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Sebastián Halperín: "El malestar con el gobierno comienza a aumentar, incluso en el electorado libertario"

Sebastián Halperín: "El malestar con el gobierno comienza a aumentar, incluso en el electorado libertario"
Dufume
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Sebastián Halperín advierte que la sociedad percibe la baja inflacionaria como un derecho adquirido y, por eso, el foco social se traslada hacia la falta de empleo. En diálogo con El Economista, el experto en opinión pública analiza la paridad entre el oficialismo y el panperonismo.

AI
  • 🎙️ Perfil de Sebastián Halperín: analista de opinión pública y sociólogo, con formación en la UBA y una maestría en Ciencia Política en la Universidad de Barcelona.
  • 🎷 Influencias y mapa personal: jazz (Blackie), el club Atlanta y Woody Allen; Let It Be como banda sonora que acompaña su visión de la vida y la política.
  • 🧭 De lo cuantitativo a lo cualitativo: inició trabajando con datos y luego buscó el “porqué” detrás de ellos, a través de enfoques cualitativos y la Cámara Gesell.
  • 🗣️ Método de investigación: en años electorales organiza unos 200 grupos focales anuales para captar matices que las encuestas no muestran.
  • 📚 Formación y rigor: su desarrollo estuvo marcado por maestros como Emilio de Ípola, Juan Carlos Portantiero y Fortunato Mallimaci, en la UBA.
  • 🌍 Experiencia internacional: la maestría en Barcelona confirmó que la UBA compite a nivel internacional y enriqueció su visión.
  • 💬 Enfoque práctico: busca entender el porqué detrás de las opiniones y las cifras, no quedarse en los números solos.
  • 🗳️ Lectura de Milei y la realidad electoral: Milei mantiene un 40% de imagen positiva; hay caída de expectativas y preocupación por el empleo, con inflación percibida difiriendo de las cifras oficiales.
  • 🧩 Composición del voto de Milei: núcleo duro del 30%; el resto proviene de votantes que podrían migrar, incluyendo “huérfanos” de Juntos por el Cambio; hay descontento por temas como Adorni, Lijo y ANDIS.
  • 💡 Villarruel y Caputo: Villarruel podría aportar alrededor del 4-5% y afectar balotajes; Caputo enfrenta tensiones internas, filtraciones y luchas de poder dentro del equipo.
  • 🏛️ Pro y Macri: hay señales de descrédito y reconfiguración interna del PRO; Macri aparece más como mentor/ facilitador que como dirigente activo en decisiones.
  • 🎯 Bullrich y el mapa de alianzas: Bullrich mantiene aspiraciones presidenciales y podría aspirar también a la Jefatura de Gobierno; su relación con Milei es clave para la internalidad.
  • 🗺️ Rodríguez Larreta y la voz institucional: su movimiento estratégico y la creación del Movimiento al Desarrollo le dan opciones de liderazgo sin renegar de sus principios.
  • 📊 Escenarios para 2027 y economía: la posibilidad de Milei en primera vuelta es incierta; el peronismo tendría un piso del 30-33% y podría avanzar ante desgaste; la macroeconomía estable depende de acuerdos y reformas.

La radio del auto sintoniza la FM 89.1, Blackie. La emisora rinde tributo a Paloma Efron, la primera cantante profesional de jazz en Argentina. Para el analista de opinión pública Sebastián Halperín, también sociólogo y consultor, esa sintonía es una melodía para la acción. El jazz, el club Atlanta y la cinematografía de Woody Allen conforman los tres pilares de su mapa personal. En este escenario de corte existencial, Halperín observa la realidad desde una perspectiva crítica. Criado en un hogar judío por psicoanalistas, tuvo su primera incursión psicoanalítica durante la infancia. Esa matriz cultural dejó una huella. "Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio", cita a Groucho Marx para definir su postura ante la vida y el poder.

Su formación académica en la Universidad de Buenos Aires se alejó de los planes iniciales. En el Ciclo Básico Común, la materia Sociedad y Estado desplazó su interés por la Psicología de manera definitiva. Finalmente, Halperín se graduó como sociólogo en una UBA que defiende con firmeza. 

