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Paula Bujía: "Si se llega a un riesgo país de 450 o 500, las acciones argentinas pueden duplicarse"

Paula Bujía: "Si se llega a un riesgo país de 450 o 500, las acciones argentinas pueden duplicarse"
entrevista

La analista financiera Paula Bujía conversa a fondo con El Economista sobre una macro argentina conectada con el mundo: tasas, flujos y humor de mercado. En energía observa en Vaca Muerta un negocio excepcional, con retornos que entusiasman aun con el crudo a US$ 55-60 el barril. Descree de devaluaciones salvadoras y apuesta por una acumulación orgánica de reservas en el Banco Central, vía exportaciones, inversión y financiamiento real. Acciones argentinas, riesgo país y una idea rectora: "El mercado odia la incertidumbre".

AI
  • 💼 Paula Bujía es analista financiera y fundó Buda Partners en 2022 para crear un método propio de análisis e inversión.
  • 🌍 Su sello es conectar a Argentina con el mundo; vive entre Buenos Aires y el Reino Unido y sus hijas estudian allí.
  • 🧭 Se describe como "practitioner": transmite ideas de forma clara, contextualiza datos y explica las causas profundas de lo que ocurre en mercados.
  • 🏛 Sus orígenes: UCA (1989) en Economía, con base macro; pasó por el BCRA, Caspian Securities, Merrill Lynch y Schroders, y pasó 12 años en Londres.
  • 🚀 Trayectoria independiente: en 2022 dejó la banca para asesorar inversiones y trabajar con un enfoque propio.
  • 📊 Visión de mercados: destaca el desfasaje entre diagnóstico local y mirada de inversores internacionales y la importancia de entender a los fondos extranjeros.
  • 💬 Crítica a políticas 2025: señala errores en la estrategia para bajar la inflación y enfatiza que lo fundamental es generar confianza para reformas.
  • 📈 Perspectiva de bonos y acciones: 2024 fue favorable; 2025 mostró errores y un riesgo país que condiciona; si cae el riesgo, bonos y ADRs pueden subir.
  • 💳 Riesgo país y reservas: sostiene que bajar el riesgo país requiere acumulación de reservas y reformas; propone acumular reservas de forma orgánica mediante inversiones privadas.
  • 🏦 Emisiones post-elecciones: comenta que provincias y ciudades emitieron deuda a tasas cercanas a 8-8.5% con plazos largos, señal de confianza externa.
  • 🛢️ Energía y Vaca Muerta: ve rentabilidad alta de inversiones en Vaca Muerta; 2027 podría haber superávit comercial energético, con petróleo y otros commodities como impulso.
  • 🇺🇸 Fed y flujos: advierte que una Fed con recortes graduales favorece flujos a emergentes; Argentina podría aprovechar si se gestionan bien las cosas.
  • 🔮 Futuro y recomendaciones: enfatiza reformas estructurales, superávit fiscal y control de la inflación; la competitividad también depende de Brasil y de un buen desarrollo de reservas.

En el estudio de su casa, en el límite entre Belgrano R y Villa Ortúzar, la analista financiera Paula Bujía recibe a El Economista con gestos hospitalarios: ofrece agua, prepara café, invita a pasar a un sillón más cómodo. Octavia —su perra "raza calle"— entra y sale del estudio. "El sillón es de ella", concede Bujía.

El conocimiento de los mercados de Paula Bujía se comenzó a forjar en los años noventa, cuando trabajó como analista financiera primero en Caspian Securities —una firma especializada en mercados emergentes— y luego en Merrill Lynch —banco de inversión estadounidense—.

La rutina incluía giras de presentación ante inversores institucionales: reuniones encadenadas, preguntas filosas, poco margen para improvisar.

En esos viajes, Bujía narra cómo se levantaba a las seis de la mañana y ensayaba frente al espejo de un hotel en Nueva York su discurso. Ordenaba cómo contar una valuación y la razón detrás de una recomendación. "Hay trabajo detrás de cada respuesta. No es que baja el Espíritu Santo", asevera. Y esa chispa por entender, guiar, detallar sigue intacta. 

