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Segundo tiempo de Jorge Macri: profundizar la obra pública para disputar 2027

Segundo tiempo de Jorge Macri: profundizar la obra pública para disputar 2027
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La Línea F promete romper una sequía de dos décadas sin nuevas líneas de subte, el TramBus busca ordenar la superficie, los pasos bajo nivel ofrecen una alternativa a las barreras bajas. En paralelo, aparecen salud pública, vivienda y obras contra inundaciones. El Gobierno porteño apuesta a que la obra pública vuelva a ser un idioma común. Algo se mueve, algo cambia en la Ciudad de la furia.

AI
  • 🚧 En 2026 la Ciudad centra su gestión en la obra pública para mostrar resultados visibles en la vida cotidiana de los vecinos.
  • 🏙️ El plan busca convertir la obra en una identidad del gobierno: esfuerzo y resultados para ganar legitimidad frente a rivales y debates nacionales.
  • 🧑‍🤝‍🧑 Tensiones entre Karina Milei y Mauricio Macri; Jorge Macri adopta un estilo más dialoguista para acercarse a distintos actores.
  • 🤝 Relación con Nación: hay sintonía con Milei en temas puntuales; la estabilidad nacional puede traducirse en más aire para Buenos Aires, pero compite la narrativa de crédito entre ambos poderes.
  • ⏱️ Cambio de ritmo tras las elecciones: mayor coordinación entre ministerios y un enfoque en ejecución, con Gabriel Sánchez Zinny marcando el tempo como un CEO de gestión.
  • 🗳️ Comunicación clara en la calle: las vallas deben informar; las obras deben entenderse y estar acompañadas de una frase que resuma el año.
  • 🗺️ Marca y lema: la Ciudad busca "La Ciudad más linda del mundo" para ordenar el año y consolidar una identidad que reúne cultura, educación e innovación.
  • 🚇 Línea F: primera nueva línea de subte en dos décadas, con trazado Barracas-Palermo; licitación en marcha y primeras estaciones previstas para 2026-2027.
  • 🚍 TramBus T1: autobuses eléctricos en carriles exclusivos con 70 paradores y prioridad semafórica para acortar tiempos en el sur.
  • 🛠️ Paquete Subte y modernización: renovación de estaciones, escaleras mecánicas, ascensores y mejoras en la red B con mayor capacidad y confort.
  • 🧱 Infraestructura vial y espacios públicos: Puente Labruna, Campos Salles y Parque Lineal Dellepiane; reordenamiento de calles y conexión con el puerto para Barrio Sur.
  • 🏟️ Sur y actos: Bajada de la Autopista Cámpora; Centro Metropolitano de Eventos en Parque de la Ciudad para grandes recitales y ferias, y MotoGP 2027 con potencial impacto económico.
  • 🏁 Deportivo y turismo: MotoGP 2027 como objetivo inmediato; posible llegada de Fórmula 1 en el largo plazo, con beneficios para turismo, hoteles y empleo.
  • 🏥 Salud y desarrollo social: renovación de CeSAC, CEMAR y servicios de salud, junto a vivienda social en Barrio Olímpico (más de 1.000 unidades) para 3.250 personas.
  • 🧼 Higiene y convivencia: políticas para desalojos de ocupantes y mejora de limpieza, paradores para personas sin techo y atención a salud mental para reinserción laboral y social.
  • 🌧️ Clima e hidráulica: Plan Hidráulico con mejoras de desagües, mapas de riesgo y obras pluviales para reducir inundaciones y vulnerabilidad de la ciudad.

En 2026, la Ciudad de Buenos Aires planea poner la obra pública en el centro de su gestión. En un contexto cargado de discusiones abstractas —macroeconomía, "la casta", "la grieta", batallas culturales—, la apuesta es que el cambio se mida en la calle por hechos visibles: algo se mueve, algo cambia en la Ciudad de la furia. 

