El decorado se calla, salvo queâ¦

Moria Casán tiene una frase que le calza mejor a la polÃtica que a la tevé: cuando ella habla, el decorado se calla.
- 🌆 El área metropolitana de Buenos Aires (provincia y ciudad) manda la corriente de la política y el resto del país late al ritmo de su escenario.
- 🏛️ Quien gobierna la provincia de Buenos Aires, si es peronista, tiende a mirar hacia la Casa Rosada; allí se decide el rumbo nacional.
- 🧩 A lo largo de décadas se han usado “injertos” outsiders para armar fórmulas presidenciales sin cambiar el núcleo del poder (Duhalde con Palito Ortega en 1999; Kirchner con Scioli en 2003; Macri luego).
- 🗳️ En 2023, Milei rompe esa tradición, al ser un outsider que llega al frente sin haber sido un simple parche, acompañado por figuras como Victoria Villarruel.
- 👥 La presencia de Villarruel muestra que incluso las novedades porteñas pueden venir con una continuidad de perfiles conocidos.
- 💼 El “Partido del Vacío” surge como una amenaza para el status quo: ya no promete injertos, sino despidos masivos y un ajuste drástico del sistema.
- 🔮 Si Milei logra un aterrizaje suave, podría recuperar el micrófono político en el territorio porteño y negociar con ese Partido del Vacío.
- 🪑 Se vislumbran dos posibles escenarios de poder: una mesa con Cristina Kirchner, Kicillof y Massa; otra con Macri y Bullrich, con outsiders en roles clave.
- ⏳ Podrían darse dos grandes “big bangs” en 4 años (2023-2027): uno si Milei aterriza bien y otro si el desembarque es brusco y abre el juego a más outsiders.
- 🗺️ En última instancia, lo que ocurra dependerá de si la cancha metropolitana mantiene la regularidad o si emergen figuras desde el margen (empresariales, deportivos o de los medios).
- 🧭 Frase final del análisis: Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires, con una pequeña sucursal experimental en Vaca Muerta.
Bonaerenses, del conurbano, insisto, del conurbano, y porteños llevan un siglo actuando esa lógica sin saberlo. Cuando el área metropolitana de Buenos Aires habla, el decorado provincial se calla.
La regla es vieja y casi no falla: quien gobierna la provincia de Buenos Aires, siendo peronista, termina, tarde o temprano, mirando hacia la Rosada.
Antonio Cafiero lo probó quedando en el camino de una carrera infartante en 1988, cuando perdió la interna presidencial contra Menem con la credencial de ser, ni más ni menos, que el gobernador del distrito más poblado del paÃs.
No hizo falta ganar para confirmar el impulso: el cargo ya empuja solo, aunque con un lÃmite que Cafiero sufrió en carne propia: una crisis profunda, como la que derivó en la hiperinflación del año siguiente a aquella interna, puede facilitar las condiciones para que la moneda polÃtica quede en el aire, tal como sucederÃa luego en dos quiebres: 2001 y 2023.
La misma pulsión atraviesa la Ciudad. Sus jefes de gobierno no administran un municipio: ensayan una candidatura.
Ocurre con tanta insistencia que conviene sacar una conclusión incómoda para el resto del mapa: la provincia de Buenos Aires y la ciudad de Buenos Aires no son provincias como las demás, son la liga nacional.
En términos futbolÃsticos, son el equivalente al viejo torneo metropolitano cuyo recuerdo llevo grabado a fuego por las interminables horas que pasaba jugando en mi Córdoba natal a unas chapitas que tenÃan impreso el rostro de las grandes estrellas metropolitanas de esa época: los hermanos Scotta, el Puma Morete, Roberto Mouzo y tantos otros.
Todo lo que pasa ahà adentro se lee, se mide y se filma con un solo destinatario final: la Casa Rosada. El resto del paÃs, sin quererlo, queda en el plano del decorado.
La crisis de la polÃtica no arrancó en 2023: la dirigencia la viene tratando hace más de dos décadas, con injertos.
En 1999, el gobernador bonaerense e insider de manual Duhalde, atenti: más lomense que bonaerense, sale a buscar afuera del oficio un poco de aire y encuentra a Palito Ortega, un cantante popular devenido gobernador de Tucumán y siempre recordado por la felicidad jajaja, para completar una fórmula que terminó perdiendo con De la Rúa.
