Augusto Costa: "Queremos que haya más empresas, más inversión y que los empresarios ganen plata"

El ministro de Producción bonaerense, Augusto Costa, advierte sobre la inefectividad absoluta del modelo de Javier Milei. Costa asegura que la brutalidad del ajuste resulta incompatible con el sostenimiento social y cuestiona el RIGI por consolidar una economía extractivista que destruye el entramado productivo nacional.
- 🧑💼 Perfil y cargo actual: Augusto Costa es ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la provincia de Buenos Aires, con una relación política estrecha con Axel Kicillof.
- 🎯 Orígenes y sueño periodístico: desde adolescente quiso ser periodista, especialmente en el ámbito deportivo.
- 🎓 Formación y cambios: tras el secundario estudió Comunicación y TEA; en segundo año dejó esa carrera para estudiar Economía, influenciado por la militancia y por Kicillof.
- 🗳️ Militancia universitaria y TNT: se unió a la agrupación TNT y se involucró en la vida política universitaria, enfrentando a otras corrientes y participando en elecciones estudiantiles.
- 📺 Experiencia periodística: en 1997 ingresó a El Economista por recomendación de colegas, aprendiendo sobre las lógicas del poder y el debate público.
- 🎸 Música y vida personal: tenía una banda indie llamada Tilt y llegó a cubrir una gira de Soda Stereo; combinó música y periodismo en sus años jóvenes.
- 🧭 Trayectoria académica y profesional: fundó el Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (CENDA) y continuó su formación en áreas de economía y ciencia política, con becas y maestrías.
- 🏛️ Trayectoria en gestión pública: a fines de 2007 fue Director de Preinversión; estudió en Londres con la beca Chevening; regresó y ocupó cargos como Director Nacional de Proyectos de Inversión, Subsecretaría de Competitividad y Secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, para terminar siendo Secretario de Comercio en 2013.
- 📈 Logros en comercio y políticas: coordinó programas como Precios Cuidados y Ahora 12, además de gestionar las DJAI; durante su periodo, la inflación real cayó respecto a años anteriores.
- ⚽ Vélez y visión deportiva: es vicepresidente de Vélez Sarsfield y defiende una visión de desarrollo deportivo que incluye el fútbol femenino y una regulación de las SAD; analiza los costos y beneficios para los clubes.
- 🔧 Regímenes y reformas: critica perdidas por sistemas como el RIGI y propone alternar con un Régimen Provincial de Inversiones Estratégicas; defiende que las estructuras de los clubes no deben sacrificarse y que el modelo histórico de Asociación Civil sin fines de lucro debe fortalecerse con mejor gestión.
- 🗣️ Economía y Milei: critica el plan económico de Milei por ser brutal e inefectivo; propone un plan macro estable y un consenso entre sectores para ordenar la economía y reducir la inflación.
- 🗳️ PASO y 2027: ve valiosa la PASO para dirimir internas y sostiene que el peronismo debe presentar un programa sólido para ganar a Milei en 2027.
- 🎁 Personal y aficiones: valora a su hija Amanda, el fútbol, su comida favorita (fideos), la cerveza, y libros/series/películas que cita como favoritos.
- 🔮 Visión de futuro: busca un gobierno con estabilidad técnica y definiciones claras, priorizando un desarrollo productivo con inclusión social y evitando recetas importadas sin contexto local.
Desde adolescente, Augusto Costa —actual ministro de la Producción del gobernador Axel Kicillof— quería ser periodista. El deseo de ejercer la profesión, en especial en el ámbito deportivo, dominaba sus días.
Al finalizar el colegio secundario en el Nacional de Buenos Aires, se inscribió en Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y en la escuela TEA de manera simultánea.
El objetivo de Costa era conseguir una formación general para complementar el oficio periodístico. Pero su vida tomó otro rumbo.
En el segundo año, tras una charla con amigos, decidió dejar Comunicación e inscribirse en Economía. La señal de que era el camino correcto llegó a través de un cruce. En 1995, al transitar el patio de la facultad, observó una asamblea. Frente a la multitud, un joven desplegaba un discurso sólido, provisto de un carisma magnético. "¿Quién es?", se preguntó Costa.
Ese joven de veintitantos era Axel Kicillof, tres años mayor, cofundador e integrante de la agrupación universitaria "Tontos pero no tanto" (la mítica TNT).