En la actualidad, Bujía asesora en inversiones: arma estrategias, carteras modelo, analiza fondos, bonos y acciones. Se independizó en 2022 y así pasó de ser parte de una maquinaria estandarizada a construir un método propio, fundadora de un análisis con sello personal para entender las causas profundas de lo que acontece en la esfera financiera de Argentina y el mundo. Quizá el rasgo distintivo de Bujía sea su capacidad para conectar a la Argentina con el mundo.

Hace dos años armó Buda Partners con un socio de Uruguay, Guillermo Davies, también economista. Análisis, seguimiento, hallazgo. Un trabajo de trastienda para quienes toman decisiones de inversión.

En su labor cotidiana, Bujía tiene un oído absoluto y sensible. Su oralidad le da sentidos a una cantidad tremenda de datos como tasas de interés, inflación y tipos de cambio. Su originalidad quizá es su claridad, su voluntad por explicarse y por contextualizar sus posiciones. Lectura, lenguaje propio y la convicción de aportar a la conversación pública algo nuevo, una lectura que no existía antes.

La cronología de Bujía puede retomarse a la UCA, donde ingresó en 1989. En ese momento, Administración de Empresas, Contadoría y Economía compartían un primer año común. Fue entonces cuando un profesor de apellido Vila le cambió el rumbo. "Me partió la cabeza cuando empezó a hablar de Economía", recuerda. Economía le pareció pensamiento crítico en estado puro, la elaboración de nuevas preguntas y el entusiasmo por encontrar respuestas. Luego de ese primer año, Bujía eligió Economía.

Esa formación tuvo un sesgo: mucha macro, poca finanzas. A partir de esa base macro —y con el sueño inicial de trabajar en el Banco Central— entró a una pasantía en el BCRA. Se topó con la convertibilidad y su política monetaria pasiva: "Era un esquema limitado para alguien que quería entender cómo se movían las cosas". Buscó otros rumbos.

Entre 1993 y 1995 trabajó en un banco local con research de bonos y acciones argentinas. Ahí arrancó la vida financiera, con aprendizaje autodidacta.

Llegó a Caspian Securities en 1995, una casa de bolsa especializada en mercados emergentes. Eran años en los que las finanzas se vivían como una fiesta: una Argentina relevante en los índices emergentes, privatizaciones, inversores extranjeros atentos y con apetito. En ese universo, el "sell side" —el lado del broker que produce análisis para terceros— demandaba una gimnasia y una formación intensas.

Luego de Caspian, Bujía pasó a trabajar en Merrill Lynch —banco de inversión estadounidense, hoy integrado a Bank of America—. Merrill fue, a la vez, escuela y señal de alerta: la bolsa argentina se achicaba.

Una firma inglesa, Schroders —una de las gestoras de activos más grandes y tradicionales del Reino Unido—, apareció como una salida hacia el "buy side": la gestión de portafolios. En el buy side el análisis financiero no se escribe para convencer a terceros desde afuera, sino para alimentar decisiones internas de inversión. "En Merrill Lynch se escriben informes para que otro decida. En Schroders, se tomaban decisiones", sintetiza Bujía.

En 2000 Paula entró a Schroders. Y empezó a decidir.  

Trabajó primero desde Buenos Aires, en contacto con un equipo en Londres, y cubrió acciones en la región: Brasil, Chile, Argentina. A fines de 2002 llegó la oferta para Londres, y en enero de 2003 aterrizó con su familia y una certeza: la competencia iba a ser alta. Se quedó doce años —con un año intermedio en Argentina—: "Nunca se piensa que una estadía va a durar tanto".

El Reino Unido aparece también en su vida doméstica. Actualmente Paula Bujía vive en Buenos Aires con su marido, Juan Neyra —quien trabaja para Chubb Seguros, una aseguradora internacional con operación en Londres— y con dos de sus cinco hijos. Tres de sus hijas residen en el Reino Unido: dos desde hace años y una tercera que se mudó para estudiar.

Entre Argentina y el Reino Unido, la familia viaja casi todos los años; el calendario ya marca un doctorado de su hija que se termina y otra hija que se casa en Reading. El pensamiento financiero atraviesa una vida entre dos orillas: la Argentina y el mundo.

