El Niño, un evento político

El fenómeno climático que altera la circulación de las aguas del planeta puede tener consecuencias mucho más profundas que las meteorológicas: afectar la producción, los precios, las cuentas públicas y la capacidad de respuesta del Estado. En una Argentina que se encamina hacia 2027, anticiparse a esos impactos será también una disputa política.
- 🌡️ El Niño actual es más fuerte que otros registrados, con océano y atmósfera extremadamente cálidos que retienen y liberan mucha humedad.
- 🧭 Es un reorganizador social: podría afectar economía, política y gobernanza, y cambiar dinámicas de poder, como ha ocurrido en el pasado.
- 🌍 Sus efectos climáticos pueden intensificarse, provocando olas de calor, sequías e inundaciones en distintas regiones del mundo.
- 🔬 Un estudio de la Universidad de Michigan (Julia Cole) sugiere que El Niño podría intensificarse por el cambio climático, creando un ciclo de mayor severidad.
- 💥 Ejemplos de impactos: olas de calor en Europa y desastres como el tsunami terrestre en Nepal, que muestran la mayor virulencia de estos eventos.
- 💧 En Argentina, El Niño podría alterar la distribución de lluvias, con más lluvia en el litoral y la Pampa húmeda, y cambios en los monzones de Asia/India.
- 📈 Riesgo económico: si no se planta o cosecha por cambios climáticos, podría afectar la economía y la estabilidad fiscal o el valor de la moneda.
- 🛟 Medidas de respuesta en Argentina ya están en marcha (bomberos, barcos de rescate, monitoreo de crecidas) y se debe planificar la reconstrucción post-crisis.
- 🗺️ Necesidad de adaptación: construir una economía y sociedad más resiliente frente a nuevos embates climáticos y abandonar gradualmente los combustibles fósiles.
- 🗞️ El periodismo debe conectar clima, economía y política para mostrar que las sociedades dependen del suelo, del agua y del clima para existir.
- 🚨 Conclusión: sin acción para frenar el uso de combustibles fósiles, El Niño y el caos climático podrían volver más disruptivos; la cooperación y la planificación son necesarias.
El Niño no sólo es un evento de calor en las aguas del Pacífico ecuatorial, sino –además– un reorganizador de relaciones sociales, con profundas implicaciones económicas y políticas. Cualquier cálculo que hagan hoy las fuerzas que aspiren dominar la Argentina en 2027, deberán antes pasar por el test ineludible que causarán los efectos climáticos que ya se empezaron a asomar en el horizonte.
A lo largo de la historia, El Niño hizo caer gobiernos, provocó guerras y hasta revoluciones porque cuando el sistema climático alrededor del cual articulamos nuestras sociedades falla, todo puede colapsar como en un dominó. Me tocó presenciarlo como joven periodista en Indonesia, donde El Niño fue catalizador de la caída de Suharto en 1998. Había gobernado el país con mano de hierro hasta que vino un evento muy fuerte. Se instaló una sequía maldita, fallaron los cultivos, se disparó la inflación, la moneda colapsó y el régimen, que había durado más de tres décadas, cayó.
Este Niño es más fuerte que cualquier otro Niño jamás registrado, con el océano caliente como una sopa y con una atmósfera también muy caliente, capaz de retener mucha más humedad y de soltarla como la bomba de Hiroshima. Imaginen toda la energía que se necesita para encender el termostato en esa enorme masa de agua de la superficie en la que El Niño se expresa. Esto no ocurre aleatoriamente: el planeta está envuelto en una especie de celofán gigante, que no deja salir la radiación solar, guardando más y más temperatura. Los hilos de ese embalaje están entretejidos por los gases provenientes de la quema de combustibles fósiles y la deforestación. Exceso de energía es también exceso de impactos.
Un estudio de la Universidad de Michigan sugiere que El Niño, un fenómeno cíclico que sucede entre cada dos y siete años, puede intensificarse por el cambio climático, y este, a su vez, puede agigantarse por El Niño. “Estamos observando una tendencia a que el fenómeno El Niño sea más intenso, y el que tenemos ahora es coherente con esa tendencia. No es una casualidad. Estamos viendo un cambio en el que El Niño no se parece al que era antes de la era industrial”, indicó al diario The Guardian, Julia Cole, la científica que realizó el estudio basándose en el análisis de corales de las Galápagos.
En los últimos tiempos vemos cómo los eventos climáticos se pueden convertir en un arma de destrucción masiva. Para mencionar sólo algunos: las reiteradas olas de calor en Europa se cobraron este año unas 40 mil vidas, casi como las víctimas de una guerra, una Gaza silenciosa y letal. El tsunami terrestre de Nepal fue provocado por un glaciar que se desprendió porque la atmósfera ardiente no respeta ni las montañas sagradas, ni las ciudades o los puentes. Mucho menos a las personas.
Nada tiene más fuerza que el agua. Y lo que el Niño hace es redistribuir radicalmente su circulación en la superficie del planeta: en gran parte del territorio de la Argentina, como el litoral o la Pampa húmeda, se manifiesta torrencialmente, el Sudeste Asiático o la India se seca, sin su vital temporada de monzones. Como es un fenómeno que va desplegando sus alas paulatinamente, no sabremos hasta que ocurra cuál será el volúmen exacto de la conversación entre el mar y la atmósfera con todo esta energía inédita acumulada, que de alguna forma se tiene que liberar.
Es para los meteorólogos ir determinando dónde va ir este Niño impactando, día a día. Pero lo que sí ya podemos ir intuyendo es que la sociedad de hoy no será la misma que la del día después de que los vientos vuelvan a soplar en dirección contraria en el Pacífico, llevando las aguas calientes ecuatoriales de regreso a las costas de Australia. ¿Qué pasa, por ejemplo, si no se puede plantar o cosechar? ¿Se comerá al dólar y el equilibrio fiscal? ¿Cómo funcionará el país sin un gesto de empatía y solidaridad?
En la Argentina, seguramente, no sólo hay que pensar en medidas antes de la catástrofe como las que muchas gobernaciones y municipios ya están tomando: bomberos, gomones, preparación de centros de salud, monitoreo de las crecidas, etc. También vamos a tener que pensar en cómo enfrentaremos una posible reconstrucción después de que las aguas cedan: ¿con Estado o con el individuo sólo nomás?
Además, tendremos que pensar cómo adaptarnos tanto a los nuevos embates climatológicos como a la economía que viene, teniendo en cuenta que para sobrevivir como sociedades necesitamos más tarde que temprano entender que no hay ni país ni planeta posible si seguimos produciendo y quemando combustibles fósiles, que son el principal motor de esta secuencia de catástrofes que nunca terminan.
Ni El Niño ni el caos climático es una cuestión de ambientalistas. Los periodistas que escriben sobre estos temas, incluyendo los de las secciones políticas, tienen la obligación de conectar todos los puntos: las sociedades no existen fuera del contexto del que habitan: el suelo, el aire, el agua y el clima. Podemos pretender estar en burbujas aisladas, pero después, la realidad –como el tsunami glaciar de Nepal– te lleva puesto.
MA/MG