La ebullición política de la época lo cautivó de inmediato. Comenzó a militar y la economía política, plagada de debates intensos, lo convocó.
En paralelo, la vocación periodística tuvo una oportunidad. En 1997, por recomendación de su compañero de facultad Sebastián Campanario y a pedido de Juan Boni Radonjic, histórico director de El Economista, Costa se sumó a la redacción.
Boni le abrió las puertas con calidez. El paso por el diario fue un curso acelerado sobre las lógicas del poder y el debate público. A los 22 años, lidiaba por teléfono con figuras de la economía nacional. Aquella experiencia forjó una comprensión de los medios fundamental para su futura vida pública. "A Boni lo adoraba", señala Costa.
A fines de los noventa, el estudiante Augusto también tenía su propia banda de música. Era el bajista de Tilt, un grupo indie bautizado en honor al mensaje de error de las máquinas de flipper. La pasión musical convivía con la audacia de los veinte años.
En 1997, Soda Stereo anunció la gira de despedida. Con su primer sueldo del diario El Economista —unos US$ 400 de la época—, Costa le propuso a su editor justificar un viaje a Santiago de Chile con la redacción de una nota comparativa sobre las economías de ambos países. Compró el pasaje, presenció el recital de su banda favorita y cumplió con el artículo.
Con el paso de los meses, las aulas y la militancia exigieron dedicación exclusiva. Para solventar sus gastos y financiar la agrupación estudiantil, comenzó a trabajar como DJ durante los fines de semana. Pasaba música en fiestas, casamientos y cumpleaños. El periodismo quedó en el tintero, preservado como un recuerdo de juventud.
El fin del ciclo universitario coincidió con el estallido del país. Se graduó en 2000, aunque su activismo continuó. En 2001, su agrupación TNT derrotó a Franja Morada en las elecciones del Centro de Estudiantes y del Consejo Directivo, con una ventaja de 181 votos sobre un total de 30.000 sufragios. Sin embargo, la victoria derivó en una denuncia de fraude. Según Costa, las planillas fueron alteradas con corrector blanco y la agrupación rival declaró un triunfo ficticio por 30 votos. Hubo violencia física y denuncias cruzadas. Asumieron la mayoría en el Consejo Directivo, pero el control de la caja del centro estudiantil, un botín de US$ 3.000.000 anuales, les fue arrebatado.
La respuesta a la frustración política fue la academia y la formación. Al año siguiente, tras fundar el Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (CENDA) junto a Kicillof, el perfil técnico de Costa se profundizó. Ocupó la subsecretaría de Hacienda en la Facultad de Ciencias Exactas en 2003, obtuvo una beca de doctorado en 2004 y cursó una maestría en Ciencia Política en la UNSAM.
El ingreso formal a la gestión pública nacional ocurrió de modo imprevisto a fines de 2007. Con la designación de Martín Lousteau al frente del Ministerio de Economía, Gastón Rossi lo convocó para asumir la Dirección de Preinversión. El compromiso inicial tenía fecha de caducidad automática: Costa esperaba la resolución de la beca Chevening para estudiar en el exterior.
El cosmopolitismo y la pausa llegaron a mediados de 2008. A los 32 años, con la confirmación de la beca británica, Costa partió a Londres para cursar una maestría en Estudios del Desarrollo en la London School of Economics.
Aquella distancia física no interrumpió el lazo intelectual con Buenos Aires. Desde la capital británica, se encargó de la edición de un libro fundamental de Kicillof, "De Smith a Keynes: siete lecciones de historia del pensamiento económico", texto recientemente reeditado por la Editorial Siglo XXI. "Augusto Costa hizo una rigurosa revisión general del manuscrito antes de ser entregado para la edición", escribió el autor en los agradecimientos.
El aula londinense también regaló escenas de comedia: en una de las materias, el profesor era el economista Juan Pablo Rud, compañero de militancia en la agrupación TNT. Costa se ubicaba en la primera fila para incomodar a su amigo, incapaz de contener la risa ante el discurso formal en inglés.
El regreso a la Argentina a fines de 2009 marcó el inicio de un ascenso en el sector público. Costa se incorporó a la agencia de inversiones bajo la dirección de Cecilia Nahón, órbita con posterior transformación en una subsecretaría de la Cancillería.
Para 2011, cuando Kicillof asumió como viceministro de Economía, Costa ya se desempeñaba como Director Nacional de Proyectos de Inversión. El nuevo esquema de poder lo colocó al frente de la Subsecretaría de Competitividad.