La facultad le ha exigido un rigor absoluto. Profesores de la talla de Emilio de Ípola, Juan Carlos Portantiero y Fortunato Mallimaci moldearon su estructura de pensamiento. 

Esa formación de excelencia se confirmó a miles de kilómetros de distancia. Al cursar una maestría en Ciencia Política en la Universidad de Barcelona, el reconocimiento registrado en torno a la UBA quedó evidenciado con más claridad al ir a estudiar afuera; dicha experiencia ratificó que la universidad compite en el plano internacional.

De regreso en Argentina, su carrera profesional se inició bajo el rigor de los datos. Trabajó junto a Edgardo Catterberg, un académico destacado y pionero de la opinión pública. La etapa cuantitativa le brindó una escuela y un método, y con el tiempo despertó en Sebastián una inquietud personal más profunda. 

Halperín sintió la necesidad de ir más allá de la estadística para indagar en qué había detrás de esos números: necesitaba descubrir el porqué. 

La Cámara Gesell apareció como el territorio prometido, un puente entre el análisis psicoanalítico y la investigación social. La frialdad de la estadística cedió ante la riqueza de la voz humana. Halperín halló allí un espacio de interacción directa para captar matices invisibles en una planilla de cálculo. Al igual que un audiófilo prefiere la fidelidad cálida de un vinilo frente a la compresión digital, el consultor defiende el contacto cara a cara ante la virtualidad. "La experiencia del lenguaje no verbal y la presencia física resultan irreemplazables", sostiene. En años electorales, su método implica la organización de doscientos grupos focales anuales.

Su aspiración para la Argentina se refleja en figuras de retiro activo capaces de preservar el sistema por encima de las facciones. "Eduardo Duhalde sostenía que una de las tareas más difíciles es ser expresidente, y creo que hay tres figuras que desempeñaron ese rol con excelencia: Felipe González, Julio María Sanguinetti y Raúl Alfonsín", enumera. La imagen de Sanguinetti en un abrazo con José Mujica representa el norte que el país debería seguir según Sebastián Halperín.

Con el proyecto de su primer libro en el horizonte, Halperín elige reivindicar sus rituales: un plato de pastas, un asado, un vaso de limonada y la melodía de Let it be que, al igual que el jazz de Blackie, lo escolta en el auto y le ofrece una tregua ante el ruido. La vida avanza y la política argentina insiste en sus crisis cíclicas, pero para él, esa música de fondo mantiene una fidelidad innegociable.

—En el texto "Tan lejos, tan cerca" señalás que cada vez falta menos para la campaña electoral de 2027...

—Por un lado, parece faltar muchísimo tiempo. Sin embargo, todo parece indicar que después del mundial ya se arranca en otro escenario. Serán otros los equipos, los de campaña, encargados de preparar los motores. 

—¿Qué está pasando realmente con la imagen de Milei en la opinión pública?

—Para un presidente que recibió una herencia con un escenario tan desfavorable, mantener todavía alrededor de un 40% de imagen positiva, representa un capital importante, sobre todo luego de un ajuste de semejante magnitud. 

A muchos dirigentes les gustaría emular esa performance. Pero no es menos cierto que el principal crédito del gobierno siempre fueron las expectativas, y eso empieza a cambiar. La gente acepta ajustar sus gastos porque percibe un objetivo claro a futuro, una zanahoria. El problema surge cuando ese incentivo comienza a alejarse o a cubrirse de nubarrones que le quitan nitidez, situación observada en la actualidad. 

Las encuestas registran en los últimos meses una caída en las expectativas del 10% con respecto al Gobierno nacional. Eso resulta lo más preocupante porque toca la fibra más sensible del crédito del gobierno.

El problema radica en que, como parece visualizarse en los estudios de opinión pública, se empieza a asumir la baja inflacionaria como un derecho adquirido. Y el foco, a juzgar por la agenda de preocupaciones manifestada en los estudios, se centra en otras cuestiones de la economía, como el desempleo, que no es una problemática exclusiva de quien carece de trabajo. Actualmente el 66% de la población ocupada tiene temor a perder su empleo. 

También empezó a surgir, a partir de la salida de Marco Lavagna del INDEC, la percepción de que las cifras de inflación no siempre se corresponden con la experiencia cotidiana del ciudadano de a pie. Al ir a la góndola, la foto observada es otra. 

