“Por qué Messi dejó de correr a los 24 años”: el puntilloso informe que explica la metamorfosis del ídolo argentino

Un analista trazó una línea de tiempo desde Rijkaard hasta Scaloni para explicar cómo influyeron los ajustes tácticos en el rendimiento del goleador histórico de la Selección
- 🚀 Inicio en Barcelona (2007): Messi era un extremo derecho veloz; Rijkaard lo movió a la banda para evitar desgaste y dejarle fresco para el uno contra uno.
- 🧠 2009: Guardiola lo convirtió en falso nueve; pasó a moverse entre mediocampo y defensas, liberando a Xavi e Iniesta y ahorrando energía.
- ⏳ Al asumir esa posición, Messi caminó más y llegó fresco a los momentos decisivos, mientras el equipo mantenía la circulación para crear espacios.
- 🧩 2014-2015: Rakitić cubría la banda derecha como escudero defensivo, liberando a Messi para elaborar y asociarse dentro; la MSN funcionó con Suárez y Neymar.
- 🏆 2015: Ese sistema permitió a Messi no solo romper defensas, sino decidir dónde y cuándo atacar, con la Champions como hito.
- 🛡️ 2017: Valverde implementó un 4-4-2 que protegió más a Messi y le dio libertad para organizar desde el interior, reduciendo su desgaste defensivo.
- 🎯 Scaloni en Argentina: construyó el equipo alrededor de Messi; De Paul, Enzo Fernández y Mac Allister cubren su labor defensiva; Julián Álvarez aporta movilidad y profundidad para completar el esquema.
- 🏟️ Mundial Qatar 2022: Messi fue MVP con 7 goles y 3 asistencias; mostró lectura de juego y momentos decisivos a los 35 años, con el equipo compensando su menor esfuerzo defensivo.
- 🔑 2026 y conclusión: a los 39 años, suma ocho goles y cuatro asistencias; la idea central es que Messi no cambió su esencia, sino que encontró entrenadores que se adaptaron a ella para alargar su impacto sin sacrificar rendimiento.
Lionel Messi sigue en la élite del fútbol mundial y su vigencia no deja de asombrar. A lo largo de su carrera, sus entrenadores lo ubicaron en diferentes sectores del campo de juego, con roles cambiantes que se fueron ajustando a la táctica. El creador de contenido y analista español Pedro Sáez realizó un puntilloso informe en el cual explica al detalle la metamorfosis del astro rosarino y plantea por qué dejó de correr a los 24 años.
En el video se detalla que Messi transformó su juego cinco veces en 20 años y ese es el secreto de una longevidad que desafía cualquier precedente en el fútbol de élite. El análisis táctico que se encuentra completo en el canal Pedro el Ingeniero junto a otros contenidos relacionados con la táctica, reconstruye con precisión cómo cada entrenador que tuvo el argentino —desde Frank Rijkaard hasta Lionel Scaloni— lo fue liberando progresivamente de cargas defensivas para concentrar toda su energía en lo que mejor hace: meter goles y hacer ganar al equipo.
De acuerdo con el informe, el punto de partida es 2007, cuando Leo jugaba en el Barcelona de Rijkaard. Era un extremo derecho de explosión pura, velocidad y capacidad para recorrer 40 o 50 metros dejando rivales en el camino. El técnico neerlandés ya había detectado algo que los demás apenas intuían: forzar a la joven estrella a participar en la elaboración desde el centro del campo significaba desgastarlo físicamente antes de tiempo. La solución fue ubicarlo en la banda derecha, donde podía recibir abierto, atacar con la pelota dominada y generar el desequilibrio sin sumar kilómetros innecesarios. En un equipo catalán que giraba alrededor de Ronaldinho y Samuel Eto’o, y Messi era la pieza clave que debía llegar fresco al momento del uno contra uno.
La transformación más profunda llegó en 2009. Pep Guardiola entendió que colocar a Messi pegado a la banda era desaprovechar la mayor parte de sus condiciones. El conductor catalán comenzó a utilizarlo como “falso nueve”, una decisión que alteró tanto la carrera del argentino como el funcionamiento ofensivo del Barcelona. El cambio fue mucho más radical que adelantarlo unos metros: la Pulga dejó de tener una referencia fija y empezó a moverse entre los mediocampistas y los defensores rivales. Cuando retrocedía a buscar la pelota, los centrales debían elegir entre seguirlo —dejando espacios detrás— o quedarse en posición y dejarlo jugar con libertad. Ninguna de las dos opciones era favorable para el rival y allí sacaba provecho.