En la sede del gobierno porteño, la obra pública aparece como un idioma de identidad en un momento de supervivencia: el PRO intenta mantenerse en pie entre el peso de su pasado y un presente que lo obliga a redefinirse, mientras La Libertad Avanza mira la Ciudad como un trofeo posible.

En esa lectura interna, el problema no gira tanto alrededor del jefe de Gobierno como alrededor de su apellido: Karina Milei sigue enojada con Mauricio Macri; lo vive como una cuenta abierta por viejos agravios, desaires y subestimaciones, y no muestra voluntad de dar vuelta la página. 

Jorge Macri queda atrapado en el rebote de ese enojo: carga con el apellido y paga el precio político del conflicto aunque no sea el autor de la ofensa. Aun así, el estilo de Jorge es otro: más dialoguista que Mauricio Macri, con reflejo de interlocución amplia, capaz de hablar con actores distintos sin convertir cada conversación en una guerra de identidad.

En paralelo, se cultiva una relación práctica con el poder nacional. Hay sintonía con Milei y con su mesa, al menos en temas puntuales, y existe una idea fija: si el Gobierno nacional consigue estabilidad, la Ciudad gana aire. 

Aunque esa cooperación no elimina la pelea por la narrativa: quién se lleva el crédito, quién aparece como el que "hace". En ese marco, la obra pública resuelve problemas concretos en la calle y, al mismo tiempo, exhibe capacidad de gobierno.

También pesa un aprendizaje reciente. Tras el golpe electoral a mediados de mayo en las elecciones locales porteñas, se impuso un cambio de ritmo: procesos más aceitados, más coordinación entre ministerios, menos compartimentos estancos.

En ese nuevo esquema, el jefe de Gabinete Gabriel Sánchez Zinny marca el ritmo: a primera hora llama a los ministros para chequear que los equipos estén en marcha; a las 9 AM arma una reunión virtual para ordenar temas y destrabar cuellos de botella. Es un estilo de CEO, con obsesión por plazos y por ejecución.

La comunicación de la calle entra en la misma lógica. No alcanza con hacer obras: hace falta que se entiendan. De ahí la insistencia en que las vallas informen, que el señalamiento sea legible y que la estética no parezca improvisada. Para parte del equipo de comunicación, el problema no es solo estético: es conceptual. Las obras, señalan, deberían quedar comprimidas en una frase madre, un rótulo capaz de ordenar el año y de darle un sentido común a la suma de cortes y avances.

La Ciudad ya tuvo esos lemas: "Haciendo Buenos Aires" en 2007, "La transformación no para" en 2019. Hoy, en cambio, ya hay una marca que busca ocupar ese lugar: "La Ciudad más linda del mundo".  Recupera un orgullo porteño, una idea de metrópoli que se reconoce a sí misma, y corre el eje: más allá del cemento, la Ciudad también es cultura, educación e innovación. El lema ordena el año y propone una pertenencia.

En la Legislatura, el PRO cuenta con once legisladores sobre sesenta. Entre ellos pesan voces como Darío Nieto, Laura Alonso y Silvia Lospennato. 

Por delante quedan trece meses de gestión hasta marzo de 2027. La idea que se escucha en el oficialismo porteño es simple: llegado ese punto, se elegirá lo que mejor sirva para retener la Ciudad. En los borradores aparece una PASO con Horacio Rodríguez Larreta; otros creen que Larreta jugará solo en territorio porteño. El PRO de Jorge Macri apunta, sobre todo, a retener a una clase media que valora gestión y cultura, y que no se imagina votando a Patricia Bullrich o a Manuel Adorni en un balotaje.

En el mundo libertario, Bullrich genera recelos. Karina Milei desconfía de figuras que crecen dentro de un gobierno y luego buscan destino propio; el espejo que se menciona, es Florencio Randazzo en tiempos de Cristina "alguien que crece y traiciona". Esa desconfianza agrega otra capa al tablero porteño.

En ese esquema, el eje narrativo del año se define por obras y cultura. La Ciudad ensaya un contraste nítido: gestión que se ve y una vida cultural como marca de metrópoli, frente a un gobierno nacional asociado a privatizar y a recortar.