—¿Qué porcentaje de la sociedad mantiene expectativas positivas?

—Hay un núcleo duro que apoya al gobierno, aunque para buena parte de las consultoras, un 60% de la población considera que la situación está mal y no cree en una mejora futura. 

En la elección del 26 de octubre de 2025, Milei obtuvo un porcentaje cercano al 40%, cifra elevada para una instancia de medio término. La contraparte muestra un 60% que no le otorgó el voto.

El problema surge al analizar la composición del voto de Milei. El presidente conserva un núcleo duro del 30%, el electorado de la primera vuelta. Pero el resto es prestado. Se trata de los huérfanos de Juntos por el Cambio, quienes a su vez resultan los más institucionalistas, aquellos a quienes Milei llamaría "ñoños republicanos". 

Este sector se molesta más por cuestiones vinculadas a Adorni, Lijo o la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). En los grupos focales se observa que, de manera individual, cada una de estas cuestiones quizás no pesa tanto, pero en el acumulativo el malestar con el gobierno comienza a aumentar, incluso en el electorado libertario. 

Además, datos recientes representan una alerta para el gobierno. Al examinar la intención de voto —instancia para la cual todavía resta mucho tiempo—, diversas encuestas muestran que el conjunto del universo panperonista, integrado por figuras como Kicillof, Pichetto y Grabois, no se encuentra lejos de la suma de Milei y Bullrich. Existe un empate técnico. Por tal motivo, la distancia que el oficialismo aparenta respecto a la oposición no es tal.

Eso implica que, al menos hoy, Milei no lograría un triunfo en primera vuelta. Y un balotaje constituye un partido completamente distinto. Un claro ejemplo es la vicepresidenta Victoria Villarruel. Al medir su intención de voto, alcanza un 4% o 5%. 

En 2023, esos puntos le pertenecían a Milei. Hoy ya no. De hecho, Villarruel se perfila como una de las principales opositoras. Basta observar las declaraciones del presidente; a pocos actores políticos se los ataca tanto como a la vicepresidenta. El 4% o 5% de Villarruel puede representar la diferencia entre ganar en primera vuelta o tener que ir a un balotaje. 

Asimismo, muy probablemente el próximo presidente sea un insider. Eso ya se empieza a percibir en las filas de la oposición. Se nota una suerte de despertar, o al menos la intención de sentarse en una mesa a pensar cuál es la agenda. 

Milei deja flancos débiles. Macri los explota desde el institucionalismo y Villarruel los capitaliza con una agenda federal. La vicepresidenta ya recorrió diecinueve provincias y pone el dedo en la llaga, porque justamente allí se le factura a Milei su ausencia. 

En los grupos focales, incluso entre sus propios votantes, surge el reclamo: hay muchos viajes de Milei a Estados Unidos o a Davos, pero falta presencia en el ámbito local. 

—¿Cómo puede hacer el espacio de Provincias Unidas para ser más sustancioso?

—Tanto Pichetto como Kicillof sostienen que su espacio tiene que trascender las filas del peronismo. Se percibe a su vez al gobernador de Santa Fe Maximiliano Pullaro darle la bienvenida a un armado con el PRO, incluso ante una hipotética candidatura de Mauricio Macri, una opción imposible de descartar. Queda por dilucidar si Macri buscará jugar un segundo tiempo. En la actualidad, desde su entorno cercano lo niegan. Se perfila más como una suerte de mentor y facilitador, no como candidato. 

Hay una ambigüedad clara en Macri. Algunos incluso llegaron a interpretar su divorcio bajo la premisa de que Juliana Awada no respaldaba una hipotética candidatura suya. 

—Según las encuestas, el electorado femenino exige una mayor convivencia democrática. ¿Considerás que esa demanda resulta extremadamente sofisticada o puede consolidarse como un reclamo concreto para que el Presidente modere su discurso?

