Colecta entre fieles, pedido para recorrer el Conurbano y la interna por las misas: cómo se organiza la visita de León XIV

A tres meses del primer viaje papal a la Argentina en 39 años, la Conferencia Episcopal ya designó a su equipo de organización y lanzó una colecta en todas las parroquias. La UTEP, los cartoneros y la CGT gestionan una audiencia con el Papa. Hay puja por dónde celebrar las misas en Buenos Aires y Córdoba.
- 🕊️ La visita del Papa León XIV a Argentina será del 8 al 11 de noviembre, dentro de una gira que también cubrirá Uruguay y Perú.
- 🏛️ La Iglesia ya organizó la recepción: Comisión Nacional de la CEA, encabezada por Marcelo Colombo, con un Equipo Coordinador y áreas específicas (Comunicación, Logística, Voluntarios, Eventos y Liturgia, Contenidos y Recursos).
- 💶 Para financiar la operación, se lanzó una Colecta Nacional Imperada (22-23 de agosto) durante las misas del país.
- ✉️ Movimientos populares (UTEP y FACCyR) propusieron encuentros con el Papa, presentando tres escenarios posibles y la posibilidad de ampliarlos a Córdoba o Luján.
- 🤝 La CGT busca una audiencia con el Papa para plantear reclamos sobre salarios, empleo y justicia social y advierte que nadie puede apropiarse de la visita.
- 🗺️ Debates geográficos y litúrgicos: se evalúan sedes, con Buenos Aires favoreciendo el Monumento de los Españoles y Córdoba podría ser FAdeA, lo que implica retos logísticos y políticos.
- ⚖️ Coordinarán cuatro gobiernos de signo distinto (Milei, Macri, Kicillof, Llaryora) para seguridad, tránsito y logística, mientras la Iglesia mantiene que cada autoridad debe ocupar su propio espacio institucional.
- 🕵️♂️ Una nueva avanzada del Vaticano, liderada por José Salas, llegará a fines de agosto para definir el programa de cuatro días.
- 🎯 Confirmado que Milei se reunirá con León XIV durante la visita.
- 🏗️ El programa podría incluir encuentros con sindicalistas y empresarios en la UCA, visitas a jóvenes en un estadio, a una institución para personas con discapacidad o a la cárcel de Devoto, sujeto a la definición con la CEA y el Gobierno.
- 🧩 En conjunto, la visita muestra un mapa de tensiones entre religión y política en la Argentina y la necesidad de coordinar a múltiples actores para un operativo sin precedentes.
A poco más de tres meses de que León XIV pise suelo argentino, la maquinaria eclesiástica, sindical y política que rodea la visita ya está en marcha plena. El Papa permanecerá en el país entre el 8 y el 11 de noviembre, dentro de una gira que también incluirá a Uruguay y Perú, y visitará la Ciudad de Buenos Aires, Luján y Córdoba. Detrás de la agenda litúrgica confirmada hasta ahora —tres misas multitudinarias— se despliega una carrera de actores que buscan un lugar en el itinerario: desde los movimientos sociales y la CGT, que negocian una audiencia, hasta los gobiernos locales de distinto signo político que deberán coordinar un operativo sin precedentes.
La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) ya designó la estructura que va a organizar la recepción. La conduce una Comisión Nacional encabezada por el presidente del Episcopado, monseñor Marcelo Colombo, e integrada por los obispos Raúl Pizarro, Jorge García Cuerva, Jorge Eduardo Scheinig y Alejandro Musolino, junto a los sacerdotes Matías Taricco y Máximo Jurcinovic. Por debajo funciona un Equipo Coordinador General que ejecuta las decisiones: Pizarro como coordinador general, Taricco como director operativo y el contador Pablo Sabatté como gerente de proyecto. El organigrama se completa con seis áreas específicas —Comunicación (Jurcinovic), Logística e Infraestructura (Gonzalo Zabala), Voluntarios (Federico Desteffaniz), Eventos y Liturgia (Pedro Inzaurraga y Rodrigo Martínez), Contenidos (Constanza Levaggi) y Recursos (Marcelo Cancelliere)— y por Equipos Locales de Coordinación en Buenos Aires, Córdoba y Luján, cada uno con referentes propios de voluntariado, comunicación, liturgia y logística.
Para financiar ese despliegue, el Episcopado resolvió apelar directamente a los fieles. La Comisión Ejecutiva de la CEA convocó a realizar el fin de semana del 22 y 23 de agosto una “Colecta Nacional Imperada” en todas las misas del país. El documento pide a sacerdotes, diáconos y consejos pastorales motivar la colecta en los días previos y explicar su sentido: lo recaudado se destinará a los gastos de infraestructura, servicios y organización de una visita que, según los propios obispos, “excede ampliamente la preparación de las celebraciones religiosas”.
