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De los amigos que ya no se llaman al riesgo de 'hablar' solo por audios: “Me resulta raro”

De los amigos que ya no se llaman al riesgo de 'hablar' solo por audios: “Me resulta raro”
Dufume
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La llamada telefónica vive horas bajas frente a la asincrónica comodidad del mensaje de voz o texto. ¿Cómo afecta la pérdida de espontaneidad a nuestras relaciones?

AI
  • 👶 El hijo de Vanessa, de 12 años, solo habla por teléfono cuando interpreta a un personaje; no tiene móvil propio y, de tenerlo, no lo usaría para llamar; la comunicación de voz con la familia suele ser en el marco de juegos o a través de videollamadas en consola.
  • 💬 Vanessa (48) prefiere los mensajes de texto y no se siente aislada; la gente en torno a ella continúa conectada mediante mensajes, no llamadas.
  • 🧘‍♀️ Tania, persona introvertida, evita llamar; no le gustan las videollamadas ni los audios largos, y necesita un lugar tranquilo para conversar.
  • 📈 La ansiedad por las llamadas entre generación Z y millennials se percibe como invasiva e ineficiente para gestionar el tiempo; muchos prefieren textos o audios.
  • 🎭 A veces surge la broma: “este audio podría haber sido una llamada” y los audios largos pueden durar tanto como una reunión.
  • 📅 Para evitar intrusión, algunas personas coordinan citas previas para charlas largas; Begoña (46) y Clara (29) usan mensajes para acordar disponibilidad y luego hablan.
  • 🗨️ Ana (36) ve los audios como sustitutos de las llamadas y cree que empeoran la comunicación; echa de menos conversar mientras realiza tareas y ahora escucha podcasts.
  • ⏱️ Eva (43) usa texto, audio y llamadas, pero las llamadas están en descenso; cuando llama a personas fuera de la ciudad, suelen hacer “cafés telefónicos” de al menos una hora.
  • 📊 CNMC: los datos no muestran un descenso claro de las llamadas; los jóvenes usan más vías asincrónicas, pero una conversación puede empezar por texto, seguir con audio y terminar con una llamada.
  • 🇬🇧 YouGov (Reino Unido): milenials y Gen Z usan más mensajería, pero los mayores mantienen cifras más altas de llamadas; Marcos (32) pasa de Messenger/WhatsApp a audios largos sin dejar la voz.
  • 🎯 Ricardo (42) defiende que la llamada es la vía principal para mantener relaciones de toda la vida; las llamadas permiten tratar temas profundos y conflictivos, mientras que los audios son útiles para comentarios específicos.
  • 🧠 Ferran Lalueza y CAIP señalan que no hay un método único mejor; cada herramienta tiene ventajas y desventajas, y la creciente comunicación asincrónica puede afectar habilidades sociales.
  • 🔄 En resumen, la edad no determina todo; la balanza entre llamada y comunicación asincrónica depende de la persona y el contexto; las llamadas conservan espontaneidad y profundidad, mientras que textos y audios ofrecen control y comodidad.

El hijo de Vanessa tiene 12 años y solo habla por teléfono cuando interpreta a algún personaje. Por ejemplo, juega a que tiene una oficina y llama con un auricular con cable a los números de sus familiares. También hace de encuestador o de recepcionista de hotel y siempre tiene otros accesorios, como hojas o sellos, para poder desarrollar su papel. Para él, hablar de viva voz a través de un aparato es una ficción, como ha visto en series o películas. Todavía no tiene celular propio, pero, en caso de tenerlo, tampoco lo usaría para llamar: la única vía para comunicarse por voz con sus amigos, más allá de hacerlo de forma presencial, es cuando juegan a la videoconsola online. Y no hablan de sus cosas, sino de lo que sucede en la pantalla.

La propia Vanessa (48 años) reconoce que le da mucha pereza hablar por teléfono y que casi no llama ni a su propia progenitora, de ahí que su hijo identifique las conversaciones telefónicas con el pasado. Ella no se siente aislada ni cree que, de esta manera, cuide menos a quienes quiere, porque mantiene un contacto constante a través de mensajes de texto. Es solo una cuestión de preferencias a la hora de elegir una herramienta u otra. A Tania, que se define como introvertida, la posibilidad de relacionarse sin tener que llamar le supuso un alivio. “Me incomoda hablar por teléfono, si no le veo la cara al otro me resulta raro”, declara. Por eso tampoco hace videollamadas ni envía demasiados audios, porque “es como hablar sola y tampoco hablo sola”. Las pocas veces que habla por teléfono necesita hacerlo en un lugar con pocos estímulos externos, porque, si no, pierde la atención de la conversación. Eso le supone “hacer un esfuerzo grandísimo, y luego me agoto mentalmente”.

La ansiedad que provoca recibir una llamada telefónica entre la generación Z y los millennials es un tema del que se habló en profundidad. Se considera un método invasivo, incómodo y poco efectivo en cuestiones de gestión del tiempo. Según una encuesta de la plataforma Bankmycell, los entrevistados consideran que no se sabe cuánto va a durar una llamada y prefieren métodos más rápidos. Sin embargo, en ocasiones, escribir un texto o grabar una nota de voz puede durar lo mismo que una llamada o incluso más. La broma de ‘esta reunión podría haber sido un mail’ se puede aplicar a ‘este audio podría haber sido una llamada’. De hecho, muchas personas incluyen un chascarrillo del tipo ‘aquí va mi podcast’ cuando graban una nota de voz de varios minutos.