En el PRO circula la idea de que, si el mileísmo gobernara la Ciudad, "haría del Colón un polo gastronómico". La imagen funciona como advertencia para un votante que teme que desalmen la Ciudad por dentro: que desalmen ciertas instituciones públicas, que todo termine pareciéndose a un Starbucks o a un McDonald's.

Y ahí aparece la apuesta de Jorge Macri: salir a jugar con obras como prueba de identidad y presentarse como la administración que preserva el alma de la Ciudad mientras construye y ordena.

El gran tótem del año es la Línea F. La Ciudad la presenta como la primera nueva línea de subte en dos décadas, con un trazo que uniría Barracas con Palermo. Está en licitación, con inicio del proceso previsto para abril; los primeros movimientos incluyen el traslado de paradas de colectivos en Constitución y bajo autopista, más la rectificación de la avenida Entre Ríos en abril/mayo.

La construcción de las primeras estaciones asoma para octubre de 2026. Antes del túnel, viene el reordenamiento de superficie.

El segundo emblema es el TramBus T1, de Nueva Pompeya a Aeroparque. Colectivos eléctricos silenciosos de gran capacidad que circulan por carriles exclusivos, con prioridad semafórica y paradas fijas.

La lógica es la de un subte en superficie: 70 paradores, estaciones de conexión con el subte y un sistema pensado para ganar tiempo en los trayectos más cargados.

El plan contempla cambios de sentido en calles para jerarquizar el transporte público; en la segunda mitad de 2026 podrían cambiar de sentido Acoyte y Honorio Pueyrredón entre Gaona y Neuquén.

Después viene el "paquete subte": renovación de estaciones en varias líneas (y una lista larga de estaciones que entrarían en 2026), más el reemplazo que prevé el plan de 77 escaleras mecánicas —7 ya en ejecución y 36 en licitación—, además de nuevos ascensores en la D y en estaciones específicas.

La modernización de la línea B agrega un dato técnico: readecuación eléctrica de 600 a 1.500 voltios con nuevas subestaciones, renovación de vías y 174 coches 0 km con aire acondicionado en fabricación.

En superficie, la obra vial compone su propia cartografía. El Puente Labruna sigue en obra, con finalización prevista para fin de 2026, y promete mejorar la conexión entre Lugones, Cantilo y el Belgrano Norte con doble calzada. En espejo, la calle Campos Salles pasaría de dos a cuatro carriles hacia el Río, con inicio en febrero de 2026. 

Otra pieza grande, con estética de "reparación urbana", es el Parque Lineal Dellepiane: un parque de 4 km con senderos, áreas verdes y equipamiento, asociado a una autopista que sigue en obra, con fecha final 2027. En abril de 2026 terminarían tareas de renovación de calzada y veredas para frentistas y comercios. 

En el sur, la obra pública suele prometer más que asfalto: promete pertenencia. Ahí aparecen proyectos que arrastran historia y, a la vez, cargan expectativas. 

La Bajada de la Autopista Cámpora lo deja claro: todavía no está definida la ubicación exacta; hay un estudio con cierre inminente; se prevé una solución provisoria entre marzo y octubre de 2026; y la bajada como tal arrancaría en diciembre de 2026, con un año de obra por delante. Es el recordatorio de que, antes del corte de cinta, existe una zona gris: planes que cambian, detalles que se discuten, decisiones que se demoran.

En el Parque de la Ciudad, al sudoeste porteño —Villa Soldati, en el límite histórico entre la ciudad formal y su borde—, la obra pública ensaya su versión más visible. Allí se proyecta un Centro Metropolitano de Eventos con una arena para hasta 60.000 personas. Es un espacio flexible, pensado para recitales, ferias y grandes convocatorias. La obra atraviesa todo 2026, aunque todavía no tiene una ubicación milimétrica cerrada dentro del predio.

