Martín Tetaz: "Si la inflación no baja, es difícil que los salarios se recuperen y la economía se reactive"

A partir de la publicación de su libro "Comprá campeón", el economista Martín Tetaz reflexiona sobre el comportamiento humano frente a la incertidumbre y disecciona el escenario político actual. Con la mira en la Ciudad de Buenos Aires, analiza el rol del radicalismo, el futuro del peronismo y los límites del programa económico oficial.
- 🧬 Inicio de la noticia con una historia curiosa de genética entre Martín Tetaz y Gerard Tetaz, que sirve como gancho.
- 🏙️ Orígenes y formación en La Plata: nacido en 1974, familia de clase media, educación pública y trayectoria en economía en la UNLP/UBA.
- 🎓 Enfoque académico: posgrados en Psicología Cognitiva y Ciencias de la Administración; mirada más humana y menos dogmática de la economía.
- 📚 Publicación destacada: "Comprá campeón" analiza el comportamiento humano ante la incertidumbre, la brecha de género y desmiente dogmas económicos.
- 💼 Trayectoria pública y consultoría: docente, consultor y fundador de MESH, una consultora que une economía y política.
- 🗳️ Carrera política: diputado nacional entre 2021 y 2025; lidera iniciativas y espacios como BAmos en la Ciudad de Buenos Aires.
- 🎙️ Influencias y periodismo: influencia de Tomás Bulat y experiencia en Jorge Lanata que potenció su acceso a fuentes de primer nivel.
- 🧭 Enfoque de MESH: propone mirar economía y política como dos caras de la misma moneda; integración de ambos frente a la realidad argentina.
- 💡 Propuesta macroeconómica: critica la dependencia de la política monetaria del Tesoro y aboga por independencia del Banco Central y por reglas claras.
- 💬 Reformas y políticas: plantea eliminar impuestos a la inversión, producción, empleo y exportaciones; propone un sistema mixto de pensiones con componente de capitalización.
- 🏛️ Perspectivas para 2027: considera que no hay un espacio claro de centro; Milei podría ganar en primera vuelta; valora alianzas con gobernadores radicales y un programa nacional sólido.
- 🏙️ Visión para la Ciudad: lidera el espacio BAmos y busca competir por la jefatura de gobierno en 2027, enfatizando soluciones urbanas y prácticas.
- 🌍 Contexto y economía global: guerras y dólar afectan tasas; Argentina podría beneficiarse de precios energéticos si logra credibilidad y un marco cambiario estable.
- 🌟 Mensaje final: sueña con una Argentina desarrollada y enfatiza la necesidad de gestos de gran magnitud para reconstruir la estabilidad macroeconómica.
En los pliegues de la Saboya francesa, allí donde los Alpes marcan el límite entre Francia y Suiza, se esconde una clave genética que parece desafiar las leyes del tiempo y la geografía. Fue en el año 2000 cuando un joven Martín Tetaz, impulsado por las pesquisas que su padre, Ricardo, había realizado en la entonces incipiente internet de los noventa, se encontró cara a cara con Gerard Tetaz. El impacto fue cinematográfico: frente a él apareció un hombre de su misma contextura física, con los rasgos faciales calcados, una suerte de duplicado biológico que confirmaba, sin necesidad de laboratorios, que la sangre de aquel linaje seguía intacta.
Sin embargo, el escenario de su vida no fueron las montañas europeas, sino la cuadrícula racionalista de La Plata. Nacido en 1974 de manera casi inevitable en el Instituto Médico Platense —el punto de partida de la gran mayoría de sus conciudadanos—, Tetaz creció en una ciudad diseñada desde la utopía moderna de Pedro Benoit. Su hogar fue un laboratorio de la clase media profesional argentina: su madre, Babiche Rivas, era abogada; su padre, Ricardo, era escribano. En esa casa, el mobiliario intelectual estaba compuesto por leyes, protocolos y una política que se respiraba con la misma naturalidad que el aire bonaerense.
Hoy, como economista egresado de la Universidad Nacional de La Plata, profesor, político y consultor, presenta su nuevo libro: "Comprá campeón. Así funciona la economía" de editorial Sudamericana. En sus páginas explora los cimientos del comportamiento humano ante la incertidumbre y desmitifica dogmas históricos de la disciplina.
