Venezuela 2026: la única certeza, la incertidumbre

Certeza en los procedimientos, incertidumbre en los resultados: esta fórmula quizás permite definir mejor lo que acontece hoy.
El sábado 3 de enero pasado nos despertamos con la sorpresiva noticia de la destitución, detención del ex presidente de Venezuela Nicolás Maduro por parte de fuerzas especiales del gobierno de los Estados Unidos y traslado a aquel país para su enjuiciamiento por cargos relacionados con delitos de narcotráfico.
La detención de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores y su destino en los Estados Unidos en lugar de un destino más amigable como podría haber sido Bielorrusia (como en el caso del ex Dictador de Siria Bashar Al Ásad), no habiendo sido esta orden de detención extensiva a otros exponentes del régimen- ha generado múltiples conjeturas en torno a un posible acuerdo entre esos referentes del Régimen y el gobierno norteamericano: como en la serie de El Padrino, el que negocia y organiza esa reunión es el Traidor.
Diversas han sido en estas horas las especulaciones en torno al inicio de un proceso de transición política; dado el extendido —y muchas veces abusivo— uso de este término, es posible adoptar dos diferentes actitudes: una es la estricta aplicación y paráfrasis de la "doctrina" de aquel histórico dirigente gastronómico ("tenemos que dejar de usar el término transición por dos años") otra, tratar de establecer que es esa cosa llamada transición, parafraseando al intelectual Alan Chalmers.
El recordado Leonardo Morlino entendía la transición como esos momentos fluidos y confusos donde emergen nuevas estructuras democráticas, pero persisten vestigios del régimen anterior, caracterizados por la incertidumbre sobre la consolidación de las nuevas instituciones frente a las viejas normas, un proceso complejo donde no hay claridad sobre el destino final del sistema.
En esa misma línea, el politólogo Adam Przeworski ha señalado en diferentes oportunidades que, una característica de los procesos de transición a la democracia es su certeza en los procedimientos de decisión política como así también la incertidumbre en sus resultados.
Certeza en los procedimientos, incertidumbre en los resultados: esta fórmula quizás permite definir mejor lo que acontece hoy en Venezuela.
La principal certeza de la que disponemos al momento de escribir estas líneas es la de continuidad del régimen bolivariano en la figura de su vicepresidente Delcy Rodríguez, como así también en otras figuras igualmente recalcitrantes para los Estados Unidos como Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez y Vladimir Padrino entre otras.
Así también no se ha producido novedad alguna en relación al control por parte del oficialismo de los principales poderes del Estado, incluido naturalmente el poder ejecutivo -Legislativo, Judicial, Moral y Electoral-.
En un contexto incierto en cuanto a sus consecuencias es posible definir cuatro posibles escenarios de salida:
En este escenario, más que hablar de una transición democrática en sentido estricto, resulta más prudente describir el momento venezolano como una fase de reacomodamiento autoritario (y posible hibridización) bajo condiciones de alta incertidumbre. La salida de Nicolás Maduro del centro del poder no implica, necesariamente, la disolución del régimen que inauguró Hugo Chávez Frías y que lo sostuvo en el poder durante poco más de una década ni garantiza la apertura inmediata de un proceso de democratización.
En clave de política comparada, las transiciones no se definen por la caída de un liderazgo, sino por la capacidad de los actores relevantes de establecer reglas aceptadas y mecanismos de competencia política creíbles. En ausencia de esas condiciones, Venezuela ingresa en 2026 con una certeza paradójica: el fin de una etapa no asegura el comienzo de otra, y la incertidumbre continúa siendo, por ahora, el rasgo dominante de su horizonte político.