En 2003, Kirchner, aprovechando como Menem el portal extraordinario que le abre una megacrisis a un actor del decorado, repite la operación desde la posición más débil y le sale mejor: suma a Daniel Scioli, campeón mundial de motonáutica sin trayectoria partidaria pero, atenti: porteño, como vicepresidente de la fórmula que gana.
Dos injertos, un mismo diagnóstico: habÃa que vestir de outsider a una fórmula de insiders sin tocarle el corazón.
Mauricio Macri es la versión paciente del mismo antÃdoto. Empresario sin carné partidario, llega a jefe de gobierno porteño en 2007, revalida en 2011 y corona en la presidencia en 2015.
Ocho años de aprendizaje institucional antes del premio mayor: la prueba de que el sistema venÃa adaptándose a su propia crisis mucho antes de que se le notara.
Todos esos ensayos compartÃan una regla tácita: al outsider se lo sube de a poco, en el vagón de atrás o en un mandato de aprendizaje, nunca al frente.
La hiperinflación y el big bang habÃan producido presidentes propios, pero seguÃan siendo dirigentes con carrera partidaria detrás.
Con el Covid esa regla se rompe: en 2023 el que salta al frente ya no es un injerto sobre una fórmula tradicional, es un actor que hasta ayer era puro decorado.
Ninguna fila, ningún mandato de prueba: el desarrollo completo está en Milei, el tercer cometa como analicé en una columna reciente en este espacio.
No obstante, y atenti de nuevo: un personaje tan porteño como su compañera de fórmula Victoria Villarruel.
Es decir, hasta en la máxima novedad, una cierta vieja continuidad polÃtica.
Esa diferencia es lo que vuelve amenazante al Partido del VacÃo que también analicé por este canal: ya no promete injertar outsiders en fórmulas conocidas, promete el despido masivo, el you're fired de Trump, el que se vayan todos de 2001, pero sin excepciones esta vez, ni siquiera para los que supieron adaptarse.
Ello permite avizorar dos carreras de diferente naturaleza, en función del tipo de aterrizaje final que tendrá Milei, a mi juicio sà o sà en 2027 como lo vaticiné aquÃ.
Si Milei logra un soft landing, el decorado bonaerense-porteño recupera el micrófono, aunque para pesar de verdad va a tener que negociar con ese Partido del VacÃo que ya probó que puede pasar de fondo a protagonista.
En tal caso, los playoffs de la polÃtica se definirán entre dos mesas ratonas, hoy imaginarias aún.
Por un lado, una mesa bonaerense conformada por Cristina Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa y, por el otro lado, una conformada por los primos Macri y una Patricia Bullrich hoy con destino previsible.
Parafraseando al Indio Solari, in memoriam, solo resta saber la fecha y el lugar del garrochazo que pegará la movediza senadora.
Desde ya, en uno u otro caso, es previsible el acompañamiento de outsiders que contribuyan a paliar semejante nivel de desgaste y ruina en que se encuentra toda la clase polÃtica tras el paso del cometa Milei.
Si, por el contrario, el aterrizaje es forzoso, no hay injerto que aguante: se abre el juego entero, para gobernadores de provincia o para cualquier outsider que sepa leer la fiebre a tiempo.
En semejante hipótesis, lo que serÃa el cuarto big bang de la etapa democrática tras la hiperinflación de 1989, el big bang de 2001 y el cometa pos Covid de 2023, ahà se abre el juego para cualquiera de los nombres que se insinúan y los que hoy ni aparecen.
¿Suena poco probable dos big bangs en un intervalo tan corto de 4 años, de 2023 a 2027? Para nada, decÃa en julio pasado que el vacÃo no necesita un rostro constituido con antelación porque su fuerza no está en la anticipación, sino en la disponibilidad.
Aterrizaje suave o aterrizaje brusco. He ahà la cuestión.
Manda la regularidad polÃtica ambeña y el decorado se calla o si, por el contrario, surge alguien del margen, del vacÃo, sin perjuicio de que el área metropolitana, siempre tan determinante, moldee igual el futuro polÃtico inmediato.
¿Cómo? Aportando una figura emanada del panelismo metropolitano como lo fue Milei o de los muchos que suenan hoy del mundo empresarial, deportivo o de los medios de comunicación que, todos sin excepción, comparten la condición de porteños.
En tal sentido, podemos decir que, salvo un tsunami, en Argentina sigue prevaleciendo el viejo adagio popular: Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires.
Por ahà con una pequeña sucursal experimental en Vaca Muerta, pero sucursal y experimental al fin.