El joven Martín, con apenas ocho años, ya deambulaba solo por los actos políticos de su barrio. La memoria registra un contraste fundacional: el llanto tras una convocatoria violenta del peronismo de Herminio Iglesias en Plaza Italia y, apenas una semana después, la fascinación familiar ante la retórica de Raúl Alfonsín en la cancha de Estudiantes. Aquella grieta doméstica, donde los debates sobre las leyes de Obediencia Debida y Punto Final hacían volar platos en los asados dominicales, fue su verdadera escuela de formación.
En medio de esa efervescencia discursiva, el fútbol forjó otra porción de su identidad. Aunque su madre intentó legarle los colores de River Plate y su padre simpatizaba con San Lorenzo, el arraigo local resultó más fuerte. A los cuatro años, las amistades del barrio lo llevaron a la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. Para los seis años, la asistencia ya era un rito inquebrantable. El equipo militaba en la segunda división, aunque la tribuna estallaba en cantos sin importar el resultado adverso.
La vocación pública no tardó en manifestarse. A los catorce años, la participación en el centro de estudiantes del colegio secundario marcó el inicio de un camino irreversible. La escuela pública, todavía prestigiosa y masiva, sirvió como el primer espacio de ideas.
Al ingresar a la facultad, a los seis meses se produjo el ingreso a Franja Morada. Paradójicamente, era la única unidad académica —la Facultad de Ciencias Económicas— donde la agrupación nunca había ganado. "Justo ese año ingresaron varios estudiantes con empuje y al año siguiente se obtuvo el triunfo", cuenta Martín Tetaz en diálogo con El Economista.
Tras graduarse de economista en 2001, la formación de Tetaz sumó matices heterodoxos: posgrados en Psicología Cognitiva en la Universidad de Buenos Aires y en Ciencias de la Administración en la UNLP. Esa amalgama intelectual le permitió abordar la disciplina desde una perspectiva menos dogmática y más humana, algo que cristalizó en libros como "Lo que el dinero no puede pagar", "Casual Mente" o "Psychonomics".
En ese recorrido, dos figuras modelaron su perfil público. Por un lado, el recordado economista Tomás Bulat, dueño de una pedagogía extraordinaria para traducir variables complejas al lenguaje cotidiano. Bulat le cedió espacios, lo invitó a conferencias y le enseñó el valor de la claridad argumental. Por el otro lado, el periodismo de calidad. Durante seis años, entre 2016 y 2021, Tetaz integró el equipo de Jorge Lanata.
La experiencia mediática funcionó como un acelerador. El acceso a fuentes de primer nivel, desde empresarios hasta funcionarios, operó como un posgrado práctico en el sistema de poder real. Esa doble tracción entre la academia y el periodismo derivó en la creación de MESH, una consultora auténtica en su tipo que no escinde los números de la puja por los votos.
"Se tiene un enfoque que combina lo político y lo económico, al entender que en Argentina son dos caras de la misma moneda. Se suele debatir si el problema es la política o la economía, cuando en realidad no hay economía sin política ni política sin economía. Manejar ambas dimensiones juntas constituye un valor agregado fundamental de MESH", explica Tetaz.
Posteriormente, esa visibilidad pública y su capacidad de análisis lo llevaron al Congreso, donde se desempeñó como diputado nacional entre 2021 y 2025.
Esa obsesión por descifrar la conducta humana frente al riesgo y la incertidumbre recorre las páginas de su última publicación. En "Comprá campeón", el economista examina, entre otros fenómenos, la brecha de género y la aversión al riesgo en el mercado laboral. Con referencias que cruzan a teóricos como Gary Becker con las posturas del presidente Javier Milei, el autor procura desarmar preconceptos sobre la desigualdad de ingresos y las decisiones de inversión. El libro consolida su vocación por acercar la teoría abstracta al debate cotidiano.
Al frente de BAmos, la política territorial emerge como su otra pasión irrenunciable. Desde ese espacio, analiza el pulso de la Ciudad de Buenos Aires con la precisión que no admite diagnósticos complacientes. Observa una metrópolis fiscalmente robusta, provista de un superávit infrecuente, aunque atravesada por deudas urgentes. Para él, el problema de Buenos Aires no es la falta de recursos, sino una administración que no logra controlar la asfixia que producen los alquileres, las expensas y las regulaciones obsoletas sobre la clase media.