Además, para eliminar o suavizar esa sensación de intrusión de la llamada, existe la posibilidad de concertar una cita previa cuando se quiere tener una charla larga o sin límite de tiempo. Por ejemplo, Begoña (46 años) siempre se manda un mensaje con la amiga con la que más habla por teléfono para saber si está disponible. Prefieren este método porque así “hablamos más de seguido”. Clara (29 años) también utiliza este sistema con las personas a las que llama, que en su caso cada vez son más. Sus interlocutores se encuentran en un abanico de edad que va de los 25 a los 45 años: “Estamos un poco quemados de chatear y de pantallas. Diría, además, que mis amigos más jóvenes son los que más lo están”.

La percepción de Ana (36 años) es que esos audios son los principales sustitutos de la conversación telefónica y empeoraron la comunicación: “Los dejo sin contestar la mitad de las veces o viceversa”, sostiene, y añade que extraña hablar con sus amigas mientras realiza labores domésticas como “flavar los platos o limpiar la casa. Ahora escucho podcasts”. Eva (43 años) se comunica con sus conocidos por texto, audio de WhatsApp o llamada telefónica, aunque reconoce que esta última vía está en descenso. “Sobre todo llamo a amigos que no viven en la ciudad, pero, cuando ocurre, tenemos cafés telefónicos de al menos una hora”, comenta, y matiza: “El único detonante para telefonear a amigos que viven aquí es un chisme o que haya pasado algo heavy y no podamos encontrarnos ese día, que suele ser lo habitual”.

Pero, aunque a primera vista parece que la llamada telefónica está de capa caída, los datos recogidos por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) no son tan contundentes. Aunque los más jóvenes (16-24 años) ampliaron sus vías comunicativas asíncronas con mensajes de texto, audios y otras formas de comunicación, esto no significa necesariamente que hayan dejado de llamar. Ahora hay más opciones y una conversación puede empezar con un mensaje de texto, seguir con un audio de voz y terminar con una llamada de celular. El estudio tiene una matización importante: las conclusiones se extraen de la medición de los minutos de llamadas de los operadores, así que las llamadas de una hora de Eva pueden compensar el declive de las conversaciones sincrónicas por voz de Ana.

Por otro lado, una encuesta realizada por YouGov en Reino Unido informa de que las generaciones millennial y Z utilizan de forma más activa la mensajería y son los mayores quienes mantienen las cifras más altas de llamadas de voz. Un ejemplo es el de Marcos (32 años), que declara que no dejó las llamadas puntuales con sus amigos. Nunca tuvieron costumbre de utilizar el teléfono de esa forma: “Desde el principio hablamos por Messenger y luego por WhatsApp”. Sí utiliza la comunicación de voz asíncrona mediante audios muy largos que tanto envió como recibió.

Ricardo (42 años) considera que la llamada telefónica es la vía principal para conservar una buena relación con sus amigos de toda la vida. Aunque también utilizan los mensajes de texto o las notas de audio para comentar algo específico, mantener conversaciones sincrónicas “es insustituible”. El audio le resulta práctico para comentar un tema en concreto que quizá necesite “varias escuchas”, pero con la llamada “es cuando se sacan temas conflictivos y se habla de verdad. Diría que incluso invita más a la conversación profunda que la típica visita de cortesía”.

Ferran Lalueza, profesor de comunicación en la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), opina que no se puede afirmar que el método de comunicación tradicional sea mejor que los más recientes, sino que cada uno tiene sus ventajas y desventajas. “La gente más joven opta típicamente por enviar un audio o un texto de tal manera que la persona que lo recibe pueda contestar cuando le resulte más conveniente, lo cual no deja de ser práctico y de algún modo también permite mantener el control absoluto sobre la dinámica de la conversación”, observa. De esa forma, se puede corregir el texto o volver a grabar el audio antes de enviarlo si no se quedó conforme con la primera versión, por lo que, desde un punto de vista práctico, “su ventaja es incontestable”. La cara B de este método es que se pierde esa espontaneidad de la que hablaba Ricardo, que permite mostrarse tal y como uno es.

Patricia Lodeiro y Alba López Cabello, del centro de psicología CAIP, coinciden en gran parte con Ferran Lalueza, pero inciden en que una gran desventaja es la pérdida de oportunidades para desarrollar habilidades comunicativas. Ellas comentan que cada vez se encuentran con más personas en terapia que tienen dificultades a la hora de conectar y relacionarse. “Pese a que puedan estar muy conectados a nivel de redes, por ejemplo, se encuentran muy solos”, afirman. Además, la costumbre de tener cada vez más conversaciones asincrónicas se retroalimenta y es fácil acomodarse a esa distancia, que luego se hace patente en la socialización en persona. “Por ejemplo, a la hora de tolerar un desacuerdo o una crítica, en persona podés gestionarlo de una manera u otra. Pero en diferido, si no tenés buena gestión podés estar enojado y a lo mejor mandar un mensaje diplomático cuando se te haya pasado, pero a lo mejor no lo contestás y evitás conflictos, lo que puede repercutir en la capacidad de desenvolverse en lo social”, detallan.

En cuanto al papel de la edad en la manera de utilizar estas herramientas, no consideran que puedan dar una respuesta determinante, porque son varios los factores que intervienen, como la personalidad o el funcionamiento. “Las nuevas tecnologías podrían haber supuesto un avance en la capacidad de integración de algunas personas que no crecieron con ellas y que antes tenían dificultades para comunicarse”, puntualizan, “mientras que para los nativos digitales es diferente desde el principio”. No puede afirmarse con contundencia qué método es mejor o peor, pero la balanza parece inclinarse un poco hacia la perspectiva de Ricardo: “Por su propia naturaleza, el mensaje o el audio no invita a ser espontáneo o a divagar como la llamada. Y, si no podés ser espontáneo y divagar con tus amigos, ¿con quién lo vas a hacer?”.

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