—No sólo aparece, sino que surge entre los propios votantes frente a la agresividad del presidente. Cabe recordar la declaración presidencial de hace unos meses: "Vieron que ya no insulto más". El punto de quiebre parece haber sido el último discurso de apertura de las sesiones del Congreso. Como sostiene Rosendo Fraga, los políticos pueden modificar estrategias, pero no cambian su personalidad. Desde el punto de vista de la estrategia política, podría considerarse redituable. Sin embargo, hay que tener cuidado. Aquello útil para ganar una elección, como la comunicación de campaña, no necesariamente sirve para la comunicación de gobierno. 

—La hipótesis de que Milei no se imponga en primera vuelta está sobre la mesa. ¿Podés profundizar en esa idea?

—En la actualidad, ganar en primera vuelta implicaría obtener más del 45% de los votos o un 40% con una distancia de diez puntos respecto al segundo. Ninguno de esos escenarios parece fácil para Milei. 

Cabe preguntarse cuál sería el escenario necesario para un desempeño exitoso de Milei: debería existir un derrame económico hoy imperceptible. 

Si bien Milei ha dado muestras de pragmatismo, y es justo reconocerlo, no se lo observa en una postura proactiva desde el Estado para implementar medidas de asistencia a las pymes. 

El debate real no pasa por un Estado flaco o un Estado gordo, sino por un Estado bobo o un Estado eficiente, tal como lo planteaba Oscar Oszlak.

Resulta difícil pensar que en una sociedad tan desigual como la Argentina del presente se puedan resolver las asimetrías sin un Estado regulador. Se trata de un modelo sólo para el 20% o 30% de la población, ¿pero qué ocurre con el resto? Bajo ese contexto, la posibilidad de alcanzar fácilmente niveles de adhesión del 40% o 45% se torna cuesta arriba. 

El temor a un regreso del kirchnerismo guarda similitudes con lo ocurrido durante la gestión de Macri. El kirchnerismo volvió en versión edulcorada con Alberto Fernández, lo cual resultó un desastre absoluto. Por ese motivo, no hay que subestimar a Cristina Kirchner, aún desde su propia casa. Ha demostrado una enorme versatilidad. Cristina ha exhibido una capacidad de rearticulación y rearmado ausente en otros espacios políticos.

—¿Cuáles son en la actualidad las limitaciones y los desafíos de Axel Kicillof?

—Tiene limitaciones claras. A juzgar por el estado de la opinión pública, a Kicillof no se le ven aptitudes de liderazgo. 

No se lo percibe como un líder con firmeza y capacidad de contención. Aún se lo considera un discípulo de Cristina Kirchner, y no alguien capaz de consumar el parricidio necesario, al menos para quienes creen en la urgencia de dejar atrás la etapa del kirchnerismo.

Existen intendentes dispuestos a mirarlo con cariño, pero todavía no logran percibir en él la suficiente decisión, firmeza y actitud. 

La oposición claramente busca unas PASO, mecanismo que el oficialismo y La Libertad Avanza intentan evitar, dado que el candidato oficialista ya está claro y se pretende esquivar esa instancia de resolución interna de la oposición. 

—Pareciera que hoy el principal capital de Milei es ser la única barrera contra el pasado...

—Es cierto, hay gente dispuesta a votar a Milei, incluso con la nariz tapada, por el temor al pasado. El problema surge si llega a instalarse un escenario de rechazo a la continuidad de Milei.

Es un rasgo propio de cualquier gobierno sujeto a las enormes dificultades de resolver las distintas contradicciones y restricciones del país. 

Hace pocos días resultó ilustrativo un testimonio en televisión. Un jubilado apareció durante un móvil en los supermercados, previo a las Pascuas. El hombre expresó: "Tengo que elegir entre comprar comida o medicamentos". Esa imagen trajo a la memoria el mismo comentario escuchado en enero de 2024, apenas asumido el gobierno, por parte de sus propios votantes: "No puedo afrontar más gastos". El problema radicará en escuchar el mismo reclamo el año que viene. Si se comprueba la persistencia de esos comentarios en los grupos focales, la situación será compleja para el gobierno. Temo la instalación de un clima de rechazo social hacia la propia figura de Milei.

Además, no se percibe desde el gobierno una postura proactiva en materia política y social que permita avizorar una solución. 

El temor capaz de aflorar es el rechazo a la continuidad de Milei que se explica por la imposibilidad de llenar el changuito del supermercado, por el miedo a perder un empleo o por la falta de trabajo.

