Kicillof ganó la provincia. ¿Puede ganar el país?

Burdman, Fara, Murillo, Timerman y Waisgold analizan el "camino Kicillof" desde ángulos distintos: la unidad del peronismo, la confianza de los gobernadores, el visto bueno de Cristina y el desempeño económico de Milei. La pregunta es si el capital bonaerense alcanza para construir una mayoría nacional.
La provincia de Buenos Aires, otra vez: el distrito con más votantes del país, donde están habilitados para votar más de 13 millones de electores, distribuidos en ocho secciones electorales, 135 municipios, y un conurbano que a veces funciona como un país dentro del país.
En las elecciones bonaerenses desdobladas del 7 de septiembre de 2025, Fuerza Patria ganó con 47,28% y casi 14 puntos de diferencia sobre La Libertad Avanza; se impuso en seis de ocho secciones electorales y, en el reparto de bancas legislativas provinciales, se quedó con 24 diputados provinciales —de 46 en juego— y 10 senadores provinciales —de 23 en juego—. La Libertad Avanza obtuvo 18 diputados y 8 senadores.
En la Primera sección —norte y oeste del conurbano— la lista peronista con Gabriel Katopodis le ganó 47% a 36% a Diego Valenzuela de LLA, intendente de Tres de Febrero.
En la Tercera sección, el corazón histórico del PJ, la vicegobernadora Verónica Magario se impuso por 53% a 28% sobre la boleta violeta. Fue un triunfo en la sección que concentra más de cinco millones de votantes —35,5% del padrón bonaerense—.
Ahí, en ese territorio gigantesco, Axel Kicillof consolidó un método: desdoblar, despegarse de la línea camporista y ocupar el centro con campaña propia. Tres elecciones —2019, 2023, 2025— tres victorias. La pregunta, desde entonces, dejó de ser si domina la provincia y pasó a ser otra: qué hace con ese capital.
Raúl Timerman, analista político, elucida: "Kicillof es el primer candidato que se presenta diciendo 'yo quiero ser' y en ese 'yo quiero ser' se separa de Cristina Kirchner". Para Timerman, esa voluntad explícita lo distingue aunque también lo mete de lleno en el barro político: "El candidato del peronismo va a tener que ganar o una interna dentro del espacio o va a tener que ganar unas PASO".
Esa escena —un dirigente que se autopostula, con la lapicera bonaerense en la mano— tiene, por ahora, una particularidad dentro del peronismo: no abundan otros nombres lanzados con la misma claridad, como precandidatos a cielo abierto.
Carlos Fara, consultor y estratega, interpreta: "Kicillof es el que tiene más proyección porque hoy en la cancha como precandidato es el único. Massa por ahora está corrido". Y agrega Fara: "No descartaría que pudiese haber una primaria con Juan Grabois o algún otro dirigente. El nombre de Sergio Uñac —exgobernador de San Juan— es un nombre que está dando vuelta con alguna aspiración".
Timerman coincide en esa idea de competencia latente: "Juan Grabois tiene aspiraciones presidenciales. Sergio Massa, si no aspira a ser presidente, por lo menos aspira a ser un armador presidencial importante. Juan Manuel Urtubey seguramente va a querer jugar. Sergio Uñac seguramente también va a querer disputar por dentro del peronismo".
La politóloga argentina y profesora en Columbia Victoria Murillo interpreta: para que Kicillof sea candidato en 2027 "tendría que pasar que los peronistas no tengan otra alternativa y, en el grado de fragmentación actual, no es imposible". Para Murillo, eso también podría significar algo menos heroico: "Probablemente significaría que el peronismo no pudo renovarse porque la mayoría de los votantes identifica a Kicillof con el período kirchnerista".
"Lo que necesita Kicillof es, en primer lugar, que el peronismo se mantenga unido", advierte Julio Burdman, politólogo y analista. Y agrega un requisito difícil de controlar en el tramo que va desde ahora hasta el armado final de 2027: "Lo que precisa es que ningún otro candidato se aparezca en ese período".
