Ernesto Sanz: "Milei y el kirchnerismo son primos hermanos"
El dirigente de la UCR Ernesto Sanz revela los secretos de la creación de Cambiemos y explica su alejamiento del poder para priorizar la vida familiar. Además, analiza el gobierno de Javier Milei, advierte sobre los lÃmites del ajuste económico y propone reconstruir una gran coalición republicana de centro para evitar el regreso del kirchnerismo.
- 🎂 Ernesto Sanz está a punto de cumplir 70 años y se emociona con la canción "El Abuelo" de Alberto Cortez.
- 🍖 Decide abandonar altos cargos para no perderse el asado de costilla de los domingos con su familia.
- 🧭 De origen cuyano, su base está en San Rafael; a pesar de ello, mantiene lazos con Mendoza y prefiere la sidra antes que el vino.
- ⚖️ Familia de abogados y formación universitaria en la Universidad Nacional del Litoral; vivió la dictadura desde la vida académica y profesional.
- 🗳️ Trayectoria política: senador provincial (1993-1999), intendente de San Rafael (hasta 2003) y senador nacional (2003-2015).
- 🏛️ Lideró el Comité Nacional de la UCR en dos mandatos (2009-2011 y 2013-2015) y diseñó la estrategia de la convención de Gualeguaychú, además de ser precandidato de Cambiemos.
- 🗺️ Su papel clave en la alianza Cambiemos: encuentros con Macri en 2014-2015 para presentar una coalición institucional frente a Durán Barba; Monzó emerge como figura clave en la negociación.
- 💬 En 2015, Macri le propone ser vicepresidente; Sanz presiona para una PASO tripartita buscando sumar votos y asegurar un piso del 30%.
- 🗳️ En las PASO de 2015, Cambiemos obtiene 30% total (Macri 24%, Sanz 4%, Carrió 2%), lo que impulsó la victoria en octubre.
- 🛑 Tras la victoria, se le ofrece ser ministro de Justicia; rechaza para no mudarse a Buenos Aires y continúa trabajando desde Mendoza, participando dos días a la semana en la mesa de coordinación sin sueldo.
- 💥 Las tensiones internas en Cambiemos lo llevan a abandonar la mesa en 2017, considerando que fue una coalición parlamentaria y no de gobierno.
- 🔮 Su visión para el futuro es reconstruir un gran espacio de centro con una gran PASO que reúna PRO, radicalismo y socialismo; señala posibles candidatos radicales como Pullaro y Cornejo.
- ❤️ Personal y legado: dos hijos y cuatro nietos; quiere vivir entre San Rafael y Mendoza; cita a Alfonsín y San Martín como referentes y considera que la canción "El Abuelo" resume su historia.
Ernesto Sanz está a punto de cumplir setenta años y la canción "El Abuelo" de Alberto Cortez lo hace llorar. Ãl mismo explica su determinación de abandonar los altos cargos polÃticos para no perderse "el asado de costilla de los domingos".
Pese a su origen cuyano, Sanz prefiere la sidra antes que el vino. Tras haber tenido en sus manos el destino de la Unión CÃvica Radical y el diseño del gobierno de Cambiemos, hoy su prioridad es viajar a Puerto Madryn para ver a su nieta de doce años jugar en la selección mendocina de hockey o pararse detrás del alambrado para alentar a su otro nieto, arquero en una cancha de fútbol infantil.
Sanz nació en San Rafael el 9 de diciembre de 1956, en una casa familiar donde el derecho funcionaba como idioma doméstico.
Su padre y su madre ejercÃan la abogacÃa. El padre llegó a ser juez, pero renunció para fundar, en 1948, el estudio jurÃdico que Sanz dirige en la actualidad. La madre completó sus estudios en Santa Fe, la misma ciudad elegida por Ernesto para formarse en la Universidad Nacional del Litoral. Allà obtuvo su tÃtulo apenas dos años después de Horacio Rosati y Ricardo Lorenzetti, actuales miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Su primer dÃa de clases en la Universidad del Litoral coincidió con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Al llegar a la facultad, habÃa un operativo militar; el Ejército retuvo los documentos de identidad de los alumnos en la puerta y los devolvió recién a la salida.
