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250 muertes, ciudades bajo escombros y un tsunami arrollador: el recuerdo del terremoto más devastador en la historia de Colombia

250 muertes, ciudades bajo escombros y un tsunami arrollador: el recuerdo del terremoto más devastador en la historia de Colombia
Dufume
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El temblor de la mañana del 10 de agosto reabre la memoria de la catástrofe del 12 de diciembre de 1979, cuando se registró un sismo que ascendió a 8,1 en la escala de Richter y se convirtió en el peor terremoto ocurrido en territorio colombiano. Réplicas, aislamiento en la costa del Pacífico, cifras que tardaron días en aparecer y pueblos en ruinas

AI
  • ⚡️ Se registró un sismo de magnitud 7,4 en la escala de Richter en Colombia, con epicentro a unos 640 km al sur de Bogotá.
  • 💥 El terremoto más devastador de la historia de Colombia fue el de 12 de diciembre de 1979, de magnitud 8,1, que dejó dos ciudades en ruinas.
  • ⏱️ Dos réplicas fuertes siguieron al temblor: a las 3:02 y a las 3:04.
  • 💔 Más de 250 muertos, alrededor de 100 desaparecidos, unas 15.000 personas heridas y alrededor de 200.000 sin vivienda; las pérdidas materiales fueron millonarias.
  • 🌊 Un maremoto en el Pacífico acompañó al sismo, arrasó el islote San Juan y causó cerca de 200 muertes; las olas alcanzaron hasta 5 metros.
  • 📍 Las localidades más afectadas fueron El Charco, San Juan de la Costa, Mosquera y Tumaco; este último quedó aislado y sin servicios.
  • 🚧 Los esfuerzos de rescate enfrentaron grandes obstáculos: las carreteras estaban cortadas y fue difícil enviar helicópteros y lanchas.
  • 🗣️ Testimonios desde Tumaco describen escenas de desesperación, hambre y pérdidas entre la población afectada.
  • 🏛️ El presidente de ese entonces, Julio César Turbay Ayala, prometió ayuda y reconstrucción, llamando a la unión de los colombianos.
  • ⏳ Hubo réplicas continuas tras el sismo, algunas de hasta 5,0 en la escala de Richter, que se extendieron hasta el 7 de enero de 1980.

Con una intensidad de 7,4 en la escala de Richter, el terremoto registrado esta mañana en Colombia es uno de los de mayor magnitud entre los ocurridos en el país. Sin embargo, el peor del que se tiene registro, por su intensidad y sus consecuencias, data del 12 de diciembre de 1979, cuando un sismo de 8.1 sacudió gran parte del territorio colombiano y dejó dos ciudades en ruinas.

La tierra tembló por primera vez a las 2.59 de la madrugada de ese viernes y tuvo dos fuertes réplicas inmediatas, una a las 3.02 y a las 3.04, con epicentro a 640 kilómetros al sur de Bogotá. Solo días más tarde se llegaría a establecer con relativa precisión el saldo de la catástrofe: más de 250 muertos, un centenar de desaparecidos, alrededor de quince mil heridos, unas doscientas mil personas sin vivienda y pérdidas materiales por cientos de millones de dólares. Porque al temblor de tierra le siguió un tsunami devastador.

La causa del sismo fue determinada por el Instituto Sismológico de Canadá, cuyos expertos informaron que la tierra se había abierto en el fondo del océano Pacífico. Además, hicieron una advertencia preocupante: “Los temblores pueden continuar hasta que se cierre”, dijeron. Las localidades más afectadas fueron El Charco, San Juan de la Costa, Mosquera, Tumaco y varios caseríos costeros. El Charco y Tumaco quedaron aisladas del resto del país, con todos los servicios destrozados y sus pobladores viviendo una espiral interminable de hambre, sed y un calor abrasador que empeoraba aún más las cosas.

