El Plan Bullrich: pegar para acordar con los Milei y negociar una sociedad de iguales

La jefa del bloque libertario de senadores se fortalece ante cada provocación que queda impune y busca profundizar la confrontación con los Milei. Se considera socia principal de La Libertad Avanza y juega a hacer valer sus acciones. La relación con Paolo Rocca, el sushi con Karina y la acumulación con el PRO.
- 🗣️ Patricia Bullrich mantiene reuniones mensuales con Paolo Rocca, un vínculo histórico que sigue influyendo en el escenario político.
- 🏛️ Empresarios presionan para acelerar el despegue del Gobierno; buscan un candidato de centro derecha y el círculo rojo defiende que lo importante es el proyecto y su reelijión, no Milei.
- 🎬 Su primer mensaje fue dirigido a Milei: un video cantando «No me importa» para provocar una reacción ante recortes a las prestaciones de discapacidad.
- 🗳️ Su segundo mensaje fue para Karina Milei; le preguntaron por candidaturas y ella reiteró que la prioridad es el proyecto, no la reelección de Milei.
- 🧭 Bullrich sostiene que la medida de triunfo es la reelija del “proyecto liberal republicano”, citando casos de Alfonsín, De la Rúa y Macri para ilustrarlo.
- 💬 Un dirigente cercano afirma que Bullrich se fortalece ante provocaciones y que puede hacer lo indecible sin muchas consecuencias, en un gobierno débil.
- ⚖️ El Gobierno la necesita y no puede purgar indiscriminadamente; admite que ya no tiene la licencia para cortar cabezas y debe evitar fracturas internas.
- 🧩 Bullrich teje alianzas en el Senado con un grupo llamado “Grupo de 44” para sumar apoyos de peronistas, radicales y macristas.
- 🗳️ Treinta dirigentes del PRO se reunieron con Hernán Lacunza para respaldar su candidatura; el encuentro se organizó sin difusión oficial.
- 🧭 Macri parece resignado a negociar con Milei y apunta a conservar distritos y buscar un liderazgo en 2031 o 2035.
- 🤝 Bullrich mantiene vínculos con figuras clave del entorno macrista (Ignacio Torres, Rogelio Frigerio, Jorge Macri) y se dice que “No necesitamos a Mauricio”.
- 📈 En encuestas, Milei aún promedia por arriba de 30 puntos; Bullrich se presenta como socia y quiere puestos en listas y ministerios; la decisión se tomará en marzo, y podría aceptar la vicepresidencia si la propuesta es formal.
Patricia Bullrich conversa con Paolo Rocca todos los meses. La senadora lo conoce hace más de 20 años y todavía se acuerda de que, en la interna con Horacio Rodríguez Larreta, el dueño de Techint jugó para el otro bando. Hace unos meses, Rocca, como otros empresarios, empezó a insistirle para que apure el despegue del Gobierno: Javier Milei barrió con cualquier expectativa de introducir correcciones al plan económico, y el establishment teme por la continuidad del proyecto. La búsqueda de un nuevo candidato de centro derecha se volvió urgente, y Bullrich se prende al coqueteo. Pero le advierte a los suyos: “Los candidatos del círculo rojo están destinados a perder”.
Bullrich envió dos mensajes en la última semana. El primero, el más escandaloso, fue para Milei. El videoclip cantando el tema “No me importa” de Lali Espósito, la artista más vapuleada por el Presidente en los últimos tres años, fue una provocación destinada a generar una reacción. “A mí no me tratan de tonta”, exclamó, cuando se enteró de que el Presupuesto había incluido un capítulo que barría con las prestaciones de discapacidad. No por las personas con discapacidad, sino porque le generaba problemas políticos en el Senado.