En 2015 Bujía volvió a la Argentina. Trabajó tres años en Allaria Ledesma —una sociedad de bolsa y grupo financiero local— y más tarde fue Directora de Inversiones para la banca privada Quinto Inversiones, y en abril de 2022 inició su proyecto independiente.

En su estudio, Paula vuelve una y otra vez a una idea: muchas discusiones económicas en la Argentina se piensan puertas adentro, aunque el resultado depende de cómo se leen desde afuera. Lo que intenta explicar es un desfasaje frecuente entre el diagnóstico local y la mirada de los inversores internacionales, quienes toman decisiones con otros tiempos, incentivos y memoria.

Bujía rememora una escena de 2018. Sturzenegger, quien entonces era presidente del Banco Central en el gobierno de Macri, anunció que la institución estaba dispuesta a vender hasta US$ 5.000 millones para defender el tipo de cambio. El punto, explica Bujía, no estaba en el monto sino en el clima. "Cuando hay una crisis de confianza no importa cuántos dólares esté dispuesto a vender el Banco Central: lo que hay que revertir es esa desconfianza", señala. 

Para el punto de vista de Bujía, entender cómo piensa el inversor de afuera es indispensable porque es quien pone el dinero. 

En la conversación, Bujía dice que es "practitioner": economista de oficio, de experiencia. Da clases y charlas sobre mercados, y participa en programas de streaming y en medios tradicionales en donde expone su claridad cimentada entre Sudamérica y las islas británicas.  

A continuación, la conversación con El Economista entra de lleno en la coyuntura: tasas, flujos, riesgo país, petróleo y humor de mercado.

—¿Cómo describirías la evolución reciente de los activos argentinos —bonos, acciones, ADRs— desde que arrancó el año hasta hoy? 

—En 2024 salió todo bien. Si alguien anticipaba, cuando ganó Milei en 2023, que íbamos a terminar con las variables macro como terminaron a fines de diciembre de 2024, no lo hubiese creído. Salió excelente.

Aunque en 2025 se cometieron demasiados errores. La salida de las LEFIs fue súper desordenada, con factores políticos también. Se llegó a las elecciones de medio término con la lengua afuera, después de perder la provincia de Buenos Aires. El secretario del Tesoro de Estados Unidos Scott Bessent le salvó la elección al gobierno. 

"En 2025 se cometieron demasiados errores"

Ideológicamente hubo un error grande: querer seguir bajando la inflación. Con una inflación de dos y pico ya estaba bien; bajarla a uno y pico implicaba un escenario recesivo y ahí se jugaba la elección. Fue absolutamente innecesario. De hecho, ahora están revirtiendo esas decisiones, porque se dieron cuenta de que no tenía sentido.

El riesgo fue enorme. Basta imaginar cómo estaríamos hoy si se hubiese perdido la elección de medio término. La lectura fue mala y Bessent terminó salvando la situación. El otro día Miguel Kiguel argumentó: "Un país que está bien no pide ayuda al Fondo Monetario Internacional". 

Los activos financieros este año, y sobre todo llegando a las elecciones, sufrieron muchísimo el estrés electoral. Si al gobierno le iba mal, existía el riesgo de que hoy los bonos, en lugar de estar en US$70 u US$80, estuvieran en US$40. Hubiese sido otra película y hubieran seguido dos años muy difíciles. La elección de medio término cambió completamente la perspectiva.

Sigo siendo muy constructiva con la Argentina. Antes de las elecciones ya lo era y lo sigo siendo. Si se piensa en los bonos argentinos largos, como el 35 o el 41, si el riesgo país cae de los 600 o 650 actuales a 450, esos bonos van a subir alrededor de un 15%. Si se llega a un riesgo país de 450 o 500, las acciones argentinas pueden duplicarse.

"Ideológicamente hubo un error grande: querer seguir bajando la inflación"

—¿Qué lectura hacés de la operación en la que el Tesoro colocó un bono en dólares por US$ 1.000 millones a una tasa del 9,26%?