Padre de tres hijos —Agustín y los mellizos Santiago y Benjamín—, Martín Tetaz cultiva un refugio intelectual lejos del ruido de la televisión en las páginas de Steven Pinker o en las tramas circulares de series como Lost.
"Mi sueño es lograr que la Argentina sea un país desarrollado", atestigua Martín Tetaz sentado en un café de Palermo. Es el intento de un hombre criado entre protocolos y leyes por escribir un guión de desarrollo previsible para una nación que, por ahora, todavía se fascina con lo inesperado. Tetaz apuesta por la paradoja: que la llegada de la normalidad sea, por fin, el evento definitivo.
—Sostenés en tu libro "Comprá campeón" que, sin pistas emocionales, el pasado se pierde; que el abrazo de un abuelo, el primer beso o el día que un club sale campeón quedan grabados por la emoción. ¿Qué sentiste personalmente cuando ganó Milei y qué te pasó por el cuerpo al escucharlo el pasado domingo en la apertura de sesiones?
—Primero sentí alivio. Aunque era consciente de que muchas cosas no me gustarían, las dos opciones que quedaron tras el balotaje resultaban perjudiciales para la Argentina. Estaba convencido de que la mejor alternativa era la de Juntos por el Cambio, por lo que el escenario final obligaba a elegir entre Guatemala y Guatepeor. Sin embargo, la economía no admitía más dilaciones: la sociedad estaba agotada, los niveles de corrupción eran escandalosos y el desmanejo nos tenía al borde de una hiperinflación. Se necesitaba un cambio de rumbo, tal vez no el que yo hubiera preferido, pero el cambio era imperativo.
A pesar de eso, no lo voté a Milei; busqué una boleta de Raúl Alfonsín de 1983 y esa fue mi elección en el balotaje. Lo que no pude hacer en aquel entonces por ser muy chico, lo hice ahora. Respecto a la presentación en el Congreso, la sensación que queda es de una profunda falta de calidad política. Uno percibe lo que sale por el micrófono, que son los insultos del presidente, pero el acoso desde las bancas es permanente.
Le sucedió también a Mauricio Macri en su momento: resulta imposible hablar por la sucesión sistemática de gritos y la falta de respeto a la investidura presidencial.
En las aperturas de sesiones de Alberto Fernández, aunque para mí fue uno de los peores presidentes, lo escuchaba en silencio. Es necesario ser respetuoso incluso en el disenso. Existe una intolerancia política donde a veces se enfrentan dos posturas igualmente intransigentes y el que más se escucha es quien posee el micrófono. Lamentablemente, esto no es saludable para el país.
"No lo voté a Milei; busqué una boleta de Raúl Alfonsín de 1983"
—¿Y dónde quedan los que no gritan, la mayoría silenciosa?
—Muchas veces los sectores moderados no logran convencer a quienes están en el centro, que son finalmente los que definen una elección. Los extremos, por definición, son minoritarios, aunque en determinadas coyunturas logren arrastrar a los demás.
Es difícil que, mientras el Titanic se hunde, se convenza a la gente de mantener la calma y ceder los botes salvavidas con un tono amable. El contexto actual favorece los decibeles elevados.
Ojalá Argentina logre estabilidad. Si Milei y la clase política consiguen que el país sea macroeconómicamente tan estable como Perú, Chile, Brasil, Colombia, Uruguay o Paraguay, es probable que en diez años ya no haya nadie gritando en el Congreso y la conversación sea más civilizada.
Si no superamos esa lógica, no terminaremos de comprender el logro de Alfonsín en los años ochenta. Durante el levantamiento de Semana Santa, parte del peronismo le pedía a Antonio Cafiero que dejara caer al gobierno; sin embargo, Cafiero decidió acompañar a Alfonsín en el balcón. Cafiero entendió que lo que estaba en juego trascendía cualquier especulación personal: era la consolidación de la democracia. Hoy necesitamos gestos de una magnitud similar para reconstruir la estabilidad macroeconómica.