El segundo mensaje fue para Karina Milei, el más potente. Dado que la hermana presidencial bajó línea de no salir a confrontar con Bullrich –el único vocero del malestar presidencial fue Diego Santilli, a quien la ex ministra casi le arranca la cabeza cuando le sugiere, durante la reunión de la mesa política en Casa Rosada, que sería mejor no “sacar los trapitos al sol”–, la senadora decidió redoblar la apuesta. Le preguntaron si pensaba en candidaturas y, en vez de repetir el leitmotiv karinista de “la prioridad es la reelección de Milei”, repitió la del círculo rojo: la prioridad es el proyecto.
“Para mí es muy importante que el proyecto reelija. En 1983 Alfonsín no terminó su mandato. En 2001 De la Rúa se fue dos años antes. Macri no pudo reelegir. Todos los proyectos que intentaron construir un liberalismo republicano. La medida del triunfo de ese proyecto es que reelija. Es el paso que todavía no se dio”, disparó, ante la sorpresa de los entrevistadores de LN+. Después publicó el recorte en sus redes sociales.
“Fuimos a volverlo loco a él, si no podemos iremos a volverla loca a ella”, admite un dirigente cercano a Bullrich, que sabe que ella se fortalece ante cada provocación que queda impune. Por mucho menos, Milei crucificó a economistas amigos y Karina excomulgó a la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, y al fundador de La Libertad Avanza, Ramiro Marra. Pero Bullrich puede darse el lujo de decir y hacer lo indecible sin consecuencias.
Patricia puede hacer lo que hace porque el Gobierno la necesita. Esta premisa la repiten tanto en el equipo de la senadora como en los despachos de Casa Rosada. Aunque con matices. En el caputismo admiten que los tiempos de las purgas indiscriminadas se acabaron: el Gobierno ya no puede darse el lujo de cortar cabezas a piacere, está demasiado débil para hacerlo. “Eran otros tiempos, hoy el Gobierno no tiene esa licencia. Y no podemos prescindir de ella”, admite un funcionario libertario.
Karina la deja jugar, apostando a tomarse su venganza más adelante. Manda a Santilli a cruzarla en público, pero después la invita a comer sushi en Villa Urquiza junto al resto de la bancada libertaria del Senado. La sienta al lado suyo y se fotografía sonriendo. No todos en el Gobierno están de acuerdo con la estrategia: en el caputismo creen que no es suficiente, que a Bullrich había que haberle dado el “abrazo del oso” apenas empezó a desmarcarse con el escándalo de Manuel Adorni.
“Vos la tenés que abrazar y decir que es tu candidata a vice, aunque después no lo sea. Solo así obturas su crecimiento por afuera, y la encorsetás”, explica un dirigente del círculo chico de Santiago Caputo, y razona: “Si vos la abrazás, no puede romper. Y si rompe te traicionó. Y si te traicionó paga mucho costo político en imagen”.
Bullrich, mientras tanto, se siente aún más imprescindible. Desde abril, los sondeos que le llegan a su despacho la muestran con mejor imagen que el Presidente, y la intransigencia de Milei a introducir cambios al programa económico no hace sino subir sus acciones. “Lo más importante es que el cambio y el esfuerzo se sientan en la vida de cada argentino”, repite en las entrevistas, buscando posicionarse como la cara amable del plan de ajuste del Gobierno.
En el equipo de Bullrich identifican que el votante de Milei comienza a parecerse más al votante histórico de Juntos por el Cambio. El voto joven y popular que lo llevó a la presidencia en 2023, insisten, abandonó el barco debido a la situación económica, mientras que el que se consolida es el voto “republicano tradicional” que acompañó a Bullrich en la primera vuelta y, luego, apoyó a Milei en el ballotage. “Patricia dice ‘soy socia, tengo el 40% de las acciones, las voy a hacer valer”, traduce uno de los hombres más cercanos de la ex ministra.