Sanz se recibió a principios de 1980, en cuatro años y medio, inmerso en un clima de terror cultivado por la última dictadura.
La vocación polÃtica lo alcanzó de lleno tras la Guerra de Malvinas y el retorno democrático. Sanz regresó a San Rafael con el tÃtulo bajo el brazo y asumió la presidencia de la Juventud Radical de su ciudad. Ese cargo lo catapultó como delegado por Mendoza al histórico congreso de normalización partidaria. Allà presenció el traspaso de mando entre Jesús RodrÃguez y la nueva conducción de Carlos Raimundi.
Su ascenso institucional fue meteórico. Entre 1993 y 1999 Ernesto ocupó una banca como senador provincial y presidió el bloque de la UCR. De inmediato, el voto popular lo ungió intendente de San Rafael, un territorio que gobernó hasta 2003. Ese año dio el salto definitivo a la polÃtica nacional al jurar como senador de la Nación, una banca retenida hasta 2015.
Su influencia mayor se expuso al dominar la superestructura del partido centenario. Sanz presidió el Comité Nacional de la UCR en dos perÃodos: primero entre 2009 y 2011, y luego en la etapa crucial de 2013 a 2015. Desde ese sillón, diseñó la estrategia de la convención de Gualeguaychú y compitió como precandidato a presidente en las PASO de Cambiemos.
Hoy reparte sus semanas entre Mendoza y Buenos Aires. En la capital porteña mantiene un vÃnculo profesional con el exjuez del Juicio a las Juntas Ricardo Gil Lavedra y el exprocurador del Tesoro Bernardo Saravia FrÃas. Su lugar en el mundo sigue firme en San Rafael junto a su esposa. Ella, nutricionista, prefirió la vida de campo antes que la ciudad, incluso durante los doce años de mayor vértigo legislativo de su marido.
Tienen dos hijos, de 42 y 40 años, y cuatro nietos. Ãl mismo se define como un abuelo de tiempo completo.
Era noviembre de 2014 y la cena no tenÃa nada de social. En el cuarto piso de un edificio blanco, de aspecto vintage, justo donde la calle Cavia se estrella contra la Avenida Libertador, Ernesto Sanz sabÃa que estaba entrando en territorio hostil.
Adentro lo esperaba Mauricio Macri. El entonces jefe de gobierno porteño vivÃa allà con Juliana Awada y una Antonia todavÃa muy pequeña.
Juliana ofició de anfitriona con "una calidez extraordinaria" ânarra Ernesto Sanz en charla con El Economistaâ y sirvió pastas. Pero mientras los tenedores se movÃan con parsimonia, sobre la mesa se libraba una guerra.
Sanz habÃa llegado acompañado por su propio scrum radical: Jesús RodrÃguez y Juan Boni Radonjic.
Por algún motivo que la polÃtica a veces no explica, Macri, un hombre forjado en la desconfianza del empresariado y el pragmatismo feroz, le tenÃa una confianza ciega a Boni. Sin él, la cena habrÃa sido en un café frÃo y protocolar. Con él, estaban en el living de Macri, yendo al hueso.
El objetivo de Sanz era convencer a Macri de que el PRO no podÃa ganar sólo y de que el radicalismo no iba a permitir ser desmembrado. HabÃa que armar una coalición institucional. Macri escuchaba, elusivo. De a ratos, se desentendÃa y pateaba la pelota afuera. Aunque el muro de contención no era él, sino Marcos Peña.
Peña actuaba esa noche como el guardián de la doctrina de Jaime Durán Barba. El consultor ecuatoriano, ausente en la mesa pero omnipresente en el ambiente, detestaba la idea de aliarse con el radicalismo, partido considerado como parte de la "vieja polÃtica". La estrategia amarilla era otra: absorber dirigentes radicales sueltos, de a uno, vaciando al partido radical por goteo.