—"Como la moneda es una construcción social basada en la confianza, esa reputación es clave para que la política antiinflacionaria resulte efectiva rápidamente", escribís. Si se considera que la inflación mensual alcanzó el 2,8% en diciembre de 2025 y el 2,9% en enero de 2026, acumulando ocho meses consecutivos de aceleración, ¿podría pensarse que el público y los agentes económicos no terminan de confiar en el gobierno y en la autoridad monetaria?
—Absolutamente. La política monetaria del gobierno es muy errática y, fundamentalmente, carece de la independencia necesaria. El hecho de que sea el ministro de Economía quien la diseñe representa un problema institucional grave, especialmente en un país con la historia de Argentina. Es comparable a la confianza que se le tiene a un director técnico: si la pelota entra, existe el apoyo; cuando empieza a pegar en el palo o se va a la tribuna, aparecen los cuestionamientos. Eso es lo que ocurre actualmente.
Esta incertidumbre perjudica severamente a la economía. En los últimos seis meses, por ejemplo, la cantidad de dinero creció solo un 10% mientras la inflación fue el doble. ¿Cómo se explica la inflación sin expansión monetaria? Sucede porque se desploma la demanda de dinero ante la desconfianza en la política monetaria. El talón de Aquiles del gobierno es su política monetaria.
"La política monetaria del gobierno es muy errática"
—Si la política monetaria se define desde el Ministerio de Economía, lo cual resta autonomía al Banco Central, ¿qué funciones específicas desempeña Santiago Bausili?
—Con todo el respeto que me merece, Bausili es un profesional extraordinario a quien aprecio, aunque su función actual es coordinar las acciones del Banco Central con el Ministerio de Economía. No existe una política independiente. De hecho, el propio gobierno anuncia que la política monetaria la define el Tesoro cuando decide no renovar el 100% de los vencimientos de deuda, dejando así más pesos en el sistema. Desde junio, la estrategia se ha vuelto errática, lo que generó una gran volatilidad en las tasas de interés y, consecuentemente, la parálisis de la actividad económica.
—En teoría, la tasa de interés la dispone el Banco Central, ¿verdad?
—En política monetaria se puede controlar el precio o la cantidad, pero no ambos simultáneamente. Actualmente, el Banco Central optó por controlar la cantidad de dinero; por lo tanto, el precio de ese dinero —que es la tasa de interés— se vuelve volátil. El Central no controla la tasa hoy; esa es una variable que queda a merced del mercado.
—¿Cómo impacta el endurecimiento del contexto internacional en los planes del gobierno?
—Recientemente ha estallado un conflicto bélico que impulsó las tasas al alza en Estados Unidos. Ante la incertidumbre, los inversores suelen refugiarse en los bonos del Tesoro; existe una regla inversa por la cual, al subir el precio del bono, baja la tasa. No obstante, ahora ocurre lo contrario: la tasa sube porque el precio del bono cae; nadie los demanda. En este contexto de crisis, lo único que se fortalece es el dólar, debido a una marcada preferencia por la liquidez.
A pesar de las preocupaciones por la inflación en Estados Unidos, en momentos de incertidumbre radical como el actual, los agentes prefieren mantener activos líquidos. Esta situación no favorece a la Argentina: la suba de tasas encarece el crédito y un dólar fuerte tiende a deprimir el precio de los commodities expresados en esa moneda. El único beneficio directo reside en que, mientras perdure la guerra, los precios del petróleo y del gas se mantendrán elevados. Dado que Argentina es actualmente un exportador neto de energía, esto mejora las condiciones en términos de afluencia de divisas.
—En el capítulo 53, titulado "¿Qué hay que hacer para reactivar?", se sostiene que ante eventos como la pandemia o las crisis profundas, surge una "incertidumbre radical" que paraliza a los inversores. Allí se reivindica a Keynes como un pensador contracíclico, algo que parece incomodar tanto a la ortodoxia como al kirchnerismo. ¿Podría profundizarse esa visión?
—Existen dos extremos conceptualmente erróneos. Por un lado, está el sector que busca gastar permanentemente bajo un supuesto argumento keynesiano. Eso no es ser keynesiano; es ser populista. Para Keynes, durante los períodos de expansión económica no se debía gastar, sino ahorrar, para contar con recursos cuando llegaran los tiempos difíciles. Alguien que gasta siempre pertenece a una categoría distinta.