Un año después, ante el traslado de Nahón a la embajada en Estados Unidos, asumió la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales. El rol de vicecanciller económico de Héctor Timerman durante doce meses consolidó su experiencia diplomática y comercial.
Ese recorrido acumulado preparó el terreno para el hito central de su carrera gubernamental. A fines de 2013, con el nombramiento de Kicillof como ministro, Costa fue designado secretario de Comercio.
"Le planteé a Axel: 'Si vamos a impulsar una política comercial, necesitamos integración. No puede haber comercio interior y exterior por separado; es un solo comercio'. Cristina terminó por unificar las áreas y quedé a cargo de todo", detalla Costa.
Secundado por Paula Español y Ariel Langer, Augusto coordinó la implementación de programas masivos como Precios Cuidados y Ahora 12, además del complejo calibramiento de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI). "El desafío mayor fue ordenar las DJAI", asevera.
Durante ese período, la inflación real (no la del Indec) descendió del 36% en 2014 al 23% en 2015.
Hoy, el vértigo gubernamental persiste intacto en La Plata. Como ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la provincia de Buenos Aires, el vínculo político y de gestión entre Costa y Kicillof se mantiene inquebrantable.
A la par de los despachos oficiales, su atención recae en el verde césped. En su rol de vicepresidente de Vélez Sarsfield, el economista atestigua la revolución del deporte a través de los ojos de su hija Amanda, jugadora de la categoría Sub 10 y flamante campeona en un torneo juvenil. "Es la primera generación nativa futbolística. Nació con este deporte, lo juega y lo consume. Amanda pide quedarse dormida con resúmenes de los encuentros", relata con orgullo.
Para Costa, las transformaciones profundas exigen tiempo y paciencia. Considera indispensable apostar hoy por las bases para cosechar los frutos en la próxima década. "Recién de acá a 10 años llegará la explosión definitiva del fútbol femenino, pero resulta clave apostar en este momento, porque quien deje pasar la oportunidad se quedará afuera", advierte.
Compara este proceso con la medalla de plata de Las Leonas en Sídney 2000, un hito fundacional capaz de alterar la historia de una disciplina. Aquellas mujeres modificaron el hockey para siempre; las niñas actuales asoman como la generación destinada a transformar el fútbol.
Para un funcionario acostumbrado a lidiar con la urgencia política, el deporte funciona como un recordatorio. Las auténticas transformaciones —el diseño de un programa económico estructural o la ilusión en los botines de una niña de diez años— requieren paciencia. Se dan sobre raíces firmes, más allá del ruido inmediato de un tuit y con los ojos puestos en el futuro.
—Como vicepresidente de Vélez y economista, ¿cuál es el mayor desafío para los clubes argentinos en la actualidad frente a la presión de las Sociedades Anónimas Deportivas?
—En el fútbol, los clubes atraviesan grandes dificultades ante la presión de las sociedades anónimas y, sobre todo, por la distorsión del mercado: cualquier club brasileño ofrece contratos imposibles de pagar en la Argentina.
Además, hay clubes que para contar con buenos jugadores compran pero luego incumplen los pagos.
A raíz de ello, hay un tironeo constante; el escenario está descalabrado y resulta difícil para las instituciones. Asimismo, con los juveniles ocurre que el primer contrato se puede firmar recién a los 16 años y sólo por tres años.
A los 19, muchos chicos debutan en Primera, alcanzan su mejor momento, deciden no renovar, se van libres y el club se queda sin un peso.
—¿Qué se puede hacer frente a esta situación?
—La FIFA tiene que cambiar la normativa.
—¿Cuál sería la normativa que debería modificar la FIFA?
—Extender los primeros contratos; por ejemplo, permitir firmas por cinco años. Al sellar el vínculo a los 16 o 18 años, si el jugador desea marcharse, existe un contrato vigente y el pase debe ser comprado.
Por otro lado, es necesario revisar el marco de operaciones, ya que muchas instituciones se aprovechan de estas lagunas para perjudicar a los clubes formadores.
—¿La llegada de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) garantizaría una inyección de capital capaz de equiparar los contratos que ofrecen en Brasil?