La población costera de Tumaco quedó arrasada. Al día siguiente, los primeros periodistas que pudieron llegar a la zona empezaron a enviar despachos con desgarradores testimonios de los sobrevivientes. “Atada a la camilla de un hospital de campaña, Mónica Delmar Sabogal ya no quiere vivir. Ha tratado de matarse quitándose la cánula a través de la cual le suministran suero. Lo ha intentado en dos oportunidades hasta que el médico dio la orden de atarla. A ella no le interesa seguir viviendo, alguien le ha dicho que su madre ha muerto durante el terremoto. Mónica vivía sola con ella, ya no que queda nadie en el mundo”, decía un cable de la agencia UPI. “Acaban de identificar a un hombre, se llamaba Julio Martínez. A su lado han dejado otros dos cadáveres cubiertos por una lona. Son más pequeños, parecen de niños. El soldado que los custodia cuenta que son los dos hijos del hombre. Dice que cuando caminaban por la calle del Comercio en busca de refugio, después del temblor, una columna de alumbrado les cayó encima y los tres murieron al instante”, continuaba el texto.

La crónica, que llegó de Tumaco a Bogotá llevada por el piloto de un helicóptero militar, terminaba así: “Tumaco ya no existe. Solo quedan los esqueletos de unas pocas casas en pie. En el improvisado centro de Defensa Civil, una sencilla carpa montada en la plaza, nadie quiere hablar de cantidades, pero los muertos se cuentan por decenas. Los pocos médicos que han llegado no descansan tratando de salvar las vidas de los heridos que las brigadas de rescate o los mismos vecinos han sacado de entre los escombros. Al momento de enviar este despacho se aproxima la noche y en el aire flota la sensación de que, con las luces del día, cada vez más débiles, se irán también las esperanzas de rescatar más sobrevivientes”.

Apenas ocurrido el sismo, el ejército y la marina colombianas intentaron enviar al lugar de la catástrofe a varios escuadrones, que partieron desde Cali y Bogotá, pero fue inútil: los damnificados no pudieron ser socorridos ni rescatados porque los caminos estaban cortados y resultaba muy difícil enviar helicópteros y lanchas. Esto hizo que pueblos enteros se convirtieran en cementerios debajo de los escombros.

Un cronista radial de la cadena Todelar contó desde Tumaco cómo cientos de personas vagaban por las calles buscando sobrevivientes y trataban de conseguir agua. “La angustia y el hambre están provocando el saqueo de los pocos almacenes que quedan en pie, y los que se desplomaron también, ya que la gente se abre paso entre los escombros buscando una lata de conservas… Ni siquiera queda agua para beber”, describió.

Doce horas después del primer terremoto, Dora Urrego, coordinadora de Defensa Civil de El Pasto, otra de las poblaciones afectadas, hizo un dramático balance de la situación: “Esta catástrofe destruyó la cuarta parte del territorio colombiano. Aquí todo es miseria, muerte y desolación. La falta de comunicación ha impedido, además, agilizar el envío de grupos de rescate, comida y medicamentos”, declaró.

Los catastróficos efectos del sismo fueron potenciados por un maremoto en el Pacífico que arrasó el islote San Juan y causó la muerte de alrededor de doscientas personas. Las olas, que alcanzaron una altura máxima de cinco metros, destruyeron además varias aldeas costeras y hundieron seis barcos de pesca con unos cuarenta tripulantes a bordo.

En Bogotá y otras ciudades importantes en Colombia, el sismo hizo temblar a los edificios más altos, pero sin causar víctimas ni daños significativos. Por eso, cuando ese mismo día el entonces presidente Julio César Turbay Ayala se mostró frente a las cámaras de televisión, la mayoría de sus compatriotas no conocía todavía el verdadero alcance del temblor que esa madrugada había sacudido el litoral del país. “En estos momentos de duelo y dolor, los colombianos debemos mantenernos más unidos y enteros que nunca. Los convoco a todos, sin excepción, a colaborar con nuestros compatriotas que han sido víctimas del terremoto. Estoy convencido de que, una vez más, sabremos demostrar nuestra fortaleza y solidaridad. El gobierno ha tomado todas las medidas a su alcance para socorrer a las víctimas y hará todo lo necesario para reconstruir las ciudades afectadas. Sabemos que no estamos solos en esta difícil tarea. Todo el pueblo de Colombia nos acompaña en ella”, dijo el mandatario.

Más allá de las palabras presidenciales, Colombia entera siguió en vilo durante casi un mes, no solo por las interminables tareas de rescate de cadáveres sino porque al gran terremoto le siguieron numerosas réplicas, algunas de las cuales alcanzaron una intensidad de 5,0 en la escala de Ritcher, que se prolongaron hasta el 7 de enero de 1980 y renovaron el pánico una y otra vez.

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