En el otro extremo se encuentran quienes pretenden bajar impuestos pero mantienen posturas muy conservadoras en lo social. Se autodenominan liberales en lo económico pero conservadores en lo social; sin embargo, el liberalismo es, por definición, lo opuesto al conservadurismo. Estamos atrapados entre populistas que se autoperciben keynesianos y conservadores que se autoperciben liberales solo porque no desean pagar impuestos.
—¿Qué análisis hacés del espacio de centro y del radicalismo en Provincias Unidas? ¿Hay lugar para una alternativa de centro en 2027?
—En la actualidad, no parece haber espacio. De mantenerse la tendencia actual, es probable que Milei gane en primera vuelta.
El peronismo se encuentra más cerca de una fractura por sus internas que de representar una alternativa, y no existe hoy una propuesta de centro que genere esperanza en la ciudadanía. Los espacios intermedios se han recluido en sus jurisdicciones provinciales. El radicalismo puede estar fuerte en Santa Fe o Mendoza, al igual que el peronismo en Córdoba, pero son fuerzas fragmentadas que no logran aglutinarse.
Provincias Unidas en el Congreso actúa más bien como "provincias desunidas", donde cada sector vota según su conveniencia o acuerdos coyunturales con el Ejecutivo. Existen proyectos provinciales exitosos, aunque falta un proyecto nacional alternativo.
"Es probable que Milei gane en primera vuelta"
—¿Cómo es su vínculo con los gobernadores radicales, como Maximiliano Pullaro de Santa Fe, Alfredo Cornejo de Mendoza, Carlos Sadir de Jujuy, Gustavo Valdés de Corrientes o Leandro Zdero de Chaco?
—Es excelente. Muchos de ellos solían consultarnos durante nuestra etapa en el Congreso; a otros los conozco por mi actividad profesional previa, con quienes mantengo un vínculo de intercambio técnico. Son todos buenos administradores.
Si se observa con detenimiento, ningún gobernador radical tiene déficit fiscal; mantienen las cuentas equilibradas. Son gestiones honestas y transparentes que impulsan reformas necesarias, como las educativas en Santa Fe para combatir el ausentismo. Son modelos que deberían replicarse en todo el país.
—¿De allí podría surgir un candidato nacional?
—Candidatos pueden surgir. El problema reside en que una cosa es tener un postulante y otra, muy distinta, es que ese perfil sea competitivo y posea posibilidades reales de ganar una elección. Para que eso ocurra, debe presentar una propuesta nacional; y una propuesta nacional no es la mera sumatoria de las necesidades de las provincias. Sin un hilo conductor, no hay proyecto de país.
Esencialmente, la preocupación de la ciudadanía todavía radica en que la inflación termine de bajar, una tarea que aún no concluyó. No veo motivos para que el electorado cambie su preferencia, a menos que de aquí al 2027 la economía se enfríe excesivamente. En ese escenario, las prioridades podrían mutar hacia el empleo o la actividad económica, y quizás Milei carezca de herramientas para proponerse como un candidato con capacidad de reactivación. Podría aparecer entonces una propuesta de tipo productiva desde sectores del radicalismo, aunque hoy eso no se vislumbra.
—¿Qué evaluación hacés de Leonel Chiarella como nuevo presidente de la UCR?
—Me parece extraordinario. Es un muy buen intendente que adquirió notoriedad por animarse a enfrentar al narcotráfico en su ciudad Venado Tuerto. Resulta notable que un jefe comunal, prácticamente sin respaldo político, se plante ante sectores tan poderosos que operan a escala global.
Siento un enorme respeto por su labor; es una bocanada de aire fresco para el radicalismo. Aunque debe construir mayor nivel de conocimiento, es un diamante en bruto y un dirigente de gran proyección.
—¿Cómo analizás la candidatura de Axel Kicillof?
—Pareciera que al peronismo no le quedan demasiadas alternativas, aunque las internas que describen propios integrantes de ese sector son tremendas. Actualmente, Kicillof genera más rechazo entre sus filas que fuera de ellas. No tengo la certeza de que logre una candidatura bajo un peronismo unido; hoy es más probable que existan dos candidatos en lugar de uno. Esa fragmentación facilitaría un triunfo de Milei en primera vuelta.