—Al principio no se sabía qué estaba buscando el gobierno, aunque Caputo ya había bajado línea de que iban a ser US$ 1.000 millones a 9%. Desde la lógica de mercado eso estaba totalmente fuera de curva. Con esa duración de tres años y pico, el rendimiento debería haber sido 10%, no 9%. Fue una colocación fuera de mercado. 

Se cometió un error. Se quiso dar un mensaje de tasas, aunque fue demasiado agresivo. Había una ventaja: quienes traían dólares de afuera tenían un diferencial entre contado con liquidación y MEP de dos puntos y pico. Eso permitía bajar un poco la tasa si la oferta venía de afuera. Aun así, fue una operación fuera de mercado. 

Hubiese tenido mucho más valor un mensaje con una demanda más real: US$ 2.000 o US$ 4.000 millones a 9,80 o 9,90. Eso sí hubiese sido a mercado y hubiera permitido financiar todo lo que vence en enero, que son US$ 4.300 millones. 

La forma genuina de bajar el riesgo país es lenta: superávit fiscal, inflación controlada y reformas estructurales en el Congreso. Se intentó hacerlo de golpe. 

—Con la decisión de que el piso y el techo de la banda se ajusten todos los meses según la inflación, el Banco Central gana flexibilidad y busca evitar perder reservas. ¿Qué evaluación hace de ese cambio?

—Me parece más realista para evitar la apreciación del peso y no penalizar en demasía a los sectores exportadores y no fomentar la salida de dólares por viajes al exterior o importaciones excesivas. Es menos distorsivo. 

Y no deja de ser una banda, si Argentina genera la confianza y entran capitales o el argentino demanda más pesos o si se aprueban reformas estructurales, el tipo de cambio puede ir a mitad de la banda por ejemplo. Siempre se vuelve a lo importante: generar confianza es más determinante que la banda.

—El Banco Central sostiene que podría acumular entre US$ 10.000 y US$ 17.000 millones en 2026. ¿Te parece una meta realista?

—Con el nuevo esquema cambiario y saliendo al mercado de capitales sí, esperemos que el precio de la soja y del petróleo también ayuden.

—¿El riesgo país es solo un número o refleja un combo de condiciones políticas y económicas?

—Un riesgo país de 500 ya implica que la política y la economía van por buen camino. Cambió mucho la visión externa después de las elecciones de medio término. Había miedo a que la sociedad no aguantara más un escenario recesivo. Después de las elecciones, los reportes externos sobre Argentina se volvieron bastante constructivos. Eso ayudó, aunque el riesgo país sintetiza todo.

—¿Qué papel juegan las reservas en relación con el riesgo país?

—Para bajarlo más rápido, sobre todo hacia niveles de 500 o 400, hace falta acumulación de reservas. Aunque entiendo la búsqueda del timing para no generar presión sobre el tipo de cambio o la inflación. 

No todas las acumulaciones de reservas son iguales. Acumular por endeudamiento no es lo ideal. Es preferible que las reservas se consoliden por inversiones. En ese sentido, las obligaciones negociables privadas o provinciales —más de US$ 5.000 millones después de las elecciones— van a terminar entrando al mercado de cambios. Eso es financiamiento del sector privado y es positivo. También capitales para inversión real o incluso financiera. 

Por superávit comercial hay un límite: hay demanda de dólares por atesoramiento, viajes al exterior, importaciones. 

En 2027, con Vaca Muerta generando más dólares por exportaciones de hidrocarburos, la situación será distinta. 

Hay formas orgánicas y no tan orgánicas de acumular reservas. Lo ideal es avanzar por las orgánicas. Todos los países de la región tienen reservas en torno al 15% del PBI. Brasil tuvo el año pasado una mini corrida, el dólar llegó a valer 6 reales y no hubo problemas, porque tiene muchas reservas y baja deuda en dólares. Perú cambia de presidente todo el tiempo y mantiene estabilidad económica, en parte por sus reservas. No hay que minimizar su rol: defienden frente a shocks externos. Las reservas dan fortaleza a la moneda.

—¿Existe una tensión entre acumular reservas y bajar la inflación?