—Sí, podría entrar más dinero. Sin embargo, por ejemplo, Vélez tiene un déficit mensual de US$1.500.000. Una parte de ese rojo responde a los contratos de fútbol, pero una porción corresponde a sostener la infraestructura ajena a ese deporte. Son 20 hectáreas de polideportivo con 35 actividades.
La mayoría de esos deportes da pérdida porque los aranceles cobrados y los costos fijos no se compensan. Además, hay un instituto educativo y se cuenta con una infraestructura importante.
Gran parte de esa estructura se sostiene con el subsidio cruzado del fútbol. En la actualidad, nosotros vendemos un jugador y un porcentaje se destina a financiar la vida social y el deporte amateur del club. Si llega una SAD, la postura será clara: tomar el fútbol, transformarlo en una unidad de negocios y no derivar un solo peso hacia ninguna otra área.
Frente a ello, una salida es que el club se vuelva elitista. La otra opción es cerrar todo lo ajeno al fútbol.
Si fuera por las SAD, habría que eliminar el fútbol femenino, el hockey, el cesto ball y muchas otras disciplinas frente a la posibilidad de ser más fuertes en el fútbol masculino.
Con un escenario tan desbalanceado, sostener a los clubes tal como los conocimos resulta cada vez más difícil, aunque estoy convencido de que el modelo histórico de Asociación Civil sin fines de lucro es el que hizo grande a los clubes y al fútbol argentino y es el que hay que defender, mejorando la gestión con profesionalismo, transparencia y cercanía a los socios, los verdaderos dueños de los clubes
—De cara a una eventual presidencia de Kicillof, ¿considerás que la situación requiere una figura capaz de brindar certidumbre financiera, un economista preocupado por el investment grade a la manera de Danilo Astori en el Frente Amplio de Uruguay? José Natanson sugirió el nombre de Horacio Rodríguez Larreta para el Ministerio de Economía. ¿Cómo evaluás este escenario?
—No me parece correcto extrapolar experiencias de otros países con sistemas políticos, económicos y sociales distintos al argentino. Tiendo a no comparar porque el caso de Brasil no tiene que ver con la Argentina ni con Uruguay. Por lo tanto, no hay una receta.
Para los desafíos de la economía argentina, no creo que la situación que herede el próximo gobierno se resuelva con señales de ese tipo a los mercados, sino con un plan claro sobre lo que hay que hacer.
Por eso hablo con muchísimos empresarios; justo estos días hubo una reunión en Escobar con Axel y treinta empresarios de primera línea. Participaron las principales empresas de todos los rubros: laboratorio, consumo masivo, metalmecánica, construcción. Estuvo bien porque muestra el gran interés de una parte importante del sector privado por tener un encuentro cara a cara con Axel y escucharlo de forma directa, sin las distorsiones sobre lo que piensa o haría.
Allí, el mensaje que transmitimos es que un modelo económico como el de Milei no resulta viable en la Argentina. Se parte de un ajuste brutal y una licuación de ingresos y de ahorros para atacar la inflación, dar señales de un mejoramiento rápido de las cuentas públicas y proyectar una economía con menos regulaciones.
Supuestamente, con la reivindicación del libre mercado y la no intervención del Estado, se iba a desplomar el riesgo país. A su vez, esto iba a permitir la recuperación del financiamiento voluntario y un roll over de deuda. Sin embargo, todo eso no existe, porque la brutalidad del ajuste es incompatible con el sostenimiento social.
—En 2023 la economía ya atravesaba un momento crítico...
—Sí, un gobierno no debe terminar con 200% de inflación, ni se puede sostener una economía con tensiones en el sector externo como las que había. Resultaba necesario hacer correcciones y tomar medidas firmes. Sin embargo, la respuesta de Milei a la economía heredada de 2023 fue de una brutalidad y, sobre todo, de una inefectividad absoluta.
Se generó un costo social y un perjuicio sin sentido a un sector mayoritario de la población. Resultó inútil porque, además, no hubo una buena lectura internacional sobre las transformaciones recientes del sistema económico mundial, con la consolidación de China como superpotencia y Estados Unidos en crisis.
Estados Unidos, con Trump, ejecuta una política decidida a recuperar el segmento de la cadena de valor que históricamente se ubicó en territorio norteamericano y se perdió a manos de los países del sudeste asiático. La intención es llevar la producción de vuelta a Estados Unidos con políticas proteccionistas, alejadas del libre mercado, para desconocer los acuerdos multilaterales en materia de regulaciones comerciales y de inversiones.