El pedido de los gobernadores a la Casa Rosada se centra en la reactivación de la obra pública. Para generar inversiones se necesita crear condiciones de infraestructura adecuadas; el inversor requiere ver buenos caminos, rutas y ferrocarriles. Por mi trabajo frecuente en Neuquén, al visitar Vaca Muerta, el panorama resulta desolador. Faltan escuelas y las existentes funcionan en trailers, justo en el lugar de mayor generación de riqueza del país. Las instituciones educativas no logran contener el aluvión poblacional de esa zona, fruto del propio crecimiento. A su vez, existen áreas con tomas de tierras y fenómenos de conurbanización. Son personas movilizadas por la promesa de un sueldo asegurado, pero la realidad resulta diferente. 

—¿Qué lectura hacés de la tensión entre Santiago Caputo y Karina Milei?

—Sin intención de aplaudirlo, Santiago Caputo poseía otra concepción de construcción política, mucho más generosa y aperturista, al evitar imponer candidatos a los gobernadores locales.

Un ejemplo de ello ocurrió en Corrientes; resulta vital evitar que el árbol tape el bosque. La estrategia de Karina Milei funcionó a nivel general. No obstante, se requiere precaución, ya que no resultó exitosa en todo el país: en Corrientes se impuso un candidato violeta y terminó en el cuarto lugar. Existían amplias posibilidades de articular con el gobernador Juan Pablo Valdés, quien finalmente ganó.

El voto del 26 de octubre representó más un sufragio en contra del kirchnerismo y producto del temor, en lugar de un apoyo explícito al gobierno. Eso no niega la existencia de un sector núcleo duro y leal, pero representa apenas el 30%. El incremento posterior de diez puntos deja sabor a poco para considerarlo un triunfo de mérito propio. 

Si bien abundan los rumores sobre la salida de Santiago Caputo en simultáneo, el presidente parece recostarse en su figura. Al menos en el plano declarativo, afirmó el rol del asesor al frente de la estrategia comunicacional.

Las cuotas de poder de Caputo se redujeron. Sin embargo, a partir del episodio con Adorni, cuando los rumores indicaban la decisión de Karina de avanzar sobre los sectores manejados por Santiago Caputo, como la SIDE o el PAMI, hubo una retracción. 

Al mismo tiempo, otras voces sugieren cautela y barajan una hipótesis distinta: la enemistad de Karina Milei radica en identificarlo a Santiago Caputo como el responsable de las filtraciones vinculadas al caso Spagnuolo. Una situación similar ocurrió recientemente con los trascendidos de Luis "Toto" Caputo, cuyos planteos apuntan a una realidad ineludible: resulta posible cumplir con las metas en materia económica, pero sin un aporte real de gobernabilidad, revertir el déficit fiscal resulta insuficiente.

El 'karinismo' parece creer en el purismo como la única alternativa para garantizar el sostenimiento en el poder. La realidad demuestra la falta de muñeca política de La Libertad Avanza para prescindir de ciertas articulaciones. El espacio realizó un mérito notable al lograr sus objetivos actuales pese a su condición inicial de minoría en ambas cámaras. La conformación de un partido nacional representa, sin dudas, un logro contundente de Karina Milei. Pese a ello, la estructura actual resulta insuficiente. 

Esa limitación se visualiza con mayor claridad en el rol del PRO. La sensación reinante sugiere que Mauricio Macri apenas se quedó con las milanesas en la boca. Más allá de cierto empoderamiento propuesto mediante cargos en segundas y terceras líneas, nunca se le reconoció un verdadero rol en la toma de decisiones al expresidente. 

La destrucción del PRO resulta obra del propio Macri, el padre de la criatura libertaria. 

Probablemente, el único aspecto de coincidencia entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta radica en la falta de respaldo recibido de Mauricio Macri en la elección presidencial de 2023. 

Desde un primer momento, el expresidente buscó aliarse con Milei y planteó la posibilidad de una interna abierta. La sociedad percibió con claridad ese coqueteo constante ante la ausencia de apoyos contundentes al interior de su coalición. 