Sanz avanzaba con argumentos, buscando clavar una lanza en la lógica del PRO. Peña desarticulaba cada planteo con los manuales de la nueva polÃtica. En medio de esa esgrima verbal, a Sanz le llamó la atención un detalle: el mutismo de Emilio Monzó.
El gran operador polÃtico del macrismo apenas sà pronunció un par de generalidades y se guardó en el silencio. Terminaron las pastas. Se despidieron. La sensación térmica del radicalismo era de haber chocado contra una pared.
Minutos después, en el hall de planta baja del edificio, Sanz, Jesús RodrÃguez y Boni Radonjic se miraron. La noche de Buenos Aires pesaba.
âBueno, flaco, esto va a ser muy duro âdijo uno de ellosâ. Evidentemente tenemos que lidiar contra la estructura del PRO, que no quiere saber nada con nosotros.
Estaban asumiendo el tamaño de la derrota táctica cuando el ascensor se abrió. De él salió Emilio Monzó. Marcos Peña se habÃa quedado arriba, a solas con Macri.
â¿Para dónde van? âpreguntó Monzóâ. ¿Me llevan?
Subieron los cuatro al auto. Cuando las puertas se cerraron y se alejaron de la calle Cavia, la compostura de Monzó se desmoronó. Fue una catarsis instantánea, un torrente de palabras atragantado desde el cuarto piso.
â¡Estos tipos están locos! âestalló Monzóâ. Ese Durán Barba nos va a hacer estrellar. Nosotros tenemos que hacer lo que ustedes le acaban de proponer a Mauricio. Yo estoy a favor de esto. Considérenme un aliado y vamos a pelearla por adentro.
Sanz escuchaba. Aquel viaje en auto fue el auténtico germen de Cambiemos. Monzó se habÃa puesto la camiseta de la coalición y, a partir de esa noche, la misión de Sanz era usar esa puerta abierta para neutralizar la estrategia de Peña y Durán Barba. A Boni, mientras tanto, le encargaron una misión artesanal: seguir visitando a Macri a solas. Trabajar sobre su cabeza.
Para diciembre de 2014, poco más de veinte dÃas después de la cena de las pastas en la casa de Macri, Ernesto Sanz volvió a pedirle una reunión a Macri. Esta vez fue sólo.
El año 2015, electoral y brutal, se le venÃa encima. Dentro de su propio partido, figuras como Gerardo Morales coqueteaban con Sergio Massa. Sanz necesitaba saber dónde estaba parado el lÃder del PRO.
Al entrar, notó el cambio. La atmósfera era otra. Macri estaba receptivo, condescendiente, distinto. El trabajo de ablande, la persuasión invisible de Radonjic, habÃa hecho efecto. "Domaste a la fiera, loco", le reconocerÃa Sanz a su amigo tiempo después.
El acercamiento era tal que, semanas más tarde, la dinámica del poder se invirtió: ahora era Macri quien querÃa a Sanz.
Ocurrió ya entrado el 2015, después de la convención de Gualeguaychú, cuando las listas aún eran borradores. Coincidieron de casualidad en una gira por Tucumán. Macri no anduvo con vueltas. Hizo subir a Sanz a su camioneta y, mientras el vehÃculo aceleraba rumbo al aeropuerto, a solas los dos en la parte trasera, lanzó la oferta que cualquier polÃtico tradicional habrÃa aceptado sin pensar:
âVos tenés que acompañarme como vice âle dijo Macri, mirándolo fijoâ. Tenemos que hacer la fórmula.
Ernesto Sanz, el hombre que venÃa de ganar la batalla interna de su partido en Gualeguaychú, tenÃa servida la vicepresidencia de la Nación. Pero Sanz tenÃa en la cabeza otro diseño colectivo.