Una incoherencia total en términos de previsibilidad.
Un día Trump decide imponer un 100% de aranceles a los productos de todo el mundo. Se desploman los mercados y el impacto llega a la Argentina. Al día siguiente, cambia de postura y dice que va a reconsiderar la decisión. Suben las bolsas y mejoran los indicadores financieros.
Por este motivo, desde la aparición de Trump, el escenario es una montaña rusa permanente. Un día hay bombardeos en Irán y al otro se interviene en Venezuela con Maduro.
En este mundo, lo que está de fondo es una reestructuración global de los flujos de producción y comercio, vinculados a la revolución tecnológica, el desafío de la inteligencia artificial y la robotización del trabajo y de los ingresos. Pero, sobre todo, la cuestión central es que China se impone en la carrera por el desarrollo tecnológico y la hegemonía económica mundial.
Estados Unidos está más débil. En este contexto, mantener desde la Argentina una geopolítica de alineación absolutamente subordinada a Estados Unidos es un error.
La economía nacional queda expuesta con medidas de apreciación cambiaria artificial, la apertura indiscriminada de importaciones, las condiciones para el carry trade con tasas de interés impagables, la suba de tarifas y la pérdida de poder adquisitivo, lo cual desploma el consumo interno.
Milei abre la economía, destruye el consumo y el país queda a merced de la volatilidad del sistema financiero internacional. Estas inconsistencias terminan con los salvatajes del FMI o de Trump antes de las elecciones.
—Más allá de las señales al mercado, resulta indispensable dar certidumbre al electorado. Donald Trump y el Partido Republicano seguirán en la Casa Blanca hasta 2028, y se nota temor en los votantes argentinos. ¿Pueden emitir gestos para asegurar que una victoria peronista no desate un lunes negro?
—Hay nombres como los de Larreta y Melconian que resultan disparatados porque no creo que cumplan con el objetivo pretendido por nuestro espacio. El camino no es por ahí.
Hablo de las señales al mercado porque hay quienes leen que existe la posibilidad de generar un gran excedente en la balanza comercial por la explotación de petróleo, gas, minería y algunos nichos exportadores.
Para esto se toma la peor decisión: el RIGI. Consiste en darle todo a quien venga a extraer recursos naturales, con el objetivo de generar los dólares suficientes, pero se deja de lado cualquier meta de desarrollo productivo, de proveedores, de transferencia tecnológica, de impacto local o ambiental.Hay un proceso desesperado por generar condiciones de alta rentabilidad en sectores generadores de divisas, mientras se destruye el resto del entramado productivo.
Por otro lado, existe una visión previa sobre Axel, que también se observó mientras era ministro. Se armaba una imagen prejuiciosa, pero cuando los empresarios e inversores se reunían con Axel comprobaban que no era "el soviético loco" que se decía. Naturalmente, no lo es.
Sí tenemos claro qué tipo de política, de Estado y de modelo resulta más coherente con la posibilidad de que la Argentina encuentre un desarrollo que mejore las condiciones de vida de la mayoría.
Consideramos que tiene que haber sustentabilidad en las cuentas públicas; aunque la sustentabilidad de las cuentas públicas no debe lograrse a cualquier costo. El Estado tiene que tener un rol para garantizar infraestructura, brindar salud y educación, prestar seguridad y generar incentivos para el desarrollo de sectores productivos creadores de trabajo y valor agregado.
Si la expectativa es que haya un gobierno que aplique las políticas de Milei pero sin ser él, eso no somos nosotros.
—¿Qué señal se le puede dar al electorado preocupado por un lunes negro ante un eventual triunfo de Kicillof?
—En la elección de octubre de 2025 hubo un temor válido, legítimo y genuino en un sector importante de la sociedad. Entendieron que si le iba mal a Milei, el lunes Trump le quitaba la ayuda financiera y explotaba la economía.
Esa situación llevó a muchos a votar por Milei. Aunque hoy, después de siete u ocho meses y tras el préstamo de Bessent, asusta más la idea de seguir con este modelo un año y medio más. Y ni hablar de otros cuatro años a partir de 2027. Lo que asusta es tener un gobierno que se ríe de los jubilados a los que no les alcanza para llegar a fin de mes, que quita las pensiones por incapacidad y desfinancia la ciencia. A los propios empresarios les asusta un modelo incompetente.