Ahí aparece la paradoja que señala Julieta Waisgold, consultora y politóloga, en conversación con El Economista: "Kicillof tiene una ventaja que al mismo tiempo puede ser su talón de Aquiles. Gobierna la provincia más grande y probablemente más compleja del país. Eso le da volumen político y visibilidad, pero también lo obliga a demostrar que su liderazgo puede proyectarse más allá de la complejidad de su provincia".
La segunda gran discusión no es Buenos Aires: son las provincias. ¿Confían los gobernadores? ¿Lo sienten propio?
"Los gobernadores no confían en nadie", responde Burdman. Fara sintetiza: "Los jefes territoriales del interior no le ven pasta de líder a Kicillof". La dirigencia provincial, considera Fara, mira con desconfianza cualquier liderazgo que no ordene de manera nítida y que no trascienda el voto duro del kirchnerismo y del peronismo.
Murillo lo plantea en clave de poder territorial: "En la política lo importante es mantener el poder y, si Kicillof fuera funcional a eso, los gobernadores peronistas lo apoyarían". Su matiz es importante: ese apoyo puede existir aunque no crean que Kicillof vaya a ganar la Casa Rosada. Puede ser un respaldo "defensivo", pensado para cuidar la elección provincial —retener la gobernación, sostener legislaturas y municipios—, más que para apostar a una victoria presidencial.
Burdman suma que actualmente "ningún gobernador peronista tiene aspiraciones reales a ganar la presidencia". Están concentrados en conservar lo propio en sus respectivos territorios. Por eso, más que "creer" en Kicillof, necesitan algo más básico: "Un candidato que les garantice un piso para que no se convierta en un lastre tener al peronismo en la boleta. Un candidato a presidente que les permita posicionarse en sus provincias".
"Ningún gobernador peronista tiene aspiraciones reales a ganar la presidencia"
Hay también una escena más amplia que empieza a perfilarse hacia 2027. El efecto arrastre de la boleta nacional podría jugar un papel más acotado. Todo indica que buena parte de los gobernadores, especialmente en el peronismo, optará por desdoblar sus elecciones y despegar su suerte de la presidencial. En ese esquema, pocos querrán "pegar" su boleta a un candidato nacional: la excepción probable son los gobernadores más cercanos a Milei, que sí buscarán asociarse al presidente libertario allí donde haya comicios simultáneos.
El resultado es un calendario fragmentado, con provincias jugando su propia partida. En ese contexto, el impacto de una candidatura presidencial sobre las disputas locales tiende a diluirse.
Asimismo, Burdman advierte: "La fragmentación política del peronismo todavía no tocó piso. El principal problema que enfrentan los jefes políticos provinciales del peronismo es la perspectiva de una fragmentación, un escenario parecido al 2011, con un Milei central y varias fuerzas periféricas". Ese pronóstico abre un escenario inquietante: varios candidatos opositores chicos frente a un oficialismo fuerte.
"El principal problema" —enfatiza Burdman— no es solo la falta de liderazgo claro, sino "un electorado muy heterogéneo al otro lado". En ese paisaje, incluso "figuras que no arman una candidatura nacional eficaz como Juan Grabois y Myriam Bregman pueden pesar más en imagen que dirigentes tradicionales del peronismo", asevera Burdman.
Waisgold evalúa: "Históricamente, el peronismo se ordena detrás de quienes logran ejercer un liderazgo efectivo. Si Kicillof consigue construir ese liderazgo, es muy probable que hacia 2027 el peronismo se ordene en torno a él". La condición es exigente: articular con gobernadores, llegar competitivo y ordenar.
Si Kicillof quiere transformarse en algo más que un gobernador exitoso, necesita demostrar liderazgo interno y, sobre todo, hacer visible que existe un "camino Kicillof".
Además no solo se discute a Kicillof, se discute también qué significa —en términos de percepción federal— ser gobernador bonaerense. En La Plata suele repetirse que la provincia recibe menos fondos de los que le corresponderían por coparticipación. En muchas provincias del interior circula la lectura inversa: que Buenos Aires, sobre todo el Gran Buenos Aires, funciona como una aspiradora de recursos; que lo que pierde en coparticipación se compensa por otras vías —programas nacionales, transferencias, políticas sociales— que terminan concentrándose en el conurbano. Esa tensión no nació con Axel. La enfrentaron varios de sus antecesores, y vuelve a aparecer cada vez que un gobernador bonaerense intenta proyectarse como figura nacional.