Sin el acompañamiento del PRO, de los sectores identificados como 'radicales con peluca', e incluso de una fracción del peronismo, el gobierno jamás habría logrado la aprobación de la Ley Bases. 

Milei observa con detenimiento la experiencia macrista. Si bien incorporó aprendizajes importantes, como la decisión de blanquear la herencia recibida, corre el riesgo de quedarse corto ante la falta de generosidad en el armado político.

—¿Cómo analizás el papel de Patricia Bullrich?

—Patricia Bullrich constituye un animal político por excelencia, una figura de las que ya escasean en Argentina. Por tal motivo, resulta un error subestimarla. Es notable cómo Karina Milei se molestó ante el protagonismo que Bullrich intentó atribuirse en la aprobación de la modernización laboral.

Patricia mantiene su aspiración presidencial. Ante el desgaste actual del vocero Adorni, Bullrich se posiciona como la figura con mayores posibilidades de promover una candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En la actualidad, representa un activo político que el Poder Ejecutivo no puede permitirse sacrificar.

Si se traza un paralelismo, salvando las distancias, el Presidente inició su disputa con Villarruel cuando las encuestas otorgaban a la vicepresidenta una mejor imagen que al propio Milei. Diversos analistas coinciden en que la interna recrudeció por ese motivo, ya que Karina Milei no toleraba esa competencia de figuras.

Debe tenerse cautela, porque confrontar con Patricia Bullrich implica enfrentarse a alguien con capacidad de daño, construcción política propia y el músculo necesario para estructurar un espacio alternativo.

Bullrich es mucho más dúctil que Villarruel. Estimo que Villarruel morirá con las botas puestas; existen ciertos valores de los cuales no se apartará. Bullrich tiene una mayor plasticidad para la construcción política, lo que le ha dado cuantiosos réditos. 

—¿A Patricia Bullrich le interesa la Jefatura de Gobierno?

—Su interés principal es la presidencia. Si considera que la Jefatura de Gobierno es una estación intermedia, no dudará en postularse. No obstante, si tuviera la oportunidad de ser candidata presidencial de forma directa, lo haría sin dudar, pero siempre evitando una ruptura con Milei.

—Si la imagen de Milei continúa en deterioro, ¿es viable que, ante una caída en las encuestas, le ceda el lugar a Bullrich como candidata presidencial?

—Desde un enfoque racional, coincido plenamente. No obstante, me resulta difícil imaginar a Karina Milei aceptando ese escenario. La construcción política hoy se encuentra bajo el control exclusivo de Karina Milei. Javier Milei se ocupa de la economía y de la batalla cultural.

Nadie en el gabinete se atreve a elevar la voz contra Karina. Quienes lo intentaron fueron desplazados de inmediato. Esta administración ostenta un récord de funcionarios expulsados, con un promedio de uno cada cuatro días.

—¿Cómo se explica la posible incorporación de sectores del PRO al esquema con Pichetto y el radicalismo que mencionaste en tu reciente columna?

—Existe un sector del PRO desencantado. Pienso en espacios representados por figuras como Silvia Lospennato o María Eugenia Vidal, quienes se resisten a firmar un cheque en blanco a La Libertad Avanza. Esos sectores se hallan en una suerte de "no lugar". 

El PRO atraviesa una situación de profunda incomodidad. Buscan diferenciarse, pero temen que un paso en falso sea penalizado por su electorado. No cuentan con margen para despegarse del oficialismo, aunque se vean en la obligación de defender las instituciones.

Es una encrucijada compleja. Ante el caso Adorni, por ejemplo, no se sumaron a la interpelación promovida por otro sector del Congreso, bajo el argumento de esperar definiciones judiciales. ¿Cómo puede un referente del republicanismo e institucionalismo dejar pasar un hecho de tal gravedad? Un miembro del PRO podría plantear que busca la representación de sus banderas históricas. Cuando se le consulta a Horacio Rodríguez Larreta si abandonó el partido, él sostiene que mantiene sus principios y que es el PRO el que se desplazó de eje.

—¿Rodríguez Larreta se encuentra hoy más cerca de una interna con Jorge Macri o con Leandro Santoro?

