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Muere Maricarmen, la mujer que con su lucha por la vivienda desató una crisis política en España

Muere Maricarmen, la mujer que con su lucha por la vivienda desató una crisis política en España
Dufume
mundo

La vecina de Madrid, de 87 años, falleció poco después de haber sido expulsada de su piso por Urbagestión, empresa que luego reculó y le permitió conservar una casa a la que no retornará. Su desalojo puso en evidencia la crisis de la vivienda que atraviesa a gran parte de los españoles.

AI
  • 🏥 Falleció Maricarmen, la mujer de 87 años desalojada en Retiro cuyo caso se convirtió en símbolo de la lucha por la vivienda.
  • 🧓💪 Su historia, con una discapacidad del 50%, enfrentó a la propietaria Urbagestión y desató un largo procedimiento judicial por mantener su casa.
  • ⚡ Su caso desencadenó una movilización histórica de inquilinos, con acampadas y apoyo intergeneracional, que influyó en el debate público.
  • 🏠💰 La empresa decidió recular y permitió que Maricarmen volviera a vivir en su vivienda; la deuda exigida fue de 2.650 euros, mientras ella cobraba 1.400 euros de pensión.
  • 🤝👵 Aun en cama, animó a los jóvenes a protestar y participó en manifestaciones en silla de ruedas.
  • 🗣️✊ Tras su fallecimiento, el Sindicato de Inquilinas afirmó que seguirán defendiendo el derecho a la vivienda y combatiendo a los especuladores, cumpliendo su legado.
  • 🗳️🏛️ El caso situó el debate de la vivienda en el centro de la agenda, vinculado a un decreto gubernamental y a unas elecciones anticipadas el 29 de noviembre y una huelga general el 11 de noviembre.

Maricarmen ya no podrá volver a su casa. A ese lugar del distrito de Retiro, en Madrid, que abandonó en camilla, camino del desalojo, y que había recuperado después gracias a una movilización por la vivienda sin precedentes en España. No volverá porque la mujer de 87 años que dio nombre hasta a un decreto para impedir desalojos como el suyo falleció en el hospital Gregorio Marañón de la capital española, confirmó esta tarde el Sindicato de Inquilinas.

María del Carmen Abascal Martín (Madrid, 1938-2026) era Maricarmen para sus vecinos y también para este sindicato, al que hace cuatro años acudió pidiendo ayuda para el largo procedimiento de litigio con la propiedad de su vivienda, en la que pasó siete décadas de su vida. Su caso llamó la atención de los medios en el año 2024 porque ejemplificaba muchos de los actuales problemas que sacuden el mercado inmobiliario nacional y luchaba contra una empresa propietaria –Urbagestión– sin escrúpulos, a la que no le importaba dejar en la calle a una anciana con un 50% de discapacidad.

La figura de Maricarmen se convirtió en un símbolo por su fragilidad pero también por la firmeza que demostraba cada vez que hablaba. “Si me van a cortar el cuello, será luchando, no sentada en una butaca o marchándome por la noche con una maleta. No aguanto más los acosos”, avisaba antes de uno de sus primeros intentos de desalojo. Esa personalidad le fue generando simpatías alrededor y un círculo de personas dispuestas a defenderla. Como sucedió el miércoles de hace dos semanas en el que se consumó el lanzamiento. El día en el que la indignación hizo estallar a varias generaciones de inquilinos.

Sin Maricarmen hoy probablemente no habría acampada en Sol ni se hubiera aprobado por parte del Gobierno ningún decreto sobre vivienda. Tampoco habría elecciones anticipadas el 29 de noviembre y una huelga general el día 11 del mismo mes. Su caso derivó también en algo histórico: que una empresa reculara y permitiera a una inquilina volver a la casa de la que había conseguido desalojarla. Ahora Urbagestión podrá poner en alquiler esa vivienda por los 2.650 euros que le llegó a exigir a la fallecida para forzar su salida. Ella, que cobraba 1.400 euros de pensión, eligió quedarse, luchar y dar ejemplo. El Sindicato de Inquilinas ha lamentado que la solución para ella llegara demasiado tarde, después de un proceso que califican de “torturante”.

Pese a quedar postrada en una cama tras su desalojo por las secuelas que le produjo, Maricarmen siguió desde el hospital animando a los jóvenes (mis niños, los llamaba) que habían tomado las calles para evitar que hubiera otras maricármenes por España. Mientras, su cuerpo luchaba por aferrarse a la vida que le quedaba después de tantos disgustos inmobiliarios. “He perdido tanta masa muscular que no puedo casi ni caminar”, contaba ella a finales de septiembre en la última entrevista que dio a este periódico, justo antes del lanzamiento definitivo. “No me puedo tener en pie. El otro día fui a la manifestación en silla de ruedas, pero al menos fui. Que es lo que tiene que hacer la gente, salir a protestar. Yo puedo ser la mecha que enciende una primera vela, pero detrás tienen que venir muchas velas y que la gente no se marche”, reclamaba.  

En el comunicado emitido después de su fallecimiento, el Sindicato de Inquilinas ha asegurado que “cumpliremos lo que ella siempre nos pedía (...) tu familia, tu abogada y tu Sindicato seguiremos defendiendo el derecho a la vivienda y peleando contra los especuladores, con la fuerza y valentía que nos enseñaste, seguiremos luchando por ti, por todas, como siempre quisiste”. Sus responsables señalan que ahora “el debate de la vivienda está en el centro”, pero lamentan que “el coste para llegar hasta aquí ha sido demasiado alto”.

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