Si Kicillof quiere competir fuera del AMBA, va a necesitar una estrategia deliberada de posicionamiento en el interior: no alcanza con administrar la provincia; hay que narrar qué representa esa provincia para el resto del país.
En el peronismo, muchas decisiones todavía se ordenan en relación a Cristina. O, al menos, su figura sigue siendo una referencia inevitable para evaluar alineamientos y costos políticos.
Si Kicillof llega a ser candidato, advierte Fara, la política del interior del país "la sigue viendo a Cristina como la principal figura". Y cuando imagina el camino de Axel hacia la conducción, plantea: "Si Kicillof quisiese convertirse en líder debería tomar distancia de Cristina".
Timerman lo formula desde la aritmética electoral: el peronismo, recuerda, nunca ganó un balotaje. "La posibilidad de ser presidente para un peronista va a ser en función de qué alianzas consigue construir por fuera del peronismo". Y cuando habla de "por fuera" Timerman se refiere a una coalición con el panperonismo cordobés, sectores radicales "alfonsinistas" quienes no acordarían con Cristina, aunque sí con Axel, e incluso figuras provinciales de otros colores.
En esa lista imagina interlocutores concretos: Maximiliano Pullaro —gobernador de Santa Fe y referente del radicalismo—, Nacho Torres —gobernador de Chubut por el PRO—, e incluso Rolo Figueroa —gobernador de Neuquén y líder de Neuquenizate—. "Pero va a haber que formar una gran coalición, un frente amplio, democrático y plural para poder ganarle a Javier Milei en segunda vuelta", sostuvo.
En el caso de que haya una candidatura de unidad en el peronismo, será fundamental para su desempeño electoral la realidad económica del Gobierno de Milei.
Si hay shock —crisis cambiaria al estilo 2018, inflación fuera de control, enfriamiento notable—, cualquier candidatura unificada del peronismo pasa a tener chances. Aunque incluso ahí aparece una advertencia: el peronismo ya no garantiza ser la única candidatura viable de la oposición.
La elección bonaerense 2025 lo dejó a Axel Kicillof parado como vencedor, en el distrito más decisivo. Sin embargo, el mismo triunfo no resuelve el núcleo del problema: cómo salir del AMBA sin romper el vínculo con el propio ADN político; cómo ampliar sin perder base; cómo disputar futuro sin quedar atrapado en la interna cotidiana.
El cuadro se vuelve desafiante para el gobernador de Buenos Aires por dos factores. Uno interno: si emerge otro nombre con capacidad de ordenar y de prometer renovación, el candidato inevitable deja de ser Kicillof. La externa: si Milei llega a 2027 con aire económico la viabilidad electoral de Kicillof —y del peronismo en general— se vuelve más incierta y más desafiante.
Waisgold argumenta: "Kicillof —al igual que cualquier eventual candidato del peronismo— enfrenta un desafío central: ampliar su base de representación y volver a interpelar a sectores populares que en otros momentos acompañaron al peronismo y que en la elección de 2023 optaron por Javier Milei".
"El peronismo en su conjunto —concluye Waisgold sobre el 2027— va a tener que construir un diferencial claro: no solo una lectura crítica del presente, sino la capacidad de proyectar futuro, de ordenar expectativas y de ofrecer una promesa política que vuelva a conectar con el sentido común de amplios sectores sociales".
En lo personal, Kicillof tiene atributos relevantes para una carrera presidencial: es relativamente joven para la historia reciente del peronismo, proyecta una imagen de trabajo y suele ser leído como un dirigente sobrio, más asociado a la honestidad que al oficio del atajo. Y por ahora, le alcanza para lo que ya consiguió: tener la provincia. Ganó, desdobló, se despegó, armó su estrategia. El salto a 2027, sin embargo, pide otra cosa: si no aparece un "camino Kicillof" que no sea solo bonaerense —claro y legible—, la provincia puede quedar como refugio; un lugar firme para resistir, no una pista de despegue hacia el sillón de Rivadavia.