—Sí, porque al demandar dólares para acumular reservas se presiona el tipo de cambio. Eso puede generar pass-through a inflación. La buena noticia es que ese pass-through, que históricamente era del 80%, hoy es mucho más bajo. El tipo de cambio pasó de $1.100 a $1.400 y la inflación se mantuvo bastante estable, aunque en un contexto recesivo. 

A fin de año, con el aguinaldo, hay más demanda estacional de pesos. Sería lógico aprovechar ese momento para comprar reservas. El año que viene, con la cosecha de soja, también habrá ventanas. El timing se puede discutir, la idea no.

Hay estimaciones de que se podrían acumular entre US$ 7.000 y US$ 10.000 millones el año que viene. 

—La Argentina tiene un riesgo país que duplica o triplica al de vecinos de la región. ¿Por qué?

—Por la historia. El gobierno tiene razón en algo: pocos países tienen el superávit fiscal que hoy tiene la Argentina. El endeudamiento, sobre todo en relación al PBI, no es alto. Los fundamentos macro son buenos. Deberíamos tener una mejor calificación crediticia y un riesgo país más bajo. El problema es que somos defaulteadores seriales. Eso hace que nos exijan más.

Además, el factor político pesa. Macri dejó cuentas fiscales relativamente ordenadas y después todo se descarriló. La estabilidad de las políticas económicas importa. Por eso fueron clave las elecciones y lo que pase ahora en el Congreso. El mercado quiere tener certezas de que lo que se está construyendo no va a cambiar con el próximo gobierno. El mercado odia la incertidumbre. 

Al mirar los fundamentos y al comparar con la región, el riesgo país debería estar en 400 o incluso 300. El tiempo y las reformas van a conducir a ese resultado, siempre que se sostengan el superávit fiscal y la inflación contenida.

—La acumulación de reservas, ¿debería venir sobre todo por la cuenta comercial —superávit comercial, energía— o por la cuenta capital, inversión?

—Lo comercial en buena medida se neutraliza con lo que se demanda de atesoramiento, de ahorros, de importaciones. La acumulación va a venir más por el lado de la cuenta capital: inversiones, tanto financieras como en la economía real. Están los RIGIs aprobados. Y el capital que se está invirtiendo en Vaca Muerta es real. 

—¿Cómo impacta en Argentina el ciclo de tasas de la Reserva Federal?

—Si se analiza el costo de financiamiento de la Argentina, está la tasa libre de riesgo —los bonos del Tesoro americano—, que está influenciada por la tasa de la Fed, y está el riesgo país de Argentina. La semana pasada la Reserva Federal bajó 25 puntos; hoy la tasa está en 3,5-3,75. Los rendimientos de los Treasuries están en torno a 3,8, un poco abajo de 4. A eso se le suma un riesgo país de 600 y pico y el costo termina cerca de 10%: hoy el costo de financiamiento de la Argentina es ese.

Si la Reserva Federal baja tasas y ese 3,8 baja un punto, y el riesgo país queda igual, el financiamiento pasa de 10 a 9. Eso ayuda. Aunque lo más importante es lo que pase con el riesgo país, porque es un componente mucho más grande que la tasa libre de riesgo. Lo de la Fed importa en el costo final, pero más importante es comprimir el riesgo país.

Ahora, la tasa de la Fed es importante no solo por ese costo final. Lo más relevante es lo que pasa con los flujos hacia mercados emergentes. Si se busca salida al mercado de capitales, eso pesa muchísimo. ¿Por qué? Porque cuando hay un ciclo de baja de tasas en Estados Unidos, que a su vez suele venir con un dólar más débil, eso es positivo para mercados emergentes endeudados en dólares: baja el costo y baja la moneda con la que se financian. Un escenario de tasas en baja y dólar débil es muy bueno para los flujos hacia emergentes.

De hecho, este año las acciones y bonos de mercados emergentes fueron una fiesta. Emergentes subió 30% contra un S&P que subió 16%. La deuda emergente también tuvo un año muy bueno y las monedas emergentes también. Argentina, hasta ahora, se había perdido esa fiesta por los problemas internos, sobre todo políticos. Pasadas las elecciones, si se hacen las cosas bien, con ese viento de cola la Argentina es espectacular: salir al mercado con una tasa del 9% es muy atractiva para alguien del exterior cuando Brasil rinde 6% o 5,5%. 

