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Anne Carson y la belleza de lo que falta

Anne Carson y la belleza de lo que falta
Dufume
opinion

A propósito del Nobel de Literatura, una lectura personal de “La belleza del marido”, el libro inclasificable en el que la poeta canadiense convierte el amor, la infidelidad y la traición en una exploración de la belleza, el misterio y los fragmentos que hacen de la literatura una forma de conocimiento

AI
  • 📝 Contexto y enfoque de la reseña: la pieza de Emily Wilson en The Nation sitúa a Carson como una pensadora que une ensayo y poesía y des sacraliza ciertos clásicos, con una relación íntima entre su trabajo y la traducción.
  • 🎭 La belleza del marido: descripción del libro La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos que mezcla ensayo, novela, verso y cancionero de tangos.
  • 💡 Tesis central: la narradora afirma que todo lo que deseó y perdonó de su marido fue su belleza; la figura de la mujer como cazadora en lugar de víctima; el marido también sufre.
  • 💔 Escenas memorables y humor: escenas crudas y cómicas (como una nariz que sangra) que muestran el tono único de Carson y su humor físico.
  • 🗝️ Influencia de Safo: Carson se hizo famosa por sus traducciones de Safo; esas traducciones influyen en su estilo, buscando fragmentos que produzcan misterio y incertidumbre.
  • 🪞 Paréntesis y verdad: el “don del paréntesis” del marido; cómo filtra verdades crípticas, fortaleciendo la atmósfera de secretos.
  • 🎨 Estilo y filosofía: la escritura se describe como una producción de oscuridad y misterio que convive con la belleza del tema y la sutileza del humor; hay una referencia a Coco Chanel sobre “sacarse una cosa” para hacer brillar lo importante.
  • 🧭 Enfoque personal del artículo: el autor evita una versión mediocre de la semblanza y comparte, en su lugar, su experiencia minuto a minuto al leer La belleza del marido, mostrando el impacto emocional.

La mejor semblanza sobre Anne Carson la escribió en The Nation hace unos dos años Emily Wilson, la autora de la traducción más polémica de la Odisea, responsable también de otra larga polémica con los fans de Nolan. Con la excusa de reseñar Wrong Norma Wilson hace un recorrido más caprichoso que exhaustivo por la obra de Carson, e identifica, con su genialidad y precisión habituales, los rasgos más únicos de Carson. No es extraña esta pareja: tanto Wilson como Carson son especialistas en griego antiguo, y ambas han hecho de su relación con la traducción algo más que una carrera, algo más parecido a una forma de pensamiento y una cuestión de principios, algo que se acerca a una religión propia. Debe ser por eso entonces que lo escribe Wilson sobre Carson es lo que siempre pensé (supongo que nos pasó a muchos) pero no tuve las palabras para decir: su mezcla de ensayo y poesía que termina siendo casi una especie de stand up escrito, su forma de desacralizar a los clásicos y seguir tratándolos como sagrados, el modo en que usa a los clásicos para mostrarnos que todas las experiencias en el fondo tienen algo de sagrado, que quizás no tenemos nada en común con los griegos pero podemos aspirar a los mismos niveles de belleza que ellos alcanzaron sin modestia y sin miedo. Hago esta breve recomendación del texto de Wilson para explicar que no tiene sentido, para mí, intentar hacer una versión más mediocre de esa semblanza para homenajear el nobel de Anne Carson. Prefiero hacer otra cosa: utilizar los caracteres que me quedan para contar el minuto a minuto de cómo se siente para mí leer y releer La belleza del marido, mi libro favorito de Anne Carson, y uno de mis favoritos del mundo entero.

La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos es un libro inclasificable: pero como casi todos los libros inclasificables de Anne Carson, es mucho más inolvidable por lo que es, en un sentido profundo, que por el experimento formal que le sirve a Carson de vehículo. Es un ensayo, es una novela, está escrito en verso y es también una especie de cancionero de tangos, porque cada una de sus 29 secciones narra un nuevo episodio de amor, infidelidad, lamento y traición. Es un ensayo, porque tiene una tesis, y esa tesis es la que da vuelta todo el libro, lo da vuelta como una media: la narradora de la novela, que este libro también es, cuenta la historia de su marido, un hombre del que se enamoró muy joven y que se dedicó a engañarla con múltiples mujeres. Pero la tesis de Carson, que pone en boca de su narradora pero es también una tesis de autor (porque esto, repito, es un ensayo además de la novela) es que ella todo lo hizo por la belleza: todo lo que deseó, amó y perdonó de ese marido fue su belleza pura, su belleza ante la que ella no tenía ninguna oportunidad, ninguna esperanza. Es mágica esa tesis: una mujer que en otro libro sería una víctima aquí es un cazador. Esa mujer no es Blancanieves, esa mujer es un hombre con un cofrecito en el que va a colocar el corazón de un ciervo, no para engañar a la reina, sino para engañarse a sí misma. Esa mujer sufre. El marido mentiroso y bello también sufre. De hecho, sufre y sangra: en una de las mejores escenas del libro, la narradora y su marido están discutiendo cuando de pronto a él le empieza a sangrar la nariz, y los dos se manchan, y todo es asqueroso y absurdo y ya no se pueden odiar, porque el odio no puede quedar intacto después de eso. Está lleno de esas escenas el libro, igual que la literatura de Carson: un humor que es muy de ella, casi físico, casi tonto, que te hace pensar que Benny Hill podría haberse dedicado a la poesía y ganarse un premio Nobel, que el hecho de que Anne Carson y Buster Keaton no sean la misma persona es más un accidente que una necesidad.

Muchas conocimos a Anne Carson, creo yo, por sus traducciones de Safo. Es difícil explicar hasta qué punto esas traducciones son definitorias de la obra de Carson, pero se puede intentarlo, porque en La belleza del marido es muy evidente. Es muy evidente que eso que fue una casualidad de la historia, el azar material de que los textos de Safo nos llegaran en pedacitos, se convirtió para Carson en una aspiración literaria a la que dedicar todos sus libros. Carson quiso que su escritura se sintiera así, como si el tiempo se hubiera tragado algunos fragmentos, justo los fragmentos necesarios para que el texto fuera mejor, los fragmentos que hacía falta tragarse para producir el misterio. La literatura de Carson, y en La belleza del marido se ve quizás mejor que en ningún otro libro, se trata de esa producción de incertidumbre: una creación de oscuridad y secretismo que encima le queda demasiado bien a su tema, el tema de un marido que omite y separa, un marido que tiene “el don del paréntesis”, como escribe Carson, que siempre sabe filtrar entre sus poemas más crípticos verdades angustiantemente explícitas. Es como ese mandato de Coco Chanel de que para estar elegante antes de salir de casa hay que mirarse al espejo y sacarse una cosa, pero no en aras de la sencillez, sino para que brille lo que tiene que brillar. Es una literatura hecha de eso, de sacarse una cosa, dos cosas, todas las cosas posibles antes de salir de casa

TT/MG

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