor, como ADN tumoral circulante, proteínas, vesículas extracelulares o células tumorales completas. La ventaja potencial consiste en obtener información sin una biopsia de tejido. La dificultad radica en que las señales tumorales tempranas pueden ser escasas y confundirse con cambios vinculados con la edad, la inflamación, una lesión o enfermedades no oncológicas.
Raza no limita la utilidad futura del dispositivo al cáncer. Durante la entrevista, planteó que un sistema capaz de reconocer biomarcadores en la sangre podría servir para vigilar otros trastornos, entre ellos enfermedades neurodegenerativas, diabetes y Alzheimer. Esa posibilidad también depende de una condición básica: cada enfermedad requiere marcadores validados, una señal detectable y criterios clínicos que indiquen qué hacer ante un resultado anormal.
En oncología, detectar antes no siempre equivale a salvar más vidas. Una prueba útil debe mostrar que identifica una enfermedad que requiere intervención, reduce la mortalidad y evita daños mayores que sus beneficios. Un examen puede descubrir lesiones que jamás habrían causado síntomas, un fenómeno conocido como sobrediagnóstico. También puede arrojar resultados falsos positivos, que llevan a nuevas pruebas, procedimientos invasivos, ansiedad y tratamientos innecesarios.
Por ese motivo, la prevención y el diagnóstico temprano no se reducen a localizar cualquier anomalía. Los médicos necesitan conocer la sensibilidad y especificidad de cada método, el tipo de cáncer que puede detectar, el momento en que la prueba aporta valor y el camino de atención posterior. Una señal en sangre sin una lesión localizable plantea una pregunta compleja: cómo confirmar el diagnóstico y cómo decidir un tratamiento sin exponer a la persona a riesgos indebidos.
La propuesta de Raza incorpora una segunda ambición: destruir una célula anómala apenas el aparato la detecte. Ese paso eleva aún más la exigencia científica. El dispositivo tendría que acreditar que identifica la célula correcta, que la descarga no daña la pared del vaso ni las células sanas y que la eliminación de una célula circulante modifica de forma real el curso de la enfermedad.
También debería probar que el cáncer no puede desarrollarse a partir de células que el aparato no alcance, que no pasen por esa vena o que permanezcan en un tejido. Los tumores son enfermedades biológicamente diversas. Un mismo tipo de cáncer puede presentar mutaciones, velocidades de crecimiento y mecanismos de escape distintos entre pacientes. Por eso, una estrategia universal exige pruebas amplias y resultados consistentes en poblaciones diversas.
El proyecto se encuentra en una fase anterior a los ensayos clínicos en seres humanos. Raza explicó que los componentes electrónicos ya pasaron pruebas de laboratorio con señales simuladas y que el stent físico se encontraba en etapa de fabricación. El próximo paso, según relató, consiste en implantar el dispositivo en animales de gran tamaño, como cerdos, para inyectar células de diferentes dimensiones y comprobar si el sistema las detecta y elimina.
La oncóloga estimó que esa fase preclínica requeriría entre seis meses y un año. Después, el equipo podría avanzar hacia estudios con personas que atravesaron un cáncer y presentan alto riesgo de recaída. Raza expresó su expectativa de que las primeras 50 personas lleven el implante en 2029, aunque esa fecha corresponde a una previsión del equipo y no a un cronograma regulatorio confirmado.
La seguridad constituye un aspecto central porque el stent permanecería dentro de una vena. Los ensayos tendrán que evaluar riesgos propios de todo implante vascular, como coágulos, lesiones en el vaso, infecciones, fallas mecánicas o reacciones vinculadas con el material. La función eléctrica añade preguntas sobre la intensidad de la descarga, su alcance y sus efectos sobre los tejidos cercanos.
Mientras ese proceso avanza, las recomendaciones vigentes para la prevención y detección del cáncer no cambian. Los controles deben adaptarse a la edad, los antecedentes familiares, la predisposición genética, las exposiciones ambientales y los riesgos particulares de cada persona.
Las mamografías, colonoscopias, pruebas de cuello uterino, estudios de pulmón para determinados grupos de alto riesgo y consultas médicas continúan como herramientas respaldadas para poblaciones específicas.
La hipótesis de un centinela electrónico dentro de una vena todavía pertenece al terreno de la investigación. Su valor dependerá de lo que muestren los experimentos: si reconoce señales tumorales con precisión, si actúa sin provocar daños y si mejora resultados que importan para los pacientes. Hasta entonces, el dispositivo no constituye una cura contra el cáncer ni un tratamiento disponible.