âNo, Mauricio, no âlo frenó Sanzâ. Vos te equivocás.
Macri lo escuchó, sorprendido.
âNosotros tenemos que ir a una PASO âexplicó Sanzâ. Carrió tiene que ser candidata, yo tengo que ser candidato, y vos tenés que ser candidato. Vas a ganar vos. Pero nosotros tenemos que juntarte los votos necesarios para que, la noche de la elección, el zócalo de la televisión diga que entre los tres llegamos a 30 %.
âSi esa noche juntamos 30 puntos, hay segunda vuelta y vos vas a ser presidente de los argentinos. En cambio, si yo te acompaño en la fórmula, entre los dos sacamos 26.
Faltaba una semana para la convención radical de Gualeguaychú. Marzo de 2015. Ernesto Sanz volvió al departamento de Macri del cuarto piso sobre la Avenida Libertador. Esta vez cruzó la puerta en soledad. Juliana Awada, otra vez en el rol de anfitriona impecable, sirvió milanesas para dos.
Sanz fue a sincerarse. Llegó con el corazón en la mano. La jugada de Gualeguaychú representaba un punto de no retorno: la gloria o la tumba. Ãl creÃa tener los votos para alinear al partido detrás del acuerdo con el PRO, pero necesitaba garantÃas. Era imposible enfrentar a los popes radicales con las manos vacÃas.
La exigencia de Sanz fue concreta. El piso de la alianza debÃa ser, como mÃnimo, la renovación total de las bancas puestas en juego por la Unión CÃvica Radical: siete senadores y dieciocho diputados.
Macri escuchó. El jefe de gobierno porteño desconocÃa la filigrana electoral del interior del paÃs; ignoraba qué provincias renovaban legisladores. Pero extendió la mano y selló la promesa.
âQuedate tranquilo âle aseguró.
El excedente, lo que se pudiera sumar por sobre ese piso histórico, quedó delegado a la muñeca de Emilio Monzó.
La noche de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), la matemática confirmó la arquitectura de Gualeguaychú. Los números aparecieron en los zócalos de la televisión tal como Sanz los habÃa dibujado en el asiento trasero de aquella camioneta en Tucumán. Macri obtuvo el 24%, Sanz aportó un 4% y Elisa Carrió sumó el 2% restante. El total fue un 30% exacto.
Ese umbral de competitividad preparó el terreno para las elecciones generales de octubre. En la primera vuelta, la fórmula de Cambiemos alcanzó el 34,15% y quedó a exactos 2,93 puntos de Daniel Scioli, quien logró el 37,08%. Ese empate técnico forzó el balotaje definitivo. AllÃ, Mauricio Macri se impuso en las urnas y se convirtió en presidente.
Cambiemos fue la llave que le permitió al no peronismo arrebatarle el poder al peronismo tras doce años. De aquellos dieciocho diputados que Sanz buscaba proteger con desesperación entre bocados de milanesa, el radicalismo cosechó treinta. De los siete senadores originales, saltaron a once.
Ernesto Sanz habÃa diseñado la PASO que aglutinó a la oposición y habÃa alineado al radicalismo detrás de Cambiemos. Ahora, el premio mayor estaba sobre la mesa: el flamante presidente electo, Mauricio Macri, lo querÃa como ministro de Justicia de la Nación.
Decirle a Macri que no aceptaba esa propuesta y ninguna otra porque " regresaba a su casa" fue uno de los momentos más impactantes de su vida.
Durante años, el establishment polÃtico se resistió a creer que un dirigente en el apogeo de su influencia pudiera renunciar al poder por motivos puramente domésticos. Se tejieron teorÃas y circularon rumores de pactos ocultos.
Sanz conoce perfectamente ese escepticismo.
âEspero que me creas âpide, casi a modo de advertenciaâ. Porque en un mundo donde nadie le cree nada a nadie, que un polÃtico te venga a explicar algo desde lo humano, te van a decir: 'Ah, flaco, me mentÃs'. Pero mi vida fue asÃ, y la decidà asÃ.
