Interna peronista: Kicillof consolida su figura mientras Cristina Kirchner afronta rebeliones contra su liderazgo

El Gobernador asumirá al frente del PJ bonaerense tras un acuerdo con el kirchnerismo. Con críticas internas pero con mayor apoyo, gana poder al mismo tiempo que lo pierde la expresidenta
- 🔄 Cambio de liderazgo en el PJ Bonaerense: Kicillof asumirá la presidencia; reemplaza a Máximo Kirchner; quedan por definir los consejeros y Verónica Magario será la vicepresidenta primera.
- 🗳️ MDF busca peso: el MDF quiere más lugares en el partido para asegurar que el liderazgo de Kicillof tenga mayor influencia en decisiones estratégicas.
- ⚖️ Salto arriesgado: la maniobra podría generar interpretaciones sobre un giro político; la distribución de cargos será clave para la proyección pública de la renovación.
- 🧭 Desafío al liderazgo: Kicillof fortalece su gestión pese a la presión de intendentes que piden respuestas más rápidas y un estilo de conducción más directo.
- ⚔️ Tensiones con el kirchnerismo: Cristina Kirchner queda aislada por condena, y aparece una resistencia dentro del peronismo de la provincia frente a su conducción.
- 🌐 Cambio de época y proyección nacional: el movimiento busca reflejar un giro del peronismo hacia un perfil más nacional, más allá de la provincia.
- 🗺️ Resonancias desde el interior: dardos contra CFK llegan desde varias provincias que quieren mayor protagonismo nacional, pendientes de la interna bonaerense.
- 🗺️ Plan de federalización: Kicillof pretende fortalecer Unión por la Patria como polo de poder y expandir la influencia del MDF en otras provincias.
- 🧩 Dos narrativas y fricciones: se perfilarán una historia en La Plata y otra en San José 1111; la discusión entre libertad para CFK y mirada hacia 2027 se intensifica.
- 🤝 Unidad como eje: la unidad se mantiene como argumento central para justificar movimientos internos; Kicillof asume y busca consolidar el control tras seis años como gobernador.
El desembarco de Axel Kicillof al frente del PJ Bonaerense es un hecho. En la noche de este viernes se cerró un acuerdo de cúpulas para que el Gobernador reemplace a Máximo Kirchner en la silla presidencial del partido. Lo que resta definir durante el sábado son los consejeros. La vicepresidencia primera será para Verónica Magario, la compañera de fórmula del Gobernador. La repartija marcará los vencedores y vencidos de la negociación justicialista.
Kicillof se decidió a aceptar la presidencia del partido. Después de decir que no, terminó cambiando de idea tras la propuesta de Kirchner, quien ejecutó una jugada de presión que le terminó saliendo tal cual como la pensó. Salvó por el desembarco de la matancera en la vicepresidencia del partido.
En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) huboe una decisión de jugar fuerte en el tramo final de la negociación para quedarse con la mayor cantidad de lugares en el partido. El argumento central fue que el mayor porcentaje del peronismo bonarense, identificado en los intendentes, los movimientos sociales y los sindicatos, está detrás del liderazgo de Kicillof. Exigen tener más peso específico en los lugares estratégicos del PJ.
Para el Gobernador es un salto arriesgado el que decidido dar. Porque tendrá que soportar una lluvia de interpretaciones políticas sobre el cambio de rumbo que pretende tomar. El porcentaje de lugares que queden a su nombre en el partido y la importancia de esos puestos, serán importantes para la presentación en sociedad de la renovación de autoridades. Esa puesta en escena será una muestra de qué tan fortalecido quedó el mandatario provincial en esta nueva negociación política con sus enemigos íntimos.
Kicillof trabaja en el fortalecimiento de su liderazgo. Lo hace con un estilo que pone muy ansiosos, y fastidiosos, a algunos intendentes que lo siguen. Son aquellos que esperan resoluciones más rápidas y concretas. Menos deliberación y más conducción vertical. Lo cierto es que el Gobernador tiene un estilo determinado, diferente al de los caciques del conurbano, y, hasta aquí, ha dado pasos hacia adelante. Más rápido o más lento, pero casi siempre para adelante. Cada uno con su librito.