Es, probablemente, el proyecto más magnético de comunicar: color, música, multitudes. La pregunta no es si suma atractivo —lo hace—, sino cómo convive con una zona que arrastra déficits estructurales y con una ciudad que, al mismo tiempo, reclama transporte, servicios y seguridad.

En esa misma lógica entra el Autódromo Oscar y Juan Gálvez, en Villa Lugano. Allí la Ciudad ya inició una remodelación integral para habilitar el regreso del Mundial de MotoGP en 2027. Las obras incluyen pista, boxes, paddock, defensas y zonas de seguridad, con cierre total del circuito durante seis meses. El objetivo inmediato es la homologación para MotoGP; el horizonte más largo, todavía hipotético, es que esa homologación funcione como puerta de entrada para evaluar un eventual regreso de la Fórmula 1.

La Fórmula 1 aparece como una posibilidad imaginada y deseada. El camino es inverso al anuncio: primero MotoGP, luego la inspección internacional, después —si los estándares lo habilitan— nuevas obras. Recién ahí podría abrirse una conversación mayor. Nadie habla de 2027 para la Fórmula 1. Se habla, en todo caso, de una ambición a largo plazo.

Lo inmediato es más concreto: el impacto del MotoGP. Turismo, hoteles, empleo y una proyección nacional que la Ciudad busca capitalizar. Las estimaciones oficiales calculan un impacto económico directo cercano a los U$S 150 millones.

En el mismo registro de "ciudad del evento", marzo trae una escena más inmediata. El 14 y 15 de marzo se corre el TC2000 Callejero Buenos Aires 2026, con un circuito urbano de 2.509 metros montado sobre avenidas del sur porteño —General Roca, Escalada—.  

El evento busca darle al sur una postal de multitud y de orgullo local, con boxes, paddock, Fan Zone y accesos armados para dos días que aspiran a masividad. Las referencias que circulan en la memoria del "callejero" son enormes: un millón de espectadores en 2012 y 700.000 en 2013.

La cultura aparece como otra frontera de disputa simbólica. La renovación del Teatro San Martín y el intento de sostener una agenda intensa funcionan como señal de identidad: cultura como inversión, no como gasto.

Ahí entran salud y cuidados, que suelen quedar al margen cuando la agenda se enamora del transporte.

En Saavedra, el Centro Médico Ambulatorio de Referencia —CEMAR— 3 se inaugura en los próximos días, con 20 consultorios y varias especialidades.

El Centro Médico Ambulatorio de Referencia —CEMAR— 4 en Palermo termina en junio de 2026, frente al Hospital Fernández, con la idea de descomprimir la alta complejidad e incorporar rehabilitación.

En Parque Chas, se proyecta un Centro Regional de Hemoterapia con finalización estimada en julio de 2026, pensado para centralizar sangre y hemocomponentes del sistema público.

A eso se suman los Centros de Salud y Acción Comunitaria —CeSAC—: el 51 en Colegiales aparece en licitación, con obra desde mayo, y un nuevo CeSAC en Nueva Pompeya con inicio en abril de 2026, plazo de 150 días e inversión superior a $1.500 millones vía Fondo de Compensación Ambiental.

También hay vivienda: más de mil nuevas unidades para completar el Barrio Olímpico (1.083 viviendas para unas 3.250 personas), con Banco Ciudad como actor vía créditos hipotecarios con tasa preferencial.

En La Boca, la obra baja a tierra: veredas niveladas (7.700 m²), rampas y desagües que se corrigen, luz que se refuerza. 

La calle Necochea cambia de lógica: prioridad peatonal, inicio en febrero y cierre previsto en mayo. Y la traza de la avenida Almirante Brown —uno de los accesos históricos a La Boca— entra en una puesta en valor que busca ordenar el borde y hacerlo caminable.

En Dique 0 —el sector portuario contiguo a La Boca—, el plan se extiende en tres etapas para recuperar el frente más cercano a La Boca: un paseo peatonal que una Puerto Madero con Caminito y nuevos usos —bares, salas, estacionamiento—, con todo 2026 por delante.