Para el exsenador, no hubo ninguna conspiración amarilla, sino un colapso personal.
âPara mÃ, en lo personal, la polÃtica fue una pasión en mi vida âjustifica Sanz â. Pero en los últimos años, del 2012 en adelante, se transformó en una pasión tóxica. La parte tóxica de la polÃtica me venció. Nunca pude unir mi lugar de origen y mi familia con la polÃtica.
Sanz no era un dirigente porteño que después de una sesión acalorada en el Congreso volvÃa a cenar a su casa. Era un polÃtico del interior. Su base estaba en la ciudad de San Rafael. Allà tenÃa todo: su estudio jurÃdico, sus socios, su matrimonio y una familia en la cual acababan de nacer dos nietos, en 2014 y 2015. Durante doce años, asegura, ese mundo habÃa quedado en pausa.
âVenÃa con un complejo de culpa con mis hijos, a quienes habÃa abandonado âexplicaâ. El complejo de culpa de todos los polÃticos. Durante doce años de mi vida abandoné todo eso y en la última etapa me empezó a pesar mental, psicológicamente y hasta en la salud.
Por eso, según su relato, cuando Macri le ofreció el ministerio, la respuesta ya estaba tomada de antemano.
âLe dije: "Mirá Mauricio, yo te puedo acompañar de otras maneras, pero no me voy a venir a vivir a Buenos Aires. Si tomo esta decisión, lamentablemente es una bisagra negativa en mi vida. Tengo que abandonar muchas cosas, hasta mi matrimonio, y no estoy dispuesto a hacerlo. Antes que polÃtico, soy un ser humano".
Macri lo entendió, a su pesar. Quienes nunca lo comprendieron fueron los demás dirigentes del radicalismo, que se sintieron huérfanos de liderazgo en el inicio de la nueva presidencia y todavÃa hoy le facturan el "abandono".
âSi yo tuviera que ponerle un tÃtulo âresume Sanz, aferrado a su verdadâ, el ser humano le ganó la pulseada al polÃtico. Han pasado más de 11 años de aquella decisión y asegura que no solo jamás se arrepintió, sino que la volverÃa a tomar en una situación similar.
El 10 de diciembre de 2015, mientras Mauricio Macri recibÃa la banda presidencial y el paÃs entero observaba la asunción, Ernesto Sanz no estaba en Buenos Aires. Ya habÃa terminado su mandato como senador, habÃa entregado la presidencia de la UCR a José Corral y se habÃa vuelto a su casa.
Dos dÃas después, armó las valijas.
âLe dije a mi mujer: 'Vámonos a Chile'. Agarramos el auto y nos fuimos. QuerÃa alivianar la cabeza, tenÃa veinte mil cosas.
El 14 de diciembre, mientras descansaba del otro lado de la cordillera, sonó su teléfono. Era Mauricio Macri.
â¿Dónde estás? Te necesito en Buenos Aires âme dijo.
Lo que habÃa pasado era que la nueva administración enfrentaba su primera crisis polÃtica grave. El asesor jurÃdico Fabián "PepÃn" RodrÃguez Simón habÃa aconsejado al presidente designar por decreto a los jueces de la Corte Suprema Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz. El rechazo público fue inmediato y el gobierno necesitaba ayuda para apagar el incendio. Macri, desde la Casa Rosada, llamaba al mendocino que estaba de vacaciones.
Sanz interrumpió el viaje, dejó a su esposa en San Rafael y tomó el primer vuelo disponible. Para el 16 de diciembre, estaba sentado frente a Macri en el despacho presidencial. Era la primera vez que se veÃan desde la asunción.
âMe recibe ya como presidente en la Casa Rosada. Solos los dos. Y me dice: 'Bueno, ¿qué hacemos? Me parece que metà la pata' ârecuerda Sanzâ. Y yo le digo: 'SÃ, claro que metiste la pata. ¡Es una pelotudez! Yo no te hubiera aconsejado nunca esto'.