Por otro lado, Kicillof enfrenta el problema de no tener logros de gestión para exhibir; no hay un solo indicador positivo en la provincia de Buenos Aires. Mientras que Maximiliano Pullaro puede mostrar una reducción del 30% en el ausentismo en Santa Fe mediante la reforma del régimen de licencias, o Carlos Sadir —y en su momento Gerardo Morales— pueden señalar la inversión de la renta energética en la planta de renovables más importante de América Latina para financiar la educación en Jujuy, Kicillof carece de hitos similares.
No hay buenos resultados en educación: los chicos no aprenden y el ausentismo, tanto de alumnos como de docentes, es escandaloso. Lograr que coincidan la escuela abierta con el docente y el alumno presentes es casi un milagro; se estima que los días efectivos de clase son menos de cien por año en promedio. El calendario estipula 180 días, pero la cifra real es bajísima. El 30% de carpetas médicas docentes es una desproporción. Por eso, cuando informes como los de Argentinos por la Educación revelan que solo diez de cada cien chicos terminan el secundario en tiempo y forma, se evidencia la gravedad de la situación.
En salud ocurre lo mismo. El conflicto en el Garrahan trascendió por su ubicación y prestigio, pero el Hospital de Niños de La Plata, que supo ser un centro de excelencia para residencias médicas, hoy tiene esas vacantes vacías. Nadie quiere ir porque los sueldos son magros.
—¿Qué opinás de las reformas que propone el gobierno, como la laboral, la fiscal o la penal juvenil?
—La reforma laboral resultó insuficiente. Es un paso en la dirección correcta, pero se negoció con demasiados sectores y quedó corta. Comprendo la negociación con los gobernadores por la cuestión de Ganancias, pero no entiendo el acuerdo con la CGT para mantener la denominada "cuota solidaria", ese descuento compulsivo del salario que el trabajador no autoriza. No queda claro qué obtuvo el gobierno a cambio, ya que los diputados de extracción sindical no apoyaron la ley.
Además, la discusión sobre licencias se hizo de forma apresurada y no prosperó. El sistema de seguridad social requiere un debate profundo porque el esquema actual es deficiente. Es probable que necesitemos otra reforma laboral en el corto plazo. El paso dado quita incertidumbre en las contrataciones y reduce la litigiosidad, pero es incompleto.
En cuanto a lo tributario, aún no se observan cambios de fondo. Es imperativo eliminar los impuestos a la inversión, a la producción, al empleo y a las exportaciones. Esto exige reemplazarlos por otros tributos y profundizar la baja del gasto. En el centro de este debate está la reforma previsional. Lo único que se escucha es la discusión sobre la edad jubilatoria, un planteo que atrasa. El Estado no debería determinar cuándo debe retirarse una persona; la gente debería elegir según su deseo y capacidad. Sostener la obligatoriedad de una edad fija es una rémora de un sistema de reparto agotado.
Debemos avanzar hacia un sistema mixto con un componente solidario, similar a la actual Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) —que garantiza el 80% de la mínima a los 65 años sin aportes—, complementado con un régimen de capitalización. Si alguien desea jubilarse a los cincuenta años, debería poder hacerlo, sabiendo que el haber será menor.
—Actualmente, hay muchas quejas de sectores como el textil, el metalúrgico, el del acero o el de los neumáticos; sostienen que la competencia con el exterior es injusta porque a la importación no se le cobra arancel, mientras que a ellos se los grava por producir.
—El empresariado argentino aceptó durante muchos años un pacto no escrito con el populismo. Ese acuerdo consistía en aceptar una carga tributaria asfixiante a cambio de protección estatal para no tener que competir. Durante mucho tiempo, eso permitió ganar dinero en una situación de comodidad, sin incentivos para el esfuerzo o la innovación.
Aunque es verdad lo que señalan respecto a que la velocidad de las reformas no puede ser asimétrica. Si un productor tiene un lastre regulatorio y se lo fuerza a competir contra Tyson a las trompadas, lo más probable es que termine derrotado. Los empresarios tienen razón cuando indican que la maraña de impuestos, regulaciones y reglas laborales los vuelve menos competitivos. De todos modos, aclaremos que esa apertura indiscriminada aún no ocurre: Argentina mantiene un arancel externo común del 35% por el Mercosur, lo cual representa una protección extraordinaria. A eso se le suman impuestos internos y el IVA, que prácticamente duplican el costo de un producto importado. Si ingresa un auto de China que vale US$ 12.000, aquí termina costando US$ 24.000.