Ahí, al lado de la obra chica, aparece una política de mano firme: desalojos y recupero de inmuebles ocupados desde hace años. Casas heredadas, hoteles chicos, caserones tomados: propiedades que llevaban décadas fuera de circuito y vuelven a abrirse.

En el barrio se nota rápido: vecinos que agradecen, frentes que se recuperan, dueños que vuelven a entrar a su propia casa. Es una gestión de metro cuadrado: ordenan una cuadra, cambian un humor, devuelven una sensación básica de propiedad y regla.

La higiene urbana aparece como otro capítulo de esa vida diaria. En una metrópoli, la limpieza —basura, olores, veredas— también define votos. A eso se suma una presión nueva: más gente en situación de calle.

En 2026, la Ciudad sostiene que la calle no se atiende solo con patrulleros: se atiende con camas. Pasó de cuarenta y pico a 58 paradores, segmentados —para mujeres, varones, familias— y con una concesión significativas para muchas personas: refugios donde se puede entrar con el perro.

En ese circuito hay apoyo de salud mental y un intento de rearmar una vida: volver a una entrevista laboral, a un curso, a una consulta médica, a un contacto familiar.

El contraste político aparece rápido. En el equipo porteño repiten que buena parte de quienes duermen en la calle no son porteños: hablan de un 65% que llega desde la provincia. Y comparan con una Provincia que, dicen, tiene pocos dispositivos equivalentes. Esa discusión se mezcla con una relación áspera con Axel Kicillof: el diálogo se corta, la coordinación falla, y la Ciudad termina siendo destino y red.

También hay un protocolo frente a niños en la calle: intervención social inmediata y una decisión que se presenta sin grises. O la madre y el niño aceptan ir a un parador, o el Estado interviene para sacar al menor de la intemperie y llevarlo a resguardo. El objetivo es que no haya chicos durmiendo afuera.

Ese tipo de política pública —la que no se inaugura con tijera, la que se mide en convivencia— también define 2026.

El capítulo "barreras" también tiene potencia narrativa. Pasos bajo nivel en obra o con inicio en 2026: Irigoyen en Villa Luro con conclusión prevista en junio de 2026, y García Lorca en Caballito con fin a mediados de 2026, pensado para cortar las filas que deja la barrera baja y reducir contaminación. En paralelo, el Paso Bajo Nivel y Anillo Peatonal Pampa busca resolver una desconexión histórica entre el Río de la Plata y la trama urbana, con final estimado en agosto de 2027. Son obras que prometen recuperar tiempo y aire.

El clima, por último, trae el argumento menos ideológico porque el agua no discute, entra. Cae "cada vez más rápido y en poco tiempo", y en minutos convierte una esquina en una amenaza con el potencial deterioro de una heladera, el auto, los muebles. 

En 2026 sigue el Plan Hidráulico con ramales y mejoras de desagües, actualización de modelos y mapas de riesgo ante escenarios de cambio climático. Y figura el fin de obras pluviales en Libertador, con cortes parciales en Pellegrini, Cerrito y el cruce Libertador/Libertad. Es infraestructura casi invisible hasta el día en que falla: ahí aparecen la inundación, el miedo, la bronca, la pérdida.

La Ciudad llega a 2026 con una intuición: cuando el clima político se vuelve irrespirable, el asfalto y el hormigón ofrecen una promesa de orden. No es prosa poética de la Oficina de Respuesta Oficial: son obras para probar que el PRO todavía sabe gobernar la Ciudad, aun bajo el ruido de la disputa nacional.

Por eso 2026 puede leerse como un ensayo de legitimidad: que la promesa se vuelva obra, que la obra se vuelva tiempo ganado, que en la próxima tormenta el agua no entre. Si pasa, el cemento se vuelve argumento y la marca encuentra respaldo: "La Ciudad más linda del mundo".

La apuesta es que ese lema condense las obras en una identidad porteña —cultura, educación, innovación— y le abra a Jorge Macri y al PRO la posibilidad de la reinvención.

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