La solución de Sanz fue eminentemente polÃtica: le exigió al presidente que enviara de urgencia los pliegos al Senado. Prometió salir a defender la jugada en los medios, siempre y cuando se encauzara la vÃa institucional de inmediato.
âSi no lo hacÃamos, cada dÃa que pasaba, ese decreto se iba a transformar en un terremoto polÃtico a una semana de asumir.
Tras apagar el incendio del decreto de la Corte, Macri intentó retener a su bombero estrella. Le pidió a Sanz que se quedara cerca. El mendocino le recordó que no pensaba mudarse a Buenos Aires. La solución del presidente fue invitarlo a integrar la mesa de coordinación nacional.
Sanz aceptó participar dos dÃas a la semana âmartes y miércolesâ sin cargo, sin sueldo y sin despacho, compatibilizando la tarea con su trabajo en el estudio jurÃdico de Ricardo Gil Lavedra. Viajaba en avión, dormÃa un par de noches en Capital y regresaba a Mendoza. Para él, ese régimen era posible.
Pero la mesa de coordinación pronto se transformó en un campo de batalla. De un lado estaban los "ojos" del presidente: Marcos Peña, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana. Del otro lado, se alinearon los defensores de un acuerdo de gobernabilidad con el peronismo no kirchnerista: Emilio Monzó, Rogelio Frigerio, Alfonso Prat-Gay y el propio Sanz.
âHabÃamos hablado con Pichetto ârevela Sanz, dibujando el mapa de alianzas que nunca fueâ. Pichetto seguÃa siendo el jefe del bloque de senadores del PJ y tenÃa en sus manos a varios gobernadores, como el "Gringo" Schiaretti. Pichetto no querÃa saber nada con Cristina, estaba harto, se querÃa independizar.
La estrategia del ala polÃtica era clara: usar a ese peronismo dialoguista para blindar la gestión. Pero del otro lado, el trÃo de la jefatura de gabinete operaba bajo el dogma de Jaime Durán Barba, que preferÃa polarizar y mantener la pureza de la marca PRO.
En esa guerra interna, el bando polÃtico empezó a sufrir bajas.
âLa primera baja fue Alfonso. Era un ministro con luz propia y eso afectaba su relación con Mauricio. Perdimos un aliado. La segunda baja fui yo.
âMe fueron aislando âdescribeâ. Como yo iba nada más que dos veces a la semana, llegó un momento en que el trÃo de Peña y Lopetegui avanzaba. Cuando yo me sentaba en la reunión y no estaba Emilio porque no habÃa podido ir, yo era el patito feo. Ya no podÃa meter ni un bocado. Para colmo, algunos Radicales celosos de mi protagonismo, no perdÃan oportunidad de limarme.
Al año y medio de gestión, cerca de las elecciones legislativas de 2017, Ernesto Sanz decidió que la dinámica no daba para más. Se acercó a Macri por última vez en ese rol.
âLe dije: 'Mirá, Mauricio, no tiene ningún sentido, yo ya no te puedo ayudar más. Esto es todo. Llamame cuando vos quieras, estoy a disposición, pero ya no tiene sentido que siga viniendo acá. Ya era una pelotudez.' Y dejé de ir.
Sanz abandonó la mesa y regresó a Mendoza. La historia del macrismo, afirma el radical, quedó sellada en ese triunfo silencioso del bando de la pureza partidaria.
â¿Considerás que si hubieras sido ministro de Justicia, quizá sà le hubieras ganado esa batalla desde adentro? âle pregunta El Economista a Sanz.
âNo lo sé, y creo que no. Cambiemos no fue una coalición de gobierno; fue una coalición solo parlamentaria. En el gobierno no habÃa coalición, en el gobierno habÃa Macri. Macri era el presidente del directorio de una empresa con gerentes. Y tomaba la decisión él, y a lo sumo Marcos Peña. Entonces yo, por más que hubiera sido ministro de Justicia, no hubiera podido.
