La suba de tasas es parte de la solución, no del problema

El riesgo hoy no es convivir con tasas algo más elevadas, sino forzar tasas artificialmente bajas que erosionen reservas y credibilidad.
- 🔎 Contexto: tras un diciembre tranquilo, las últimas semanas mostraron tasas más volátiles y altas, generando temor a que frenen la recuperación.
- 💡 Conclusión macro: subir tasas no es un fallo, es una pieza necesaria para acumular reservas, contener la inflación y fortalecer las bandas cambiarias.
- 🧭 Dos grandes determinantes de las tasas: el comportamiento del sector público y la nominalidad que imprime el ciclo económico.
- 🏦 Política monetaria: el Banco Central regresa a un esquema sin pasivos remunerados; la tasa resulta del equilibrio de liquidez y el Gobierno busca tolerancia a la volatilidad para no ahogar la recuperación.
- 💧 Liquidez del Tesoro: depósitos públicos en mínimos reales desde may-24; la necesidad de financiar compras de dólares eleva la demanda de liquidez y empuja las tasas (fenómeno temporal).
- 👥 Interacción público-privado: a medida que la economía crece, la liquidez se tensiona; en Argentina, mercados de crédito poco profundos tienden a tasas más altas.
- 💳 Liquidez del sector privado: en el último mes y medio, cayo el stock de fondos y los bancos subieron tasas pasivas para ajustarse.
- 🧭 Tasas reales más altas: se considera una condición necesaria en esta etapa del programa.
- 📈 Inflación y expectativas: 2,8% de diciembre; séptimo mes en alza; cambio metodológico aumenta rigidez y refuerza la necesidad de tasas adecuadas; el mercado sigue esperando una caída, aunque más lenta.
- ⚖️ Riesgo y estrategia: el riesgo está en forzar tasas artificialmente bajas que erosionen reservas y credibilidad; convivir con tasas reales positivas, en dosis adecuadas, es clave para una macro más estable.
Por José Echagüe (Economista) y Melina Costanzo (Economista)
Después de un diciembre tranquilo de tasas bajas y estables, las últimas semanas sorprendieron con un escenario de tasas más volátiles y altas. Para muchos, esto encendió una alarma conocida: el temor a que tasas más elevadas frenen la recuperación, generen estrés financiero o anticipen un error de política económica.
En el contexto actual, entendemos que la suba de tasas no es una anomalía ni un problema a corregir, sino una pieza necesaria de una dinámica macro más amplia: facilita la acumulación de reservas, ayuda a contener la inflación y refuerza la consistencia del esquema de bandas cambiarias recientemente reformulado.
El nivel actual de las tasas de interés responde a dos grandes determinantes. Por un lado, el comportamiento del sector público, condicionado por decisiones de política económica y restricciones propias de la coyuntura. Por otro, la nominalidad que el propio ciclo económico le imprime a la economía. Analizar ambos planos por separado permite entender por qué las tasas están donde están.
En el frente monetario, la política del Banco Central es clara. Se está retornando a un esquema sin pasivos remunerados, similar al que rigió durante el tercer trimestre del año pasado tras la eliminación de las LEFIS. En este régimen, la tasa de interés deja de ser un instrumento administrado y pasa a ser un resultado endógeno del equilibrio de liquidez. El Gobierno apuesta a que, en un contexto sin incertidumbre electoral, sin salidas de capitales desordenadas y con algunas restricciones cambiarias reintroducidas tras la liberalización de abril, la volatilidad y el nivel de tasas que surjan de este esquema sean tolerables y no ahoguen la recuperación en curso.
A este marco se le suma un factor clave: la situación de liquidez del Tesoro Nacional. Los depósitos del sector público en bancos comerciales y en el Banco Central se encuentran hoy en niveles mínimos desde may-24 medidos en términos reales. Esto se vio exacerbado por la necesidad de haber fondeado la compra de dólares para el pago de cupones en US$ en enero. En la práctica, el Tesoro está presionando por liquidez en un mercado financiero todavía chico, lo que introduce un impulso adicional sobre las tasas. Es un fenómeno relevante en esta etapa del programa, aunque de naturaleza transitoria.
El comportamiento del sector público debe leerse en conjunto con el del sector privado. En una economía que empieza a crecer luego de un shock recesivo profundo, la recuperación suele tensionar rápidamente la liquidez disponible. En países con mercados de crédito poco profundos y baja monetización, como Argentina, ese proceso se traduce naturalmente en tasas más altas.
Durante el último mes y medio, la liquidez del sector privado no financiero, medida por el stock de fondos money market, se redujo de forma visible. Los bancos reaccionaron a esa señal elevando tasas pasivas, reflejando un ajuste en las tasas pasivas.
Un esquema de tasas reales más altas que las que veníamos viendo aparece como una condición necesaria en esta etapa del programa.
Por último, está el dato de 2,8% de inflación de diciembre conocido ayer. La inflación subió por séptimo mes consecutivo, dejando en claro que el pasaje a precios de 2025 habrá sido más bajo que el habitual, pero también más lento. El cambio de metodología del índice, donde servicios regulados y no regulados ganarán participación, empeora un poco la foto: la inflación será algo mas rígida por este efecto, lo que refuerza la necesidad de tener tasas acordes. A favor del gobierno está que las expectativas de inflación de mercado no están desancladas, es decir, el mercado sigue esperando una caída de la inflación, aunque sea como hoy a un ritmo más lento que el que esperaba hace un mes.
Un esquema de tasas reales más altas que las que veníamos viendo aparece como una condición necesaria en esta etapa del programa. El riesgo hoy no es convivir con tasas algo más elevadas, sino forzar tasas artificialmente bajas que erosionen reservas y credibilidad. Aprender a convivir con tasas reales positivas, en la dosis correcta, es parte del tránsito hacia una macroeconomía más estable y previsible. Cualquier otra alternativa, lejos de aliviar tensiones, solo tiende a agravarlas.