—¿Qué relevancia tiene la tasa que decide el Banco Central de Brasil?

—La importancia, en realidad, es qué pasa con el real. Brasil es el principal socio comercial. Que este año el peso haya pasado de $1.100 a $1.400 y que el real, que el año pasado llegó a 6 reales por dólar, hoy esté en 5,5 mejora la competitividad frente a Brasil.

La inflación de Brasil está muy cerca del objetivo del Banco Central de Brasil, que es 4,5%. Hoy la tasa real de Brasil es altísima: una tasa en 15 con inflación en 4,5 implica más de 10 puntos, una exageración. El Banco Central de Brasil dice que está preocupado por el déficit fiscal, que es muy alto, casi 8% del PBI, y por eso se mantiene restrictivo. Aunque con la inflación bajando de 6 a 4,5, hay margen para bajar tasas. Eso puede implicar menos carry trade en Brasil y, por esa vía, que el real se deprecie o que deje de apreciarse. 

Si además se hacen reformas estructurales para bajar el costo argentino, la competitividad frente a Brasil mejora mucho.

—Si se proyecta a uno o dos años, ¿se ve un mundo más amigo o más hostil para un país emergente, endeudado y con necesidad de dólares como la Argentina?

—Antes había un mundo "feliz" de globalización. Para emergentes, la globalización era muy buena: si se era competitivo, con economías abiertas, se podía vender al mundo. Con Trump, y aun antes, ya se veía una desglobalización: se empezó a revertir esa lógica. 

Asimismo, las economías desarrolladas están muy endeudadas y con déficits altos. Eso probablemente implique un mundo con tasas más altas e inflación más alta que en el pasado. No solo por desglobalización: también por demografía y otros factores. Veníamos de 20 años con inflación global del 2% y tasas entre 0 y 2%. Ahora se va hacia economías más cerradas, con inflación más cerca del 3% y tasas más cerca del 3%. La semana pasada, la Reserva Federal no solo decidió tasas: también publicó sus proyecciones. Dejó en claro que la tasa en Estados Unidos va a quedar más alta que en otros ciclos. Eso fija un piso más elevado para el costo del endeudamiento global. 

Ahora bien: la Argentina tiene problemas idiosincráticos tan grandes, y una decadencia de tantos años, que hoy es más importante lo que se haga localmente que el mundo. Hay un catch up enorme posible con los vecinos por cuestiones propias. Primero hay que recorrer ese camino. Después se mira el mundo. 

Y la otra cosa importantísima para un país como Argentina, y para América Latina, son las materias primas. Ya no es sólo el campo, no es sólo soja: también petróleo, cobre, litio, oro. Con Vaca Muerta, el petróleo toma otro peso.

En ese sentido soy bastante optimista para los próximos años. Vaca Muerta sigue siendo rentable incluso con el petróleo a US$ 50 el barril.

Cuando se piensa el mundo y la "olimpíada" argentina, lo que pase con materias primas es central. Soy optimista porque un dólar débil suele ser muy bueno para commodities. Y también por la electrificación: hay un boom de data centers y de autos eléctricos. Eso es excelente para el cobre: la demanda del metal se dispara.

En energía también: se discute si hay sobreoferta de petróleo y por eso muchos están negativos, aunque la demanda de petróleo está ahí, en parte por el aumento de demanda de electricidad asociada a data centers. Sigo destacando el petróleo, el oro, el cobre.

—Respecto del petróleo, durante muchos años una suba de precios generaba preocupación porque encarecía la energía y presionaba sobre la deuda externa. Hoy, en cambio, parece despertar entusiasmo. ¿Qué cambió en la Argentina para que el petróleo caro haya pasado de ser un problema a una oportunidad?

—Antes había un déficit energético; hoy ya no. Y a partir de 2027 se proyecta un superávit en la balanza comercial energética. Las estimaciones dicen que puede ser "otro campo": unos US$20.000 millones de exportaciones de petróleo.