Tres meses estuvo Bullrich pisando el tratamiento de la reforma del régimen de zonas frías por sus aliados en el radicalismo. “Se portó bien, más no pudo hacer”, admitió una senadora radical, unas horas antes de que comenzara la sesión en el Senado que sancionó la reducción de los subsidios al gas en todo el país, incluida la Patagonia. Bullrich jugó a favor de sus aliados bajo el argumento de que la insistencia de Luis Caputo le desbarataba las mayorías para las leyes futuras. “Es una ley de mierda que hace pelear al Norte con el Sur”, se la escuchó murmurar en los pasillos del Senado. Pero el motivo real era otro.
La senadora logró articular a su alrededor una robusta mayoría “opositora”, integrada por peronistas, radicales, macristas y provinciales, a quienes sumó a un grupo de WhatsApp llamado “Grupo de 44”. Con la excusa de acumular políticamente para el Gobierno, Bullrich empezó a tejer una red de alianzas en el Senado que el círculo rojo mira con atención. Los cuida y los mima, incluso yendo en contra de los intereses de su propio Gobierno. Los considera propios, y confía en que, de lanzarse a jugar por el sillón de Rivadavia, los aliados saldrán en su apoyo.
El miércoles, una treintena de dirigentes del PRO, como María Eugenia Vidal y Humberto Schiavoni, se reunieron con Hernán Lacunza para brindarle apoyo institucional a su candidatura presidencial. El jefe del bloque PRO en el Senado, Martín Goerling, fue uno de los organizadores, pero el evento nunca se comunicó institucionalmente. A pedido de Mauricio Macri, el presidente del partido, Fernando de Andreis, ordenó no enviar gacetillas a los periodistas ni comunicar nada a través de las cuentas de redes sociales.
Macri está resignado a firmar con Milei y, pese a que intenta subir el valor de sus acciones recorriendo el país, en su entorno anticipan que lo más probable es que se cierre la boleta nacional para acordar el futuro de la Ciudad. “El PRO sobrevive si logramos mantener los tres distritos y ganar más municipios. Y después esperar que haya un liderazgo fuerte en 2031 o 2035”, sostiene, encogiéndose de hombros, uno de los dirigentes de mayor confianza de Macri.
Frente a este escenario, no son pocos los macristas que miran con atención los movimientos de Bullrich. La senadora dialoga cotidianamente con Ignacio Torres (Chubut) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos), así como también con Jorge Macri. “No necesitamos a Mauricio”, sacan pecho en el bullrichismo.
El objetivo es acumular. La senadora advierte que Milei sigue midiendo por encima de los 30 puntos y que, en estas condiciones, no puede darse el lujo de sacar los pies del plato. Un informe de la consultora Casa Tres, que dirige Mora Jozami, muestra que solo 1 de cada 10 encuestados tiene una mirada distinta de Milei que de Bullrich. La única manera de jugar por afuera, señalan en el equipo de Bullrich, es si la imagen del Presidente cae por debajo de los 20 puntos de intención de voto. Tomará la decisión en marzo.
Hasta entonces, el objetivo es pegar para negociar. La ex ministra tiene el ojo puesto en la vicepresidencia, pero quiere más. Se considera socia de los Milei y, como tal, pretende tener lugares en las listas de legisladores y, a su vez, poner nombres propios en los ministerios nacionales. Quiere una parte de la torta. En todo caso, si la imagen del Presidente sigue cayendo, buscará seducirlo con ser ella la candidata a presidenta.
Si es vicepresidenta, Bullrich tiene en claro que no quiere ser una figura decorativa como Villarruel o Gabriela Michetti. “Es otra negociación. Ella si es vice, es vice como Cristina (Fernández de Kirchner)”, señala, risueño, uno de los dirigentes de confianza de Bullrich que estuvo detrás del video de Lali. Milei ya le ofreció el lugar en alguna oportunidad, siempre informalmente. “Sería copado que seas mi vice, haríamos buen equipo”, le dijo una vez, hace unos meses. Ante estas declaraciones, Bullrich sostiene la misma cautela que con los empresarios.
Espera una propuesta más formal. “Viste como es Javier”, se limita a explicar.
MCM/MG