â¿Qué evaluación hacés del gobierno de Javier Milei?
âYo siempre lo caratulé como un gobierno de transición. Nunca compré, ni creÃ, ni creo que sea un gobierno que venga a quedarse en la Argentina para fundar una nueva etapa, una época o una era. Le reconozco que su contenido rupturista le sirvió para llegar y para gobernar en la primera etapa, hasta las elecciones legislativas del año pasado.
Como lo veo como una transición, noto que el gobierno ha quedado encerrado en una lógica imperante al inicio de su gestión: la lógica de la macroeconomÃa, del orden económico, del equilibrio fiscal y del combate contra la inflación. Esa dinámica la pudo llevar adelante durante los dos primeros años, pero esas herramientas ya no alcanzan.
Se ve hoy en la calle; la economÃa es mucho más que eso. Lo que fue el fuerte de su respaldo se está transformando en su talón de Aquiles, provocando la huida o el abandono de muchos votantes que migran hacia un centro donde quedan huérfanos.
La pregunta del millón es quién representa a esos "huérfanos de la polarización", para usar un tÃtulo del periodista Jorge Liotti. Yo creo enormemente que hay huérfanos de la polarización sin deseos de volver al pasado âcon el kirchnerismo acechando en el otro extremoâ, pero que tampoco están dispuestos a seguir dándole un cheque en blanco a un modelo que no da las respuestas que la Argentina necesita en este momento.
â¿Cuál serÃa esa respuesta?
âUn programa económico de desarrollo productivo que, por supuesto, arranque con la base del ordenamiento macroeconómico que Milei deja. Aunque yo tengo muchos reparos acerca de las herramientas que uso. Las vÃctimas, jubilados, obra pública, provincias, hoy muestran las huellas del ajuste.
No estoy pensando en alguien fundacional que eche por la borda todo lo hecho. Hay que arrancar desde acá, pero con otra gente, con otra cabeza y con otro equipo. Ni Milei lo puede hacer, ni tampoco su equipo actual, experto en finanzas para la primera etapa pero al que le falta una pata productiva.
Quien lo está explicando muy bien es Hernán Lacunza. Lo aprecio mucho y lo plantea con claridad. Para que exista esa alternancia, ese recambio y ese salto cualitativo hacia adelante, tiene que haber un espacio que represente a esa gran pileta que todos los dÃas se llena de disconformes. Hoy eso no está.
Hay una enorme oportunidad para reconstruir un sÃmil Cambiemos en espÃritu y filosofÃa. Pienso en una gran PASO de ese mundo republicano y progresista que le dé a la Argentina el salto hacia adelante.
Sueño con eso: que el PRO tenga su candidato, que el radicalismo tenga el suyo, y que la Coalición CÃvica y el Socialismo también participen.
Tuvimos un primer encuentro el 28 de mayo, que fue una suerte de catarsis para medir la disposición del radicalismo. El segundo encuentro ya fue más programático: invitamos a Alfonso Prat-Gay, a Carlos Pérez Llana para temas de relaciones internacionales, a politólogos como MartÃn D'Alessandro y Liliana De Riz, y a Ricardo Gil Lavedra en la parte institucional.
Ahora pensamos en un tercer encuentro, aún en borrador, para reunir a las fundaciones: Pensar del PRO, Alem del radicalismo, Hannah Arendt de la Coalición CÃvica y CEMUPRO del socialismo.
Queremos sumar a figuras individuales como Pablo Javkin, el intendente de Rosario, para empezar a delinear ideas. Por el otro lado, Emilio Monzó, Nicolás Massot y otros dirigentes están detrás del armado de Jorge Brito. Está bien que lo hagan, cada uno debe hacer lo suyo, pero todos estamos mirando lo mismo. Incluso el periodista Daniel Hadad lo advierte: esa gran autopista del centro se va llenando de agua todos los dÃas.