Hay que tener en cuenta que antes de 2024 el país importaba energía. En cambio, con las inversiones y el aumento de producción en Vaca Muerta, ya se alcanzó la autosuficiencia. Y a partir de 2027, sobre todo, se empezaría a ver un superávit comercial energético. Por eso, para la Argentina, si el precio del petróleo sube hay motivos para festejar.

—¿Cómo observás las inversiones en energía, en particular en compañías como YPF y Pampa Energía?

—Hace pocos días, en una charla de Vista —empresa independiente de petróleo y gas con foco en Vaca Muerta—, se planteó que con el precio del barril de petróleo en torno a US$ 55-60, los retornos de la inversión en Vaca Muerta rondan el 40%. Hay pocos negocios que ofrezcan esa rentabilidad. En ese contexto, Vista puede aumentar su producción alrededor de 15% anual con márgenes muy altos y financiar las inversiones con caja propia, sin necesidad de incrementar el endeudamiento. 

Pampa Energía aparece en un segundo escalón. YPF, en cambio, va a tener que endeudarse más porque arrastra otros negocios además de la producción. 

El principal límite aparece si el precio del barril cae hacia US$ 50: en ese escenario, las inversiones tienden a desacelerarse. Con los niveles actuales, en cambio, la rentabilidad en Vaca Muerta sigue siendo muy elevada.

—¿Cómo evalúas hoy el nivel de tipo de cambio en Argentina? 

—Es un nivel de tipo de cambio razonable. Los tipos de cambio de equilibrio, en rigor, solo se conocen ex post: son aquellos que permiten una balanza comercial y de capital que no sea persistentemente deficitaria y una economía capaz de crecer. El problema es que, con este nivel, hay sectores claramente ganadores y otros que no resultan competitivos y necesitan reconvertirse.

Esa es la cuenta pendiente. El tipo de cambio se apreció rápido, mientras que el costo argentino baja mucho más lento. En ese marco, sin reformas tributarias y laborales, este nivel de tipo de cambio no alcanza para crecer con fuerza ni para acumular reservas de manera sostenida.—Hubo colocaciones de deuda de la provincia de Santa Fe, de la ciudad de Buenos Aires y de varias empresas, ¿qué lecturas haces de este movimiento? 

—Espectacular. Se colocaron más de US$ 5.000 millones entre empresas y provincias una vez terminadas las elecciones de medio término, y a un costo menor que el del financiamiento del Estado nacional. Tasas cercanas a 8% u 8,5%, con plazos largos.

Eso muestra que, desde el exterior, se percibe que muchas empresas argentinas son sólidas: atravesaron una macro muy inestable, aunque siguieron operando y se desendeudaron. Las emisiones de compañías de primera línea y de provincias fiscalmente responsables, como CABA o Santa Fe, reflejan una disciplina que el mercado reconoce.

El desafío es que la Argentina soberana —el Estado nacional— logre mostrar esa misma consistencia. Que el país pueda financiarse tan bien como hoy lo hacen algunas provincias o empresas argentinas.

En ese marco, es una buena noticia que gran parte de la inversión en Vaca Muerta se esté financiando con capitales privados y no con endeudamiento del Estado.

—Desde el pico de 5,5% en 2024 hasta el rango actual de 3,5%-3,75%, la Reserva Federal ya recortó cerca de 175 puntos básicos. ¿Qué implica ese giro de la política monetaria para los mercados emergentes? ¿Y qué margen se abre para la Argentina?

—El escenario que se perfila es el de una baja paulatina, no abrupta.

Aun así, incluso una baja gradual favorece a los emergentes por el lado de los flujos. Además, hoy los países emergentes muestran fundamentos mejores que en el pasado. Si se miran las calificaciones y los niveles de endeudamiento, en promedio están más ordenados que muchas economías desarrolladas. Japón, Estados Unidos o Europa exhiben altos déficits fiscales y niveles de deuda elevados.

En ese sentido, los emergentes fueron más responsables, a veces por convicción y muchas otras por necesidad. Esa diferencia empieza a pesar a la hora de asignar capital.

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