El mercado no compra el relato: por qué el riesgo país sigue arriba de 500 pese al superávit y las reservas

Los números mejoran, pero no alcanza. Argentina muestra orden fiscal, el BCRA acumula dólares y, aun así, el mercado no convalida. ¿Qué está viendo el inversor que el Gobierno todavía no logra cambiar?
La Argentina está haciendo "lo correcto". Ordenó las cuentas fiscales, volvió al superávit y el Banco Central acumula reservas a un ritmo que no se veía en años.
Sin embargo, el mercado sigue sin convalidar esa mejora. O, cuanto menos, sigue corriendo el arco y, como si fuera insaciable, pide más.
El riesgo país permanece en niveles elevados y no logra perforar los 500 puntos básicos, una barrera que, más que técnica, es simbólica: marca el límite entre una economía en transición y una que vuelve a ser considerada invertible.
El último informe de GMA Capital lo plantea con claridad: "Los fundamentos mejoran, pero para los inversores son, por ahora, condición necesaria". En otras palabras, el ajuste existe, pero todavía no alcanza para cambiar la percepción de riesgo.
Los datos duros acompañan. Argentina cerró el primer trimestre con un superávit primario de 0,6% del PIB y el BCRA acumuló compras por US$ 6.700 millones en apenas cuatro meses. Aun así, el sobrecosto financiero se mantiene en torno a los 532 puntos básicos, más del doble que el promedio de América Latina. La pregunta, entonces, no es qué está haciendo mal la Argentina, sino qué le falta para convencer.
El comportamiento relativo deja en evidencia el problema. Mientras los spreads de los mercados emergentes y, en particular, los de América Latina mostraron una compresión significativa, Argentina apenas logró una mejora marginal. "Mientras que el EMBI promedio de los emergentes recortó 13 bps en el año, el de las economías latinas se hundió 47 bps", destaca el informe, marcando un contraste que no juega a favor del país.
Argentina también mejoró, pero en menor medida. "El riesgo país cayó 28 bps", señala GMA Capital sobre el acumulado en 2026, en una dinámica que deja una sensación de oportunidad perdida. De hecho, el propio informe lo sintetiza en una frase que circula en el mercado: "Podríamos haber performado mejor".
No es un problema de consistencia fiscal ni de disciplina macroeconómica. Es un problema de credibilidad en el tiempo.
La economía real aporta otra capa de complejidad. El informe describe un escenario cada vez más fragmentado, donde conviven sectores dinámicos con otros en franca contracción. "Las diferencias se profundizan", advierte GMA Capital, al analizar la evolución sectorial.
Por un lado, los sectores vinculados al frente externo muestran un desempeño sólido: la minería crece 9,9% interanual, el agro 8,4% y la intermediación financiera 6%. Por el otro, los sectores más intensivos en empleo siguen en retroceso, con caídas del 8,7% en la industria, 7% en el comercio y 0,6% en la construcción.
Esta divergencia no es menor. Implica que la recuperación existe, pero no se distribuye de manera homogénea. Y en términos políticos y sociales, eso erosiona la percepción de mejora.
El punto central del informe es que el mercado no está mirando tanto el presente como el horizonte. En ese sentido, la incertidumbre política empieza a jugar un rol determinante. "El debate en torno a la reforma política agrega una capa de incertidumbre sobre el mapa electoral de 2027", señala GMA Capital.
Ese factor no es menor para los inversores de largo plazo. "Prefieren ver de lejos los eventos binarios antes de rotar hacia activos de mayor duration", advierte el informe, en referencia a escenarios donde el resultado electoral puede alterar el rumbo económico.
En ese contexto, la falta de definiciones claras sobre la continuidad del programa económico se convierte en un freno más potente que cualquier variable coyuntural.
El frente social empieza a mostrar signos de fatiga y eso impacta directamente en la percepción de estabilidad. "El Índice de Confianza del Consumidor cayó 10,1% interanual", destaca el informe, en una señal que el mercado no pasa por alto.
A partir de esa dinámica, GMA Capital ensaya una proyección electoral que ayuda a entender el nerviosismo de los inversores. "La proyección indica un número cercano al 41%, levemente superior al 40,7% de octubre de 2025, pero lo suficientemente lejana al 45% necesario para evitar una instancia de segunda vuelta".
Esto no implica necesariamente una derrota del oficialismo, pero sí un escenario más competitivo e incierto. Y para el mercado, la incertidumbre política es, por definición, riesgo.
El proceso de acumulación de reservas también tiene una contracara que complejiza el cuadro. "En lo que va del programa ya se acumulan casi US$ 6.700 millones", destaca el informe, pero al mismo tiempo advierte sobre el impacto monetario de esas compras.
"En un escenario de demanda de dinero débil, la mayor oferta de pesos tiende a generar excedentes de liquidez", explica GMA Capital, describiendo una dinámica que obliga a esterilizar constantemente.
El resultado es que "el retiro de liquidez no solo termina predominando sobre la emisión cambiaria, sino que la supera", lo que revela un equilibrio más frágil de lo que sugieren los números fiscales.
En ese contexto, el canal crediticio aparece como una variable clave que todavía no logra despegar. "El crédito empieza a ganar relevancia", señala el informe, aunque advierte que las condiciones financieras siguen siendo restrictivas.
Las tasas elevadas son el principal obstáculo: los préstamos personales rondan el 70% y el financiamiento con tarjeta se acerca al 78%, niveles que limitan la expansión del consumo y la inversión.
Sin crédito, la recuperación no puede generalizarse. Y sin una mejora amplia en la actividad, el frente político tampoco se estabiliza.
El diagnóstico final del informe es claro: el ajuste era necesario, pero no suficiente. Como sintetiza GMA Capital, "los fundamentos mejoran, pero... son condición necesaria".
Para que el riesgo país rompa el piso de los 500 puntos, el mercado necesita señales adicionales: una desinflación sostenida, una acumulación de reservas sin tensiones y, sobre todo, previsibilidad política de cara a 2027.
Hoy, ninguna de esas variables está completamente consolidada.
Argentina dejó atrás el desorden extremo y logró estabilizar variables clave. Pero eso no alcanza para atraer capital de largo plazo. El mercado no está juzgando el pasado reciente, sino la sostenibilidad futura del programa.
Por eso, el riesgo país baja, pero no lo suficiente. Y por eso, la sensación dominante sigue siendo la misma: el país mejoró, pero todavía no convenció.
Hasta que eso no cambie, Argentina va a seguir en una zona incómoda: demasiado ordenada para colapsar, pero todavía demasiado incierta para despegar.