Existe también una contraposición de fuerzas que, a medida que pasa el tiempo, va quedando más marcada. Kicillof gana terreno dentro del peronismo bonaerense, al mismo tiempo que Cristina Kirchner lo pierde. Su condena y su detención la aislan del sistema político y del electorado. Es una realidad que intenta combatir pero que va quedando configurada a medida que pasa el tiempo. La dirigencia que le responde disminuye y los conflictos que surgen tienen que ver con la reticencia a su conducción o, por carácter transitivo, a la de su hijo.
El cristinismo más duro parece estar en una etapa de resistencia en la provincia de Buenos Aires, mientras que el kicillofismo, aún con desencuentros internos, avanza hacia la ruptura del molde kirchnerista. Sea o no candidato a presidente, Kicillof puso en marcha un cambio de época en el peronismo. Iniciado desde la provincia que conduce pero que, en el tiempo que viene, tendrá un alcance nacional. Se animó a enfrentar a la líder más importante que tuvo el peronismo en los últimos años.
Los dardos contra CFK salen desde diferentes provincias. Desde Salta y Jujuy, donde los PJ locales están en conflicto, pasando por Córdoba, Entre Ríos y Mendoza, donde el peronismo local está empujando la renovación de una etapa. Los dardos salen también desde Chubut y San Luis. Hay una gran cantidad de dirigentes del interior del país que quieren tener mayor protagonismo este año en el armado nacional del peronismo, pero que esperan que haya una resolución más clara en la interna bonarense. La guerra de la familia kirchnerista afecta cualquier movimiento nacional.
Kicillof tiene en su hoja de ruta fortalecer el esquema de gobernadores de Unión por la Patria, como un polo de poder más firme y participativo en las decisiones del espacio político. Ese movimiento que tiene planeado es también una forma de federalizar su imagen, saltar el alambrado bonaerense y darle un marco de contención simbólica a la construcción del MDF en distintas provincias del país. Nacionaliza su figura y la impregna de un debate de temas que tiene que ver más con lo nacional que con lo provincial.
Hace tiempo que el peronismo está en un laberinto del que le cuesta salir. La interna bonaerense se convirtió en una historia interminable y no aparecen referentes potentes que marquen la cancha en la discusión nacional. “Lo de Cristina es un ciclo terminado, pero Kicillof no se anima a ser jefe”, le dijo a Infobae un gobernador peronista que huele las vicisitudes del poder a la distancia.
Esa frase es el reflejo de un pensamiento con el que se convive en el peronismo del interior. Es una mirada entre tantas que subsisten en el universo justicialista. La discusión está encerrada en la vida del kirchnerismo. A lo sumo, se expande hasta las vertientes menos K del peronismo bonaerense. Por el momento, no hay otros nombres propios que rompan ese cerco desde afuera hacia adentro. Que provengan del interior y logren correr el debate político interno hacia un lugar que no sea la provincia de Buenos Aires.
La llegada de Kicillof al PJ Bonaerense generará múltiples miradas sobre el lugar en el que va a quedar parado en este capítulo de la interna. Eb su vocación de construir un proyecto presidencial y edificar un liderazgo más sólido, está una de las claves para exprimir los beneficios de asumir al frente del partido.
Marcar la historia como un triunfo sobre La Cámpora por tomar el control del PJ, más que una derrota ante Máximo Kirchner, por aceptar las reglas del juego que impuso al pedir su cabeza para la presidencia partidaria. Habrá dos historias para contar sobre la conformación del PJ Bonaerense. La que cuenten en La Plata y la que esté legitimada en San José 1111. Con el tiempo perderán fuerza pero, mientras tanto, serán motivo de alguna factura anclada en el pasado.
Después vendrán las fricciones por el perfil que tome el partido. El camporismo pedirá a gritos que el reclamo por la libertad de CFK esté en el tope de la agenda partidaria, mientras que el kicillofismo, sobre todos los intendentes, desean que la mirada sea hacia adelante, con una propuesta que enfrente a las políticas de Milei y sirva para pensar la fuerza opositora del 2027.
La unidad siempre será el argumento central para justificar cualquier movimiento dentro del partido. Un argumento a veces real y otras veces estirado y sobreutilizado frente las decepciones internas con las que convive el peronismo de la provincia de Buenos Aires. Kicillof aceptó un nuevo desafío y asumirá la presidencia del PJ Bonaerense. Empezó el año dando una señal clara respecto a su rol. Cedió ante el pedido de Kirchner y varios de los intendentes del MDF pero, al mismo tiempo, tomó el control del partido después de ser seis años gobernador.