En paralelo, y por una vía completamente distinta, los movimientos populares hicieron su propia jugada. El 5 de agosto, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCyR) enviaron una carta al cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral —con copia a la número dos del organismo, sor Alessandra Smerilli, y a los cardenales Fabio Baggio y monseñor Jozef Barlaš—, pidiendo que le acerquen a León XIV la propuesta de un encuentro.
Firmada por el secretario general de la UTEP, Alejandro Gramajo, y el presidente de FACCyR, Sergio Alejandro Sánchez, la nota ofrece tres escenarios posibles: una asamblea de trabajadores de la economía popular en la sede del sindicato, un centro de reciclado porteño con cartoneras y cartoneros, o la visita a un barrio popular del conurbano. La organización aclara que esos encuentros también podrían replicarse en Córdoba o Luján, y que si la agenda papal no lo permite, “iremos al lugar donde él pueda recibirnos”. El texto recuerda además la frase que León XIV les dijo en el V Encuentro Mundial de Movimientos Populares —“¡Estoy con ustedes!”— y describe un contexto de retroceso para las cooperativas y los programas sociales que, sostienen, “vuelve a imponer valores que colocan al dios Dinero por encima del trabajo humano”.
La CGT avanza en una gestión paralela. El cosecretario general de la central obrera, Jorge Sola, confirmó que el sindicalismo busca una audiencia propia con el Papa durante su estadía, en la que plantearía sus reclamos sobre salarios, empleo y justicia social en momentos en que el Gobierno impulsa una reforma laboral resistida por buena parte del movimiento obrero. La central advirtió, además, que “nadie puede adueñarse” de la visita, en una señal dirigida tanto al oficialismo como a otros sectores del propio arco sindical y político que ya empiezan a disputarse protagonismo alrededor del viaje.
El terreno más delicado, sin embargo, es geográfico y litúrgico. En Buenos Aires, la Iglesia descartó la avenida 9 de Julio —el escenario de la misa de Juan Pablo II en 1987— porque el Metrobús redujo el espacio disponible, y habría elegido en su lugar el Monumento de los Españoles, en Palermo. En Córdoba, el arzobispo Ángel Rossi negocia con la Santa Sede que la misa se celebre en el predio de la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA), la planta estatal que en 1987 ya había recibido a Juan Pablo II y que hoy atraviesa una crisis operativa severa: contratos militares frenados por falta de una firma del Ministerio de Defensa, deudas con proveedores por 22 millones de dólares y 33 meses de producción a media máquina, según el sindicato del sector. Si la Santa Sede confirma esa sede, el Gobierno quedará obligado a poner la planta en condiciones de recibir a cientos de miles de personas, exponiendo de paso una fábrica que había sido incluida en la lista de privatizaciones y luego retirada de la Ley Bases sin una definición clara sobre su futuro.
Esa tensión entre lo religioso y lo político atraviesa toda la organización. La visita obligará a coordinar a cuatro administraciones de signos distintos —el libertario Javier Milei a nivel nacional, el macrista Jorge Macri en la Ciudad, el peronista Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires (con responsabilidad directa sobre Luján) y el cordobés Martín Llaryora— en un operativo de seguridad, tránsito y logística sin antecedentes recientes. La Iglesia insiste en mantenerse al margen de esa disputa y busca que cada gobierno ocupe “el espacio institucional que le corresponde”, pero el propio comportamiento oficialista ya dejó señales: en la misa de bienvenida al nuevo nuncio apostólico, Michael Wallace Banach, la vicepresidenta Victoria Villarruel tuvo una presencia destacada mientras la representación del Poder Ejecutivo fue reducida, un botón de muestra de las tensiones internas que podrían reaparecer en noviembre. Está confirmado, de todos modos, que Milei se reunirá con León XIV durante la visita.
A fin de agosto llegará a Buenos Aires una nueva avanzada del Vaticano, más numerosa que la anterior y encabezada por monseñor José Salas, el sacerdote mexicano que conduce dentro de la Secretaría de Estado la oficina encargada de los viajes internacionales del Papa. Esa misión deberá terminar de definir, junto con la CEA y el Gobierno, cuáles de las actividades hoy en carpeta —un encuentro con sindicalistas y empresarios en la UCA, una visita a jóvenes en un estadio, un paso por una institución para personas con discapacidad o por la cárcel de Devoto— finalmente entran en un programa de apenas cuatro días. Entre la colecta de los fieles, la carta de los movimientos populares, la negociación de la CGT y la interna por el escenario cordobés, la visita de León XIV empieza a mostrar, todavía antes de producirse, el mapa completo de tensiones que atraviesan a la Argentina.