â¿Y quién puede ser el candidato del radicalismo?
âNo lo sé. Hoy los dos dirigentes en mejores condiciones para representar estas ideas son Maximiliano Pullaro y Alfredo Cornejo. Ambos tienen peso y capacidad de gestión, y hacen radicalismo en sus provincias.
Cornejo enfrenta mayor resistencia del establishment partidario por su acuerdo inteligente con Milei, que le garantizó gobernabilidad.
Pullaro irá por la reelección en Santa Fe y Cornejo, al no tener esa posibilidad en Mendoza, no sé qué hará, aunque me consta que observa este escenario.
El problema de Cornejo es que debe construir mayor imagen y vÃnculo con el radicalismo nacional, algo que Pullaro ya logró en cierta medida. De todos modos, no tenemos un candidato definido. Primero hay que construir el espacio y luego definir los nombres. Si logramos llegar al año que viene con una gran PASO que involucre a todos estos sectores, la cosa se va a poner linda.
âEn su discurso, Milei suele criticar con mayor énfasis al centro polÃtico y a sectores moderados como el radicalismo que al kirchnerismo. ¿Por qué?
âPorque sabe que nosotros le pegamos en la matadura. Sabe que el antagonismo con el kirchnerismo es marketinero, para el show y la tribuna. En el fondo, son dos versiones del populismo, uno de derecha y otro de izquierda; son primos hermanos que se pelean en familia.
Su talón de Aquiles es el progresismo eficiente, un modelo de Estado presente que él rechaza. En Mendoza, por ejemplo, las dos áreas de gestión más importantes son la educación y la salud pública, y funcionan extraordinariamente bien. En Santa Fe, la prioridad es la seguridad. Ambas concepciones son la antÃtesis de su pensamiento.
Milei puede tener de aliado a Cornejo, pero la provincia de Mendoza en sà misma es la refutación empÃrica de sus creencias. Por eso prefiere atacarnos para que desaparezcamos y el escenario quede reducido a la polarización, igual que hacÃa Durán Barba en 2016. Milei y Cristina. Ãl cree que asà tiene el triunfo asegurado. Pero ojo, Durán Barba creÃa lo mismo y ya vimos cómo le fue en 2019. Cuando alimentás a tu enemigo de esa manera, se te va de las manos.
â¿Un proyecto?
âVivir los años por venir con la diversidad actual de familia, trabajo y amigos. Atravesar esta etapa con el foco en el disfrute pleno de esa variedad.
â¿Un lugar?
âSan Rafael, Mendoza.
â¿Un prócer?
âMi prócer histórico es el general San MartÃn. Siento mucha influencia de su figura por mi condición de mendocino, pero además hubo una persona clave para comprender mejor ese legado: Rodolfo Terragno, un gran sanmartiniano y autor de muchos libros al respecto. Sin embargo, mi prócer polÃtico, sin dudas, es Raúl AlfonsÃn.
â¿Una persona que admirás?
âAlfonsÃn y Felipe González.
â¿Un libro?
âPara la risa, los cuentos del Negro Fontanarrosa. Para pensar, "Dios en el laberinto", de Juan José Sebreli.
â¿Una pelÃcula?
âMás que pelÃcula, prefiero nombrar una serie. La miro por segunda vez y la disfruto como la primera: "Homeland".
â¿Una banda o una canción?
âLa canción capaz de hacerme llorar hoy, a punto de cumplir setenta años, igual a la primera vez de su escucha, es "El abuelo", de Alberto Cortez. Es mi propia historia. Mi abuelo español con quien tuve una relación extraordinaria. Quien escuche esa letra y comparta una figura familiar de ese tipo, llora desde la primera estrofa.
â¿Una comida?
âEl asado.
â¿Una bebida?
âA pesar del origen mendocino y del gusto por el vino, una bebida que prefiero es la sidra, quizá por mis raÃces españolas.
â¿Un placer?
âEl asado de los domingos con mis hijos y mis nietos.