Argentina posee un nivel de protección alto y un volumen de importaciones muy bajo; de hecho, es uno de los países con menos importaciones en comparación con otros períodos, incluso menos que en 2011. El argumento de la apertura total no es cierto.
—¿Qué le falta al gobierno para mejorar el bolsillo y el consumo popular?
—Que la inflación retome el sendero bajista. La necesidad de independencia del Banco Central es fundamental. Si Argentina hubiera logrado una convergencia real con Brasil, hoy tendríamos una inflación del 4%, los salarios estarían creciendo y la realidad sería otra. Desde que la inflación comenzó a acelerarse a mediados del año pasado, el salario real cae. Esa caída aumenta la morosidad en el sistema financiero, genera problemas en las familias y frena el consumo y la demanda de crédito.
Había una variable que venía creciendo con fuerza, como la cantidad de escrituras e hipotecas en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, pero en el último mes se congeló. También se cayó la venta de autos, otro sector que venía en alza. Argentina necesita imperiosamente que la inflación vuelva a caer; cuanto más rápido suceda, más veloz será la recuperación de la actividad.
Fue del 1,5% en mayo de 2025, 1,6% en junio y desde entonces no paró de subir hasta llegar casi al doble actual. Eso evidencia que la política monetaria no es la adecuada. Cuanto antes lo reconozca el gobierno, mejor; lo ideal sería otorgarle independencia al Banco Central.
Se necesita un shock de credibilidad y demostrar un cambio de régimen real. Con el esquema monetario actual, a la inflación le va a costar bajar y, si no baja, es muy difícil que los salarios se recuperen y la economía se reactive.
—¿Qué evaluación hacés de las últimas declaraciones del ministro de Economía Luis Caputo, como cuando sugirió no comprar ropa local por los precios?
—En general, cuanto menos hable un ministro de Economía, mejor. Sobre el tema de la ropa, su frase carece de empatía. Es cierto que la indumentaria en Argentina es carísima y quienes viajan aprovechan para comprar afuera, pero eso solo aplica al 10% de la población. El 90% restante no puede viajar y termina comprando en ferias como La Salada o en el segmento informal, sufriendo igualmente los precios altos. Es una declaración válida para una minoría, pero desconectada de la realidad de la gran mayoría.
—¿Y cómo analizás el tipo de cambio?
—Se encuentra circunstancialmente holgado debido a la estacionalidad, ya que comienzan a ingresar las divisas del agro. Aunque entrarán menos que el año pasado, el flujo será importante. Esto resulta sumamente positivo porque permite la creación de un "colchón" entre la banda de intervención y el valor actual del dólar.
Hoy existe un margen de casi 200 pesos para que el tipo de cambio flote. En un contexto de inestabilidad geopolítica global como el actual, marcado por la guerra, es vital que la divisa cuente con esa libertad de movimiento. Si el conflicto nos hubiera alcanzado hace dos meses, con el precio sobre el borde de la banda, la crisis podría haber desarticulado el programa monetario y cambiario del gobierno. Afortunadamente, aunque tarde, se corrigió la calibración de la banda. Esa estabilidad, sumada al margen de maniobra existente, configura el mejor de los escenarios posibles; el régimen que Argentina requiere es, definitivamente, uno de flotación.
—¿Pero hoy hay un régimen de flotación pleno?
—Hoy rige un sistema de flotación entre bandas; eso significa que efectivamente lo hay. El problema de fondo reside en que persiste una restricción a la plena movilidad de capitales. Todavía se mantiene una parte del cepo vinculada al stock de ganancias y utilidades de períodos anteriores que las empresas no pueden remesar. Alguien podría argumentar que no existe certeza sobre cuál sería el valor del dólar si se permitiera el giro de utilidades con libertad. Nadie lo sabe.
—Participás del espacio porteño BAmos, ¿tu expectativa es disputarle la jefatura de gobierno a Jorge Macri?