El modelo Kicillof es con consistencia técnica y definiciones políticas claras. El año que viene, al entrar en el proceso electoral, haremos una propuesta en el momento que corresponda e intentaremos dar la discusión.
—¿Kicillof será candidato en 2027?
—Hay dirigentes con la voluntad legítima de serlo. Kicillof tiene la voluntad, pero sólo con un programa sólido. Ese programa es el que se deberá poner sobre la mesa, para dejar en claro por qué el modelo de Milei fracasa y cuál es el camino alternativo.
—Y con respecto al programa de 2027, ¿qué se puede hacer con el RIGI?
—No somos un gobierno antiempresa, antiinversión ni antiempresario; todo lo contrario. Queremos que haya más empresas, más inversión y que los empresarios ganen plata.
Lo que no se puede aceptar es que todo eso ocurra a cualquier costo. El RIGI es un programa centrado en áreas que, por su propia naturaleza, se asocian a la extracción de recursos naturales y a sectores concentrados de poco impacto en el tejido productivo local. Sobre todo, proyectos de petróleo, gas y minería.
Lo que hizo el RIGI fue garantizar condiciones para obtener una rentabilidad muy elevada en los proyectos radicados bajo ese régimen.
El régimen impide que sucedan otras cuestiones necesarias frente a la radicación de inversiones en la Argentina. Además, está pensado para capitales extranjeros, lo cual genera una competencia totalmente desleal frente a las herramientas e incentivos de una empresa que ya opera en el país, que puede ser de capitales locales.
No compartimos la lógica de ese proyecto. En la provincia contamos con un Régimen Provincial de Inversiones Estratégicas aprobado en 2025, en el contexto en que YPF y Petronas definían la radicación de la planta de GNL en Bahía Blanca.
Un día apareció Milei y dijo que, como Buenos Aires no adhería al RIGI, iban a sacar el proyecto de Bahía Blanca para mandarlo a Punta Colorada, en Río Negro.
No hace falta que la provincia adhiera al RIGI para que los proyectos presentados obtengan los beneficios de la Nación. Si se radica una inversión en cualquier lugar de la Argentina y califica para el RIGI, da lo mismo si la provincia está a favor o en contra; los beneficios aplican igual.
Con esa excusa se generó una especie de tensión y una presunta competencia entre Río Negro y la provincia de Buenos Aires para ver quién le daba aún más beneficios al proyecto para su radicación.
En ese momento, nos reunimos con Horacio Marín, presidente de YPF, y le remarcamos que el proyecto no había comenzado con su gestión. Llevaba ocho años de trabajo y mucho avance; contaba con proyectos ejecutivos de análisis de factibilidad y tenía a Petronas como socio.
Además, el proyecto constaba de una planta de GNL en tierra, radicada al lado de un polo petroquímico, lo cual permite aprovechar su producto, generar valor agregado y desarrollar proveedores. Lo que querían era poner dos barcos, un caño, enchufar los barcos y que todo se fugara.
El Régimen Provincial de Inversiones Estratégicas establece que desde US$5 millones en adelante, quien presente un proyecto de inversión, ya sea una nueva unidad productiva o una ampliación que genere nuevos productos, puede acceder a beneficios según el cumplimiento de ciertos parámetros. Por ejemplo, la localización. Si el proyecto se instala en una zona de menor desarrollo relativo, hay más beneficios.
Si se ubica en un parque industrial, se obtienen más beneficios. Si genera desarrollo de proveedores, los beneficios crecen. Si incluye políticas para mitigar el impacto ambiental, hay aún más ventajas.
Si cuenta con políticas de género, también se suman beneficios. Se trata de una serie de parámetros para que el impacto de la inversión no quede únicamente en poner plata y generar puestos de trabajo a corto plazo, para la etapa de construcción, y que después no quede nada.
La respuesta para reemplazar al RIGI es nuestro régimen provincial. Por ejemplo, Sidersa, la planta de acero en San Nicolás ya cuenta con los beneficios provinciales porque cumple con las exigencias que nosotros establecemos para acceder a ellos.
El RIGI y el SuperRIGI son formas de consolidar una economía cada vez más primarizada y extractivista, y habilita la destrucción del resto del sistema productivo. Con las mismas inversiones que hoy llegan, se pueden incluso lograr externalidades positivas para traccionar el entramado local. Si esas condiciones no se imponen a las empresas, no lo van a hacer.