Pero la clave táctica que subraya Sáez es otra: el falso nueve le permitió a Messi caminar más y conservar energía. El 10 ya no necesitaba arrancar desde la banda ni generar presión en campo contrario. Podía observar, posicionarse y esperar el momento exacto para intervenir. Xavi e Iniesta sostenían la circulación de pelota y los movimientos de los compañeros creaban los espacios. Messi llegaba fresco al momento decisivo.
Con Luis Enrique como entrenador desde 2014, llegó otra capa de sofisticación. La irrupción de Neymar y Luis Suárez permitió construir la famosa MSN, pero el ajuste táctico más relevante para la evolución de Messi fue el rol de Iván Rakitić como escudero defensivo. El mediocampista croata cubría la banda derecha de manera sistemática, lo que liberó al argentino de cualquier obligación de replegarse. Messi podía retroceder para elaborar, combinar por dentro y elegir el momento de acelerar, sin la presión de tener que compensar defensivamente en su costado. Suárez aportaba la referencia en el área; Neymar desequilibraba desde la izquierda; Messi era el conductor y el definidor, sin obligaciones de desgaste.
Esa estructura fue decisiva en la conquista de la Champions League de 2015 y marcó una nueva etapa: Messi ya no era solamente el jugador que rompía defensas con sus gambetas, sino también quien decidía dónde y cuándo debían producirse los ataques.
Ernesto Valverde llegó en 2017 a un Barcelona que había perdido a Neymar y que atravesaba cambios importantes. Su respuesta táctica fue instalar un 4-4-2 que llevó la protección de Messi a otro nivel: el argentino quedó eximido incluso del repliegue defensivo corto, esa participación mínima de presión en campo propio que se le exigía en etapas anteriores. El rosarino se convirtió en el organizador absoluto del equipo, con libertad para intervenir en zonas interiores por detrás de los delanteros y con la potestad de administrar sus esfuerzos según los momentos del partido.
Fue durante esta etapa cuando la imagen del “Messi que camina” empezó a hacerse más frecuente y más incomprendida. Lo que parecía desconexión era, en realidad, una forma diferente de dominar. Observaba los movimientos de sus rivales, detectaba espacios que resultaban invisibles para el resto y aparecía en el momento preciso. Su influencia se había trasladado también a la amenaza constante que representaba y a las decisiones que obligaba a tomar a las defensas.
Lionel Scaloni fue quien completó el ciclo y llevó el concepto al extremo. El entrenador de la selección argentina no solo comprendió que el equipo debía organizarse alrededor de las virtudes de Messi, sino que construyó el funcionamiento colectivo con ese objetivo como premisa central: quitarle toda carga física y de trabajo defensivo posible. La pieza clave fue la elección del mediocampo. Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister fueron convocados para hacer el trabajo sucio por él: la recuperación, el recorrido intenso, la presión sostenida. Tres jugadores cuya función principal era correr lo que Messi ya no necesitaba correr.
Esa liberación tuvo una consecuencia directa: Messi podía caminar, escanear el campo y leer los espacios sin acumular desgaste. Observaba los movimientos del rival mientras sus compañeros sostenían la estructura, y aparecía con energía plena en el momento que importaba. Julián Álvarez aportó movilidad, presión y profundidad para completar el esquema. El capitán recibía entre líneas, encontraba los espacios y aceleraba únicamente en los instantes decisivos. El sistema de Scaloni fue, en definitiva, la conclusión lógica del camino iniciado por Guardiola en 2009: el equipo entero funcionaba como una estructura de soporte para que Messi se enfocara exclusivamente en aquello que nadie más podía hacer.
En el Mundial de Qatar 2022, Messi marcó siete goles, repartió tres asistencias y fue elegido mejor jugador del torneo. El pase a Nahuel Molina ante Países Bajos, la asistencia a Julián Álvarez frente a Croacia y sus intervenciones en la final contra Francia mostraron a un futbolista que había aprendido a seleccionar con precisión los instantes para hacer la diferencia. A sus 35 años, ya no necesitaba sostener durante 90 minutos el despliegue físico de su juventud. Scaloni había construido un equipo capaz de compensar sus menores esfuerzos defensivos y aprovechar al máximo su lectura del juego.
La fórmula se repitió en Canadá, México y Estados Unidos 2026. Con 39 años, el crack sumó ocho goles y cuatro asistencias para llevar a Argentina a otra final mundialista. Los números volvieron a hablar por sí solos. El hilo conductor que traza el análisis de Sáez es preciso: Messi no cambió su esencia, sino que encontró entrenadores que supieron adaptarse a ella. Rijkaard explotó su velocidad. Guardiola descubrió el potencial del falso nueve. Luis Enrique encontró el equilibrio entre su capacidad creativa y su contundencia goleadora. Valverde le dio la responsabilidad máxima en la organización. Y Scaloni terminó de construir un funcionamiento colectivo a la medida de su madurez.