—La expectativa es inversa a la de otros espacios políticos de la Argentina. Primero se identificaron los problemas de la Ciudad y se inició la búsqueda de profesionales con propuestas para resolverlos. Hay especialistas con experiencia en áreas diversas, desde la gestión de residuos hasta la educación, el funcionamiento del Banco Ciudad y otras problemáticas porteñas. Existen muchas dificultades en la Ciudad de Buenos Aires y se percibe una ausencia de pensamiento orientado a las soluciones.
Se observa mucha gente concentrada en el diseño de frentes electorales, en cómo ganar los comicios o en postular candidatos, aunque pocos se dedican a resolver problemas urbanos. La sorpresa fue encontrar a muchas personas dispuestas a aportar soluciones que no necesariamente simpatizan con un espacio político determinado. Hay cuadros de distintos sectores, técnicamente sólidos, con un conocimiento profundo sobre temas específicos de la Ciudad. En BAmos se está creando esa masa crítica capaz de generar propuestas concretas. El proceso electoral aún es lejano; la decisión final sobre la presentación de una candidatura en 2027 será la última en tomarse.
—Has planteado que los jubilados y los universitarios son sectores afectados por las políticas de Milei y que resultan especialmente nocivas para la población de la Ciudad. Sin embargo, Patricia Bullrich ganó con el 50 % en las últimas elecciones de medio término. ¿Primó la estabilidad del dólar bajo o qué sucedió?
—Patricia Bullrich es una figura interesante porque mantiene un pie en La Libertad Avanza y otro en el PRO. Técnicamente, como señalaba Ritondo recientemente, se podría decir que ya pertenece a La Libertad Avanza. Sin embargo, en la percepción social, funciona para ambos electorados. Si alguien desea votar a La Libertad Avanza y Patricia es la candidata, la vota; pero si alguien prefiere al PRO, también la considera una buena opción. Esa dualidad le permitió alcanzar el 50 % de los votos.
No obstante, no se trató de una elección presidencial. En los comicios anteriores en la Ciudad, que estuvieron nacionalizados, el candidato de Milei, Manuel Adorni, obtuvo aproximadamente un tercio de los votos. Existe casi un tercio vinculado al peronismo y espacios afines —entre Santoro, Recalde y Bregman— y queda una tercera parte en el centro. Buenos Aires es la ciudad más antimileísta y antikirchnerista simultáneamente, lo cual genera una oportunidad para opciones que no representen los extremos del panorama nacional.
—¿Conversás con sectores cercanos a Larreta, la Coalición Cívica, el radicalismo o Graciela Ocaña?
—Por supuesto. Muchos de ellos fueron colegas en el Congreso; otras son figuras que realizan consultas en materia económica. Con algunos de los mencionados existe, incluso, una relación personal. Hay cuadros políticos valiosos en la Ciudad que hoy no participan en ninguna propuesta concreta y tienen mucho para aportar.
Ante una propuesta seria, es probable que se sumen. No se trata de empezar por la acumulación de figuras, porque ese es el método que ya fracasó anteriormente. El enfoque debe ser inverso: se requiere un programa.
Si se pregunta cómo resolver el problema de la basura, hay que observar modelos que funcionan. En China, por ejemplo, existen distritos con una escala poblacional inmensa que no presentan problemas de residuos. En reuniones con autoridades locales de distritos como Fuyang, se explica que utilizan un sistema de proveedores por distrito y un scoring para vecinos y empresas. Si una empresa no cumple con la recolección en tiempo y forma, se le restan puntos, de manera análoga al sistema de conducir. Si pierde el puntaje, pierde la concesión del distrito y otra empresa asume la tarea. Ese es un incentivo extraordinario. Se necesita copiar modelos exitosos y adaptarlos a la Ciudad, tanto en reforma educativa como en materia de tránsito.
—¿Milei sabe de economía?
—Sí, por supuesto. Es un gran economista, posee un conocimiento profundo de la teoría económica. Ahora, al estar al mando de la gestión, realiza un curso acelerado sobre el funcionamiento de la realidad y demostró ser mucho más pragmático de lo que muchos esperábamos. Aprendió rápido la dinámica de los hechos; muchas de sus decisiones confirman su capacidad técnica. Luego intervienen los intereses políticos. Por ejemplo, la decisión de gobernar sin presupuesto durante 2024 y 2025 fue una elección propia; el Congreso le había manifestado que contaba con los votos, pero él prefirió prescindir de esa herramienta.