—¿Resulta viable respetar los acuerdos ya firmados con el RIGI y modificar las reglas solo para las futuras inversiones?
—Todo lo aprobado bajo el RIGI y el SuperRIGI que ya sea un derecho adquirido, no se puede tocar. No se pueden subir los impuestos establecidos por el RIGI para las empresas que se presentaron y accedieron al beneficio.
—¿Se podría pensar en un gobierno peronista con bajo riesgo país?
—Sí. Ese gobierno peronista con bajo riesgo país requiere de un programa económico para generar sustentabilidad en materia de crecimiento, pero también sustentabilidad en materia social. No hay un axioma que diga que todo gobierno peronista es de una forma y todo gobierno liberal es de otra. Depende del gobierno y del contexto.
Estamos convencidos de que lo mejor que le puede pasar a la Argentina el año que viene es que se vaya Milei junto con su modelo económico, y que el peronismo gane la elección para demostrar que está en condiciones de transformar de una vez por todas a la Argentina.
—¿Qué tan importante es mantener una inflación baja para un gobierno?
—Es prioridad. La reducción de la inflación resulta prioritaria porque la economía argentina necesita un escenario previsible en la toma de decisiones para funcionar de forma sustentable.
Una inflación baja garantiza mejores condiciones para decidir. El debate pasa por cómo lograrlo. Hacerlo a lo Milei implica planchar el tipo de cambio y provocar una destrucción del poder adquisitivo de la población, junto con una apertura de importaciones que barre con la producción nacional. Y no logra éxito en su objetivo, porque el último índice de 2,6% mensual resulta alto. Es mucho mayor al registrado durante mi etapa como secretario de Comercio bajo cualquier medición posible.
Si se destroza la estructura productiva, el poder adquisitivo y las condiciones de vida de la gente; si se expone la economía a una competencia desleal mediante un tipo de cambio bajo y una apertura desmedida de importaciones, y encima no baja la inflación, ¿qué se busca con este plan?
Un programa de estabilización macroeconómica para ordenar las cuentas fiscales, liberar las tensiones del sector externo y bajar la inflación debe ser consistente. Requiere de consenso social y de una articulación entre el sector productivo, los trabajadores y el Estado. Eso se trabaja con seriedad.
Resulta necesario comprender las condiciones actuales de la Argentina y encontrar la forma de alcanzar el objetivo de estabilizar la macroeconomía para recuperar el nivel de vida de una gran parte de la población. Por nuestra experiencia y, sobre todo, al saber cómo piensa Axel y cómo entiende el funcionamiento del Estado, se puede lograr.
—A partir de una foto reciente de Axel con Eduardo Costantini, ¿es posible imaginar a un empresario en un lugar central de su gobierno, o incluso en una eventual fórmula Kicillof-Costantini?
—No tengo idea. Hablar de fórmulas es ciencia ficción. Todo es posible y nada es posible.
—¿Las PASO pueden ser una buena herramienta para dirimir la interna del peronismo?
—Sí. En el peronismo existe un proceso de debate evidente. Hay diferentes líneas internas con matices y diferencias que se deben saldar, porque el objetivo es construir un proyecto para ganarle a Milei y cambiar la lógica de la política económica y pública en la Argentina.
Por este motivo, sirve cualquier herramienta capaz de poner en debate esas visiones para alcanzar una síntesis.
Las PASO son una herramienta que podría cumplir esa función. Hoy también resulta necesario encontrar ámbitos de discusión interna para avanzar independientemente del proceso electoral.
—¿Un proyecto?
—Poder ver el año que viene a un gobierno peronista que le cambie la cara a la Argentina. Es lo único que deseo desde hace bastante tiempo y ojalá se pueda lograr.
—¿Un sueño?
—Que la Argentina de una vez por todas pueda ser el país que nos merecemos.
—¿Un recuerdo?
—Ver a mi hija jugar al fútbol.
—¿Un líder?
—Axel.
—¿Un prócer?
—San Martín.
—¿Comida favorita?
—Los fideos.
—¿Bebida?
—Cerveza.
—¿Un libro?
—La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa.
—¿Una persona que admirás?
—Axel.
—¿Un placer?
—Jugar al fútbol.
—¿Una película?—El club de la pelea.
—¿Una serie?
—Friends.
—¿Una canción?
—Terraza, de Wos.