—Ideológicamente, para su propia incomodidad, Rodríguez Larreta no está tan lejos de Santoro. Sin embargo, él puede justificarse sosteniendo que, durante su gobierno, garantizó recursos para todos los sectores. Es una afirmación válida; de hecho, logró una Legislatura favorable porque fue sumamente generoso, incluso demasiado según los sectores más puristas del PRO. 

Ésa es la interna del partido que, a mi criterio, todavía no está saldada. No debemos olvidar que Rodríguez Larreta posee una matriz de origen peronista; se inició en la política en el PAMI junto a Palito Ortega, lo cual no constituye un pecado capital. Su amistad con Massa es un dato real. 

De todos modos, estimo que cuidará mucho su autenticidad y por ello estructuró el Movimiento al Desarrollo. Ese espacio le permite negociar en otras condiciones con distintos actores. No tiene urgencias, más allá de una eventual candidatura para la Jefatura de Gobierno.

Larreta ha recobrado un protagonismo que había perdido. Recientemente, realizó una autocrítica profunda, incluso sobre su experiencia terapéutica, en una entrevista con Carlos Pagni. 

En pocos dirigentes he observado esa capacidad de introspección y esa emotividad al evaluar su gestión, admitiendo que quizás se perdió en el análisis de las planillas de Excel. En la medida en que recupere centralidad, es una figura que puede ser Jefe de Gobierno o un cuadro ministeriable para cualquier administración. 

—¿Visualiza a referentes del PRO participando de una interna en un espacio donde también se encuentre el kirchnerismo?

—No en esos términos. No se proyecta a Cristina Kirchner dentro de ese armado. De hecho, hay dudas sobre una nueva postulación de Cristina, incluso en el hipotético caso de recuperar tal posibilidad, hoy vedada por la justicia debido a la pena de prisión domiciliaria.

Se intuye un acuerdo tácito, similar al que derivó en la elección de Alberto Fernández. Resulta pertinente recordar las críticas severas que Alberto vertía sobre Cristina, incluso respecto a la muerte de Nisman. Si Cristina tuvo la ductilidad necesaria en aquel momento, con un capital político mayor, cabe esperar la búsqueda de la mejor salida posible ante la situación judicial. Se estima que Pichetto busque tender puentes en esa dirección.

—¿El peronismo o la oposición pueden garantizar la continuidad de una macroeconomía estable, con superávit fiscal?

—Solo un loco pondría en riesgo lo conseguido en materia macroeconómica. Si se analiza el caso de Sergio Massa, es evidente que el objetivo se mantendría. 

Massa habla poco, pero posee mucha información. En toda esta ingeniería electoral, él juega y mantiene a sus referentes. Se preserva porque es consciente de su imagen; en los grupos focales lo califican de "panqueque". 

Massa ejecutó el "plan platita" en un contexto económico particular, arriesgando su carrera presidencial, y aun así realizó una elección excelente para el nivel de desgaste que arrastraba como ministro de Economía. Hay que tener cuidado con lo que Luis Tonelli denomina "democracia Alzheimer": en Argentina todos pueden reciclarse. 

—¿El peronismo conserva posibilidades en una segunda vuelta ante Milei?

—No tengo dudas. El peronismo posee un piso de entre el 30% y el 33%, que es lo obtenido el 26 de octubre de 2025. Sobre esa base, tiene margen para crecer en un contexto de desgaste gubernamental. Existen banderas que el peronismo puede levantar con mayor entidad que cualquier otro partido, especialmente ante las debilidades o talones de Aquiles de esta gestión: la falta de inclusión, el desempleo y la crisis en salud y educación pública. 

—¿Puede Axel Kicillof mantener el superávit fiscal?

—Bajo las circunstancias actuales, tampoco subestimaría a Kicillof. Está claro que, si pretende tener posibilidades reales, debe ampliar su base.

Si Kicillof lograra apoyo de más empresarios, sería tras asumir un compromiso previo de no modificar la hoja de ruta económica en cuanto a la búsqueda del equilibrio fiscal. Hacer lo contrario significaría pegarse un tiro en el pie. 

Kicillof tiene interés en la presidencia y, para lograrlo, necesita mostrar un espacio corrido hacia el centro y descontaminarse del posicionamiento kirchnerista que, en este escenario, no lo favorece.

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